O me pagas o te mato

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La opinión de…..

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Francis Icaza
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“Póngame cuidado, señor”, dice la voz del desconocido hombre que llama al celular del colombiano de turno, “… mire vea, para evitar que yo lo secuestre, usted me va a pagar dos millones de dólares este viernes. Me los deja en un maletín en la cuarta banca del parque Bogotá a las 2:00 p.m. o antes que amanezca el lunes, lo secuestro a usted y a su mamita, ¿oyó? Ave María pues…”.

Con este sistema los secuestradores colombianos amasan fortunas sin siquiera tener que plagiar y esconder a sus víctimas en oscuros y apartados rincones en la ciudad y el campo de Colombia.   Se ahorran la comida, el transporte y, lo más importante, el riesgo de que los descubran o se les escape el paganini.

En Panamá esa moda la han adoptado los propietarios de los diablos rojos.   Al gobierno del Sr. Martinelli seguramente lo han amenazado con algo similar: O me indemnizas o sigo matando gente.   Eso explica por qué el ministro Papadimitriu declara que él aprueba la indemnización de 25 mil dólares para los maleantes que manejan el transporte en la capital. Presos del terror y el pánico, llevan los pañales rebosantes. Eso, o el PRD sigue en el poder.

Ya lo he escrito aquí antes: esa indemnización que dicen asciende a 70 millones de dólares, la idearon Martín Torrijos y los transportistas, todos miembros del agonizante PRD, propiedad del difunto Omar Torrijos y de su demasiado saludable hermanazo Tony Noriega. Es decir, Martín Torrijos indemnizando a sus copartidarios a manos llenas.

No conozco de ningún estudio que contemple la reubicación de los buses para que sirvan a comunidades donde el transporte no llega.   Un estudio y un plan que consideren el uso de los diablos rojos como sistema de alimentación para el anunciado metro de la capital.   No he escuchado a nadie hablar de ponerlos a trabajar y normalizar la condición laboral de los conductores para así acabar con las regatas, solo oigo el berrinche de los transportistas y la demagogia de los políticos.

Da asco que el gobierno recompense la irresponsabilidad y el homicidio con dinero que en parte viene de los bolsillos de las víctimas.   Que cínicos como Broce y Wever nos digan que los buses valen 70 millones de dólares no me extraña; pero que el presidente Martinelli, empresario conocedor de costos, depreciaciones y valores esté de acuerdo, es un atropello a la razón.

Esta indemnización está impregnada del nauseabundo hedor de la corrupción. ¿A dónde están las facturas de compra de los buses que en Estados Unidos son chatarra pero que aquí valen 25 mil dólares? ¿A dónde están los documentos de importación de esas chatarras sellados por la Dirección de Aduanas donde aparecen los impuestos de introducción pagados a la Nación y el valor declarado por el importador?

Si un bus vale 25 mil dólares, ¿cuánto valen todas las vidas que han segado? En octubre de 2008, cuando se celebraba el segundo aniversario de las muertes del bus 8B-06, se aprobó esta infamia llamada la indemnización. La única indemnización que han recibido los supervivientes y los familiares de las víctimas del incendio del bus aquel triste 23 de octubre es el irrespeto de una espantosa placa en el lugar del siniestro en la que aparecen los nombres de los que murieron aquel día.

Los únicos nombres en esa placa (mal hecha y chueca para colmo) que usted puede leer sin apearse de su auto cuando pasa por esa calle son los de Juan Carlos Navarro y el de una señora que fue presidenta del Consejo Municipal cuando se develó. Dos personas incapaces de darse cuenta que figurar a costa del sufrimiento ajeno los pinta de cuerpo entero en su pequeñez moral y su bellaquería.

Necesitamos que este sea el primer gobierno en ponerse los pantalones y demostrar integridad y honestidad poniendo a estos salteadores de camino en su lugar, so pena de pasar a la historia como mandaderos del PRD y meros secuaces de los maleantes que nos tienen secuestrados desde hace demasiado tiempo.

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Publicado el  8 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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