La evaluación escolar

La opinión de la Educadora…

Carmen Acuña de Santamaría

Una de las aristas que presenta nuestra educación nacional, es la evaluación de los aprendizajes.   Nosotros, los docentes, debiéramos tener más cuidado al momento de evaluar; porque la evaluación no es la suma de notas (evidencias) cognoscitivas, sino todo un proceso considerando, desde la presencia del alumno en clases, su participación, su nivel cognitivo y todas las actividades en los que él participa.

La evaluación tiene tres etapas: la diagnóstica, la formativa y la sumativa. No podemos eludir ninguno de estos pasos porque el resultado estaría falseado.

En el aprendizaje se tienen que lograr el aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a ser y así se obtiene el desarrollo integral del educando.

En mi experiencia, como madre y como docente, he visto algunas incongruencias cuando se evalúa a un estudiante.

Debe contarse con suficientes evidencias de aprendizaje y deben ser también muchas las estrategias que se utilicen para lograr los objetivos propuestos.

En ocasiones, he observado que se evalúan en los aspectos cognoscitivo lo correspondiente a un aspecto formativo. Por ejemplo: el alumno debió traer la bata de laboratorio y no la trajo; se le adjudica un uno en el área que no corresponde. Si un alumno debe encestar una pelota y de 5 bolas encesta una ¿por qué no evaluar la técnica y el procedimiento utilizados para lograr el propósito, en lugar de sólo ver un resultado que pudo ser producto del azahar o de otros factores?

Pareciera que hubiera docentes a quienes les complace calificar con unos, otros en cambio, en forma muy positiva, ofrecemos al alumno la posibilidad de reponerse y de mostrar sus destrezas y aptitudes.

El docente que enseña con amor, con dedicación, que se actualiza, puede evaluar en forma más equitativa, continua, sistemática y científica.

Si enseñamos y evaluamos, correctamente, no habría la cantidad de fracasos y deserciones que hoy tenemos.

Exhorto a mis colegas a meditar sobre esta temática tan importante determinante en la educación nacional.

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Este artículo se publicó el  20  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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La mujer Ngäbe-Buglé

La opinión de…

Carmen Acuña de Santamaría

En mi experiencia como mujer y como profesional en el campo educativo, laboré en todos los niveles desde el escolar hasta el universitario. Incontables son las experiencias logradas, pero los aprendizajes más significativos en mi quehacer como docente y facilitadora los obtuve en diferentes seminarios que impartí en el área indígena.

La mujer Ngäbe-Buglé presenta características especiales y, a través de los años, ha desarrollado habilidades y destrezas en el campo artesanal, social, industrial y personal.

Laboré con estas mujeres Ngäbe en 1975, cuando iniciaba la implementación de los centros infantiles comunitarios, donde ellas, como madres maestras, realizaban un trabajo de orientación en estimulación temprana. A la par de esta orientación en el cuidado y educación del niño se les capacitaba en desarrollo humano, genero, etc.

Iniciaban un desarrollo integral para ser mujeres productivas. Este desarrollo ha sido lento debido a factores económicos, religiosos, sociales y culturales.

Después de 31 años de aquel trabajo inicial, he regresado a esta área a dictar otros seminarios por parte de la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS) y la Fundación para el desarrollo de la Provincia de Veraguas (FUNDEPROVE), Fundación para la promoción de la Mujer, Desarrollo Rural (MIDA), etc.

Me sorprendió, en el último Taller, al observar en estas mujeres Ngäbe su nueva visión de género, su elevada auto-estima, su participación activa y su interés por aprender y mejorar su condición social.

Activamente, en la Comarca Ngäbe-Buglé desarrollamos diferentes proyectos, tanto nacionales como extranjeros, y estoy segura que allá tendrán un reconocido avance en los aspectos económicos, educativos y en todo el desarrollo al que tienen derecho, como ciudadanos panameños, debido a su receptividad y sus deseos de superación.

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Este artículo se publicó el  27  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.