El último golpe en América

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El último golpe en América
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Adán A. Castillo
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Curzio Malaparte, el autor de La Técnica del Golpe de Estado (1937) decía que el golpe de Estado no era otra cosa que un “recurso de poder cuando se corre el peligro de perder el poder”. Esta media verdad sirve para recordar que el golpe de Estado ha sido el recurso utilizado por las clases dominantes, cuando se les agotan los recursos de dominio constitucional y democrático.

Precisamente, eso fue lo que le pasó –sin contar con el descontento de los del norte– con el presidente Zelaya, al no seguir los pasos que ellos trazaron en su siempre lucha por el “dominio estratégico” de América Central.

¿Pero de dónde surge la interferencia entre bastidores y no bastidores del personal ajeno a la institucionalidad del país hermano de Honduras? Pensamos y creemos que de ciertas medidas que tomó el presidente Zelaya que chocaban con los intereses del norte, por ejemplo, su incorporación al ALBA el 25 de agosto de 2008 en presencia de los presidentes Evo Morales, de Bolivia; Daniel Ortega, de Nicaragua; Hugo Chávez, de Venezuela, y del vicepresidente cubano Carlos Lage, y otro es el posible cierre de la base militar aérea de Soto Cano, que aunque es pequeña, puede recibir aviones de gran dimensión.

Teniendo estos ejemplos de gran envergadura, sin contar con las actuaciones internas políticas de Zelaya, se profundiza ese alejamiento con los intereses del norte y agrava más la ruptura de la clase, no solo política de Honduras, sino la clase empresarial y militar que en gran medida están matrimoniadas con la oligarquía del país hermano, la cual trajo como desenlace la penosa y triste situación de un Presidente que cambió su postura de centroderecha a izquierda, con el único fin de darle a su pueblo un trato más justo en la repartición de las riquezas y en las oportunidades de elevar y ampliar los niveles de educación, a través de ciertas ideas socializantes.

Son estas ideas, producto del análisis y el debate político, las que logran que se imponga la más viable, ya que, como lo dijo un ilustre pensador del siglo XIX, “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

Ha habido comentarios del acercamiento de Zelaya con el presidente Chávez o que si Chávez es el que manda o no en Honduras. Sencillamente, lo que está en juego es la institucionalidad de un gobierno legítimo y que prevalezca por encima de todo la voluntad del pueblo, de ahí lo demás; pues existe un pánico rayando en lo neurótico que todo lo que huela a social o beneficie a la mayoría y que rompa paradigmas es malo, izquierdoso, pernicioso y hasta chavista, pues si fuera el caso contrario en que un grupo de personas de corriente o posición política de izquierda fuera la que hizo el golpe en Honduras, el impacto mediático de aquellos que dicen llamarse de posición ideológica de derecha hubiese sido de dimensiones a nivel del Consejo de Seguridad.

La posición de los países de América debe ser solidaria con el Presidente de Honduras y respetar la voluntad del pueblo, pues en la mayoría de los casos el poder público emana del pueblo, por lo tanto, cualquiera consulta al pueblo es válida. Así lo dijo Bolívar: “La solidaridad humana, se fundamenta con un mínimo de libertad civil, de bienestar económico, de satisfacción íntima para todos; apoyándose unos en otros”.

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Publicado el  11 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

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