Cambio o crisis

La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

Desde que el Excelentísimo asumió el poder, y luego de las banderas y mazazos, el país ha entrado en una crisis permanente, la que examinada al detalle la podemos dividir en un sinfín de crisis de diversas magnitudes, pero hasta hoy ninguna resuelta. A una crisis se agrega otra y otra, como una bola de nieve gigante que arrasa todo lo que encuentra a su paso.

Creo, sinceramente, que el Excelentísimo no se ha percatado de la realidad en que vivimos los panameños. Su dedicación exclusiva a sus negocios le ha tapado los sentidos para percatarse de los olores que emanan de los cuerpos sin bañarse, de los inodoros sucios, de la basura acumulada, de la carne humana quemada por el fuego, de los ojos invidentes, de las muertes por deshidratación y hambre, de las ejecuciones a quemarropa; en fin, de las frustraciones y desesperanzas de un pueblo que votó por él con la promesa de un cambio.

Pero, ¿hubo cambios? Sí. La exclusión de la sociedad civil del Consejo Nacional de Trasparencia, la eliminación de la Carrera Administrativa, las escuchas telefónicas, el aumento de las penas a los menores, la creación del Consejo de Seguridad, la criminalización de las protestas sociales con penas de 6 meses a 2 años de prisión, la dedocracia en el escogimiento de los magistrados, la ilegal destitución de la Procuradora, el indulto ilegal a los agentes encargados en hacer cumplir la ley, la aprobación de la ley chorizo, la masacre de Bocas del Toro, la intimidación de parte del Ministerio de Economía y Finanzas y la Contraloría contra periodistas, el otorgamiento de asilo territorial a la colombiana Hurtado, acusada de escuchas ilegales, la promoción y aprobación de proyectos mineros que beneficiarán a las grandes transnacionales (en los que se presume que el Excelentísimo ya tiene acciones), la violación de la Unesco en el Casco Antiguo, la vergüenza del último censo, el escogimiento arbitrario del último Procurador.

A todo esto, agreguemos la grave crisis del agua, un problema prevenible si se hubiesen tomado las medidas correctivas a tiempo; las confesiones públicas del director del Idaan de su incapacidad para resolverla. El problema crónico de la basura, lo que junto al del agua, crea las condiciones adecuadas para el inicio y propagación de enfermedades infecciosas.

Al escribir este artículo se había anunciado el incremento en los casos de diarrea. El cólera está en Haití y República Dominicana, y es muy probable que se disemine por América Latina. En nuestro país, el nuevo Dr. Franklin Vergara, o al menos, al Franklin que yo no conocí, lo está esperando con los brazos abiertos.

Me da mucha pena porque teniendo los conocimientos para la gestión del nuevo modelo de atención de salud, no haya hecho absolutamente nada. Franklin: El Ministerio de Salud no es un negocio. Renuncia. Te lo pido como uno de tus maestros en medicina interna. No quisiera que pasaras a la historia como lo va a ser José Raúl Mulino, que de un acérrimo civilista, por un plato de lentejas se convirtió en uno de los sirvientes más conspicuos de los militares del continente americano. Obsérvenle el color negruzco de la lengua impregnada en betún.

No sé qué título utilizar para describir la ejecución que hicieron el pasado 9 de enero contra los menores detenidos. Ya van cuatro muertos. La metodología fascista distingue con precisión las diferencias de clases sociales. La saña, crueldad, burla, cinismo, sadomasoquismo con lo que trataron a los jóvenes detenidos es característico de esta ideología. No crean que fue por gusto que el Excelentísimo sancionó la ley que impide que un policía quede detenido después de cometer un crimen.

Eso puede desalentar a estos organismos en sus tareas represivas. Escuché a Mulino arremeter contra el viceministro Tulipano por atreverse a insinuar que los policías tuvieron responsabilidad directa en el homicidio. ¡Qué furia! No me sorprendería que después de esta reprimenda, Mulino fuere a hincarse ante el Excelentísimo, quien le acarició el hombro con la espada del honor. Esos son códigos fascistas.

El principal enemigo de los regímenes fascistas es la libertad de expresión. El pueblo panameño y las voces del mundo obligaron al Excelentísimo a recular. Una diputada dijo en un programa de televisión que cuando el Excelentísimo vio mi artículo (y ordenó que se elaborara el anteproyecto), no había contemplado las repercusiones.

O sea, que actuó irracionalmente. Durante la Guerra Fría, en el despacho del Presidente de Estados Unidos había un botón. Si se tocaba se daba inicio a la guerra nuclear. ¿Qué hubiera sucedido si el Excelentísimo hubiera sido Presidente de ese país? ¿O qué pasaría si en su despacho hay un botón que al presionarlo se elimina a un opositor?

El mismo ministro que me sopló el negociado que hay con los seguros de la policía, me pidió que investigara el nombre de la empresa que le hace las encuestas al Excelentísimo, a quien este le dio 2 millones de dólares para tratar lo de la cadena de frío.   Y lo triste es que hay mucho más.

Observación: la gente que no logró ver mi artículo que descompuso al Excelentísimo, lo puede encontrar en mi página web: www.maurozunigaararuz.com/

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Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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El secreto financiero por descubrir

La opinión de…

Mauro Zúñiga Saavedra

La afirmación del británico Niall Ferguson: “detrás de todo gran fenómeno histórico hay un secreto financiero”, en su “deslumbrante, extraordinariamente oportuno libro” (según The Spectator), El triunfo del dinero, cobró más fuerza que nunca el pasado mes de la patria.

Considerado el historiador más brillante de la actualidad por el Times y una de las cien personas más influyentes del mundo por la revista Time, Ferguson ocupa la cátedra Laurence A. Tisch de Historia de la Universidad de Harvard y la cátedra William Ziegler en la Harvard Business School.

En su obra ilustra los secretos financieros más importantes según su criterio. Que, dado su currículum, son de importancia para el lector. Explica que la expansión en el mercado del arte y arquitectura que generó el Renacimiento obedeció a la fortuna que amasaron diversos banqueros italianos como los Medici, aplicando las matemáticas orientales al dinero (secreto financiero). Sostiene que por contar con el primer mercado de valores moderno, Holanda prevaleció sobre el imperio de los Habsburgo, mientras que la derrota de Napoleón, en Waterloo, resultó producto tanto de Nathan Rothschild como del duque de Wellington.

Después de esta breve exposición histórica, ¿sabe usted cuál es nuestro secreto financiero detrás de nuestra independencia como república el 3 de noviembre de 1903?

Si Panamá logró su independencia y que el Canal se construyera por nuestro país, no por Nicaragua, se dio en gran medida por la monumental ganancia de 28 millones de dólares que significaba para unos cuantos especuladores financieros vender a Estados Unidos la “maquinaria oxidada” (activos) de la antigua Compagnie Nouvelle du Canal Interoceanic y los derechos de construir la ruta por Panamá.

Estos parásitos económicos, mencionados por el abogado Ovidio Díaz Espino en su obra El país creado por Wall Street: la historia no contada de Panamá, habían adquirido previamente los activos y concesión del canal panameño a la compañía francesa por 12 millones de dólares.

En el que quizás sea el mejor trabajo de periodismo de investigación en sus inicios, la prensa estadounidense, encabezada por el periódico World de Joseph Pulitzer, reveló un complot financiero detrás de la construcción del Canal y la independencia de Panamá. Lanzó una campaña de tres años para descubrir la verdad.

Mientras el presidente de Estados Unidos de entonces, Theodore Roosevelt, le gritaba mucracker (buscador de basura), Pulitzer lo acusaba de “haberle ayudado a un sindicato de Wall Street que fomentó la revolución panameña y amasó una fortuna considerable especulando con el Canal de Panamá”.

“¿A quién le pagó Estados Unidos 40 millones de dólares por una propiedad en bancarrota, cuyo control se hubiera podido comprar en el mercado abierto por menos de 4 millones de dólares?  ¿Quién compró las obligaciones de la antigua Compañía del Canal de Panamá a unos pocos centavos por dólar?”, cuestionaba el World.

Pulitzer fue más allá y acusó a William Nelson Cromwell, abogado estadounidense que convenció al gobierno de su país para que comprara la concesión de la compañía francesa del Canal, tras ser contratado por esta en 1896, además se le atribuyó fomentar una revolución en nuestro país, sobornando a “patriotas panameños, militares colombianos y funcionarios norteamericanos para lograr sus objetivos”.

La investigación de Pulitzer coincidió con el surgimiento del paradigma de la complejidad: ya la realidad no era total y absoluta, algo se ocultaba por las múltiples y complicadas variables que incidían en los sistemas que rigen su naturaleza. Precisamente, el periodismo de investigación busca sacar a la luz pública algo que alguien o un grupo ocultan deliberadamente.

Quizás las variables que se entrecruzaron en la independencia y construcción del Canal nunca se descubran del todo (por la complejidad del paradigma que nos rige), pero la obra de Díaz puso en conocimiento público una serie de hechos que acontecieron en Estados Unidos y que alcanzaron a nuestros próceres para siempre.

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<> Este artículo se publicó el 3 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Cómo nos roban y qué importa!


La opinión de…

Mauro Zúñiga Saavedra

Robar, término que significa “quitar o tomar para sí lo ajeno usando la fuerza, por extensión, tomar para sí lo ajeno por medio del engaño o la astucia”, tiene una connotación nefasta para las buenas costumbres sociales y se utiliza para catalogar a la o las personas que cometen un delito.

Las leyes panameñas permiten la creación de sociedades anónimas offshore, que pueden abrir cuentas bancarias y ser dueña de bienes en el extranjero sin tener que pagar impuestos en Panamá por mantener estos bienes a su nombre.

Estas empresas crean páginas web donde promocionan sus servicios, uno de ellos podría ser la captación de dinero para invertirlo en mercados internacionales de alto rendimiento. El pequeño inversor hace efectiva su participación en el negocio, a sabiendas que la sociedad ha sido constituida “para cualquier objeto lícito” (Ley 32 de 26 de febrero de 1927).

En otras palabras, el capitalista confía que está invirtiendo en un negocio lícito porque asume que de alguna manera tuvo que pasar un filtro para constituirse en sociedad anónima. No pueden creer que sea tan fácil crear una   S.A. en Panamá, al mismo tiempo que se fía en la fiscalización de las entidades reguladoras del país y hace una revisión de las operaciones de la sociedad.

Con el tiempo esa S.A. panameña comienza a fortalecerse con la gran cantidad de dinero recaudado ante la mirada indiferente de los entes reguladores del país.   Sólo en el momento que esa, como otras empresas similares, se convierta en una amenaza de los grandes intereses de los sectores poderosos es que las entidades reguladoras del país toman acciones.

Muy discretamente la dirección de auditoría y fiscalización de una de estas instituciones inicia una investigación sobre la citada compañía, concluyendo casi un año después “que no existe material probatorio que sustente posibles violaciones al Decreto Ley No. 1 de 8 de julio de 1999 o sus reglamentos”.   De otra forma, “no es viable vincular a personas naturales o jurídicas a los hechos investigados”:   tras una investigación la empresa está en regla, limpia.   No hay robo.

Simplemente la empresa no violó las normas que regulan el mercado de valores en la República de Panamá.

Asambleas internacionales, participación bancaria en sus operaciones y el “visto bueno” de la entidad reguladora respectiva abren un compás optimista para sus inversores, pero la compañía se va convirtiendo en una amenaza para un sector altamente regulado: el bancario.

Si esta empresa se creó bajo las leyes panameñas y superó una investigación de casi un año por la institución reguladora respectiva, las posibilidades de que esta millonaria empresa pierda su rumbo son remotas.

De repente, a seis meses de su última convención internacional en un país sudamericano, en enero de 2009 deja de pagarle a sus verdaderos dueños mensualmente después de estar haciéndolo ininterrumpidamente desde hace aproximadamente dos años, alegando que efectivamente los capitales están congelados por orden de un fiscal en el estado de la Florida, Estados Unidos.

¿Cómo explicarle al inversionista que el motivo del congelamiento en Estados Unidos es una sospecha de que esta empresa incursiona en un negocio ilícito (piramidal o Ponzi), cuando en Panamá había superado las barreras que podían haberle hecho la creación de la sociedad anónima y las regulaciones de los organismos fiscalizadores del país?

Algo huele mal, no hay duda.   Ahí está otro caso, el de David Murcia, que por motivos políticos le “dañaron” el negocio en Panamá y, de paso, afectaron a sus inversionistas, aduciendo que recibía supuestamente fondos del narcotraficante colombiano Juan Carlos Rodríguez Abadía, alías Chupeta, para sus operaciones de captación de dinero bajo el esquema piramidal utilizando el sistema bancario panameño.

El Juzgado Tercero del Circuito Penal dictó un sobreseimiento definitivo a favor del colombiano en el caso que se le seguía por blanqueo de capitales (Panamá América, 13 de septiembre de 2010).

Más adelante, la nota menciona que “esta misma instancia legal podría también dictar un sobreseimiento a favor de Murcia Guzmán”, en el caso pendiente por captación masiva ilegal de dinero a través de su empresa, DMG.

Ambos negocios millonarios dejan de operar por sospechas, supuestos actos ilícitos, a pesar de que las leyes panameñas les permitieron hacerlo durante dos o más años. Hay, evidentemente, una laguna legal inmensa en Panamá que deja a las empresas operar el tiempo suficiente para hacerse millonarias y dar la percepción al inversionista que son negocios prósperos.

Muchos perdieron todo, otros sólo se deprimieron, pero ninguna entidad gubernamental veló por los intereses de los inversionistas, simplemente son las víctimas, al igual que ciertas empresas, de toda clase de atropellos de los que controlan el poder político y económico del mundo a su antojo. Es una realidad “palpable”, a las manos de quienes sufren semejante robo.

El primer principio de la termodinámica dice que la energía no se destruye, sino que se transforma, aplicado al sistema económico y financiero del mundo: el dinero no se pierde, cambia de manos, así que la pregunta obligatoria será hoy, mañana y hasta que vuelva a las manos de sus verdaderos dueños:  ¿dónde está y quiénes poseen el dinero ajeno?

 

<> Este artículo se publicó el 5  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zuniga-saavedra-mauro/

Entusiasmo en medio de las crisis

La opinión de…

Mauro Zúñiga Saavedra

Fracaso, crisis y atraso son palabras que denotan pobreza de espíritu y superación, pero a la vez sirven de aprendizaje para no volverlas a repetir o en su defecto minimizar el impacto que tendrían en una nueva oportunidad que se presente en la vida.

Por lo general, una sucesiva serie de fracasos pueden llevar al éxito o conducir a una crisis que derivaría irremediablemente en un atraso de cualquier tipo.

Decía Winston Churchill que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Un claro ejemplo lo notamos en nuestra “marea roja”, representada por múltiples fieles fanáticos panameños que a pesar de que su selección nacional de fútbol vaya de tumbo en tumbo y a veces pareciera que viaja sin rumbo fijo no dejan de perder la motivación.

En el momento en que Panamá clasifique a un Mundial alcanzaría el éxito, claro está, después de haber ido de fracaso en fracaso y sin que la “marea roja” perdiera su entusiasmo.

Algo parecido puede estar pasando con la educación panameña. Desde los albores de la República, se habla de “atraso intelectual vergonzoso”, pero los sectores preocupados por su mejoramiento no han perdido su entusiasmo.

Ya en abril de 1902, Guillermo Andreve, quien fuera posteriormente, en varias ocasiones, secretario de instrucción (Ministerio de Educación) bajo la administración de Belisario Porras, dice que el “atraso intelectual” es “cosa que a nuestro pesar nos vemos forzados a reconocer, por más que cegados por un falso patriotismo se pretenda a veces negar lo que está palpable”. Y eso que Ricardo Miró lo definió como un “hombre con un acendrado patriotismo”.

Más adelante, en el artículo culpa “casi por igual” al gobierno y a los padres de familia: “en aquel debido a la desacertada escogencia de maestros y la deficiencia del sistema escolar, y en estos por su indiferencia más que criminal en lo que a la educación de sus hijos se refiere”.

Sin embargo, Andreve advierte sobre el peligro que conllevaría dejarlo todo como está y no hacer nada por mejorar la educación de las nuevas generaciones. “Este atraso vergonzoso no hay duda de que producirá en lo futuro su cosecha de desengaños y desastres, y no creemos fuera de lugar dar desde luego la voz de alerta que nos ponga en guardia y evite la catástrofe”.

El entusiasmo de Andreve nunca mermó y la misma motivación la tuvieron el primer presidente de la entonces nueva República, Manuel Amador Guerrero, y su secretario de Instrucción Pública, Julio Fábrega, quienes firmaron el Decreto No. 7 del 15 de abril de 1904 que creaba y organizaba las dos primeras Escuelas Normales de Panamá.

“Cuatro años más tarde en solemne velada pública, celebrada el 12 de enero, fueron graduados de manera oficial los 20 primeros maestros de Escuela Primaria, titulados por la naciente república”.

De esta primera generación surge con honores Octavio Méndez Pereira, cofundador de la Universidad de Panamá.

Un año después, el 25 de abril, abre sus puertas el Instituto Nacional de Panamá.

Después de graduarse, Méndez Pereira viaja a un país sudamericano para optar por el título de profesor de Estado en el Instituto Pedagógico de Chile. Luego, en el terreno educativo fue ministro de Instrucción Pública entre 1923 y 1927.

Esa experiencia como docente y con la clara idea que éste “ha de ser no un sabio, sino sencillamente estimulador de intereses y sugeridor de necesidades intelectuales y sociales”, Méndez Pereira cofunda la primera casa de estudios superiores en Panamá, el 7 de octubre de 1935.

Entusiasmo en medio de crisis, motivación frente a los fracasos y atrasos. Un editorial de la Lotería en su edición de febrero de 1954, intitulado “El problema universitario”, justificaba su fundación al haber afrontado su “crisis de organización”.

No obstante, advertía del quizás mayor inconveniente que ha tenido la Universidad de Panamá desde entonces: su escuálido presupuesto asignado que, a la larga, afecta progresivamente en la motivación de los universitarios, principalmente sus investigadores. “Pero sería un absurdo sorprenderse de los problemas de presupuesto que contempla ahora la Universidad. Hay que aceptar que la ayuda que le presta el Estado no ha podido ajustarse a su rápido desarrollo. Lo que corresponde, junto con la implantación de economías razonables, es encontrar los medios de crearle rentas adecuadas –aunque evidentemente no las tiene– y demostrar a los estudiantes el deber que les incumbe de ayudar al pago de los gastos universitarios. La educación debe ocupar siempre el primer puesto en las actividades de la comunidad”, sostuvo.

Casi 20 años después de su fundación, el editorial apuntaba que era “nula o casi nula su función investigadora”, de ahí que consideraba como un error “regatear hasta el máximo los estipendios para funciones de la ciencia y de la investigación, pretendiendo que estas actividades resultan estériles y que, por tanto, no merecen aumentos en la asignación presupuestaria”,

Un problema no resuelto detectado hace ya 56 años y que sigue afectando el buen funcionamiento de la primera casa de estudios hoy en día, golpeando las labores investigativas.

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Este artículo se publicó el 28 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.