Ronald Wilson Reagan (1911-2011)

La opinión del Presidente del U.S.-Panamá Business Council USA y Ex Embajador de Panamá en Estados Unidos…

JUAN B. SOSA
panamerica@msn.com

El 6 de febrero se cumplió el centenario del nacimiento de Ronald Wilson Reagan, el 40 avo presidente de los Estados Unidos. La ocasión fue propicia para destacar las contribuciones del presidente Reagan y el impacto que tuvo no solo en su país, sino en el mundo entero.    Como dijo un historiador, Reagan llegó a la presidencia con la intención de cambiar el país, pero terminó cambiando al mundo.

De la imagen de actor de cine Reagan se convirtió en la imagen del libertador de los países detrás de la Cortina de Hierro, región habitada por ciudadanos de muchos países sedientos de la libertad que la Cortina de Hierro les había negado, y que finalmente cayó a menos de un año de su salida de la Casa Blanca.

La llegada de Reagan a la Casa Blanca estuvo llena de desafíos.   En esos momentos los Estados Unidos vivía la crisis de los rehenes de la Embajada en Irán, una inflación galopante, altas tasas de intereses que estaban agobiando a la empresa privada, y un estado mental pesimista en el norteamericano que después de la guerra de Vietnam pensaba que su país había perdido la capacidad de ser modelo e inspiración a otros países y entraba en un ciclo declinante.

Adoptando políticas radicales enfocadas a impulsar el espíritu empresarial, inspiró y le dio confianza a una nación que en pocos años recobró su prestigio internacional y lideró la transformación de países frenados por sistemas comunistas hacia esquemas de libre mercado, y al establecimiento de procesos democráticos y respeto a las libertades individuales.

Ronald Reagan tuvo experiencias importantes con Panamá. Durante su intento para ganar la nominación del Partido Republicano en 1976 contra el presidente Gerald Ford, y luego en su campaña para le presidencia en 1980 contra el presidente Jimmy Carter, Reagan fue un fuerte crítico de los Tratados del Canal.   Sin embargo, respetuoso de las leyes, privadamente siempre aceptó la realidad de los Tratados y los justificó con la frase: ‘son la ley de la tierra y como presidente la respetaré’ (The Senate has ratified the Panama Canal Treaties. It is the law of the land and I will upheld the law of the land).   Para crédito de Reagan durante sus ocho años de presidencia siempre evidenció un profundo respeto por los Tratados del Canal.   Reagan era amante de la libertad y por ello apoyó movimientos dirigidos al logro de libertades y un Estado de Derecho. Ese apoyo le ganó eventualmente la liberación de los países dominados por la Rusia comunista y en nuestro hemisferio apoyó los movimientos pro democráticos de Nicaragua y de Panamá.

Durante su presidencia se opuso al general Noriega y jamás reconoció el golpe de estado de febrero de 1988, cortando la comunicación con el régimen ilegítimo y apoyando al gobierno en el exilio del presidente Eric Arturo Delvalle.   Su irrestricto apoyo fue clave en que su vicepresidente George Herbert Walter Bush continuara el apoyo a las aspiraciones de libertad de Panamá, una vez asumió la presidencia en 1989.

Al recordar el centenario de su nacimiento el legado de Ronald Reagan siempre se identificará con su apoyo hacia la libertad, la democracia y el espíritu empresarial.

Este artículo se publicó el 13  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Un mundo de injusticias

La opinión del Ingeniero y Analista Político…

MARIO A. ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

Si en algún momento tuviese yo la oportunidad de pedirle a Dios una gracia convencido de que me la otorgaría, le pediría que hubiera justicia en el mundo. Con el pasar del tiempo todos aprendemos tanto que quisiéramos tener nuevamente la oportunidad de empezar.   Y todos, estoy seguro, creemos que de lograrlo no cometeríamos los errores que en la vida hemos ido cometiendo.   Pero el tiempo no da marcha atrás, el final es irreversible, por lo que solo nos toca a los que más experiencia tengamos, compartirla con las nuevas generaciones para ver si ellos evitan nuestros errores.

Hoy, vivimos en un mundo materialista. Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales. Pero es un mundo que por ese materialismo solo ha logrado crear más injusticias. Un mundo donde la honestidad y la moral han perdido el juego ante el respeto al dinero y los bienes materiales.    Donde la insensibilidad priva sobre el deseo desmesurado del bienestar propio. Un nuevo mundo plagado de falsas pretensiones y grandes injusticias.    Pretensiones de desarrollo económico, crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), grado de inversión, pero donde la pobreza campea, la brecha en la injusta distribución de la riqueza es cada vez mayor, donde el rico quisiera que el Estado acabe con la pobreza, pero sin sacrificios en su patrimonio. Un mundo donde el umbral del respeto lo sienta la riqueza y no la capacidad y valores de la persona.

Hoy, en nuestro país, veremos nuevamente el inicio de campañas proselitistas con promesas de aspirantes, que luego se estrellarán contra la realidad de su gestión si triunfan.   Para mí solo una promesa es necesaria, aquel candidato que se proclame el líder de la justicia, aquel que me prometa que todo su esfuerzo irá únicamente a lograr un país justo. Porque no me preocupa la justicia penal ni la justicia divina, hoy me preocupa la justicia social.   Porque Dios siempre hará justicia, al final. Pero las injusticias sociales se deben al hombre y solo el hombre puede corregirlas.

No podemos seguir viviendo en un país donde unos tienen agua y otros no, donde unos comen tres veces al día y otros no, donde unos tiene a sus hijos en excelentes escuelas y otros no, donde unos trabajan y otros no consiguen empleo, donde unos devengan jugosos salarios sin trabajar y otros míseros salarios trabajando en exceso.

Un país justo evita la explotación por parte del intermediario, evita los abusos en los precios, evita el nepotismo en los puestos públicos, evita las estructuras de salarios que no incluyan reconocimientos por eficiencia y permanencia, sino únicamente la relación con quien te designo. Un país justo practica la igualdad de oportunidades, practica la regla de oro de una aplicación de leyes por igual a todos. El mundo, no solo Panamá, hoy está muy distante de ser justo.

Quizás no puedo aspirar a un mundo justo, pero sí puedo soñar con un Panamá justo. Porque en algún lugar del país, en algún partido o gremio, debe haber ya la semilla de ese líder del futuro que llegará impulsando un Panamá justo. Ese país donde dejemos atrás la demagogia y las aspiraciones electorales, donde trabajemos por lograr esa igualdad que todos queremos compartir. No quiero presidentes de grandes obras, presidentes de grandes infraestructuras, quiero un presidente que se limite a lograr más justicia social.

Yo siempre uso de referencia la diferencia que existe entre la labor de las primeras damas y sus esposos. Ellas, como no buscan reelegirse ni tienen interés politiquero, hacen un verdadero trabajo efectivo social. Si los presidentes asumieran la actitud que tienen sus esposas, nuestro país ya hubiese salido del nivel de injusticia social que tenemos.

Pero los discursos de los aspirantes a cargo de elección, lamentablemente, se alejan cada vez más del verdadero problema, la injusticia social.

Panamá tiene mucho a su favor. Un crecimiento sostenido, un futuro promisorio, sectores nuevos se suman ahora al desarrollo económico, como las diversas formas de turismo y minería. Pero sí tengo que predecir algo, es que tendremos a unos más ricos, con más ostentación, y muchos más pobres. La brecha de hoy en la educación solo nos hace prever una mayor brecha económica mañana. Brecha que nos llevará a más violencia y más delincuencia y más injusticia.

 

Este artículo se publicó el  8  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mi amigo el Presidente

La opinión de…

 

Aquilino Ortega Luna 

 

Con frecuencia escucho de boca de políticos, magistrados, diputados, ministros de estado, representantes de corregimientos e incluso de periodistas, la mágica frase que abre todas las puertas, “mi amigo el Presidente”.

Desde las elecciones de mayo de 2009, el número de amigos del presidente Martinelli se ha multiplicado con mayor velocidad que los intereses bancarios que genera una cuenta superior a los 100 millones de dólares.

Incluso los recalcitrantes panameñistas que previo al matrimonio político con el CD, calificaban al hombre de las “converse” de “desajustado y loco” hoy se profesan ser sus amigos incondicionales al punto de gritar en la plazas, “los locos somos más”.

Hoy, la expresión sin parangón “mi amigo el Presidente”, consigue trabajos bien remunerados, becas, descuentos en supermercados, aumentos salariales, nombramientos en el servicio exterior, viajes, participación en seminarios y eventos internacionales entre otros beneficios.

Empero, la amistad implica compromiso, integridad y sacrificio. Muchos de los que se confiesan amigos del presidente Martinelli, no son otra cosa que simples oportunistas, amigos del puesto y del poder.

Al principio de su gestión los ex presidentes, Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso y Martín Torrijos, tenían más amigos que la cantidad de arena que hay en el mar.

Hoy todos aquellos que se autodenominaban amigos de estos ex mandatarios son recordados como una manada de oportunistas y mercenarios políticos bien matizados que gozaron de un cargo importante dentro del gobierno, disfrutaron de un bueno salario y de los autos de lujo, entre otras prerrogativas, pero que desconocen el verdadero significativo de la amistad y la lealtad.

Tenga cuidado presidente Martinelli con los amigos grises, mediocres, tibios e indecisos. Con aquellos en los que nunca se pueda conocer con certeza de que lado están y que lo olvidarán cuando se diluya su cuota de poder.

Más que de supuestos amigos el jefe del Ejecutivo necesita de políticos valientes y honestos con trayectoria, con experiencia y con el coraje de poner en riesgo su patrimonio, su paz, su familia y su prestigio a cambio de salvaguardar los intereses de los que menos tienen.

El presidente necesita de estrategas y amantes del debate civilizado que permita la gobernabilidad, más que de amigos. Necesita de personas inquebrantables e incorruptibles que lo ayuden a luchar contra la corrupción, la politiquería, el narcotráfico y que garanticen el respeto a los derechos humanos.

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Cien años intensamente vividos

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La opinión de la Médico y Rotariana…

Marisín Villalaz de Arias

Hace unos días celebramos el centenario de un gran hombre: Dr. Bernardino González Ruiz.    Su vida estuvo llena de emociones, de trabajo, de tristezas y satisfacciones, sobre todo en su vida profesional ya que fue un médico reconocido en el país y en la que tuvo millones de experiencias hermosas. Fue padre ejemplar, esposo como él solo supo serlo, un gran médico, político honesto y protector de su familia de quien puedo decir que fue para mi como un padre.

Estudió en el Instituto Nacional y luego partió para Francia donde estudió medicina en la Sorbona de París con excelentes calificaciones. Fue profesor de Cirugía de la Facultad de Medicina de Panamá y Cirujano en el Santo Tomás y el Seguro Social.   Su destreza lo llevó a ser el primero en Panamá en operar corazón abierto. Hombre sencillo, ocupó la Presidencia de Panamá por seis días durante la presidencia de don Roberto F. Chiari.   Solo con este corto currículo ustedes ven la importancia de este hombre.

Vemos su cara fresca que no aparenta su edad. Con problemas de audición y visión pero una mente tan clara que todavía hace crucigramas, recita poesías enteras aprendidas en la escuela y canta tangos y típico, enteras las canciones también.   La fiesta fue espectacular; había variedad de personas, hasta el Presidente Martinelli y el Vice Varela dando la sensación de que el cariño reinaba en los presentes. Sus familiares fuimos en pandilla a rendirle homenaje al hombre dinámico y maravilloso que es mi tío Bernardino.   Gozó la fiesta como nadie y reconocía a todos los que le decían quien era; a algunos les mostraba el recuerdo de su pedigrí.

Pocas fiestas tan hermosas como la que le hicimos en Las Tablas, pueblo al que adora y ha regresado rejuvenecido, haciendo mandados y paseando permanentemente porque detesta estar encerrado en su casa. Cuando lo visito tiene que ser a las ocho de la mañana porque luego de ofrecerme un cafecito o desayuno, sale a hacer diligencias y regresa al medio día.

¿Quién no quiere llegar así a los 100 años? Ya nos dijo que el próximo año celebra sus 101. ¿Qué les parece tener ese espíritu para esperarlos?    Estoy segura de que allí estaremos. Como su sobrina agradezco a nombre de toda la familia a todos los que fueron a su cumpleaños y a quienes lo recordaron.   Que Dios te conserve, tío y adelante.

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<>Artículo publicado el 19  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Sobre el sadismo político

La opinión del Escritor…

 

Guillermo Sánchez Borbón

Está visto que me es imposible retirarme (como lo exigen, casi a gritos, mi edad, mi salud y la sensación de que mi trabajo es inútil), gracias a los lustrados gobernantes –crecientemente mediocres y deshonestos– que se autoinflige el país cada cinco años.

Cuando recuperamos la democracia, tuvimos la gran suerte de que el primer Presidente fuera el probo, tolerante y sorprendentemente capaz Guillermo Endara. Este hombre, talentoso y bonachón, tuvo la gran virtud de calmar a un país crispado por el odio.   A los pocos días de haberse afianzado en el poder, fueron a visitarlo a la Presidencia, en nombre del PRD, dos de sus principales dirigentes, a quienes el flamante mandatario recibió en su despacho. Endara les ofreció todas las garantías para que se reincorporaran a la vida política de la nación.

Así lo hicieron, con gran disgusto de los fanáticos de signo contrario, que soñaban con venganzas y proscripciones. El hombre bonachón y sagaz que ocupaba la Presidencia sabía que su misión era acabar con el odio que envenenaba al país, y propiciar la reconciliación de todos los panameños, sin excepción. Ésta fue una de sus grandes contribuciones a la paz nacional. Además de poner en su lugar a quienes soñaban con venganzas y persecuciones. Calmó a un país crispado por el odio. Y algún día se lo reconocerán todos los panameños.

Su otra gran contribución a la salud política de nuestra patria fue haber presidido unas elecciones ejemplarmente puras, que rompieron (espero que para siempre) la cadena de fraudes que envenenó, durante demasiado tiempo, la vida política de la nación. Y a él no se le puede imputar un solo asesinato, una sola persecución, un solo carcelazo, un solo chanchullo personal o político.

Este hombre admirable, defensor de las libertades públicas y de las garantías personales, es uno de los grandes mandatarios que ha tenido nuestra patria. Uno de sus mayores méritos es haber recibido un país crispado por el odio, y haberlo calmado. Y, por sobre todas las cosas, haber roto la cadena de fraudes electorales que envenenaron la vida política de la nación durante demasiado tiempo. Sus sucesores (es justo reconocerlo) han seguido hasta ahora el saludable ejemplo. En todas las elecciones que se han celebrado, desde entonces, siempre ha ganado la oposición, y el candidato perdedor ha sido siempre el primero en reconocer públicamente el triunfo de su adversario. Hasta ahora.

Hoy soplan vientos de fronda. Martinelli está empeñado en espiar a todos sus adversarios políticos, como lo han revelado las filtraciones del famoso Wikileaks, cuya autenticidad no ha impugnado ningún funcionario del Gobierno norteamericano. Se quejan de la publicación de documentos secretos. Jamás han dicho que alguno de ellos sea falso. Por otra parte, 600 personas tenían acceso a los famosos documentos, supuestamente secretos; era solo cuestión de tiempo para que uno de ellos se los filtrara al gran público.

No voy a juzgar su valor ni su importancia. Para ello tendría que leer todos los papeles, cosa que no tengo ni tiempo, ni capacidad ni ganas de hacer ahora, ni después, ni nunca. Estos líos me aburren a muerte.

Pero hay otras razones. Una vez le dijeron a Diógenes de la Rosa, en mi presencia,  que estaban escuchando sus conversaciones telefónicas.   Respuesta: “no ve que yo soy tan tonto para conspirar por teléfono”. En mi caso tenían grabado mi teléfono, no para averiguar lo que yo opinaba del gobierno, pues lo sabían de sobra –porque yo se los decía todos los días en mi columna– sino para saber quiénes me daban informaciones supuestamente secretas. Otra idiotez, pues mis informantes burlaban esta posibilidad llamándome desde teléfonos públicos, y deformando su voz (cosa muy fácil: basta poner un pañuelo sobre el transmisor).

La única persona en el mundo que todavía cree en la santidad del secreto telefónico es Martinelli. Entre amigos, toda conversación telefónica (aun la más inocente) está hecha de sobrentendidos, es incomprensible para una tercera persona.

Martinelli revela una gran ingenuidad, si cree que los verdaderos conspiradores dan a conocer por teléfono sus planes y andanzas subversivas. Además –como lo he dicho varias veces–, toda conversación entre personas muy allegadas es incomprensible para una tercera, porque está hecha de sobrentendidos. Ejemplo:

–¿Lo viste?

–Sí.

–¿Y qué te dijo?

–Lo mismo que la vez anterior. Me vino con unas cortas y otras largas. Total que no pude sacar nada en claro.

Un criptólogo le daría la más siniestra interpretación a lo que no pasa de ser un intercambio de bobadas, sin la menor importancia. Si dos tipos se propusieran, digamos, tumbar al Gobierno, lo planearían en la calle o sentados a la mesa más discreta de un parque cualquiera.

Martinelli, muy enojado por la negativa de los gringos a espiar a sus adversarios reales o imaginarios, amenazó con contratar a los ingleses, los mejores aliados de Estados Unidos.   O a los israelíes, cuya nación no podría sobrevivir sin el apoyo de los gringos. No van a pelearse con Estados Unidos solo para calmar la manía de persecución del Presidente de lo que (para ellos) es una banana republic.

<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en:

Revuelvo la mirada

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA   SAGEL
marielasagel@gmail.com

Ya veces siento espanto, continúa la poesía del poeta de la Patria Ricardo Miró.   Esa es la sensación que tengo cuando me siento a escribir esta columna, que he tenido que cambiar en dos ocasiones antes de enviarla a la paciente editora, porque cada minuto suceden cosas que no deberían ocurrir en un país que se precia de tener una democracia ya consolidada.

Y es que había dispuesto escribir mis impresiones sobre el ‘rescate’ de la Sala V, que fue presentada precisamente por mí ante la Asamblea Nacional en 1999, como me correspondía por el cargo que en ese momento ocupaba.   La conveniencia que ahora encontró el gobierno en contar con tres magistrados/as sumisos/as más para terminar de defenestrar ese órgano del estado y eliminar su independencia.

Referirme a la exposición de motivos que presentamos para que esa sala fuera aprobada, como en efecto lo fue, para que el desgobierno de la Presidenta Mocoso, en sus decisiones irracionales y totalmente viscerales, la derogara por el simple hecho que la había creado el gobierno de Pérez Balladares.

También había iniciado la investigación de cómo se ha estado implementando la Ley Penitenciaria en cuanto a la responsabilidad de capacitar a los custodios y su posible responsabilidad ante la masacre ocurrida en el Centro de Cumplimiento de Menores, al mismo tiempo que quería señalar la posible responsabilidad por omisión o por flojera de los bomberos, que no hicieron su trabajo para rescatar de las llamas a esos siete chicos que no merecían acabar sus días de una manera tan inhumana.

Pero como siempre uno propone y Dios dispone, fui a la presentación del libro de Paco Gómez Nadal, la compilación de artículos del periodista español que fue una de las primeras víctimas visibles de la intolerancia a la crítica que tiene esta gestión gubernamental, cuando intentaron silenciarlo –como si eso fuera posible en esta era cibernética, donde las redes sociales y el correo electrónico, además de los chats superan la lectura o el conocimiento de lo que publican los medios— y allí me confirmaron la renuncia de mi admirado amigo Ebrahim Asvat de la presidencia de este diario,  por las muchas presiones que ha recibido ante las críticas verticales que él vertía en su muy leída columna diaria Bitácora del Presidente, y que parece le es muy urticante para los mandamases de la gestión del 99.

En esa presentación hubo muchas intervenciones valiosas y valientes, entre las que destacó la de la activista de Derechos Humanos, Celia Moreno, que al querer felicitar a Paco por el esfuerzo y el compromiso de seguir señalando lo malo y lo feo, rompió en lágrimas por la impotencia que sentimos todos ante lo que pasa a diario y especialmente, por la falta de un pronunciamiento de sentido humanitario que a diario esperamos de nuestros gobernantes, que desde que ocurrió la tragedia del 9 de Enero (coincidentalmente, cuando conmemorábamos la gesta de nuestros mártires, con rampante indiferencia por parte del gobierno) no han dicho nada sino exteriorizar sus desavenencias y pelea por los espacios de poder, sin importarles un comino con esas pobres familias que hasta cuerpos putrefactos han tenido que enterrar.

Salí tan impresionada por la falta de acción, por la tranquilidad que tenemos todos ante esta tragedia, posiblemente la peor masacre que ha habido después de la invasión, que fue perpetrada con saña y alevosía, que nos fuimos al Santo Tomás a ver si podemos iniciar un movimiento que salga a las calles a protestar.

No somos pocos, como me dedicó Paco en el libro, los que nos atrevemos a denunciar. Son muchos pero tienen miedo, no vemos una cabeza que señale qué hacer. Hay que organizarnos y no esperar que ocurra otra tragedia para que reaccionemos.   Me avergüenza ver al Ministro de Desarrollo Social acompañando con murga a los tránsfugas lúmpenes que saltan del PRD al CD, pero ese mismo ministro, que sin hacer nada reporta altos índices de popularidad, no ha dicho esta boca es mía en un tema que le concierne directamente en el caso de lo ocurrido en el Centro de Cumplimiento.

Recordemos lo que dijo Mahatma Gandhi: ‘Lo más atroz de las cosas malas es el silencio de la gente buena’.

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Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

56 años después ( 2)

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La opinión del Abogado y Comentarista..

Guillermo Márquez Briceño 

La negativa del Presidente Guizado de recomendar a la Caja de Seguro Social el préstamo de cuatro millones de dólares solicitado por la gente de la camaronera sin que se constituyera una garantía fue un recio golpe para gente muy poderosa económica y políticamente.

Había que eliminar el estorbo.   Se cometió entonces otro nuevo crimen:  El de imputarle a un inocente José Ramón Guizado, a sabiendas, la autoría intelectual del asesinato del General José Antonio Remón Cantera. Y se le fabricó un expediente para llamarlo a juicio y hasta cometiéndose un error judicial:   El supuesto autor intelectual sería juzgado antes que los presuntos autores materiales del crimen, entre los cuales hubo 7 personas.

En virtud de que se trataba de juzgar a un ciudadano con la jerarquía de Presidente de la República, éste debía ser juzgado en el seno de la Asamblea Nacional según precepto constitucional.

Los familiares del ingeniero Guizado, con su anuencia contrataron para su defensa los servicios del doctor Felipe Juan Escobar, quien curiosamente había sido mi profesor de criminología cuando yo estudiaba derecho, y a mí como vocero.

En una audiencia preliminar en la cual se le formulaban los cargos se le concedió la palabra a la acusación y terminada ella nos la fue negada tanto al doctor Escobar como a mí.

Fue entonces cuando el ingeniero Guizado, airadamente, lleno de indignación y en recio tono proclamó su inocencia y dijo: – ¡Esta es la infamia más grande del mundo, carajo!

El vigor, el tono y la vehemencia con que dijo esa frase, al más incrédulo tuvo que haberlo dejado convencido de su inocencia.

Continuará el próximo domingo

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<>Artículo publicado el 9  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.