Lo lamento, Sr. Presidente

La opinión del Gerente General encargado de La Prensa…

César A. Tribaldos Giráldez

El pasado viernes 26 de noviembre tuve la oportunidad de participar con varios empresarios panameños en un desayuno privado con el Dr. Álvaro Uribe, ex presidente de la República de Colombia. El desayuno fue organizado para los patrocinadores del evento realizado por el Incae.

Al llegar se me advirtió que el señor Uribe estaba muy molesto con La Prensa, de la cual soy su gerente general encargado, por la entrevista que se le hizo el día anterior y que fue publicada íntegramente en el diario. Lamentablemente la llegada de señor Uribe coincidió con la reciente decisión del gobierno nacional de ofrecerle asilo político a una ex funcionaria suya, mientras que a nuestra ex procuradora general se le condenó en tiempo récord por supuestamente hacer lo mismo en la persecución de un delito. Eso lo puso en el ojo de la tormenta.

Se me advirtió que estuviese preparado. Pensé en irme y evitar un disgusto para ambos, pero decidí quedarme para estrecharle la mano a un ex presidente que admiro y respeto por sus principios, valores y coraje de enfrentarse a la guerrilla y los narcoterroristas. Uribe trajo prosperidad y un ambiente de paz y seguridad a su país, reduciendo casi al mínimo los secuestros, asesinatos e incertidumbre, bajo un régimen de libertades y en defensa del sistema democrático.

El Sr. Uribe también enfrentó con valentía los injustificados ataques y provocaciones de los presidentes Chávez de Venezuela, Correa de Ecuador, Morales de Bolivia y Ortega de Nicaragua.   Chávez, sobre todo, aprovechó las libertades y oportunidades que ofrece el sistema democrático para lograr el poder en Venezuela. Ahora, traicionando estos mismos principios, ha limitando la participación política y amedrentado a los que se le oponen para perpetuarse en el poder. Como consecuencia, un país tan rico como el suyo hoy es tan pobre como Cuba, demostrando que el sistema socialista sin la alternabilidad del poder empobrece social y económicamente a sus ciudadanos.

En el desayuno, el señor Uribe intercambió ideas con los asistentes sobre seguridad social, el apoyo a los microempresarios, la minería, la bonanza económica de ambos países y la importancia de defender a toda costa las libertades, principal pilar del sistema democrático.   Nos recalcó que es una obligación de los empresarios defender estas libertades y la institucionalidad del Estado, para garantizar la supervivencia del sistema.

Me alegré por haberme quedado, porque escuchaba música para mis oídos. Uribe coincidía con los ideales y principios por lo que luchamos y arriesgamos muchos panameños para recuperar nuestra democracia. Repentinamente hizo referencia de los ataques injustificados de la prensa en general.   Luego se dirigió más específicamente sobre su malestar por la forma que lo trató la periodista del diario La Prensa. Dijo que esperaba que no se le estuviese grabando y me sentí aludido por lo que tuvimos un breve, pero respetuoso intercambio de palabras. La oportuna intervención de uno de los participantes aclaró que La Prensa es un diario donde se practica una verdadera libertad de expresión, experimentada cuando en su momento participó como miembro del consejo editorial, nos permitió reducir las diferencias.

Muchas veces estamos de acuerdo con las opiniones de periodistas o colaboradores… y algunas veces no.    Hay opiniones con sesgos de derecha o izquierda, de un partido u otro, de empresarios y sindicalistas, de creyentes o ateos.   También las hay hasta de militares y políticos, que cuando estuvieron en el poder cerraron el periódico. A pesar de ello, pueden expresar libremente su opiniones en las páginas del diario. En donde hemos sido firmes y no cederemos es en nuestro compromiso de garantizar la libertad de expresión para fortalecer al sistema democrático. Al igual que el señor Uribe, hemos sido perseguidos por nuestras creencias, soportando amenazas y presiones por quienes desean destruir el sistema. Creemos que las libertades económicas, sociales y políticas son la mejor defensa del sistema democrático para lograr el desarrollo socio económico del país. Para mantenerlas, es imperativo el respeto a la libertad de expresión, aunque algunas veces no nos guste lo expresado.

Tal como le dije al final cuando nos despedimos, “lo lamento Sr. Presidente, prefiero mil veces que nos equivoquemos, pero que haya libertad de expresión, que eliminarla, para no equivocarnos”.    Su respuesta junto con un fuerte apretón de mano fue “¡…Usted no tiene que lamentarse de nada… !”. Es decir, al final de la historia, coincidimos.

<> Este artículo se publicó el 2 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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