Darién, 88 años y se ha quedado sola

La opinión de…

 

Roberto Urriola Porras

La historia patria nos revela que a la porción istmeña, que hoy constituye la provincia de Darién, el primer español en llegar fue Vasco Núñez de Balboa, quien el domingo 25 de septiembre de 1513, desde la cumbre de un alto cerro, descubrió el Mar del Sur. El jueves 29 de septiembre llegó el resto de la expedición al golfo, que desde esa época se denomina Golfo de San Miguel.

De 1617 a 1637, se levantaron en armas los indios darienitas de las tribus bugue bugue. Esto trajo la ruina durante ese lapso, desde Chepo hasta Puerto Piñas.

La provincia de Darién es la más extensa de la República, con 15 mil 530 km2. Darién sólo tiene costas en el océano Pacífico y es, sin duda alguna, la región mejor regada de la República. La red hidrográfica más extensa de todo Panamá baña la cuenca del Tuira–Chucunaque y mide 13 mil 400 km2.

Existe, en esta provincia, una importante laguna llamada La Pita o Matusagratí. Esta laguna mide 25 km de largo por 10 de ancho. El nombre original de la capital darienita es San José de la Palma y todo indica que fue fundada a principios del siglo XIX. En 1750, las minas del Darién producían cada año más de un millón de pesos oro. El pirata Dampier decía que esas minas eran las más ricas que habían descubierto hasta entonces en América.

Según indican hoy día algunos geólogos, Darién es rica en petróleo en los afluentes del Chucunaque.

En los bosques de Yaviza, villa célebre por ser el primer mar en donde entró Balboa cuando descubrió el océano Pacífico, se encuentra el árbol de sangre, llamado así porque contiene la sangre de las heridas o de las narices, cuando se aplican sus hojas a la parte afectada.

En la época republicana se creó la provincia de Darién, por la Ley 22 de 27 de diciembre de 1922, bajo la administración de Belisario Porras.

La República de Panamá posee siete millones de hectáreas, de las cuales cuatro millones han sido devastadas y tres millones mantienen la esperanza de preservar su función ecológica.

Señores de la Autoridad Nacional del Ambiente,  ¡Darién está en peligro inminente!

 

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<> Este artículo se publicó el  23  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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El calumniador

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La opinión del Escritor y Columnista…

ROBERTO URRIOLA PORRAS
sgrims1887@hotmail.com
Hablando con uno de mis profesores favoritos por allá por la décadas del 1980, se trata del hoy difunto Dr. Emilio O. Pérez, aquellas elocuentes tertulias de café, mudables estados de espíritu de exigente facundía, prototipo de ambages románticas del diario vivir.   Para ser más exacto, estando una mañana en el café griego, por los alrededores de la Plaza Porras, a un costado del Banco General, justamente debajo de su oficina abogadil, mantuvimos una tenia contendiente sobre el tema corrosivo que deteriora y empeña la sentencia humanoide de valores, La Calumnia.

Tratamos de confrontarnos a una definición y característica del calumniador, sobre lo que contempla la Biblia, Libro Sagrado, acoge en la Epístola Universal del profeta Santiago (… y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Ver Capítulo 3—6,7,8) la vastedad del daño abismal de destrucción, tratando de acabar la verdad, que de encontrarla, hace libre a quien la busca. Sobre la materia y en busca de una respuesta llegamos a la conclusión de familiarizarla con los roedores de la más baja estirpe y aquellos de la fauna extractiva.

‘El calumniador tiene en la lengua un gusanillo perverso. Ese gusanillo que no es de llanto no tiene razón y mucho menos intuición. Pero tiene un instinto animalesco tan pronunciado que supera a las ratas que viven en las cloacas’.

El aludido miembro de la ‘fauna extraviada’ mira todo desde un punto de vista superficial. No analiza nada. Si le dicen que fulanito, actúo de tal forma o cometió tal error, se lo cree de inmediato. Luego, con una audacia sorprendente, lo niega a vox populi.

Al calumniador lo que le interesa es la duda. Esparcir su baba pestilente, cual renacuajo en proceso de gestación. El honor y la reputación del afectado no le interesan. Es un anfibio monstruoso; mitad hiena y mitad boa. Hay que cuidarse de esa vaca andrógina con pretensiones de bípedo implume. No es más que clorosis intima de una mente enferma. Paranoica, frustraciones diversas?

Nosotros tenemos la mala suerte de conocer a muchos de estos adictos a la calumnia. No decimos sus nombres porque esta clase de hidra no merece que se le rinda el homenaje de que su nombre salga a la luz pública.

Se trata del granuja triunfador, fatigado de corromper, y corromperse. Su epiléptica manía del calumniador en cualquier momento será detenida por el bisturí de la verdad. La verdad incorruptible que no tiene amos ni cadenas.

<> Artículo publicado el 4 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Belisario Porras, en el aniversario 67 de su muerte

Belisario Porras, en el aniversario 67 de su muerte

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La opinión del analista internacional y escritor….

ROBERTO URRIOLA-PORRAS

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Al cumplirse el año 67 del fallecimiento de Belisario Porras, estadista visionario que legó a la patria muchas de sus instituciones fundamentales, su figura excepcional continúa inspirando a las generaciones de nuestra fecha, por su afán de luchar por definir nuestro concepto de nación, tras el inicio de las primeras jornadas para reformar el Tratado del Canal, que colocó a Panamá bajo la protección tutelar de los Estados Unidos.

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Belisario Porras fue un defensor del sistema democrático y la prensa fue para él estrado del debate público; fue tolerante con la crítica, y él mismo, como jefe de Estado, acudió a ella en defensa de sus ideas; gobernó con una prensa adversa, sin que ello disminuyese su acción de gobierno.

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Porras tuvo aciertos y cometió errores, pero fue en todo instante un político celoso en la defensa de los intereses nacionales.   Como muestra, señalamos su desigual lucha por la nacionalización de la Lotería Nacional, empresa millonaria privada, que al constituirse en una empresa estatal, ha sido desde entonces una de las mayores rentas del Tesoro Nacional,  que él destinó de manera exclusiva para atender los programas de salud de la República, obras entre las que se destaca el Hospital Santo Tomás.

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Belisario Porras gobernó este país en tres gestiones administrativas distintas, pero no acumuló fortuna personal, lo cual le reconocieron hasta sus más enconados adversarios, fue un ejemplo de estadista, que gobernó para el pueblo, sin pensar jamás en sus intereses personales.

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De él cabría señalar lo que advertía Diógenes De la Rosa, “ No hay duda de que avanzó hacia el porvenir con mayor soltura que cualquiera de sus antecesores y sus sucesores ”.

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El recuento de sus obras es de conocimiento familiar de todos los panameños y panameñas, no así de otros gobernantes.

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Esta es la diferencia entre el mejor y los nefandos.

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Publicado el 25 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde