Tanto Amor nos tiene Dios…

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La opinión del escritor católico…

CARLOS VARGAS  VIDAL

vargasvidal@yahoo.com

… Que nace entre nosotros, como un humilde niño, para Navidad. Esa es la Gloria incomprendida de Dios, hecha carne, y recostada sobre un pequeño bulto de paja.

Y ese niño, luz de luz y resplandor del Padre, viene a nosotros tan solo para salvarnos. Para darnos vida eterna. ¿Y qué somos nosotros para que Dios nos ame tanto?

Somos hijos de la desobediencia y la concupiscencia. Y, sin embargo, nuestra naturaleza puede elevarnos tan alto cuando estamos junto a Dios. Como puede arrastrarnos tan bajo cuando actuamos como la serpiente. Entonces somos como los Santos o como los demonios. Y cuando no somos ni lo uno ni lo otro, entonces andamos como perdidos en El Paraíso. Unas veces queriendo servirle a Dios y otras veces sirviéndole al demonio.

Dios, en cambio, es el mismo.  Ayer, hoy y siempre.  Y su luz es inextinguible.

Cuán triste es ver que esa hermosa luz que vino de Belén buena parte del mundo no la conoce. Y otra buena parte no la quiere conocer. No la conoce, quien la ignora; y no la quiere conocer, quien la desdeña. Esa es la sabiduría del mundo. Que sigue muchas veces entre tinieblas.

Cuando la fe concuerda con la razón recta, en abstracto, todo se ilumina. Y todo empieza a ver una luz esplendorosa desde ese humilde pesebre, y trasciende. Entonces hay alegría y entonces hay esperanza. Y esto no lo puede entender la Ciencia que quiere entenderlo todo. Porque nos olvidamos que no podemos saberlo todo, y menos sin la ayuda de Dios. Si vemos a la Navidad con ese espíritu frío, mercantilista, secular y carnal, o con fe mundanizada, ya no veremos la presencia y la belleza de lo sagrado en el mundo. Ya no habrá un nacimiento divino que nos hable de la presencia de Dios Salvador entre nosotros y por nosotros. Cuando sepamos arrodillarnos, adorar y callar frente a ese humilde pesebre, entonces tendremos en nuestra alma el verdadero sentido de la Navidad: ¡Dios nos ama tanto que nació entre nosotros para salvarnos!

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<>Artículo publicado el  24  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América y el 27 de diciembre en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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De religión, infieles y corruptos

La opinión del Escritor y catequista católico…

Carlos Vargas Vidal

¿Cómo poder entender a quienes hablan de religión y naufragan en el intento? Pero, eso no parece importar, la quijotada sigue siendo esta: “No sé lo que hablo, pero afortunadamente muchos creen entenderme”. Hoy día, con eso de la libertad de expresión, ser vocingleros y locuaces es todo un mérito. ¡Y el papel lo aguanta todo! Pero no nosotros.   Y la buena prensa tampoco.

El asunto está no en criticar a la religión sino en despedazarla. Hacerla inocua para nuestros propósitos. O porque ya Dios no importa. O porque solo lo necesito a él. Así, lo hago un mito o destierro su culto. En esas estamos. Es la confessio peccati del infiel y del corrupto. ¿Qué le vamos a hacer?

En la filosofía de la religión encontramos la suma de su existencia: religar, unir.   Es, pues, el vínculo de piedad que nos une a Dios. Y al que estamos obligados a buscar y recuperar después de haberle perdido por el pecado. No porque lo dijo santo Tomás de Aquino. Lo dice la buena lógica. Y el sentido común.

La piedad tiene su forma de expresarse. Pero si se la dejamos al arbitrio de los hombres y mujeres termina por ser otra cosa. Y Dios, quien todo lo sabe, ya lo había previsto. Envió a su hijo, en carne propia, y creó su Iglesia sobre Pedro.   Y sobre esa piedra se ata la religión cristiana.   Su querido vínculo de piedad. Y es tan sencillo conocer la voluntad del Creador. El que a ustedes escucha a mí me escucha. Lo que ustedes aten o desaten quedará igualmente atado o desatado en los cielos. Y a nadie más confirió tales poderes.

Pero Adán y Eva existen desde siempre.  Hay que desoír a Dios. Es lo que nosotros queremos. No lo necesitamos; y si lo necesitamos tiene que ser a nuestra manera, a nuestro gusto. Para eso somos hijos de la terquedad y la concupiscencia.   Nacen pues otras religiones. La pagana y la que no lo es, pero a su manera.

El infiel no es tampoco que sea corrupto. Ni el corrupto sea infiel. Pero ambos andan por caminos equivocados. Uno es un desvarío y el otro un desvío. Lejos de la voluntad de Dios. Y, ¿acaso eso importa? No parece. Sin embargo somos el reflejo de lo que pensamos y de lo que queremos.

Religión, infidelidad y corrupción siguen siendo un problema de la verdad. Y de quienes quieren relativizarlo todo. Por ejemplo, en virtud de esa vinculación con Dios solo puede haber una religión verdadera. O creemos en Dios, o no creemos. Y si le amamos, seguimos sus mandamientos.   Miente quien no lo hace. Y no está en la verdad.

Cierto también es que el recto hablar como el recto escuchar y comprender son un don de la divinidad que no se otorga a cualquiera. ¡Pidámoslo con humildad!

No se ama lo que no se conoce, y no se puede defender lo que no se ama.

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<> Este artículo se publicó el 23  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/vargas-vidal-carlos/

El buen católico ama a su Iglesia

La opinión del Escritor y catequista católico…..

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Carlos Vargas Vidal

Si publicitar casi todos los días los abusos cometidos por unos cuantos sacerdotes de la Iglesia Católica, no es una conspiración contra esa misma Iglesia; entonces, ¿qué intereses tan fuertes hay detrás de toda esa campaña mediática que hasta cansa?

No vamos a repetir aquí lo que su señoría el Nuncio Apostólico escribió sobre el tema. Lo cual es cierto y atendible. Vamos, más bien, a desentrañar lo inverosímil y hasta malévolo del asunto.

No hay que suponer que cuando Jesús vuelva tendrá que aclarar las interpretaciones de grupos ajenos a sus enseñanzas. Ya Dios conoce el corazón de cada uno y a cada uno dará según sean sus obras. Habrá alegría y también habrá rechinar de dientes. Y claro que afectará a todos, para bien o para mal.

El buen católico actúa pensando en ello. No por temor como afirman los incrédulos y despistados. Lo hace porque la “bienaventuranza eterna” es esa. Y porque hay que ser muy necio para no entenderlo.

La sociedad no tiene por qué ser estrictamente laica. Ni lo es, ni lo podrá ser nunca. No se trata de influencias religiosas. Más bien deberíamos hablar de la natural propensión del hombre a buscar la cercanía de Dios, su Creador. Es el vínculo de piedad que nos lleva a Él. A Dios no lo podemos encontrar en donde nos de la gana. El hábito de la religión es también un hábito de santidad que no puede llevarse según el espíritu del mundo. Causa por ello hilaridad cuando alguien habla de principios humanistas. Como si todo lo humano, por sí y ante sí, fuera grato a los ojos de Dios. O cuando menos, grato a los ojos del prójimo.

En la Iglesia católica existen diferencias de pensamientos. Con mayor razón cuando los que se hacen llamar católicos no la comprenden. Y no la comprenden porque no la conocen. Y si no la conocen, menos pueden amarla. Por eso hay tanto irrespeto hacia ella. Quien no ama de verdad no siempre respeta. ¿Cuántos de esos católicos que son fuente de interesantísimas conversaciones, entre comillas, conocen medianamente bien el Catecismo de su Iglesia? ¿Cuántos fueron buenos alumnos de Religión y Moral? Y, ¿cuántos de ellos han vuelto a hacer su confirmación de adulto? No hay menester en andar con una Biblia debajo del brazo como muchos sectarios.

Pero, la Iglesia católica no solo tiene un catecismo basado sobre una fe racional y concreta. Tiene además toda una hermosa y sabia tradición que se inició antes de la Biblia con la predicación de los Apóstoles. Y también unos escritos de los padres y doctores de la Iglesia. Y ni hablar de las encíclicas papales y los muchos documentos que son parte integral del Magisterio cierto y santo de la Iglesia. Habría que tener una conciencia falseada para no tomar en cuenta todo esta fuente de enseñanzas que solo buscan la felicidad presente y futura del ser humano.

Pero no. Más importa lo que unos cuantos sacerdotes han hecho a espaldas de su Iglesia. Y con el ánimo de hacer daño se hurga en sus vidas pasadas para hacer creer que la Iglesia ha sido arrogante y encubridora de esos actos. Sin tener en cuenta las circunstancias, el tiempo ni las enseñanzas propias de esa Iglesia sobre la caridad cristiana. Y la diferencia entre pecado y delito. Como si la Iglesia no fuera un púlpito de Dios, sino una fría sala de un tribunal civil. Esa es la racionalidad que se ha empleado. Y se ha empleado para que esa Iglesia sea solo un “asidero espiritual” y no la conciencia moral contra los demás abusos y crímenes de lesa humanidad.

Defender la teología de la liberación que está en abierta oposición con los consejos evangélicos de Jesús es tanto como aplaudir a los que no son verdaderamente católicos.    Solo el odio a la Iglesia puede ver con esos ojos (Veritas Prima).

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Este artículo se publicó el 8 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá 9  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

‘Primero muerto que pensionado’

La opinión de…..

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Carlos Vargas Vidal

Esta parece ser la nueva consigna de la Caja de Seguro Social (CSS) con respecto a sus futuros pensionados. Ya lo de jubilado pasó, como muchas otras cosas del seguro, a peor suerte.

Un año atrás me sugirieron que presentara mi solicitud de pensionado con tres meses de anticipación a mi edad de jubilación y eso hice. Ya era un hecho conocido que las pensiones las empezaban a pagar mucho tiempo después de estar uno jubilado por ley de la República. Creí que así empezaría a recibir mi pensión con un poco de mejor suerte.   Pero, casi dos meses después de haber cumplido la edad de jubilación supe que el Departamento de Cuentas Individuales apenas estudiaba los casos pertinentes del mes de octubre pasado. ¿La excusa? No tenían personal suficiente para el número de solicitudes.

Quienes hemos visitado por muchos años las instalaciones de la CSS podemos dar fe de cómo muchos funcionarios pierden su tiempo de trabajo en tertulias que nada tienen que ver con sus funciones. Y no se diga del maltrato que uno recibe por solicitarles una mejor atención. Todo es: ¡espere! Como si el esperar no afectara hasta la salud personal de uno.

Por años la CSS ha sido un bastión de la ineptitud y el desgreño gubernamental. A diferencia que esta corrupción generalizada y desvergonzada cava nuevas fosas mortuorias para los asegurados.   No se explica ni se sostiene la falta de funcionarios, porque gobierno tras gobierno aumenta la burocracia. Y los sueldos van también siempre en aumento.

Pareciera que en Panamá, también por muchos años, hemos tenido de adorno a un procurador de la Administración, cuya única función, y la más sagrada, es la de cuidar los bienes del Estado. No se trata de controlar o fiscalizar los mismos. Su obligación primordial está en que haya transparencia y estricto apego en la gestión gubernamental, de modo que podamos ver, sentir y palpar eficiencia, moralidad, eficacia y calidad en los servicios que prestan los servidores públicos. Lo contrario es una descomposición general decadente y destructiva de los intereses de la Nación albergados en la administración pública.

Si algo puede consolarnos un tanto es que con la nueva administración de la CSS se va notando un empleado más acucioso, humano y servicial. Menos perdedor de tiempo y, por lo tanto, más honesto y cumplidor.

Falta todavía mucho por hacer. Y yo diría: ¡mucho por derrumbar! No es ni será fácil. Pareciera que todos los gobiernos anteriores no han hecho otra cosa que alimentar y aupar a ese monstruo de la indolencia estatal, que poco o nada le importa con la eficiencia y la eficacia gubernamental, y que muchas veces se amparaba entre los gremios y otras entre sus juntas directivas.  Pero no hay mal que por bien no venga.

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Este artículo se publicó el 9 de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los políticos infectos

La opinión de…..

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Carlos Vargas Vidal

“Voy a leer esto para ver qué me dice a mí. Aunque yo no soy político. De ninguna manera”. ¡Así es como muchos piensan! Pero, no nos engañemos. La política está en todas partes. No solo en las instituciones públicas.   Se refleja también en la vida real.  Familiar y privada. Y en cada rincón del país. Porque son hechos políticos todo lo que se relaciona a los gobernantes y a los gobernados. Al poder político.

Pero el poder político, como sus principios no solo encierra criterios de verdad y falsedad sino de bondad y maldad. Y en esto último es donde, por voluntad y acción humana, se encuentran los políticos infectos.

En política, entiéndase bien, hay actos que pugnan contra la moralidad. Como en cualquier otro quehacer humano. Y este aspecto de la moralidad, cuando hace falta, hace que hombres y mujeres cedan a la prostitución y al envilecimiento personal. Y a cambio de una supuesta igualdad y una existencia mejor pierden la libertad y la dignidad humana.

Los políticos infectos son aquellos que se acomodan con una facilidad poco dignificante e increíble al querer de su jefe. Parecieran almas carentes de todo espíritu propio, fecundo y creador. Incapaces de contradecir a otros. Pero sí capaces de contradecirse a sí mismos, una y otra vez, con tal de no ofender a sus jefes. Y así, cumplen con ese rol de almas de lacayo obsecuentes solo con el provecho personal propio, con la investidura que les queda grande y con la vanidad que se les hace chica.

¿Y qué es lo que conseguimos con esto? Una casta de hombres y mujeres capaces de servir sin dignidad y sin decoro propio. Capaces de esperar el favor ajeno aunque incurran en vilezas que avergüenzan a cualquier espíritu. Y capaces de mentir para poder seguir halagando a sus jefes. En fin, tenemos a una muchedumbre de personas que deshonran la vida traicionándola con la pérdida de la dignidad y la independencia moral que son el sostén más apropiado de la existencia humana.

¿Y qué es lo que debemos hacer? Dejar de ser políticos infectos. Hay que cambiar. Todos. Desde arriba hacia abajo. Ministros, diputados, gobernadores, alcaldes, jefes de departamentos y demás empleados públicos. Elegidos o no. Escogidos o impuestos. Porque nunca se es más miserable que cuando se malbarata la dignidad humana.

Hay que cambiar porque debemos dejar atrás nuestros lodos, nuestros temores y nuestra inercia.

Es decir, nuestra complicidad con la dependencia hacia los demás. Hay que deshacernos de los intereses creados y de la inmoralidad.  No es posible que para que tengamos algo digno nuestro tengamos que acomodarnos de manera deshonrosa bajo la sombra de un partido político, de un padrino o de un amigo. No es posible que tengamos que doblar la cerviz y anular nuestra propia personalidad con tal de que nos mantengan las puertas abiertas. No es posible que tengamos casa, carro y un buen palco en cada evento aunque sean mal habidos o de fácil obtención. Esa es una realidad cierta, pero desdeñable en los hombres y mujeres faltos de espíritu y de nobleza.

Panamá también ha tenido y deberá seguir teniendo hombres probos, consecuentes con su dignidad y su amor a la patria.

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Publicado el 30 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Sin Dios, sin bondad y sin verdad

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La opinión del escritor….
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CARLOS VARGAS V.

HACER EL MAL ES SENCILLO. Y hay muchas maneras de hacerlo.  El modo más fácil y recurrente es no siendo veraz. Por ello, muchas veces, nos preguntamos: ¿Por qué miente? ¿Sabes por qué? Porque esa ha sido la solución más simple y más cómoda. Pero allí no queda todo. Lo increíble es que las mentiras ya no son lo que antes eran: ¡Un mal! Algo real y palpable que mata el espíritu y debe ser reconocido como tal. Solo cuando reconozcamos al mal en sus muchas formas y lo llamemos por su nombre podremos curarlo. Las malas personas construyen sus vidas en la mentira. Y atacan a los demás, en lugar de enfrentar sus propios fracasos y resentimientos. A menudo, logran engañarnos; cuando no terminamos por adularlos, como a Barrabás.

Quien está detrás del mal es el Maligno. Cuando no lo reconocemos así, es porque esa es su consigna que cuando la seguimos terminamos por decirnos que el Demonio no existe y que hay que crucificar nuevamente a Dios. Porque Dios es quien por medio de su Iglesia sostiene esos grandes valores de la humanidad que nos redimen y nos hacen hombres y mujeres de bien. O porque es Dios quien puede hacernos sentir culpables de nuestra maldad.

Es mentira que tengamos una Moral Cristiana obligante. Dios no obliga a nadie y quien así lo dice tampoco conoce los mandatos evangélicos de Jesús. Tampoco es cierto que haya unos dogmas religiosos infranqueables. Lo que existe son muros en las mentes de unas minorías ideológicas que pretenden acabar con los valores cristianos, la libertad y la verdad misma. Y falso es que la Iglesia discrimine a los homosexuales. No puede haber discriminación con los que ya no se sienten igual a los demás. Menos cierto es que todo aquel que dice creer en Dios es una persona de bien. El Diablo también cree en Dios y no por ello deja de ser Demonio. Odioso y destructivo.

Deprime que los buenos cristianos no sepan defender a su Iglesia como haría un hijo con su propia madre, pese a sus defectos. Y es lamentable saber que ese anticatolicismo rampante tenga a muchos callados como si ese silencio tuviera algún mérito ante Dios. Pena da que una minoría resentida y engañosa pueda hacer más en contra de los derechos de una mayoría que ha tenido la dicha de educarse en la fe cristiana y que comprende que no por ello ha renunciado al uso de la razón.

No permitamos que esta paranoia moderna contra la Iglesia Católica, producto de la maldad, siga haciendo uso de las mentiras y las medias verdades para apartarnos del verdadero camino de la Verdad y el Bien. La Iglesia nunca ha sido perfecta. Solo Dios.  Pero quienes la atacan, tampoco lo son.   Eso sí, les gusta ver la paja en el ojo ajeno y no la viga que tienen en su corazón que no los deja ver, conocer y amar a Dios tal como es y quiere ser amado.

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Publicado el 2 de enero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El niño Dios que no todos reconocen

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La opinión de….

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Carlos Vargas Vidal

Jesús, ese hermosísimo niño, hijo del altísimo, que año tras año nace para nosotros, otra vez en Navidad, no es otra cosa que el reflejo más puro y fiel del amor de su padre y nuestro padre.   ¿Y quién es su padre y nuestro padre?  Es el mismo quien habló a Abraham y le dijo: “Sal de tu tierra nativa… a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo… Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo”. (Gn 12, 1-3).

Fue un llamado de Dios que Abraham respondió con fe y obediencia. Dios se revela y lo hace en forma de promesa. Esa promesa es la que abre la historia de la fe al futuro. Es el apoyo confiado nuestro en la palabra de Dios. Y no fue ni es una fe ciega. Dios promete y cumple. Del vientre estéril de Sara nació esa descendencia que será superior al número de estrellas en el cielo.

Pero Abraham no sería la primera, la única ni la última revelación de nuestro padre celestial. Dios también habló por los profetas. Y como diría el padre carmelita y teólogo van Imschoot, en ningún otro pueblo se halla como en Israel profecías tan precisas. En medio de todo ello, Yahvé va creando una alianza progresiva con su pueblo para llevarlo a la salvación. Y no hay nada de mitos ni de ritos en todo ello porque Dios siempre estuvo y está entre nosotros.

A pesar de todo, Dios escoge manifestarse aún más. La revelación del Antiguo Testamento parcial y fragmentada, fue insuficiente. Y el inconmensurable amor de Dios se deborda. Entonces, toma carne de la purísima virgen María, se hace hombre entre nosotros, y nos entrega su palabra personal y definitiva en su muy amado hijo, Jesús. En ese hermoso niño está la plenitud de la revelación de Dios.

San Juan de La Cruz, ese gran doctor místico carmelita de la Iglesia católica, nos ha dicho que ese Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, nos ha dicho todo lo que tenía que decirnos por medio de su hijo muy amado. ¿Qué más puede decirnos?

La figura de Jesús es un hecho histórico auténtico. Conocemos más de Jesús que de Judas, el Galileo, y muchos otros más. Sin embargo, lo relacionamos menos con su padre y nuestro padre. Y se nos olvida, muchas veces, que murió por nuestros pecados y que es una figura teológica y no solo el fundador de un movimiento religioso.

No hay un exegeta cristiano o protestante que niegue que para Jesús lo más importante era la llegada del reino de Dios, su padre.   Su amor por nosotros y entre nosotros. Para pertenecer a ese reino solo tenemos que dejarnos amar de Dios. Pero, todavía, hay quienes se obstinan en no creer y se burlan de este amor misericordioso del padre. Se creen autosuficientes y esa es su condenación.

Creédme, dijo ese hermoso niño, porque yo estoy en el padre y el padre está en mí. Pater Noster, Adveniat Regnum Tuum…

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Publicado el  25 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.