El 3 de noviembre de 1903… una conjunción de factores

La opinión del educador…

Ricardo Cochran Martínez

El historiador español Josep Fontana afirma que la historia es la “memoria pública” de una sociedad; repasemos nuestra memoria. Obviamente, mucho se ha hablado en torno a las causas y consecuencias de aquel 3 de noviembre y se ha insistido, por una parte, en que fue una escandalosa intervención estadounidense y, por otra, que fue un golpe financiero el que creó la nación panameña, esta es la tesis de la “leyenda negra”.

La perplejidad de algunos compatriotas estriba en el hecho de que en la separación, Estados Unidos (EU) jugó un rol, y se les olvida considerar el zeigest, el espíritu de la época. Para entonces, EU había estado a un tris de ir a la guerra contra los británicos, por una disputa de límites con Alaska, y por su intervención en Venezuela, pues los ingleses querían tomarse el río Orinoco.

En Europa, Alemania era la potencia ascendente; tenía, desde 1900, una flota y colonias, tanto en África como en Asia. Hay que recordar que ya EU y Alemania había chocado en Hawái y otras islas del Pacífico sur que eran estratégicas para tener bases de aprovisionamiento.

En el Oriente, Japón era la potencia indiscutible, con colonias y protectorados de los que obtenía petróleo y otros recursos.

Todas las potencias de la época sabían que para ganar un imperio debían hacer caso a lo que el almirante estadounidense Alfred Mahan planteó en su obra La Influencia del poder naval en la historia, “sin fuerza naval no puedes ganar una batalla”.

La guerra hispano-estadounidense, de 1899, reveló que una flota en el Atlántico no podía estar en el Pacífico con rapidez, tenía que dirigirse hacia Sudáfrica o hasta el estrecho de Magallanes. Los gringos no olvidarían esta lección.

Cuando los franceses intentaron construir el canal, lo hicieron bajo una idea comercial, estrictamente; una vieja añoranza que se remontaba al año 1456, cuando, al caer Constantinopla, los otomanos dominaron por siglos todo el Mediterráneo oriental. Al lograr el Canal de Suez, el dominio europeo sobre el mare nostrum se hizo real.

Pero con el Canal de Panamá, no fue así, de ahí que el financiamiento estuvo en manos de particulares y del pueblo francés.

En agosto de 1903, Colombia se dio el lujo, la exquisitez, de rechazar el tratado Herrán-Hay. Fue su último error, porque la misma Colombia introdujo a los estadounidenses a nuestra política como socio en 1856. Entonces, ni los patriotas istmeños ni Colombia pudieron ver el giro de la rueda del destino que se abalanzaba, por la batalla por las rutas de dominio estratégico entre las potencias del nuevo siglo; y en esa conjunción de factores: imperialismo, revolución industrial y tecnología, preámbulo a la gran guerra de 1914. Se presentó la opción de construir la herramienta artificial estratégica más innovadora de la historia humana.

Ni los griegos ni los persas ni los romanos ni España e Inglaterra, en la era moderna, ni Francia en la era contemporánea habían logrado de forma contundente el dominio de una “ruta artificial”, capaz de colocar una flota y una armada en cualquier punto de la tierra a través de un canal. No fue ninguna estampillita, no fue ninguna creación de Wall Street, como se menciona, y tampoco fue traición de los istmeños, que no tenían nada con qué intimidar a Colombia. Fue la necesidad estratégica de una potencia militar económica emergente en el siglo XX y XXI, la que operó en nuestra historia y en la historia mundial.

El Canal de Panamá transformó la hegemonía estadounidense en el planeta. Sin este, Estados Unidos no sería la potencia militar que hoy día es.

No se le debe olvidar a ningún panameño que el Canal “no” es tan solo un negocio ni fue creado para un “bazar persa”. El Canal es y será, ad eternum, la herramienta geoestratégica más formidable de toda la historia humana. Si no lo creen revisen el tratado de neutralidad, el que nos coloca “bajo el paraguas del Pentágono”, no de Wall Street.

De ahí que naciera nuestro 3 de noviembre de 1903. Ese día, los intereses mundiales apuntaban hacia esta patria, tendida sobre un istmo; y eso sí, para nosotros los hijos de esta tierra, afortunados como el Benjamín de América Latina, fue un día grandioso… ¡alcanzamos por fin la victoria! y entramos en el concierto de las repúblicas del mundo, bajo el nombre de Panamá.

¡Gloria a nuestra nación!

 

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Este artículo se publicó el 3 de noviembre de 2016  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Reflexión en el Te Deum

Reflexión en el Te Deum  por el  Arzobispo de Panamá,

José Domingo Ulloa Mendieta  

en la Catedral Metropolitana de Panamá, el  3 de noviembre de 2011 .

Su Excelencia Reverendísima Mons. Andrés Carrascosa Coso   Nuncio Apostolico.

Su Excelencia, Ricardo Martinelli Berrocal, Presidente de la República de Panamá y señora.

Su excelencia, Juan Carlos Varela, Vicepresidente de la República de Panamá.

De acuerdo a una larga, noble y hermosa tradición, las puertas de nuestra Iglesia Catedral se abren nuevamente para acoger como siempre a los hijos e hijas de esta tierra panameña quienes, encabezados por nuestras autoridades aquí presentes, quieren orar y entonar un canto de Acción de Gracias al Padre Dios, por Jesucristo en el Espíritu Santo, al conmemorar los 108 años de vida independiente y soberana de nuestra República.

Hoy es el día en que Panamá ruega a Dios por Panamá. Porque desde 1903, hombres y mujeres intuyeron que la patria, su grandeza, su libertad y su unidad, son al mismo tiempo tarea humana y don divino. Así ha sido desde la llegada de la fe a este Istmo.

Por ello, la historia de la Nación Panameña se ha escrito paralela a la de la Iglesia. Fue aquí donde se instituyó la primera diócesis de Tierra Firme, la de Santa María La Antigua, cuyo Quinto Centenario conmemoraremos en septiembre del 2013.

En este día de la Patria, Panamá comienza sus festejos con una plegaria, en la que ponemos a Panamá en las manos de Dios.   Confiar en Dios no significa abdicar de la propia responsabilidad en la construcción de la historia.   Significa hacer la historia junto con Dios, interpretar en ella sus designios y ser protagonistas de la construcción del reino en la Tierra.

Deseamos compartir con ustedes, unas reflexiones con amor verdadero, con una intensa pasión por nuestro pueblo, proponiendo la visión de persona y sociedad derivadas del Evangelio. Sabemos que el Evangelio de Cristo ha sido anunciado para la felicidad de todos y para ir alcanzando la plenitud humana. “La gloria de Dios consiste en que su creación preferida, el ser humano, tenga vida en plenitud, desarrollando sin cesar la imagen misma de Dios impresa en lo más íntimo de su ser”.

Hermanos y hermanas: Lograda nuestra soberanía en todo el territorio nacional a finales del siglo pasado, gracias a la lucha de muchos panameños, y el luto de tantas familias, debemos preguntarnos: ¿Cuál es el ideal o el sueño que une al pueblo panameño hoy?; ¿seguimos teniendo anhelos comunes, un ideal que una nuestras almas, que nos haga caminar hombro a hombro cada día hasta lograr ese objetivo?

Antes de contestarnos estas preguntas, quizá nos hace falta primero redescubrir el significado de la palabra Patria.

La Patria no es lo mismo que la Nación o el país. La Patria no es sólo el territorio, tampoco la sangre o el idioma. Pues individuos y familias de diversos orígenes y lenguas pueden convivir en una misma tierra, y constituir una misma patria debido al espíritu que los une. La Patria es algo todavía más profundo y más sublime. Si vamos a su significado etimológico, Patria procede del latín “patria”, que significa “familia”, y del griego “patris”, es decir, “descendencia de padre”.   Patria es, pues, paternidad, y toda paternidad es venerable.

Cuando hablamos de patria asumimos la herencia de los padres. La Patria es el acerbo moral que se ha venido acumulando desde los orígenes, es la convivencia compartida en las luchas y en el estilo de vida.   Es el tesoro de las mismas tradiciones.   Es la comunión en las mismas creencias.

La Patria es también una misión, un destino, una empresa colectiva en este mundo y en la historia. Para los cristianos y personas de buena voluntad, significa además, trasmitir y hacer perdurar los valores que hemos recibido, y no dejar que nos impidan vivirlos.

Hermanos y hermanas:  La Patria es un don;  la Nación, una tarea”. ¿Cuál es esa tarea que debemos emprender para reconstruir la nación?

Como Pastor los exhorto a que empecemos por la reconciliación social entre todos los sectores y el fortalecimiento de la capacidad de diálogo: Reconociendo que la reconciliación social no consiste en enfrentar la historia como si nada de lo acontecido hubiera pasado; es un proceso por el que las partes que viven situaciones de confrontación deponen una forma de relación destructiva y sin salida, y asumen una forma constructiva de reparar el pasado, edificar el presente y preparar el futuro.

Otra de nuestras tareas es volver a creer en el otro, y recuperar la confianza que nos permita relacionarnos, respetando las diferencias, basando ese encuentro en la verdad y no en las imposiciones, a través de un diálogo transparente y sincero. Entendiendo que el diálogo no significa convencer, sino consensuar para garantizar el bien común.

También, nos urge creer en la libertad como un principio esencial del hombre, como un don inherente a la persona humana, necesario para la realización de su vocación trascendente a través de la historia.

Esa misma libertad nos lleva a la participación ciudadana.   Una participación efectiva en el orden económico, social y político.

Permítanme profundizar sobre el valor de la verdad. La verdad es esencial para la justicia y la reconstrucción de la sociedad. Esto lo confirma el Santo Padre Benedicto XVI cuando nos dice: “donde se siembra la mentira y la falsedad, florecen la sospecha y las divisiones, y socavan las posibilidades de relaciones sociales pacíficas”.

Tenemos que volver a entender que Panamá no es un pedazo de tierra, ni solo un puente que une al mundo, es mucho más: es la gente que aquí nace o que libremente ha aceptado nuestra Patria como suya.

La Patria es la gente y sus valores, su dignidad y sus derechos. La patria eres tú, tus hijos y los que vendrán.    Nos ha pasado que por limitar la Patria a la noción de gobierno, hemos perdido mucho, en nuestro aprecio, respeto e identidad como Nación y, por ende, en nuestro compromiso ciudadano.

Tenemos que animarnos a pensar y trabajar en el Panamá de los próximos años; necesitamos un proyecto de país, que reafirme nuestra identidad común; que establezca políticas públicas con consensos y acuerdos que puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno y que se conviertan en referencias para la vida de la Nación.

Para ello, hay que mirar el pasado de nuestra historia para proyectar un futuro, pensando en todos los panameños sin exclusión.

Hay dificultades, no las negamos. Y frente a ellas tenemos que superar la tentación de la queja inútil, de la protesta por la protesta.   Debemos reaccionar como Jesús, amando a la Patria, como exigencia del mandamiento que nos pide honrar al padre y a la madre; porque la patria es el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados, es un bien común de todos los ciudadanos, y como tal, también es un gran deber.

Ante la indiferencia y desamor a la Patria, la respuesta es cultivar entre nosotros el patriotismo, virtud olvidada y callada, que procura recuperar el respeto y amor que le debemos a la misma. El verdadero patriota busca y se compromete en contribuir a hacer una gran Nación, mediante su trabajo honesto y la contribución personal al bienestar común.

Todos, sin excepción, debemos preguntarnos qué puedo, y qué debo hacer para cooperar con el bien de nuestro querido Panamá. Cada uno de nosotros somos constructores y responsables del futuro de la Patria. No esperemos a ver que hacen los otros, no miremos con indiferencia lo que no me toca, despertemos de la inmadurez de pretender tener un Estado paternalista.

Panamá es una obra de todos, que se hace con el deber de cada día, hecho con esfuerzo, con honestidad pensando más en los otros que en el propio interés. Actitud que supone heroísmo para no cansarse, para no claudicar, para comenzar cada mañana, en nuestro lugar, para creer y esperar que con la gracia de Dios otro Panamá sea posible legar a nuestros hijos.

Pero no nos quedemos solo en palabras y sueños. Como Iglesia, hemos iniciado una propuesta del PANAMÁ QUE QUEREMOS, surgida de un movimiento de profesionales católicos, que como pastor estamos acompañando.   Esta es una propuesta basada en el ideal cristiano, pero impregnado de panameñidad; abierto a la vez a todos, inclusive a los no cristianos, porque estamos seguros que servirá para reinventarnos, para mejorarnos, para reconstituirnos como nación, y recuperar los sueños, sin dejar de encontrar los caminos para hacerlos realidad.

Panamá necesita de sus mejores hombres y mujeres en este momento de la historia de nuestra Patria.

Ruego a Dios Padre que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestro pueblo, bendiga siempre a nuestro país y a nosotros sus hijos nos haga dóciles a la acción del Espíritu para que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional:   “Alcanzamos por fin la victoria/ En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación”.

Que viva Panamá.   ¡Que Dios y la Patria así lo quieran! Amén

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Publicado hoy 3 de noviembre de 2011 gracias a la gentileza de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana  Dra. Geraldine Emiliani que lo envió a nuestra redacción.

El modelo de administración de la Autoridad del Canal de Panamá

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

 

Constantemente para desviar la atención sobre los males crónicos que confrontan las entidades gubernamentales especialmente aquella destinadas a prestar un servicio público surge la idea de la restructuración administrativa. El modelo administrativo de la Autoridad del Canal de Panamá se promueve como el modelo a seguir. A nadie parece importar que ese modelo administrativo tiene su estabilidad garantizada mediante un título especial de la Constitución Nacional. La mayoría de los intentos de crear mediante leyes, entidades gubernamentales con niveles de independencia administrativa y estabilidad de su administrador cayeron en saco roto en posteriores gobiernos. Fue el Presidente Guillermo Endara quien impulsó dos entidades administrativas estatales que se manejaran con independencia y alejadas de la política partidista.

La primera fue la Autoridad de la Región Interoceánica creada mediante ley para administrar y vender los terrenos revertidos con la firma de los tratados Torrijos-Carter. La independencia no se respetó en el gobierno subsiguiente. Su administrador elegido por la Junta Directiva sin injerencia presidencial fue objetado por el Presidente Pérez Balladares y éste terminó nombrando a su elegido. Luego en el gobierno de Mireya Moscoso, la estabilidad del cargo del administrador nombrado por Pérez Balladares fue objetado y a su vez un nuevo administrador más afín políticamente a ella ocupó el cargo.

En la Autoridad del Canal de Panamá la suerte fue distinta porque se sujetó ese régimen a un título de la Constitución Nacional. Cambiar el régimen de la ACP requiere un cambio constitucional. A la fecha ningún presidente lo ha propuesto y ha sido garantía de estabilidad e independencia administrativa. Con igual criterio de independencia y estabilidad fueron diseñadas varias instituciones gubernamentales, entre ellas: la Comisión Bancaria Nacional ahora Superintendencia de Bancos; la Comisión Nacional de Valores, el ente regulador de los servicios públicos hoy denominada Autoridad Nacional de los Servicios Públicos; la Clicac (Comisión de la Libre competencia y asuntos del Consumidor ) ahora Acodeco (Autoridad para la Protección del Consumidor y Defensa de la Competencia); el Instituto de Recursos Renovables ahora Autoridad Nacional del Ambiente; el mismo IDAAN cuya restructuración realizada en el gobierno anterior fue una respuesta a la necesidad de mejorar su funcionamiento.

Nada de eso ha funcionado porque los gobernantes no controlan la tentación de contar con espacios políticos y posiciones para nombramientos.

Es de todos conocido lo que ocurrió en el gobierno de Mireya Moscoso con el Idaan donde hasta se les obligó a los empleados a cotizar mensualmente sus cuotas al partido que controlaba dicha institución.

La enfermedad no está en la sábana.

 

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<> Artículo publicado el 17  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Jaque al Rey…

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La opinión de la Periodista…

ADELITA  CORIAT

La gran contradicción entre Martinelli, sin eximir sus pecados, y las agencias de inteligencia, parece centrarse mas bien en su independencia.

Durante el mandato de Manuel A. Noriega Panamá fue punto de trasiego de droga por muchos años. Sin embargo, no fue hasta que comenzaron las contradicciones sobre el conflicto nicaragüense cuando se acentuaron las tensiones políticas entre EU y Panamá. Mientras tanto todo mundo miraba para otro lado.

Se deja ver una lucha entre las agencias de inteligencia por el control del poder e información clasificada. En Panamá están establecidos los componentes de inteligencia inglesa, israelíes, alemanes, y otros.   Tal vez, el prescindir de ciertos servicios haya provocado un sabor amargo a los norteamericanos.

Panamá ha entrado en un manejo de mercado donde los estadounidenses ocupan muy pocos renglones de la lista; la red energética con Colombia, el oleoducto, la red vial, el ensanche del canal. Este último, según wikileaks, parece ser uno de los más dramáticos por las presiones que pudo haber ejercido infructuosamente la embajada norteamericana para ganar la licitación. Son actos independientes de la burguesía panameña que abrieron a otros países la participación en los negocios.

Probablemente en el Departamento de Estado, a diferencia de la embajada, pocos se creyeron el cuento de que el ejecutivo panameño no tenía ingerencia en el proceso de licitación de la vía Interoceánica.

¿Quién no recuerda la famosa reunión que hubo entre la ex embajadora Stephenson, Martinelli y Varela, donde se dice, se cuajó la alianza de gobierno?

Con esto no se pretende insinuar que los gobernantes se cubran de inmunidad y hagan lo que quieran. No. Lo que señalamos es la estrategia que cada posición juega de acuerdo a sus propios intereses. Posiblemente los norteamericanos tengan un as bajo la manga que comprometa el rumbo del gobierno Martinelli.   ¿Cómo y cuándo usarán las cartas?

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<>Artículo publicado el 3  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Eliminemos el Consejo Nacional Anticorrupción

La opinión del periodista y docente universitario…
GARRITT GENETEAU
ggeneteau@yahoo.es

Consideramos que ya existe una burocracia, a todas luces excesiva, inoperante y muy criticada por la opinión pública pensante, que a lo único que contribuye es a causar gastos al erario público.

Vamos a referirnos a la más ineficaz de estas instituciones: la que comanda el Zar Anticorrupción, Fernando Núñez Fábrega, más conocido por su popular apodo, que por la efectividad de sus funciones.

Podemos afirmar que el Consejo Nacional Anticorrupción, cuyo comandante (FNF) se encuentra huérfano de independencia para realizar a fondo investigaciones que pongan al descubierto aquellos delincuentes que atentan contra las propiedades del Estado, que contribuyan positivamente a que impere la transparencia en las actuaciones del funcionariado público, que está acostumbrado, salvo rarísimas excepciones, a ‘meter la mano’. También diríamos que el puesto exige muchas capacidades y la seriedad del caso.

Hace falta un freno para detener los peculados, el tráfico de influencias y otras ‘triquiñuelas’ que tanto retrasan el desarrollo de este país. Para lograr este cometido se requiere al frente del Consejo Nacional Anticorrupción, un funcionario con suficiente carácter, independencia y que no le tiemble la mano al señalar a los delincuentes de cuello blanco. Y lo decimos sin ambajes: Núñez Fábrega no reúne estas cualidades. Los que acostumbran violar la ley siguen en sus prácticas delincuenciales porque saben que los zares que han ocupado esos puestos responden directamente a los mandatos del Ejecutivo, desde que se creó la institución hace varios años.

Tenemos que aceptar que ‘Chito’ Montenegro, secretario del Frente Anticorrupción, realiza una mejor labor que Núñez Fábrega, independientemente de que no gana ningún caso, pero por lo menos presenta la denuncia.

Sugerimos que ante la inoperancia en que funciona este organismo estatal, el Órgano Ejecutivo y la Asamblea de Diputados deben proceder, a la mayor brevedad posible, a la eliminación de esa dependencia porque es indiferente ante el clamor popular que no encuentra respuestas por falta de decisiones y que hasta el momento no conocemos ningún caso que haya sido procesado y condenado por delitos cometidos. Se despilfarran dineros inútilmente del erario público.

En vez de seguir manteniendo estas instituciones inoperantes, se deben reforzar las acciones del Ministerio Público y la Contraloría General de la República. Independientemente que la Defensoría del Pueblo no funciona en estos momentos, se puede lograr un mejor resultado del que pueda dar el Consejo Nacional Anticorrupción.

 

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<> Artículo publicado el 5 de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Transparencia e independencia

La opinión de…


Ángel Luis Álvarez Torres

Luego de leer los reportes periodísticos sobre presuntos hechos irregulares que gravitan sobre una Fiscalía Delegada de Los Santos y Herrera, como ciudadano, no podría más que esperar la mayor transparencia de una investigación independiente, que refleje la verdad de lo ocurrido y que alcance a todos los implicados.

Como ciudadano, esperaría que el proceso sea respetuoso de las garantías individuales y que se actúe con energía, pero con la prudencia que este y todos los procesos ameritan. Pero lejos de lo esperado, el desarrollo de la trama no termina por generar más que desconfianza y sospechas de que algo irregular ocurre a los más altos niveles de la administración.

En relación a este caso, me alerta el constante protagonismo periodístico del Procurador general encargado y de sus asesores para anunciar, anticipar, justificar y explicar cada paso de los investigadores, lo que no se ajusta al mínimo de prudencia y reserva que exige una investigación penal. No comprendo por qué se trata de opinar sobre hechos objetivos de investigación, sin ser ellos los encargados del expediente, soslayando la presunción de inocencia y sin medir los negativos efectos de tal imprudencia sobre los resultados de las pesquisas que aún están en fase preliminar.

Me pregunto: ¿de qué trata de convencernos el señor Procurador? Lo correcto sería que se nos explique por qué razón uno de los más importantes investigadores de nuestro sistema de seguridad pública no pudo advertir los hechos de presunta corrupción suscitados ante sus propias narices, en lugar de anticipar ahora de forma pública e inoportuna el desarrollo de una delicada investigación reservada.

Aun tratando de disipar la creciente sospecha y la desconfianza, quise imaginar que tales apariciones eran el resultado de la falta de experiencia, pero esta justificación tropieza con directos y graves señalamientos públicos que dirigen el dedo acusador hacia el mismo procurador encargado y el personal cercano a él, en lo que se describe como un extensa cadena de hechos irregulares que parecen no detenerse en la oficina de recursos humanos.

Sin obviar las implicaciones legales que debe tener el directo señalamiento realizado por la directora de recursos humanos, es claro que tales imputaciones merman la expectativa de imparcialidad sobre las actuaciones del Procurador. Por ello, si el norte es preservar la integridad del Ministerio Público, como parte del sistema de justicia y su credibilidad, bajo ninguna circunstancia debiese permitirse un asomo de interferencia o manipulación.

Debe recordarse que según la ley: “los agentes del Ministerio Público son independientes en el ejercicio de sus funciones” y solo el respeto a esa independencia podría dotar de un poco de confianza a la investigación que se realiza. Claro está que dirigir o interferir personalmente en las pesquisas, bajo la excusa de combatir la corrupción, quizás sería una justificación válida, pero no cuando existe –al menos– un mínimo de sospecha de que los resultados podrían afectar al propio director de la entidad.

Como ciudadanos, debemos exigir al Procurador general encargado y a sus asesores que se mantengan alejados del proceso que ahora se adelanta en torno a la Fiscalía Delegada de Los Santos; que se permita el grado de independencia que establece la ley; que se libere cualquier posible interferencia consciente o inconsciente; que sea sigiloso y respetuoso sobre la reserva del sumario; que no se atropelle más la presunción de inocencia; que se abandone cualquier acto de publicidad y protagonismo que pueda contaminar o afectar la recolección de pruebas y que adopte cualquier medida para mantener la transparencia y la objetividad del funcionario instructor, si se aspira a alcanzar la verdad material y perseguir a todos los implicados, sin importar de quien se trate.

Una actuación oportuna, también, requiere la inmediata apertura de una investigación por parte del procurador de la administración, ante los serios señalamientos que ha realizado en los medios de comunicación la directora de recursos humanos de la Procuraduría General de la Nación, para que aclare sus afirmaciones y se verifique su validez, porque en forma alguna será sano para nuestro sistema de justicia, desecharlos de antemano u omitir el deber legal de investigar.

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<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una contraloría que no controla, no fiscaliza y no frena los actos irregulares

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

Dentro del juego de los pesos y contrapesos que rigen en un gobierno de tipo presidencialista, la función de la Contraloría General de la República es un pilar importante para frenar la ilicitud y la corrupción.

 

La Constitución Nacional de la República inclusive le ha dejado a la Asamblea Nacional de Diputados la responsabilidad de escoger quien debe dirigir dicha institución del Estado. Las razones son entendibles.

 

Una contraloría debe ser independiente de los designios y arbitrios del Órgano Ejecutivo, especialmente del Presidente de la República. De esa manera se puede fiscalizar y frenar la corrupción y las irregularidades propias de funcionarios que no reconocen o pretenden obviar el principio de que en derecho público solo pueden hacer aquello que le permite la ley. Cualquier extralimitación o omisión es objeto de sanciones administrativas y penales.

 

Pero en este tema el actual gobierno ha roto todo los parámetros. Quien ocupa dicho cargo público fue empleada del Presidente en sus actividades privadas. Ejercía funciones en una de sus empresas con subordinación jurídica y dependencia económica. Lo ejerció por muchos años. Frente a esa realidad su nombramiento en tan importante posición, donde en ocasiones debe enfrentarse o diferir de las opiniones del Presidente y sus allegados, resulta una ilusión infantil.   Además lo ha demostrado. Todo cambia para no cambiar. No ha objetado las contrataciones directas, tampoco ha producido resultados cónsonos con las denuncias de irregularidades y corrupción.

 

El escandaloso caso del FIS duerme el sueño de los justos.   Y si investigara en lo que ahora se denomina PAN estoy seguro que encontrará bellezas.

 

Me comentaba un legislador oficialista, hace poco, que la Asamblea mantienen un noviazgo interesado con el Ejecutivo porque lo que le ha proveído este gobierno a los diputados es superior a lo que el gobierno de Mireya y Torrijos ofrecieron en conjunto.

 

Así las cosas nada parece incomodar a la Asamblea de Diputados, y es más explica el marcado interés de los diputados de la oposición por cambiar de bando. Pero hay cosas peores. La designada en la Contraloría General de la República tiene a un hijo nombrado en el Consulado de Panamá en Buenos Aires, Argentina. No hay nada que explicar aquí pues quien vigila y fiscaliza tienen intereses comunes con el ente que ejecuta el presupuesto nacional.

 

Todo esto indica que para creer en milagros es condición necesaria ser religioso, muy distinto es el caso de los políticos. Creer en ellos debe estar condicionado a la fidelidad, a la ley y la voluntad política de cumplir.

 

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<> Artículo publicado el 15  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.