Familias reconstruidas

La opinión de la Psicóloga….

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HILDA AVILÉS

Las familias reconstruidas son las familias más comunes en nuestros tiempos y están claramente asociadas al alto índice de divorcio en Latinoamérica.    Son aquellos grupos familiares compuestos por una pareja adulta en la que, al menos uno de los cónyuges tiene uno o más hijos de una relación anterior, sean naturales, adoptivos o de crianza y en la que aparece la figura de madrastra/padrastro. Además, es muy posible que estos cónyuges podrían aportar hijos en común a la nueva familia.

Incluidas en las familias reconstruidas también están las personas divorciadas que tienen hijos, y cuyos ex esposos/as se han vuelto a emparejar.   También las madres o padres solteros/as o viudas/os con sus hijos, quienes pasan por el proceso de formar una familia conviviendo solos o con sus padres, abuelos, tíos o hermanos son considerados miembros de una familia reconstruida.

El paso de una etapa a otra es siempre un momento crítico, que trae consigo una serie de cambios en los que hay que hacer ajustes y adaptaciones. Para las personas el darse una segunda oportunidad para rehacer sus vidas sentimentales y familiares es signo de salud mental, si lo relacionamos con la capacidad de entender nuestra humanidad, reconocer nuestros errores y la capacidad de desarrollar resiliencia para reponernos a traumas y/o crisis y aún así seguir adelante con nuestras vidas de manera positiva.

Son estos cambios precisamente a los que hay que dedicarles el tiempo necesario, porque el nacimiento de una familia reconstruida proviene de cualquier pérdida significativa que desencadena una reacción de duelo (Freud, 1915).

Es importante tomar medidas de prevención ante las nuevas dinámicas familiares que puedan resultar contrarias al bienestar social; para evitar poner en riesgo a la nueva familia reconstruida, por lo que hay que tomar en cuenta factores como: las habilidades que deben desarrollar quienes se convierten en padrastros/madrastras por primera vez; la inclusión de personas discapacitadas o de edad avanzada en la nueva familia; las dificultades en los horarios laborales parentales.

Además, las problemáticas con adolescentes; los posibles conflictos que puedan surgir en la pareja; las relaciones entre padres e hijos, padrastros, hermanos, hermanastros, entre otros familiares políticos o consanguíneos; las cuotas equitativas de responsabilidad entre los nuevos hermanos y los límites en los aspectos disciplinarios de los nuevos padres.

A nivel social, la evitación de un sentimiento de minusvalía o concepto de carencia, sobre todo en los hijos, debe ser reemplazada más bien con el fortalecimiento de la autoestima basado en el concepto de fortalezas únicas, dado a la composición de variantes especiales, producto del enriquecimiento con diferentes modos de pensamiento.

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Artículo publicado el 12 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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