Muerte en el trabajo y la muerte obrera

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La opinión del Doctor…

Francisco Díaz Mérida 

Este artículo retoma dos libros denominados respectivamente “Muerte en el Trabajo” y la “Muerte Obrera”, publicados por la Editorial Siglo XXI en 1983 y por la Editorial Nueva Imagen en 1981 respectivamente.   Las cifras registradas oficialmente por muerte en el trabajo o la muerte obrera asciende en el periodo 1999-2009 a 466 casos; según métodos estadísticos de la OIT y estimaciones del BID estos datos están subregistrados.Para el año 2001, la CSS reportó 51 casos de muerte por accidente de trabajo para una tasa de 7.5/100,000 trabajadores y la OIT estima que ocurrieron 149 defunciones para una tasa de fatalidad de 14.9/100,000 trabajadores.

 

Por otro lado el BID estima que en el sector formal se registran cerca del 50% de los accidentes mortales ocurridos y otro 50% no se registra como tal; es decir la CSS estaría registrando solo el 50% del total de accidentes mortales que ocurren cada año, que en realidad sería de 102 defunciones (Tasa de 16.0).   A su vez el BID señala que en el sector informal, la mortalidad por accidente de trabajo, sería más del 50% de lo ocurrido en el sector formal. La muerte por accidentes de trabajo en el sector informal serían alrededor de 153 casos para una tasa de 38.8 fatalidades por 100,000 trabajadores informales; es decir la tasa de mortalidad de los trabajadores formales e informales por accidentes de trabajo sería de 25.8 por 100,000 trabajadores que casi doblaría la indicada por la OIT.

En el terreno de las enfermedades profesionales la CSS no ha registrado hasta la fecha muertes por estas causas en ningún año desde que los Riesgos profesionales se incorporaron al Seguro Social, no obstante el documento OIT SAFEWORK 2005 deja claramente sentado que para el año 2001, en Panamá, hubo 555 defunciones por enfermedades profesionales (159 fueron por productos químicos); es decir por cada muerte por accidente de trabajo ocurren 3 por enfermedades profesionales. Cerca del 55% de estas defunciones ocurren en el sector formal y 45% en el sector informal.

Si analizamos la mortalidad por ocupación (según datos de la Contraloría General) para el 2008 fallecieron 2884 personas en edad activa (15-64) y por ocupación, lo que representa el 19% del total de defunciones; sin embargo 16.6% de ellos fallecieron por Cáncer, el 19.6% enfermedades cardiovasculares, el 33.8% por accidentes y violencias y el 9.4% por enfermedades infecciosas.

No sabemos, por desidia de las autoridades, hasta dónde el trabajo se ubica como la causa más importantes en estas defunciones pero el dato internacional que el riesgo atribuible al trabajo puede oscilar entre el 12-30% de los casos, debe llamar a la reflexión a las autoridades de la CSS, MITRADEL y MINSA, a los empleadores, organizaciones de los trabajadores y al personal sanitario sobre la necesidad de generar un Plan Nacional de Salud y Seguridad Ocupacional.

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<>Este articulo se publicó el 29 de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/diaz-merida-francisco/
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Salario Mínimo: Entre la decepción y la pobreza

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La opinión del Médico….
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Francisco Díaz Mérida

El reciente Decreto No. 263 del 21 de diciembre del 2009 relativo al salario mínimo ha sido exaltado, por el gobierno, como el mayor incremento del mismo en los últimos 50 años y criticado por la empresa privada que reacciona afirmando que se incrementará la informalidad y el despido de trabajadores.

Por otro lado, la burocracia sindical (que avaló el salario mínimo anterior) señala que es insuficiente y el sindicalismo beligerante lo describe como una migaja.

Un análisis de dicho decreto resalta que el salario mínimo para el sector primario de la economía (con excepción de la pesca) es el más bajo (en ambas regiones), seguido del comercio al por menor, los hoteles y restaurantes e industria manufacturera (pequeña empresa).

Por otro lado, el sector moderno de la economía (transporte, telecomunicaciones, intermediación financiera, alquileres, inmobiliario) recibe los mayores incrementos.

El significado de estas diferencias se traducen en que en el sector primario de la economía, el salario mínimo se sitúa entre B/ 203.52 y 238.08, es decir cerca del 76 al 89 % del valor de la canasta básica de alimentos y el 38 al 44 % del valor de la canasta básica familiar (asumiendo que sea dos veces el valor de la canasta de alimentos).

En las actividades del comercio al por menor y la pesca apenas se cubre la canasta básica de alimentos y se alcanzan porcentajes con respecto a la canasta básica familiar del 53 al 55 %. Dicho de otra manera estos sectores continúan en el estado de pobreza que les dejó el gobierno del PRD y sin posibilidades de mejoramiento sustantivo de la calidad de vida (prometido por el CD-Panameñismo).

Aún así el sector moderno de la economía que recibió el mayor incremento salarial no satisface el costo de la canasta básica familiar. En consecuencia continúa en estado de pobreza.

Dicho de otra manera el tan cacareado aumento del salario mínimo no ha significado para sus beneficiarios un mejoramiento de su calidad de vida.

En términos generales los trabajadores favorecidos con el incremento del salario mínimo tendrán que trabajar horas extra en un 50-60% para cubrir el costo de la canasta básica familiar.

Ello significa que el abismo entre salario mínimo /canasta básica familiar se ha incrementado en más de la mitad con respecto a los años sesenta.

Por otro lado las ganancias del sector patronal en los últimos 2 años se han elevado en más del 30 %.

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Publicado en 29 de diciembre de 2009 en el diario El Panamá America, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Hacia dónde va el Seguro Social

Hacia dónde va el Seguro Social

Dr. Francisco Díaz Mérida

Desde 1990 y hasta la fecha la Caja de Seguro Socia (CSS) ha sido dirigida por personas desvinculadas de la trayectoria histórica de esta institución. De esta forma han guiado la misma dos empresarios, un actuario, un abogado y dos economistas; sin embargo, ésta no avanza cualitativamente ni cuantitativamente en sus programas de prestaciones económicas, de salud y riesgos profesionales que representan todos los días el calvario de los asegurados cotizantes y sus dependientes.

En ocasiones se ha pensado sólo en la expansión de infraestructura sanitaria; en otros momentos, en las prestaciones económicas a medio y largo plazo, sin considerar quienes financian en forma directa a la institución.

De este modo, los trabajadores y por ende a las empresas se ubican en las últimas prioridades institucionales. Desde su fundación, la CSS se orientó a la prestación de servicios (aunque limitados) a los trabajadores (cotizantes activos) y en menor grado a los dependientes; sin embargo, en la actualidad, hay una inversión de esta orientación. Se infiere que la institución ha asumido la responsabilidad de poblaciones cuya atención corresponde al Estado (cerca de B/ 225 millones al año), el cual debe, además, asumir más de 100,000 casos (cuyo monto de atención está cercano a los B/ 150 millones) que corresponden al Programa de Riesgos Profesionales.

Si a esa situación se agrega que los costos de la no calidad de atención pueden oscilar en torno al 35%, es decir cerca de B/ 175 millones (para el año 2008), se puede entender los profundos desequilibrios en el Programa de Enfermedad y Maternidad, y del incremento del gasto de bolsillo de los asegurados. Por otro lado, no hay que olvidar que el Programa de Invalidez oscila entre el 2.5 al 3% de casos con relación a los cotizantes activos (con un monto del 15% del PIVM), lo cual la ubica en una proporción de dos a tres veces superior a los indicadores internacionales (cerca del 60% de estos casos corresponde al Programa de Riesgos profesionales). Sólo en prestaciones económicas, en el periodo 1999-2006, la institución ha pagado B/ 971.4 millones a trabajadores o sus dependientes (sobrevivientes).

Como se puede apreciar, estos hechos son para una visión epidérmica del problema, de carácter financiero; sin embargo, la base de sustentación guarda relación con la eficiencia, eficacia y efectividad del sistema de salud institucional. De allí que aquellos que afirman que el problema de la Caja de Seguro Social es de tipo administrativo, hay que escucharlos con mucha cautela y temor, ya que en el fondo niegan el carácter estructural de la situación de la institución y su orientación puede ser dirigida a las diversas formas de privatización de los programas de Enfermedad y Maternidad y de Riesgos profesionales (este último con un superávit superior a los B/ 200 millones).

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Publicado el 6 de julio de 2009 en el diario el Panama América a quien damos todo el crédito que le corresponde.

La Caja de Seguro Social y la salud de los trabajadores

La Caja de Seguro Social y la salud de los trabajadores
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Dr. Francisco Díaz Mérida- Médico
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Lamentablemente, el Programa de Salud de los Trabajadores es y ha sido el patito feo de la administración de la Caja de Seguro Social (CSS), desde la incorporación del Seguro de Riesgos profesionales, en 1970, a dicha institución.

En efecto, la institución no ha podido asimilar las diferencias significativas entre ese seguro y el programa de Salud de los Trabajadores. El primero hace referencia a una forma de aseguramiento de prestaciones y, el segundo, es una palanca para impulsar la productividad del país, reduciendo la siniestralidad en el trabajo y fomentando la promoción de la salud en los lugares de trabajo.

En consecuencia, la salud en el trabajo se transforma en un derecho laboral fundamental, tal como afirma la OIT, en la declaración del 28 de abril sobre el “Día Internacional de la Salud y Seguridad en el trabajo”. El concepto de Trabajo Decente contempla, entre sus objetivos, el Trabajo Seguro.

A pesar que existe un subregistro marcado en la estadísticas de accidentes de trabajo como de enfermedades profesionales, resultado de la combinación de limitar el acceso de los trabajadores a sus prestaciones económicas (por la demora en el pago de las mismas y por prevalecer la denominada calificación administrativa sobre la médica) y el desconocimiento de los servicios médicos (en Medicina del Trabajo), utilizando el modelo de la OIT sobre siniestralidad, se puede afirmar que cerca de 100,000 casos anuales no se registran en la institución y aún así en el periodo 1999-2008 ésta ha desembolsado cerca de B/ 190.6 millones en prestaciones económicas sin considerar las prestaciones médicas.

La situación para los trabajadores es aún más difícil si se considera que en el debate en torno a salud sólo hubo una estrategia sobre 23 que hacía mención a este rubro, y lo más grave es que los propios trabajadores de la salud y médicos son trabajadores. Hay dos elementos que explican lo señalado: Por un lado en la salud pública oficial y en las instituciones formadoras de la salud, el proceso salud-trabajo como determinante social y epidemiológica de la salud no aparece dibujado; y, por otro lado, la concepción que el desgaste de los trabajadores es el producto de la combinación de las condiciones de vida (momento reproductivo) y de las condiciones de producción (momento productivo) no tiene visibilidad para los planificadores del desarrollo y de la salud.

Ante esa situación, se impone la jerarquización de los programas de salud de los trabajadores junto con los riesgos profesionales, promoviendo una subdirección general de salud de los trabajadores y riesgos profesionales, en la Caja de Seguro Social. No olvidemos que la PEA es de 1,540,261 y los asegurados cotizantes sólo representan el 59.5% de la misma. Si se continúa el proceso de destrucción de fuerza trabajo no sólo aumentarán los costos institucionales, sino que se incrementará el circulo de la pobreza.

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Publicado el 17 de junio de 2009 en el diario El Panamá América