Pocas veces se puede hacer tanto bien con tan poco

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La opinión del Psicólogo…

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Carlos A. Leiro P.

La mentira enferma a la gente. Y la verdad sana. Me ha tocado aprender esto en mi consulta, viendo cómo la gente se enferma emocional y físicamente cuando vive dentro de una mentira y lleva una vida incongruente en su corazón.

También me ha tocado entender que las personas sanan cuando recobran la capacidad de apropiarse de su propia historia de vida, y son capaces de decirla sin tapujos. El solo acto de hacerse dueña de su verdad y alejarse de la mentira es de gran sanación para toda las personas.

Al igual que las personas, las sociedades se enferman por la mentira, y se sanan con la verdad. Y creo que Panamá está enferma por décadas de tanta mentira. Hay una relación directa entre mentira y enfermedad social.

Panamá está enferma por la mentira: mentira para comprar votos; para coimear en los contratos del Estado; para cobrar un sueldo sin trabajarlo; para dar “botellas” por favores políticos; para dar un golpe de Estado y luego llamarlo “revolución”; para hacer un madrugonazo que corta un derecho que le pertenece a toda la gente; para no declararse impedido en casos donde somos juez y parte; para comprar por cinco monedas, a nombre del país, algo que se consigue en el mercado por tan sólo dos; para echar tierra al pasado y decir que aquí no pasó nada.

En fin, se me ocurre que Panamá está enferma por la mentira de dejarnos comprar el alma por dinero.  Los bellacos y bellacas metidos en los cuarteles, el palacio y las cámaras han contaminado la sangre del país a punta de intoxicarnos con mentira; a punta de hacer del juega vivo un arte. Nos han enfermado al encumbrar la trampa como forma de hacer negocios y de salir adelante en la vida.

Si el Sr. Presidente quiere ayudar a sanar la fibra más enferma de este país necesita desarrollar pasión por la verdad. La selección que haga de estos dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia es crucial.   No soy abogado, pero creo que los nuevos magistrados sólo necesitan cuatro competencias básicas para hacer bien su trabajo:  independencia, calidad ética, mérito y, sobre todo, una profunda pasión por la verdad.

Una selección de dos magistrados con pasión por la verdad nos sanará poco a poco y nos hará realmente libres. De seguro temblarán las paredes de algunos edificios encumbrados. Pero se podrá empezar a hacer justicia. La mentira será declarada como lo que es: una terrible lacra social.

Una elección de magistrados o magistradas apasionados por la verdad empezará a adecentar a la sociedad como un todo. Se podrán declarar cosas sencillas y verdaderamente revolucionarias como “está mal robar”; “es malo matar a una persona”; o “es malo sobornar a otro para conseguir un favor o un contrato”; o finalmente “la ley castiga a los maleantes… aunque sean de cuello blanco”.

Es increíble el bien que pueden hacer a la sociedad unas cuantas buenas personas, apasionadas por la verdad, colocadas en posiciones clave. Y en Panamá, gracias a Dios, todavía los hay.

La responsabilidad del Sr. Presidente de hacer una buena, diáfana e irreprochable elección de nuevos los magistrados a la Corte Suprema es sencilla y a la vez monumental.

La profunda transformación cultural e institucional que el país necesita, y que servirá para materializar el anhelo colectivo de justicia que todos tenemos, comienza con un primer paso. Pocas veces se puede hacer tanto bien con tan poco.

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Publicado el  16 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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