Mercaderes de agua

La opinión de…

Rubén Chen W.

Lo que, probablemente, se crea que es una situación temporal, puede convertirse en el episodio de una película post apocalíptica, en la que la gente está dispuesta a pagar fuertes sumas de dinero, o aun matar, por un producto que en su tiempo era gratis.

Cumplido más de un mes, la situación no mejora, y no se puede seguir utilizando como excusa las fuertes lluvias que una vez cayeron. Todos nos comimos ese cuento sin saber a lo que nos enfrentaríamos.

La situación del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) es un problema de Estado que lo tiene que resolver su director, primordialmente, y todo el Gobierno que está, supuestamente, apoyando.

Es increíble la falta de liderazgo del director de esa identidad quien, con mucha sinceridad y sin saber las consecuencias, dice no tener idea de cuándo podrá resolverse el problema. Es aún más insensible, cuando envía agua a nuestras residencias y después dice que no es segura para tomar.

¿Acaso cree que el agua la usamos para jugar en la casa? ¿Acaso cree que todo el mundo puede comprar agua embotellada? Que, por cierto, su escasez se hace notoria a medida que transcurren los días.

No he visto en ninguna de las conferencias de prensa del Idaan que se haya dado una solución con fecha de cumpleaños. La incapacidad del director, al no poder dirigir a un grupo de expertos para crear un plan de acción y seguir dicho plan para resolver este problema, nos deja como estamos ahora mismo, sin agua y sin saber si habrá mañana. En una entrevista que se le hizo, él comentaba de las pérdidas que ha sufrido la institución y de sus proyectos futuros.

¿Usted cree que alguien le interesa esa información, con la situación que afrontamos en estos momentos? Creo que está totalmente fuera de lugar. Como “director”, no ha podido ni hacer ni transmitir algo que nos pueda resolver.

Durante todo este tiempo, nos han suplido de agua los camiones cisterna del Idaan o subcontratados, que han ayudado a aminorar el problema; sin embargo, desde hace casi una semana, ya no pasan tan frecuentemente. La razón es que algunos edificios están pagando hasta 100 dólares por este servicio que debiera de ser proporcionado gratis por el Idaan. No culpo a los conductores de los cisternas por el “incentivo” ofrecido, créame que haría lo mismo, con el sueldazo que se devenga haciendo ese trabajo.

La otra noche, cuando iba al súper, me asusté al ver tanta gente comprando agua en botella. Jamás, pero jamás en la historia de mi vida había visto algo así en Panamá. Ni siquiera en la invasión de 1989.

El agua embotellada no durará mucho tiempo, y cada día es menos accesible en los supermercados y establecimientos. Esto es de esperarse, porque en solo este mes se ha vendido mucha cantidad de agua, al punto que los fabricantes de botellas y los envasadores no podrán producir al ritmo en que se vende.

Sería una burla encontrar una factura del Idaan en nuestras casas en los meses venideros.   Vamos a ver si en carnavales se les ocurre hacer “mojadera”.   El Gobierno debería prohibirlo, por lo menos, este año.

La situación post apocalíptica está aquí para quedarse.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde
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