Los valores en la educación

La opinión de…

Carlos Alberto Voloj Pereira

Está plasmado en la Constitución Apostólica de Juan Pablo II, sobre las universidades católicas, que es, precisamente, en ellas “donde los estudios examinan a fondo la realidad con los métodos propios de cada disciplina académica” y que sirven para demostrar “la confianza que tiene la Iglesia en el valor intrínseco de la ciencia y de la investigación…” y “una preocupación ética” acerca de la conducta de los hombres cuando ejercen la profesión a la que se dediquen.

Entonces el hombre profesional no puede dejar de ser un educador cuando ejercita su actividad para procurarse sustento. Quien no se eduque a la vez que trabaja, voluntariamente se está limitando en una ignorancia crasa que en nada le ayuda a superarse.

Michael Falise, en su ensayo sobre Los valores en la educación y enseñanza universitarias, deja claramente expuesto que, quien llega a sentir la necesidad en el mundo actual de una educación superior está palpando evidentemente que estamos en el pleno momento de que no avanzará quien no se eduque, porque estamos en la “era del conocimiento, de la tecnología” y que la competencia actual se sitúa en el terreno de los que saben, porque ya el dicho de algunos de “da que vienen dando”, o de “quítate tú pa’ ponerme yo” o, ese que dice “amigo es el ratón del queso ¡y se lo come!, o “amigo es un real en el bolsillo”, ha cedido el paso a la idoneidad, al conocimiento, a la suficiencia de que usted sabe lo que está haciendo, y quien necesita y busca sus servicios ¡también lo sabe! De ahí que podrá haber inmoralidad y falta a la ética de parte de algunos profesionales, pero ¿estará dispuesto a aceptarlo el cliente?

Es cierto aquello de que “Dios los hace y el diablo los junta” y que el profesional inmoral y falto de ética se juntará con el cliente inmoral y falto de ética, también, pero ¡válgame Dios!   ¿Son, acaso, inmorales y faltos de ética todos los profesionales y todos los clientes? ¡No, claro que no! En el pasado evento político de 1989, cuando se produjo una confrontación cruenta con manifestaciones que sacaron a flote la ética y la moral de muchos panameños, también quedó en evidencia que no todos eran inmorales, que no todos faltaron a la ética y que no todos fueron saqueadores y que algunos no fueron totalmente saqueados.   Lo que sí apunta como experiencia aleccionadora es que sí fue saqueada la moral y la ética de la patria y la convicción de muchos justos de que los hombres deben amar a su prójimo como a ellos mismos.

Sin embargo, los comercios en los que reposa el conocimiento, la educación y los libros de ética y moral no fueron saqueados. Parece que nadie saquea librerías en Panamá.

La Iglesia y los hombres de bien tienen muy claro que la ética y la moral, aunque tengan una oferta abundante, exige un alto precio que no todos quieren pagar.   Prefiero decir que no pueden pagar, a decir que no quieren pagar. Es un producto caro, legítimo, auténtico, decoroso y elegante que no pueden lucir en todo su esplendor los inmorales y antiéticos.

¡Desgraciado el hombre que nace sin moral y no desea adquirirla siquiera! ¡Bendito sea el que sabe que no posee moral alguna, y la busca, la desea, la persigue, y tanto la anhela que al fin, de tanto correr detrás de ella, la alcanza y la aprisiona en su corazón.

No hay mejor hombre moral que el converso y, como en la parábola del hijo pródigo, cuán aplaudido y cuán bienvenido es aquel que vuelve al encuentro con su padre y se arrepiente de gozar inescrupulosamente los bienes que ha recibido.

Exhortamos a nuestros alumnos y a los de las universidades amigas que tengan constantemente presente, ante los ojos de sus familias y profesores, la ética y la moral que les habrán inculcado sus progenitores.   Y es que nada dignifica a un hombre y a una mujer más que la honradez, la decencia y el respeto para con su prójimo.

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<> Este artículo se publicó el 28 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Tanto Amor nos tiene Dios…

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La opinión del escritor católico…

CARLOS VARGAS  VIDAL

vargasvidal@yahoo.com

… Que nace entre nosotros, como un humilde niño, para Navidad. Esa es la Gloria incomprendida de Dios, hecha carne, y recostada sobre un pequeño bulto de paja.

Y ese niño, luz de luz y resplandor del Padre, viene a nosotros tan solo para salvarnos. Para darnos vida eterna. ¿Y qué somos nosotros para que Dios nos ame tanto?

Somos hijos de la desobediencia y la concupiscencia. Y, sin embargo, nuestra naturaleza puede elevarnos tan alto cuando estamos junto a Dios. Como puede arrastrarnos tan bajo cuando actuamos como la serpiente. Entonces somos como los Santos o como los demonios. Y cuando no somos ni lo uno ni lo otro, entonces andamos como perdidos en El Paraíso. Unas veces queriendo servirle a Dios y otras veces sirviéndole al demonio.

Dios, en cambio, es el mismo.  Ayer, hoy y siempre.  Y su luz es inextinguible.

Cuán triste es ver que esa hermosa luz que vino de Belén buena parte del mundo no la conoce. Y otra buena parte no la quiere conocer. No la conoce, quien la ignora; y no la quiere conocer, quien la desdeña. Esa es la sabiduría del mundo. Que sigue muchas veces entre tinieblas.

Cuando la fe concuerda con la razón recta, en abstracto, todo se ilumina. Y todo empieza a ver una luz esplendorosa desde ese humilde pesebre, y trasciende. Entonces hay alegría y entonces hay esperanza. Y esto no lo puede entender la Ciencia que quiere entenderlo todo. Porque nos olvidamos que no podemos saberlo todo, y menos sin la ayuda de Dios. Si vemos a la Navidad con ese espíritu frío, mercantilista, secular y carnal, o con fe mundanizada, ya no veremos la presencia y la belleza de lo sagrado en el mundo. Ya no habrá un nacimiento divino que nos hable de la presencia de Dios Salvador entre nosotros y por nosotros. Cuando sepamos arrodillarnos, adorar y callar frente a ese humilde pesebre, entonces tendremos en nuestra alma el verdadero sentido de la Navidad: ¡Dios nos ama tanto que nació entre nosotros para salvarnos!

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<>Artículo publicado el  24  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América y el 27 de diciembre en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Don Chencho

La opinión del Sacerdote Jesuíta….

Rosendo Torres

El arquitecto Inocencio Galindo Vallarino, ”Don Chencho” para muchos, para sus cercanos parientes “Tio Chencho” entregó su alma al creador el 7 de octubre de este año, durmiéndose plácidamente en el lecho donde estaba recluido hace años.   Nació en 1913 y en enero próximo llegaría a la edad de 98 años.   Casi centenario.  Pero indiscutiblemente una vida plena de un gran patriota panameño.   Se nos fue un grande.

Chencho y Meri, un binomio humano que donde quiera que participaban le daban prestigio a cualquier celebración. Me hago a la idea de que no faltarán sus biógrafos más entendidos que yo, que publicarán sus memorias.

Circunstancias coyunturales me dieron la oportunidad de tratarlo sobre todo en la Isla Contadora, siendo su huésped a la mesa, luego de las celebraciones dominicales mientras tuvieron su residencia en la Isla, gesto que no terminaré de agradecer. Poco a poco, fui escuchándole sus historias y sus experiencias en la vida nacional tanto en el campo profesional privado como en la vida política de este país. Recuerdo que antes de perder la vista, que trató por todos los medios de salvarla con visitas a expertos fuera del país, me habló del proyecto de La Luz del Ciego con la idea de ayudar a los videntes a progresar y hacer su vida más útil.   Me sorprendí al ver que les instaló computadoras para ciegos, aun hoy día sigue ese proyecto funcionado.

Una placa a la entrada del templo de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes reza así: “Este templo es expresión de agradecimiento a la Virgen de Lourdes de Inocencio Galindo Vallarino y su esposa (Doña Meri Q. de Galindo) y del fervor de los feligreses y devotos siendo párroco el Presbitero Fidel Puig.   Fue dedicado solemnemente por el Arzobispo Marcos Gregorio McGrath el día 23 de noviembre de 1991”.   Aunque a la vista de todos sin embargo, muchos, como suele suceder, nunca la han visto, pero que consta de la gran fe y acción de gracias de los esposos Galindo por el “milagro” de la recuperación de la voz perdida de Doña Meri, luego de un viaje al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.

Cuento lo siguiente, en cierta ocasión un profesional serio me preguntó ¿cómo hago yo para tener la fe de Chencho?   Como yo no tenía la respuesta, me limité a decirle que la fe es un don gratuito de Dios que hay que apreciar y cultivar con las prácticas cristianas.   De todas maneras su fe católica fue proverbial y la demostró en la gran prueba de su vida cuando perdió a su único hijo, Ricardo, de donde nació la Fundación Ricardo Galindo de cuyo patrimonio se sostienen en parte proyectos de impacto social, como la Obra Mercedaria del Chorrillo, el Seminario Mayor San José, el Patronato Luz del ciego, y otras obras como becas en el Sindicato de Industriales y muchas otras obras más. Hasta pronto, amigo, tus realizaciones quedarán como el monumento del que habla en poeta Horacio: “Aere perennius”, más perenne que el bronce.

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<> Este artículo se publicó el 17  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/torres-rosendo/

¡Tú eres amado!

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Un Mensaje al Corazón   en la opinión de Monseñor….

Rómulo Emiliani 

Arzobispo
Sí, yo soy amado. Esta es una noticia tan grande como la de que Cristo ha Resucitado. Soy amado por El, con un amor total, infinito, absoluto, permanente, siempre fiel. Por pura gracia me ama, porque quiso, por su iniciativa, sin yo merecerlo, sin yo esperarlo, pedirlo ni imaginarlo. “En esto está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó y envió su Hijo, como propiciación por nuestros pecados, (1 Jn 3,18) ¡Dios nos amó primero! Desde siempre nos ha amado. Esto lo sé por Cristo, y la mayor prueba de su amor fue que Dios Padre lo entregó por nuestra salvación y él libremente se sacrificó.

¡Cristo ha resucitado!   Claro que me hace feliz el saber que la vida triunfó sobre la muerte y que el bien vencerá al mal, pero si no creo que me ama, no seré completamente feliz.   El se entregó por mí, murió por mí, pensando y pronunciando mi nombre e inmolándose por mi persona en la cruz. Esto es increíble y lo sé por la Revelación.   Este misterio del amor incondicional de Dios, bien meditado y profundizado, es suficiente para darnos felicidad, ánimo y fuerzas para continuar el camino. ¡No estamos solos ni somos huérfanos! ¡Él nos ama!

Nadie puede humanamente entender esto: Dios piensa en todos y ama a todos de manera tal que lo hace como si nada más existiera una persona, usted. Hay una historia de amor muy personal de Dios con usted, única, especial y al mismo tiempo con todos. Aún si nadie lo amara, tendría usted el amor insondable,  perfecto, divino, infinito y siempre actual de Dios.  Sí, somos amados por Dios.

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Hermoso lo que dice Romanos 8, 38 ss.   “Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro”.   Se puede entender esta lectura diciendo que es nuestra opción y compromiso de no dejar que nadie nos separe de Dios, pero también que Él ha decidido por puro amor, por pura gracia amarnos y lo hace de manera plena y no va a dejar que nada ni nadie nos separe de él.
Pero aquí viene lo triste: lo único que puede separarnos de Él es nuestra voluntad que opte por vivir sin Dios, rechazando su amor y prefiriendo estar eternamente sin Él.    ¿Qué es posible esto?    Sí existe la posibilidad de la condenación eterna y es dogma de fe.    Que alguien prefiera abandonar la “casa del Padre” e involucrarse en las tinieblas para siempre, cambiando el amor de Dios por “treinta monedas” es posible.

El nos ama. El está continuamente contemplándolo y bendiciéndolo. No dejará de amarlo porque así Él lo decidió y pronuncia su nombre diciéndole: “hijo mío”. ¿No es hermoso esto?  ¿Ha entendido lo que es el amor de Dios?   En el cielo estaremos eternamente saboreando ese amor, contemplándolo y conociéndolo, descubriendo cada vez más profundidades de su amor.   Recuerde que Dios lo ama y con Él usted es invencible.

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<> Este artículo se publicó el 16  y el 23 de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/emiliani-romulo/

Hermano Antonio

La opinión del Sacerdote Jesuita…

Rosendo Torres

El jueves, fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Rosario, nos reunimos un número plural de amigos del primer panameño que dio su nombre y vida al Instituto Religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundado por San Juan Bautista de la Salle, para compartir con sus allegados, las exequias de tan distinguido ciudadano. 

Hermano Pionero Panameño se titula el libro pergeñado por el Reverendo Hermano Cipriano Pascual, en donde nos presenta una reseña autobiográfica del religioso Antonio Sosa Icaza, F.S.C.

Personalmente tenía el motivo para hacer acto de presencia en esta despedida de Toñito, ya que hace muchos años el papá del religioso fue mi padrino de Bautismo y era el último de los religiosos de la familia Sosa Icaza.

En otros países del continente de tradición cristiana católica, se dan estos casos de varios miembros de la misma familia que se dedican a la vida consagrada, pero en Panamá, en esto como en otras manifestaciones,   este tipo de realidades está en el mundo de lo imposible.   Y como dice el Evangelio de Lucas para este día “para Dios no hay nada imposible”, en la familia Sosa Icaza, y creemos que es la única históricamente hablando, hubo dos sacerdotes y dos religiosos.   De los sacerdotes, uno era diocesano el P. Guillermo y el otro era Jesuita, Carlos que fue profesor del Colegio Javier.   Los otros dos religiosos fueron la hermana Aura María, que en religión creo la llamaban “Conchita”, y el Hermano Antonio, que también se llamaba Hernando.

Los otros tres hermanos se dedicaron a formar familias cristianas, y sobrevive Don Julio, el menor, gran colaborador de las obras de la Iglesia.

Hace dos años el personal del Colegio de la Salle, dirección y ex alumnos, celebraron los 100 años de vida del Hermano Antonio en un evento muy concurrido y lleno de felicitaciones para el jubilar educador.

Al final de las exequias que fueron celebradas por el capellán el Rev. Juan Aquiles Berrocal, el Superior regional leyó un par de testimonios y, sobre todo, el mensaje del Hermano Superior General donde ponderó las virtudes espirituales del Hermano Antonio, destacando su lealtad a la Iglesia católica y su gran amor al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

En nuestro mundillo social, lamentamos a veces la muerte de grandes comerciantes, atletas, abogados, profesionales, pero en este momento es hora que lamentemos también la pérdida de este gran valor de la educación panameña y primer Hermano Cristiano panameño, como un hecho fuera de serie.   Su inocencia, ingenuidad y sencillez quedarán perennes en la memoria de todos los que lo conocieron. Euge, bone fidelis, intra in gaudium Domini Tui, Ea siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.

<> Artículo publicado el 10  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Visita histórica

La opinión del Sacerdote Jesuita …

Rosendo Torres

Saliendo de los intringulis nacionales, sobresalen en las noticias internacionales la gran nueva sobre la visita del Jefe de la Iglesia al Reino Unido de Gran Bretaña. Admiramos la valentía del Sumo Pontífice al aceptar la invitación reiterada que le hicieran a visitar la famosa isla donde viven 5 millones de católicos, en un marco de 59 millones de habitantes, con toda una historia de antagonismo religioso del pasado. Valentía a sabiendas de que algunos medios se habían dado a la tarea de externar sus prejuicios anti católicos, especialmente criticando las posiciones ideológicas de la Iglesia. EI Papa ha tratado de responder a las habituales preguntas con respuestas serenas.Primero afirma que no estaba preocupado por la manera cómo iba a ser acogido, ya que había tenido la experiencia de Francia y la República Checa, “países anticlericales” pero que tienen también siempre una fuerte presencia de fe. En ambos países fue acogido calurosamente por la comunidad católica como acaba de ocurrir en Inglaterra donde las multitudes calculadas fueron superadas por la realidad.

EI Reino Unido es secularizado, con un fuerte ateísmo; sin embargo, se dan signos de fe religiosa, fe en Jesucristo. EI Papa fue claro cuando dijo que la Iglesia está al servicio del Otro, no está al propio servicio, no esta para ser un cuerpo fuerte, sino para hacer accesible el anuncio de Jesucristo, las grandes verdades, las grandes fuerzas de amor y de reconciliación.

EI Pontífice fue abordado como era de esperar con preguntas sobre la pedofilia clerical, y al responder que estaba “sorprendido de que una persona que se consagra a Dios llegue a esos extremos”, fue mal interpretado por la prensa respecto a la palabra “sorprendido” dándole otra interpretación desviada, lo cual era de esperar de la clerofobia.

EI Papa beatificará al Cardenal Henry Newman. Este cardenal, dice el Pontífice, es un hombre moderno, que vivió también el problema del agnosticismo, de la imposibilidad de conocer a Dios, de creer. Un hombre que durante toda su vida estuvo en camino, para dejarse transformar por la verdad en una búsqueda de gran sinceridad y de gran disponibilidad, para conocer, encontrar y aceptar el camino para la verdadera vida. (Continuará)

<> Este artículo se publicó el 19  de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

Una nueva oportunidad

La opinión y un Mensaje al Corazón de Monseñor…

Rómulo Emiliani

El Evangelio nos presenta el gran mensaje de que hay una nueva oportunidad para todos y cada uno de nosotros.
En San Lucas aparece la figura de un centurión romano, un hombre que no tenía la fe de Israel.   Pero él creía en Cristo y su fe la tenía que vivir a escondidas,  porque como romano tenía que guardar el principio de obedecer y hasta adorar al César, como si fuera un Dios. Entonces, aceptar a Cristo como un profeta era peligroso para él, pero aceptarlo como el Salvador era mucho más arriesgado.
El centurión mandó a rogar a Jesús que sanara a su criado a quien quería mucho y se encontraba moribundo. Cristo, que vio que era un soldado romano y no era común que un hombre de estos se le acercara, le dijo que iría a su casa.   El soldado mandó a decir que no era necesario que fuera a su casa, porque una sola palabra suya bastaría para sanarlo ( LC 7,6-7 ). Cristo no fue a la casa del centurión,  pero hizo el milagro a la distancia.

Este centurión romano, más que los fariseos que se creían muy puros, se consideraba indigno de que Jesús entrara en su casa.   El fue más humilde y confió en que una sola palabra del Señor bastaría para que su criado sanara.   El creyó que Cristo tenía todo el poder. ¡Tremenda fe la de este hombre!   Jesús quedó maravillado, manifestando que ojalá en Israel hubiera gente con tanta fe como ese señor ( LC 7,9 ).

Los que son llamados y elegidos muchas veces pierden la fe, pero ese gentil, ese pagano tenía más fe que muchos israelitas.

Tremendo reproche que hace Jesús a lo largo de la historia de la Iglesia, porque en muchas ocasiones los que supuestamente somos elegidos o llamados, tenemos menos fe que otra gente. A partir del milagro de Cristo, nos imaginamos que este centurión cambió su forma de vivir.   El tuvo la tremenda y única oportunidad, que es la misma que tenemos todos y que solamente nos la ofrece Cristo.

¿Para qué? Pues, para cambiar y ser mejores.   El Señor, misericordioso y bueno, es quien tiene toda la fuerza y el poder.

Cristo siempre deja una puerta abierta para que nos encontremos con Él y solucionemos los problemas que más nos agobian. Cristo tiene la palabra salvadora.   El lo dice: “Vengan a Mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas y Yo los haré descansar” ( MT 11,28 ).
Cuando todo parece estar perdido, cuando pensamos que todo acabó, aparece el único que nos puede dar otra oportunidad. Pero la oportunidad que nos ofrece Cristo no es simplemente la de resolver nuestros problemas, sino de hacernos criaturas nuevas para ser felices. Ser feliz es estar con el Señor, porque si se busca primero el reino, lo demás se nos dará por añadidura. Eso es justamente lo que ayudará a resolver nuestros problemas.

No se preocupe, sino que esfuércese por alcanzar el reino, por acercarse a Jesús, por vivir una vida nueva en Cristo y en el Evangelio.   Lo demás, poco a poco, se irá solucionando. Primero, hay que aceptar a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador; segundo, arrepentirnos de nuestros pecados y tercero, abandonarnos en Cristo. Al abandonarse en Cristo, vendrá una lucidez especial y usted comenzará a ver las cosas de una manera nueva.

Aquel problema que parecía no tener solución se comienza a ver de forma distinta y poco a poco aparecen diferentes posibilidades para resolverlo.   La respuesta no es ganar o vengarse, sino saltar el obstáculo sin perjudicar a nadie.   Cuando uno es de Cristo, perdona setenta veces siete.

La criatura nueva está en plan positivo para construir, ayudar y dar la mano, aún al enemigo.  Por eso Cristo dice que los pacíficos serán llamados hijos de Dios (MT 5,9 ).   Pero la respuesta de Cristo no es siempre la que usted dispone, la que usted piensa que podría ser la mejor. Es la que El cree, en definitiva, que más le conviene. A la larga, nos damos cuenta que esa era justamente la solución al problema.

Lo cierto es que Jesús nos dice que si uno lo acepta a El como su Señor, comienza a ver todo nuevo. Y entonces uno como criatura nueva intenta hacer mejor aquello que ve que está mal. Intenta transformar un desierto en un jardín, su familia, profesión, ciudad, país. Hoy el Señor le brinda una nueva oportunidad, le abre las puertas del cielo para que renuncie a su pecado y vaya con El. El Señor le ofrece hoy una nueva oportunidad para ver las cosas de otra manera y ser criatura nueva.

Si quiere aceptar a Cristo Jesús como su Señor y Salvador, búsquelo, renuncie a todo aquello que sea pecado y acepte este ofrecimiento que Cristo le hace para comenzar una nueva vida.

Cuando ve que anda por mal camino, haga un esfuerzo y levántese en Cristo, el Señor. Acepte el perdón que Cristo le ofrece y el principio de una nueva vida. Luche contra sus más grandes defectos y errores para comenzar de nuevo.

Hay una nueva oportunidad para cada uno de nosotros.   Si está dispuesto a emprender este camino, no dé marcha atrás y busque primero el reino y luego lo mejor para usted y los suyos.  Dios le dará la fuerza y el poder para lograrlo, porque ¡CON EL, USTED SERÁ INVENCIBLE!

<>Artículo publicado en tres partes, el 11 de septiembre,  el 18 de septiembre y el  25 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

La Ley 30 contraría las enseñanzas sociales católicas

La opinión del Jubilado del Cuerpo de Ingenieros de E.E.U.U.…

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Carlos E. Rangel Martín

Primeramente citaremos las enseñanzas que el Papa Pío XI plasmó en su encíclica “Cuadragésimo Anno”, publicada el 15 de mayo de 1931, donde hace referencia a la obligatoriedad de las cuotas sindicales para los trabajadores que laboren en una empresa con un sindicato legalmente constituido, y que dice textualmente: “Inscribirse o no a un sindicato es potestativo de cada uno, y sólo en este sentido puede decirse libre un sindicato de esta índole, puesto que, por lo demás, son obligatorias no sólo la cuota sindical, sino también algunas otras peculiares aportaciones absolutamente para todos los miembros de cada oficio o profesión, sean éstos obreros o patronos, igual que todos están ligados por los contratos de trabajo estipulados por el sindicato jurídico.

La razón aparece en el artículo titulado “No Hacen Falta Explicaciones”, publicado el sábado 24 de julio de 2010 en este mismo diario, y puede resumirse en que, así como no es justo que una persona perciba beneficios del Estado Panameño sin aportar al fisco una porción, llamada “impuestos”, de sus ganancias locales, porque está en libertad de irse a trabajar a otro país que no le cobre impuestos, tampoco es justo que una persona reciba beneficios de un sindicato sin aportar la cuota al mismo, porque está en libertad de irse a trabajar a otra empresa que no tenga sindicato.

Esta enseñanza del Papa Pío XI es muy sabia porque deja en libertad al obrero para pedir que sea excluido de cualquier lista de “miembros del sindicato”, probablemente porque él piense que eso lo congraciará con algunos futuros patrones que no gusten de ninguna organización obrera. Esto último equivale a decir que una persona que trabaje en Panamá, queda en libertad de adquirir o declinar la ciudadanía panameña, dependiendo de sus preferencias;   pero de allí a decir que dicha persona queda libre de pagar impuestos al Estado Panameño, o de decir que un obrero que no pague las cuotas sindicales tiene derecho a los beneficios sindicales, constituiría un garrafal exabrupto.

Estas enseñanzas muy probablemente se originan en la que San Pablo escribió en el Versículo 10 del Capítulo 3 de su Segunda Carta a los Tesalonicenses, donde especificó inequívocamente: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma”; aparte de un dicho muy popular en algunos países de habla inglesa que reza: “No existe tal cosa como un almuerzo gratis”.

En cuanto a los patrones, ellos están en plena libertad de anunciar públicamente que sólo contratarán personas que no pertenezcan o nunca hayan pertenecido a algún sindicato, como aparentemente hacen algunos patrones en Panamá.   Pero, si la mayoría de esos trabajadores luego decidiera sindicalizarse para que los trataran con mayor justicia, no habría ningún juez imparcial en el mundo que se los impediría; porque, por más que ese patrono alegue que ellos le prometieron inmolarse antes que sindicalizarse, éste es un derecho inalienable que ninguna promesa de los obreros ni ningún contrato de trabajo puede anular.

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Este artículo se publicó el  6  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Celebrando la esperanza

La opinión del Escritor….

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CLAUDIO DE CASTRO — —

Un día escuché su voz, fuerte y suave a la vez, que me decía: ‘escribe’, y yo haciendo oídos sordos, me escabullí por diferentes senderos, hasta que me atrapó con su Amor y ya no pude ni quise escapar.

Así fundamos Ediciones Anab, una editorial católica en Panamá. ¿Los libros? Pues tuvimos que aprender de todo. Cómo se diagraman, cómo se diseña una portada. Y los hicimos en casa, y los armamos entre todos. Poco a poco fueron teniendo aceptación. Y los milagros empezaron. Conocimos la Providencia. Y nos dimos cuenta de lo pequeños que somos, tierra que va a la tierra. Y lo importantes y valiosos que somos, para el Padre. A pesar de mi poca fe, la editorial sigue creciendo como un arbusto fuerte y se llena de flores y da frutos.

Ya pasaron 7 años. ¿Cómo agradecer a Dios todo el bien que nos ha dispensado? Aún escucho en mi corazón al buen Dios que me dice: ‘Escribe. Deben saber que los amo’. Y yo, escribo y publico libros y Él, todo amor y todo bondad… toca los corazones y los transforma.

En muchas ocasiones he tratado de abandonar este apostolado y cada vez que lo intento, me inunda el alma con un amor inefable, Su Amor. Y me dice: ‘No temas. Aquí estoy’. ¿El sueño? Llevar esperanza. Recordarles a todos que somos ‘hermanos’, hijos de un Dios bueno y admirable. Que nos debemos los unos a los otros. Que en Dios vivimos. ¿Cómo celebraré este aniversario? Iré con mi esposa Vida a un parque tranquilo… Y leeremos la oración de Francisco, el Hermano, para agradecer a Dios por todas sus bondades e inmenso amor.

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Este artículo fue publicado el  18 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué soy católico?

La opinión del Ex Vice Presidente de la República…..

Ricardo Arias Calderón

Recientemente escribí un artículo intitulado Cuidado Crítico, referente a los sacerdotes pederastas y sus superiores jerárquicos que encubrían estas acciones. Varios lectores me respondieron y algunos lo hicieron sugiriendo que no veían cómo yo me decía católico ante estas realidades; estos comentarios me invitaron a que me explicara más ampliamente sobre mi catolicismo, lo que excusa las referencias personales en este escrito.

Creo en el Dios personal del Viejo y el Nuevo Testamento. Podría imaginar un universo ilimitado sin un Creador, en donde el ser humano sería un mero accidente.   Sin embargo, prefiero la divinidad personal de la fe judeo-cristiana que concibe su creación en función de ese ser vulnerable y muchas veces condenable, que responde con un amor quebradizo e inconstante al amor infinito del Todopoderoso.  Prefiero a la manera riesgosa de Pascal, el Dios personal de los profetas y evangelistas.

Para mi el gran problema filosófico-teológico es cómo Dios, Persona Infinita, hace su pensamiento y acción accesibles a la humanidad en su entorno limitado y concreto. Él asume en sí la humanidad de Jesús, al punto que San Juan pudo afirmar el misterio de que “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Al revelar su realidad trinitaria al hombre, le salva de sí mismo y, dado que éste no es sólo individuo sino ente social, al salvarlo lo hace a través de la ekklesia, sociedad de fe, moral y culto. Esto lo indica Jesucristo al cambiarle el nombre a Simón por el de Pedro (piedra) para significar la roca sobre la que estaba fundando su Iglesia, contando con la colegialidad de los apóstoles y luego de los obispos sus sucesores.

Dios, quien creó la pluralidad de seres en la creación, promueve la unificación de ellos en relación consigo y por eso, pienso yo, el Papa tiene una función propia a favor de la unidad en la verdad y la justicia. Cristo pudo comprobar directamente la rivalidad y el deseo de preeminencia de sus discípulos y apóstoles, por ello fue que dejó prevista una jerarquía dentro de su institución a la cual yo me adhiero como miembro de la Iglesia.

Jesucristo al integrar en sí todas las dimensiones humanas evita arrogarse la proclividad al pecado y puede, por ello, salvarnos a todos siendo Dios y Cordero Pascual que se sacrifica para lavar todas nuestras culpas morales; también asume la necesidad de institucionalizar que tiene el hombre, y con ella asegura la permanencia de su Mensaje en su correcta interpretación.

Como consta en el texto bíblico y repetía San Agustín “Dios aborrece el pecado pero ama al pecador”, por ello, cuando opiné sobre los actos de pedofilia y el encubrimiento de los mismos, pedí sanciones tajantes por parte de la justicia canónica y la terrenal.

Cuando joven tuve dudas profundas de fe, y ahora que a los setenta y siete años encaro la muerte como algo más próximo, también he sentido la duda, pero cada vez que voy a la iglesia y repito el credo, escojo la creencia en la perspectiva católica del Cristianismo en vez de la incredulidad. Por eso pude escribir el artículo Cuidado Crítico sin caer en la hipocresía ni en la inconsistencia, pues los conceptos ahí expresados no se confrontan, más bien se derivan de esta visión.

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Este artículo se publicó el  6  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Misericordia quiero, dice el Señor (II)

La opinión y el  Mensaje al Corazón que nos trae el Monseñor….
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Rómulo Emiliani, cmf.

Ahora bien, Jesús quiere que así como somos perdonados, perdonemos a los demás. Misericordia consiste en comprender que detrás de las ofensas que nos hacen hay almas enfermas, ciegas, ignorantes y que por lo tanto el perdonar implica un acto de sabiduría en donde nos compadecemos de las limitaciones humanas y no dejamos que el resentimiento y el rencor se adueñen de nuestras vidas. Perdonar setenta veces siete nos asemeja más a Dios y nos hace rendir honor y gloria al Amor eternamente compasivo de nuestro Padre.

La misericordia consiste en perdonar, pero también en sentir el dolor ajeno y a hacer algo por los demás. Dice San Agustín que misericordia es “compasión de la miseria ajena, que nos mueve a remediarla hasta donde es posible”. En la parábola del Buen Samaritano vemos hasta donde llega la misericordia del que atendió al apaleado “y medio muerto”. Se compadeció de éste y le dio todo lo que tenía en ese momento para aliviar su dolor y lo “subió a su cabalgadura” y lo llevó a una posada para ser atendido. Isaías 58,10 nos dice “Cuando des de tu pan al hambriento y sacies al alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad y tus tinieblas serán cual mediodía”. Jesús nos manda: “Den y se les dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en su regazo. La medida que con otros usen, esa se usará con ustedes”, (Lc. 6,38).

En el milagro de la multiplicación de los panes, vemos a un Jesús que no quiere que haya hambre en el mundo y manda a los discípulos a repartir el pan que de Dios viene, es decir a facilitar que todos participemos del Bien Común. Misericordia implica compartir lo que Dios nos ha dado. San Remigio dijo: “Se llama misericordioso al que considera la desgracia de otro como propia, y se duele del mal del otro como si fuera suyo”. Y el Señor “dirá a los que estén a su derecha: Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo.   Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer, tuve sed, y me dieron de beber;  anduve como forastero, y me dieron alojamiento”,(Mt 25, 34-35)“. Si somos misericordiosos como Dios lo es, con Él seremos invencibles a nuestra maldad y seremos felices.

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Este artículo se publicó el  29  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pentecostes

La opinión del Sacerdote Jesuita…..

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Rosendo Torres

Los hechos de Pentecostés, que viene del adjetivo numeral griego “pente y konta” i.e. cincuenta, hoy hace 50 días celebramos la Pascua. (4 de abril -23 de mayo), y en los Hechos de los Apóstoles nos habla de la efusión del Espíritu y fundación del nuevo pueblo de Dios .

Según Lucas en Hechos 2, 2-13 el Espíritu se repartió bajo forma de lenguas de fuego entre todos los discípulos reunidos que, según 1,15 serían unas 120 personas. Comenzaron a hablar “en otras lenguas”, según el v. 6 cada uno de los extranjeros les oía, en su propia lengua o dialecto. Lucas insinúa un milagro no sólo en los que oían sino también en los que hablaban v. 4. En todo caso es innegable porque para “otros” para quienes este lenguaje era ininteligible.

Sin entrar en disquisiciones sobre este fenómeno, podemos decir que la intención de Lucas es demostrar como en virtud del Espíritu Santo la predicación del Evangelio de Jesucristo se difundió desde Jerusalén a todos los pueblos.

En el Sermón de la Cena, según San Juan, Jesús nos habla del Espíritu Santo refiriéndose a esta Fuerza de Dios , como “el que nos enseñará todas las cosas , Juan 14 v. 25 “El Espíritu de la verdad que dará testimonio de Él, 15v.26. Se refiere a Él, como el Paráclito, es decir el Consolador en 16, 5-7, Os cumple que me vaya, sino, el Paráclito no vendrá a vosotros. El convencerá al mundo cuanto al pecado, cuanto a la justicia y cuanto al juicio. Y nos guiará en el camino de la verdad integral. El Espíritu glorificará a Cristo, porque recibirá de lo de Él.”

La liturgia por siglos interpretando el clamor de la cristiandad gime y clama diciendo: Ven, Espíritu Santo y consciente de la vaciedad de vaciedades que vivimos y queremos seguir viviendo, le ruega que llene la faz de la tierra, Reple tuorum corda fidelium; llena los corazones de tus fieles, y que ojalá estemos dispuestos a recibirlo pues el país entero lo necesita y más los miembros que participan en las prácticas de la Iglesia católica.

No deja de llamar la atención en la liturgia de esta fiesta que la Iglesia viene clamando como si hablara con el Espíritu con las palabras Veni, Sáncte Spiirtu ¡Ven, Espíritu Santo! Y lo repite y lo repite y el espíritu viene o no viene. Nadie lo ve. Pero sí está entre nosotros, sino sería inexplicable cómo espontáneamente el feligrés de todo rincón de la tierra a pesar de la fuerte crítica contra la institución eclesial, a pesar de la batalla montada por gente de adentro y de afuera, asiste devotamente y siente a su manera la acción del Espíritu que en muchos casos lo lleva a uno a decir la verdad y defenderla aunque no le favorezca. Sigamos pidiendo que venga a Panamá y que llegue a los sitios donde muchos no lo conocen.

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Este artículo se publicó el  23  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.