Álvaro Bernal: socorrista

La opinión de…

IVÁN BATISTA
aibatista@hotmail.com

Eran las 19:45 del día sábado 5 de febrero cuando me llegó un mensaje de texto al celular, me lo enviaba el suboficial Luis Lacayo, decía el mensaje: ‘Ha muerto el oficial nacional Álvaro Bernal’.   Acto seguido me imaginé a Álvaro Bernal padre y de inmediato me dije: ‘no, no puede ser’. Llamé a Lacayo y me confirma la muerte; luego llamé a Rolando Charles y me confirma la muerte de Alvarito Bernal.   Ya en el carro, le comento a mi esposa y no puedo reprimir el nudo en la garganta y soltar una lágrima por Álvaro Bernal hijo.

Esta nueva generación de socorristas no tuvo la oportunidad de conocer a Álvaro Bernal A-B, quinto director nacional del Cuerpo de Socorristas, y quien, junto a entusiastas como Jorge Palacio, Aurelio Edwards, José Félix Rodríguez, Rolando Charles y muchos otros, cimentó, en todo el país, el Cuerpo de Socorristas.

He buscado una palabra que defina a Álvaro Bernal como socorrista y se hace difícil.   A Álvaro lo conocí siendo sargento de la Brigada de Comunicaciones, supe, por el teniente CR Jorge Palacio, que nos llegó a la Cruz Roja como boy scout. ¿Cómo describir al impulsivo y alegre Álvaro Bernal, que, enfundado en el rango de sargento, intentaba ser responsable y serio? Del sargento Bernal copié su elegancia al usar el uniforme, su porte en el uso de los pines, su peculiar manera de hablar, de ver las cosas de forma sencilla y su profunda convicción de ser socorrista, tal como lo dice nuestra promesa y expresa nuestro lema.

Álvaro, siendo teniente Cruz Roja y director provincial, me lleva a su casa para que le haga el jardín, yo, que aun estudiaba en el Instituto Nacional, conocí a su madre y hermanas, me hospedé muchas veces en su casa de campo en Río Chico y me puedo jactar de que lo conocí desde todas sus perspectivas de la vida, el socorrista, el banquero, el abogado, el joven, el soñador y, sobre todo, sus impulsos de locura como planificador.

Fue uno de los tantos padres que tuve en el Cuerpo de Socorristas, aunque nunca revisó mi boletín de calificaciones, cada vez que podía me decía: ‘si te quedas en una materia, te suspendo’. Mis recuerdos de Álvaro inician con la construcción de la estación de radio en el piso superior de la sede de la Cruz Roja en Santa Ana. Sin embargo, tengo recuerdos que jamás olvidaré, como la vez del curso de supervivencia en la selva, en donde el mayor CR Mancilla superó la barrera del enojo por encontrarlo friendo chorizos, mientras el resto del grupo buscaba comida; cómo olvidar su pick up Nissan verde, donde llegaba cada tarde luego del trabajo, carro que se lo colocábamos, cargándolo entre ocho, en contravía.

En ese pick up nos llevó a cubrir la Semana Santa de 1979, le colocó una luz rotativa y lo llenó de equipo, nos montó a Ricardo Álvarez y a mí y partimos con destino al interior. No recuerdo dónde dejamos a Álvarez, pero seguí con él hasta Río Chico, donde, afuera de la finca de su papá, se instalaba un puesto de socorro.

Me hizo la vida de cuadritos, una amiga de su familia (Diana) se compadeció de mí y me dijo: ‘dice Alvarito que te está tratando así porque te ascenderán en junio’… y efectivamente, ese 24 de junio fui ascendido.

Esta fue la Semana Santa que nos dieron dos sacos de melones para cada puesto de socorro, la Semana Santa en que Álvaro llegó en su pick up, junto a Jaime Cano, al puesto donde estábamos Alfonso Rodríguez, Raúl Ávila (el Tomasito) y Arturo Chong y nos dijo: ‘hay un incendio, ¡vámonos!’ y nos fuimos a apagar un matorral a la orilla de la carretera. Esas eran las decisiones que irritaban al capitán Rolando Charles, pero que nos hacían sentir útiles a los subalternos.

Para la firma de los tratados Torrijos — Carter en 1977 y la Implementación el 1 de octubre del 79, las misas eucarísticas, estuve junto a Álvaro. Pero quizás la vez que estuvimos más juntos fue cuando lo abandoné, después de caer en una letrina en Curundú.   Cómo olvidarlo, si Álvaro me involucró en un sueño de tener paracaidistas en el Cuerpo de Socorristas y los tuvimos y fuimos los mejores. Cosa que no le gustó a mi tío Pacífico, con quien vivía, y le dijo que cómo era posible que me hiciera partícipe de esa actividad, si yo era menor de edad.   Tartamudeó mil veces, hasta que Jorge Palacio convenció al tío de que yo solo era ayudante en el equipo —buena mentira—. Cómo olvidar cuando le dio por ser marinero y se compró su bote ‘El tiburón’, con el que fuimos a Taboga cientos de veces, inolvidable ver y escuchar al capitán CR Rolando Charles diciéndole: ‘Alvarito, no cruces con la Patrol y el bote’… y Alvarito cruzó —esto pasó en 1985 durante una de las inundaciones del río Juan Díaz.

Fue el más inspirado en la creación de la Primera Compañía de Socorristas formada por sus tres pelotones, creó el orden semanal, con toda la estructura teórica de mando.

Álvaro Bernal fue quien me sancionó por primera y única vez en mi vida de socorrista con 15 días de arresto, ya ni recuerdo por qué. Álvaro será inolvidable para todos los que fuimos socorristas en los 70 y los 80. Cuando se fue a EE.UU., nos dejó un vacío más grande que el dejado por ‘Pericles’ y Charles, esperar su telegrama cada 24 de junio era algo obligado, la última vez que lo vi hablamos y departimos, fue durante el Encuentro Internacional de Socorristas en Howard.   Me copió un montón de documentos, hablamos del futuro del Cuerpo de Socorristas y de mis aspiraciones, hace unos meses lo encontré en el Facebook, lo saludé y me respondió.

Tampoco olvidaré que me hizo un interrogatorio digno de un CSI cuando le robaron la carne en el Encuentro de Socorristas de Coclesito en 1984.   Yo no nunca confesé que fui testigo, pero celebré el robo junto a los socorristas de Colón —Lewis en este momento Álvaro sabrá toda la verdad—.

El día que llegó a la Cruz Roja y me dijo que se iba para EE.UU., sus ojos se aguaron, pero todos los que lo conocíamos sabíamos que en su nuevo país algo iba a hacer y así fue, encontró cabida en organizaciones de socorro y nos mandaba artículos y documentos, para ilustrarnos. Se perdió la invasión, pero yo me encargué de que estuviera con nosotros, en cada misión decía: ‘si Alvarito estuviera aquí’.

Álvaro, en lo personal vivirás en mi memoria y en la de los que te conocimos, te nos adelantaste, en el cielo te encontrarás con los mayores Pérez y Muñoz, y con socorristas como Edwards, Torregrosa, Moreno, Rochester, Sixta Aluma, Tursi, Tony Beliz, Fabiancito y el célebre Julio Ávila padre. Me parece verte saludando y motivando a crear una compañía de socorristas celestiales, mientras que el Sr. José ‘Pacheco’ Jaén y Roy Williams te escuchan incrédulos cuando miss Dubois te dice: ‘Alvarito, déjate de cosas’.

Sé que cuando Rolando Charles, Alberto Bailey, Jorge Alemán, José Beliz, Héctor (Quinto) Mosquera, Álvaro Guardia, Ricardo Álvarez, Julio Olivares, Eliana y Gilma De León, Jaime Cano, Alfredo Du Bois, Rubén Ho y muchos más lean estos recuerdos míos no estarán tristes, más bien sonreirán por haber tenido la oportunidad de haber conocido a un socorrista como Álvaro Bernal y cada uno de ellos tendrá un recuerdo especial.

Oficial Nacional  MI A / 0451.

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Este artículo se publicó el 8 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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