Un salto por Panamá

Un salto por Panamá
Annie Canavaggio

Hoy Panamá se enfrenta con una triste realidad: el verdadero cambio hacia un país desarrollado, con mayores oportunidades es muy difícil de llevar a cabo. Ayuda al líder del cambio, en este caso Ricardo Martinelli, el nombrar los mejores en cada área; los que tienen más y mejor experiencia.

Sin embargo, el mensaje del futuro Presidente es claro: la economía, la seguridad, la salud, la educación, entre otros aspectos, son importantes, pero el medio ambiente no lo es. No veo otra explicación, sino ¿por qué nombrar en otras instituciones a personas con trayectoria, educación y experiencia y no hacerlo así con la Anam?

Ahora bien, es cierto que Panamá es un centro financiero y gran parte del PIB proviene del sector servicios, pero esto no es una razón para encasillarse y no ver el resto de la ecuación. En los países más desarrollados del planeta, el sector medio ambiente es un punto clave en sus agendas gubernamentales. Panamá tiene la capacidad para reinventarse, integrar otras áreas y así no congelarse en el tiempo. No vaya a ser que nos deje el metro.

Hoy, en el siglo XXI, el desarrollo sostenible no es un capricho, una moda o un movimiento de unos cuantos. Hoy los verdes no son hippies con flores en la cabeza, ni fanáticos que luchan en contra de todo lo que el gobierno proponga. Hay más películas, documentales y ni hablar de canales como Discovery Channel, Nat Geo, Animal Planet entre otros. Preservar el medio ambiente va más allá de negociar las medidas de mitigación en los proyectos, y aceptar evaluaciones de impacto ambiental sin ver el panorama más amplio del país.

El desarrollo sostenible es una necesidad, y un país para ser considerado desarrollado necesita algo más que altos edificios, eficientes sistemas financieros y construcción de islas en la bahía. Otros puntos en la agenda han de ser incluidos, por ejemplo, preservar los derechos de sus grupos étnicos (nasos entre otros), incluir una política de mínima contaminación, incentivar la reforestación así como la no deforestación (no es lo mismo), adaptar políticas vanguardistas en el sector energético: energía eólica y solar como mínimo. Finalmente, un Estado que se vanaglorie de ser moderno y vanguardista tendrá que adoptar tecnologías eficientes, cónsonas con la realidad actual del planeta. Esto incluye la eliminación de prácticas tercermundistas extremamente dañinas como son la minería a cielo abierto.

Para entrar en la liga de los desarrollados, es necesario nombrar a un funcionario en la Anam que tenga experiencia en recursos naturales educación, en medio ambiente y voluntad de cambio vanguardista. Es por eso que países como Costa Rica han incluido en el pasado a ministros de medio ambiente que son expertos a nivel internacional, como Álvaro Umaña y René Castro, ambos profesores del Incae, con más de 15 años de experiencia y amplia trayectoria medioambiental a nivel internacional. Ni hablemos de Estados Unidos, ni de los países nórdicos y europeos.

Panamá necesita una Anam preparada, al mismo nivel de los otros países avanzados. Panamá aún puede reinventarse, dar un salto de calidad para formar parte del selecto grupo de países que está a la vanguardia en materia de desarrollo y en medio ambiente. Ahora bien, eso depende mucho de su líder.

Publicado el 26 de mayo de 2009 en el diario La Prensa

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