Cuestión de honor… ¡oh, no!..

La opinión de la Periodista Asesora de Comunicación…

MARIA VICTORIA LÓPEZ Y GARCÍA

Cuestión de honor… ¿Qué es eso?, se preguntarán algunos. ¿Con qué se come?, dirán otros. Pero la verdad es que el honor, para la mayoría, es cosa pasada de moda. Y… es que, desde tiempos inmemoriales, el honor, escrito con ‘h’, aunque se trate de una letra muda, ha representado a muchas formas de vida y para fines muy diferentes.

Pero en la cuna de esta palabra, el honor no es más que la actitud que debe tener una persona que actúe de acuerdo con la justicia (casi nada), la verdad (cosa casi imposible) y que cumple con sus responsabilidades (difícil).

Es por ello, que los códigos de ética existen bajo el paraguas de éstos preceptos. Por ejemplo, el honor en la marina señala que un capitán es el último en salvarse (si puede) cuando su barco sufre un naufragio. Para un periodista, el honor, entre otras cosas, es investigar la veracidad de su fuente y jamás dejarse sobornar o dejar de cumplir con la norma. Para un compañero o compañera, el honor se debe identificar con la felicidad de su pareja y la fidelidad. Para un país, el honor debe ser sinónimo de libertad, justicia y equidad entre todos sus semejantes, para una empresa, el cumplimiento de lo pactado… y para un empleado de cualquier categoría, el hacer su trabajo buscando la excelencia.

Hace ya bastantes lustros, los caballeros retaban a duelo a los que consideraban traidores, señalando como traición a la falta del respeto que se debía tener y a la buena opinión de las cualidades morales y a la dignidad de esa persona que retaba, median el honor.

¿Puede imaginarse usted a esos caballeros viviendo en nuestra tan ‘civilizada’ y moderna sociedad? Tendríamos sin duda un negocio millonario en la fabricación de floretes, pistolas o sables, por supuesto modernizados con alta tecnología de láser o cibernética, pero no se haga ilusiones en hacer este posible ‘negocio’, porque hoy en día, en pleno siglo XXI, la palabra honor no tiene mayor sentido ni la mínima trascendencia para la mayoría de los mortales.

Hablar de honor, también es hablar de responsabilidad. Pero hay quien piensa que la responsabilidad siempre es cosa del otro, no de uno mismo. Pero quien piensa así, no se da cuenta de que la responsabilidad no es más que la cualidad, la característica, que tenemos las personas para que los demás puedan fiarse de nosotros, y nosotros de ‘nosotros mismos’.

¿Es esto honor? Pensarán muchos… Pero es que para ser honorables, señoras y señores, hay que ser valientes.

Este principio establece que se tiene la obligación de reparar y satisfacer las deudas o los daños que nos impartimos a nosotros mismos o que causamos a otros.

Contrario a los valientes, son aquellos culpables de tantos accidentes sociales causados por actos de traición o cobardía. Aristóteles señalo muy bien la diferencia entre sustancia y accidente.

Hoy, nosotros podemos ver con claridad ese principio filosófico con rasgos sencillos y prácticos, propios de nuestro siglo. Entendamos, pues, que la sustancia no es más que la cualidad que tenemos las personas que hacemos las cosas con sentido común, justicia o madurez. Un hombre (genéricamente hablando) sin sustancia, es aquel del que no podremos aprender nunca nada o que derrumba con sus hechos lo que pretender enseñar.

Así que si no queremos causar accidentes a nadie, tenemos la responsabilidad de dejar el legado a otros para que traten de no ser traidores; de actuar en la verdad que otorga la justicia.

Entonces, es posible que podamos encontrar la simpleza y la grandeza de la HONORABILIDAD.

Y no pesará sobre nosotros la inquietante ignorancia de que el honor, es ‘algo’ que esta pasado de moda.

<>Artículo publicado el 10 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Auditorías al subsidio electoral (II)

La opinión del Primer Sub Secretario Nacional de Asuntos Jurídicos del Partido Molirena…..

Lisímaco Jacinto López y López

Como veíamos demoras en atender nuestra solicitud, por parte de las autoridades electorales, reiteramos las solicitudes adjuntando copias de estas a la Fiscalía General Electoral, la Contraloría General de la República, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación y Zar Anticorrupción.

Resultado:  Silencio cómplice y apatía total.

La única institución que comenzó a actuar fue la Procuraduría General de la Nación que trasladó la solicitud a la Fiscalía Segunda Anticorrupción.

Con posterioridad y en razón de estos comportamientos de los servidores públicos obligados a controlar este subsidio y a informes de malos manejos de los mismos en mi partido Molirena, interpuse una Querella Penal contra los señores Sergio González y Sergio Peralta, Presidente y Subsecretario General del partido Molirena que dicen haber firmado un Acta de una sesión de una Junta Directiva que sospechosamente se realizó el 17 de junio de 2008, siete (7) meses antes de que se entregaran los subsidios y notariada, dudosamente el 9 de marzo de 2009, nueve (9) meses después, pero que solo los facultan a firmar los contratos que aprobara la Junta Directiva del partido.

Después que el Fiscal Ramses Barrera había llamado a declarar a algunos miembros de partido que manejaron parte de esos fondos y en razón de los cambios en el Ministerio Público, el cambia de opinión y me niega la condición de Querellante, porque aunque he comprobado mi vínculo en el partido y la obligación de la Junta Directiva, de la que soy parte, de usar esos fondos con transparencia; “esos fondos no salieron de mi bolsillo”, por lo que no tengo facultad para querellar, de acuerdo con artículo 2003… Lo único que ya me ha quedado es interponer un Incidente de Controversias, que está por resolverse en el Juzgado 10 de lo Penal, a cargo de 1a Jueza Cárdenas que obligue a seguir la investigación y llevar a los corruptos a los tribunales de justicia.

Este es el segundo acto de corrupción sobre el Subsidio Electoral en el Partido Molirena. En otro juzgado está pendiente de la sentencia de los actos corruptos del año 2005. Me temo que estas inactividades están ligadas con la llamada Fusión con el principal partido del gobierno del cambio.

¿Cuáles serán las consecuencias del no actuar y que queden impones los corruptos? Que la ciudadanía dude de la eficiencia del Subsidio Electoral y clame por su eliminación sin medir las consecuencias antidemocráticas que produzca.

Recomiendo leer el trabajo periodístico de los Licenciados Flor Mizrachi Angel y Carlos Alberto Vargas, publicado el lunes 10 de mayo de 2010, en el diario La Prensa; sobre este tema.

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Este artículo se publicó el  3  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pena de muerte, ¿para quién?

La opinión de la Asesora en Comunicación….

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MA. VICTORIA LÓPEZ Y GARCÍA

El asunto de seguridad, es un tema de Estado. Cuando el país no tiene una estructura ni una estrategia de seguridad establecida, los que estamos sometidos a pena de muerte, somos los ciudadanos.

Cómo es posible que el tema de seguridad que debe ser tratado en el seno del Estado, al más alto nivel político y gubernamental, con las mentes más capacitadas y probas, se debate por el contrario a nivel mediático de una forma irresponsable, tratando de buscar la manera adecuada de establecer normas que le den a los ciudadanos una forma digna de vivir.

El presidente lanza su opinión sobre el sistema de frenar la criminalidad, copartidarios y los de la alianza, se manifiestan contrarios; la oposición señala normas que tampoco las implementaron cuando gobernaron, y los grupos organizados de participación ciudadana con sus ideales y buenas intenciones, sin darse cuenta, preparan un escenario que es caldo de cultivo para que el crimen organizado siga disfrutando de impunidad y de un mercado apto para el desarrollo de la violencia, el crimen y la delincuencia sistemática.

El Estado, aparenta no poder gobernar con seguridad el país, se declaran impotentes. La consulta es importante, pero a los ciudadanos hay que mostrarles un plan de acción, una estrategia contundente y un talante político para hacer que las leyes se cumplan y que la Justicia haga gala de su nombre. Pero si los gobernantes se declaran impotentes, ¿qué garantía ofrecen a los indefensos ciudadanos? La ciudadanía organizada debe aportar valor agregado a los planes de gobierno, no trazar las reglas.

¿Cuándo será que en Panamá, un país de apenas tres y algo (Porque no tenemos un censo exacto) millones de habitantes y una población flotante cada vez más numerosa, volveremos a tener la tranquilidad de la cual se disfrutaba hace unos años atrás? ¿Tenemos desarrollo por la cantidad de inversiones que se han venido dando en infraestructura y otros sectores? Solo cuando tengamos seguridad ciudadana y bienestar social, podremos hablar de desarrollo. Si no es sostenible, si no alcanza a los sectores para una mejor calidad de vida equitativa, si no se cuenta con cárceles ejemplares, que sirvan para mejorar la conducta de los que delinquen, solo tendremos una falacia de desarrollo y democracia.

Invertir en seguridad, es un seguro para el desarrollo. Un plan de seguridad, no es tener un despliegue de fuerza visible en las calles y fronteras, es mucho más señores gobernantes. Es invertir en un plan integral de desarrollo en políticas públicas que tracen el desarrollo socioeconómico, educativo, de salud, bienestar social, cultura al alcance de todos. Es invertir en un sistema de inteligencia que sea capaz de formar políticas seguras, no de almacenar cerebros para la corrupción y la inestabilidad.

¿Será que ahora mientras que se discute sobres si sí, o si no, de la pena de muerte o cadena perpetua, tendremos que seguir en esta pena perpetua de sentirnos en un país donde cada vez más los ciudadanos nos vemos sometidos a vivir encarcelados por el terror al crimen organizado?

Los ciudadanos tenemos la responsabilidad de cumplir las leyes y someternos a las autoridades, el Estado tiene la responsabilidad de velar por la formación de buenos ciudadanos.

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Este artículo se publicó  el  30 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá,, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.