Igualdad y participación política

La opinión de…

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Dayana M. Bernal Vásquez 

El derecho a la igualdad y participación política, establecido en la mayor parte de legislaciones en el mundo, es una construcción histórica, entretanto, supone reconocer y comprender el largo camino emprendido por hombres y mujeres para su consecución.

Si no hubiesen existido hombres y mujeres que lucharan por erradicar o abolir la esclavitud, la desigualdad o la subordinación genérica en todas sus expresiones, por solo mencionar algunas, no podríamos hablar tan siquiera de justicia y equidad social, igualdad de oportunidades y menos, de democracia.

En ese sentido, a las mujeres, en materia política (y en muchas otras) nos ha costado y nos cuesta más. Seguimos ocupando un lugar de subordinación con respecto al hombre. Hay quienes, todavía, consideran a la mujer una incapaz mental; un instrumento para la procreación; un mero producto de consumo y placer; un objeto inanimado que adorna el hogar; sin derecho a decidir, incidir o hablar por sí sola.

Todo ello se configura en la creciente violencia hacia la mujer en todas sus formas. A pesar, de los grandes avances legislativos que “reconocen” la igualdad la distancia entre el reconocimiento, la obligación y su cumplimiento, es lejano; ya que sin acciones y mecanismos que permitan la eficacia de las normas que garantizan tales derechos, no podremos cristalizar efectivamente la igualdad formal.

Nos cuesta más porque las mujeres, políticas o no, tienen que luchar por espacios en contra de los convencionalismos masculinos, socialmente establecidos, barreras discriminatorias y estereotipos sexistas. Superar esas imposiciones culturales, costumbres y conductas que nos colocan, única y exclusivamente, en la orbe de lo doméstico, es una lucha que aún continúa.

Ninguna habla o pretende acabar con el matrimonio o la familia, se trata de romper ataduras que limitan e imposibilitan la igualdad entre ambos, compartiendo, hombres y mujeres, iguales responsabilidades, obligaciones y derechos. No se trata de que las mujeres quieran ser hombres o suplantarlos, como erradamente se entiende y menos, ser oportunistas en base a nuestro sexo para obtener espacios.

Las cifras son claras, contundentes, innegables y muestran la limitada y escasa participación política de las mujeres y no precisamente porque el electorado así lo decide, es a lo interno de los colectivos donde se configura nuestra realidad. Entramos en una carrera con serias desventajas económicas, culturales y sociales; y en condiciones desfavorables que no contribuyen en nada al buen gobierno.

La representación igualitaria en política no se logra porque estemos en democracia. Hoy día, los postulados que fundamentan la igualdad de derechos políticos y aceptados universalmente han sido insuficientes cuando intentamos llevarlos a la práctica cotidiana si no se adecuan e insertan fórmulas y políticas públicas que así lo permitan.

Para consolidar y constituir Estados modernos, democráticos y de derecho es importante que todos los actores de la sociedad tengan iguales derechos de participación, representación y en condiciones que así lo permitan. Es a través de los mecanismos electorales y políticos que se puede acceder y ascender al poder para contribuir al desarrollo y progreso de nuestra sociedad.

En la política es necesario y se requiere que más mujeres se involucren y participen para que en la toma de decisiones y en la administración del Estado haya y exista una real, verdadera y efectiva convergencia igualitaria de hombres y mujeres que favorezcan la paz, convivencia y armonía social.

<> Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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El reto de la participación política de las mujeres

La opinión de……

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Dayana Bernal Vásquez

A pesar de que se reconozcan los derechos de las mujeres en tantos instrumentos jurídicos que se tengan, el poder “omnímodo” del machismo y la misoginia más exacerbada que aunque se diga lo contrario, y que a lo mucho se ha superado, pulula en nuestra sociedad como una progresiva y gravísima enfermedad de la que aún no se tiene cura por más estudios y análisis que de ello se tenga.

La larga lucha de las mujeres se centra en la conquista de sus derechos plasmados en leyes y tratados, léase derechos políticos, civiles e igualdad jurídica con respecto al hombre. Panamá es signatario de la mayor cantidad de compromisos internacionales para lograr la igualdad real, efectiva, plena y garantizada, sin embargo los acuerdos y leyes sostenidos en un papel fácilmente se pueden desechar en un tinaco.

Tantos siglos de subordinación genérica de la mujer parecieran no variar, no la hemos superado o simplemente nos acostumbramos a lo repetitivo del discurso que para qué luchar. Cada quien va del lado que más le conviene y como muchas veces he manifestado la unidad es un factor fundamental para lograr ese objetivo que se demanda: mayor participación política y cumplimiento efectivo de las normas conquistadas.

La historia es una gran espiral y pareciera que de ella no hemos aprendido nada. Cada quinquenio escogemos o nos hacen ver que elegimos a las personas más capacitadas y aptas para afrontar los grandes retos de nuestra sociedad y hacer de nuestro país un mejor lugar donde la convivencia, paz y armonía social deben imperar y no es así.

Es prácticamente absurdo llegar a pensar o visibilizar que hagan algo digno, transparente y honesto, o bien meten la mano o bien meten la pata. Sus acciones someten y mantienen al panameño común, porque “aparentemente” es una especie diferente a la clase política y económicamente poderosa, a vivir en el sosiego y la desesperanza cotidiana.

El gran debate de nuevas reformas electorales se ha iniciado y ojalá, en está ocasión, se realicen cambios importantes y verdaderos para tener una verdadera democracia y consolidarla con la participación activa de todos.

Es un enorme reto para que toda la sociedad una su voz y se introduzcan cambios que generen una nueva cultura política.

Asumamos este reto de luchar y lograr los espacios que nos vedan y cercenan a nosotras las mujeres; con firmeza y rectitud de planteamientos, organización, movilización; unidad inquebrantable; dispuestas a debatir, concertar, proponer y dialogar; con relevos de mujeres formadas y preparadas dejando muy en claro que somos humanas, ciudadanas y protagonistas, tanto como ellos, del desarrollo de nuestro país.

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Publicado  el   21  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Las mujeres en la vida política

Participación en la vida política de las mujeres

Dayana Bernal Vásquez
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El principio de igualdad es uno de los pilares de nuestros regímenes democráticos y preceptos jurídicos. Pero la realidad en materia de igualdad de oportunidades y condiciones es otra.

El establecimiento de normas que buscan, intencionadamente, favorecer a un determinado sector que hasta el momento se consideraba minoritario (en este caso de las mujeres) buscan revertir hasta eliminar las desigualdades que afectan a las mujeres creando espacios que propicien su participación. De esta manera se logra efectiva y realmente la igualdad que consagra nuestra carta magna y los diversos documentos supranacionales.

Sin embargo, la cuota electoral en muchas ocasiones ha sido y es atacada por su supuesta inconstitucionalidad. Una acción de inconstitucionalidad fue promovida por Luis Martínez Carrera contra el artículo 239 del Código Electoral que establece una cuota mínima de participación femenina del 30% en las postulaciones a cargos de elección popular o puestos dentro de los partidos políticos hace dos años.

La pretensión se basa en que dicho porcentaje viola los artículos 19 y 20 de la Constitución ya que asigna fueros y privilegios por razón de sexo a las mujeres, beneficio que vulnera el principio de igualdad pues favorece de manera injusta a quienes se encuentran en la misma situación que otros.

Es necesario indicar que conquistar el reconocimiento de iguales derechos políticos para las mujeres fue el resultado de una intensa lucha y que hoy día siguen vigentes conculcando los derechos más elementales a nivel mundial. Las cuotas buscan erradicar los modelos primitivos sobre el papel de la mujer y el hombre pues son grandes deficiencias que restringen el desarrollo con equidad de la sociedad.

La Procuradora de la Nación de forma acertada sentó un precedente en el país al solicitar a la Corte Suprema que declare constitucional dicha frase.

La vista emitida el año pasado atiende la posibilidad de no viabilidad del recurso instaurado. La Procuradora plasma con gran acierto un riguroso y detallado análisis de fondo y estudio del tema en controversia desde una perspectiva de género. Enfoque que desde la doctrina en los últimos años ha propugnado que en un verdadero Estado Constitucional de Derecho debe converger la igualdad de género y oportunidades.

Históricamente a las mujeres se les ha negado el derecho de participación política. Por ello, la aplicación de una medida positiva, internacionalmente aceptada, garantiza su derecho de elegir y ser elegidas. No se trata de un mero capricho legislativo, pues las mujeres han tenido que luchar por espacios en contra de los convencionalismos masculinos, socialmente establecidos; las barreras discriminatorias y los estereotipos sexistas.

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Publicado el 17 de julio de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La realidad de las cuotas electorales

La realidad de las cuotas electorales

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Dayana Bernal Vásquez
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La cuota electoral se introdujo en nuestra legislación hace más de 10 años, sin embargo, dando un breve repaso sobre la intervención en la toma de decisiones en la actividad política y el resultado en los distintos cargos a lo interno de los partidos políticos se puede observar que las mujeres son una minoría. El proceso de participación político-electoral femenina en nuestro país es lento. A pesar de que en materia legislativa se han realizado avances significativos, el acceso y ascenso al poder para las mujeres en igualdad de condiciones está lejos de cumplirse eficazmente en la práctica.

Las razones para no cumplir efectivamente con la disposición electoral son diversas. Desde las imposiciones socioculturales del sistema patriarcal androcéntrico que siguen presentes: las funciones preestablecidas de los géneros, la capacidad reproductora y la responsabilidad doméstica. Igualmente, los partidos políticos no promueven de manera garantizada y efectiva la participación femenina, no se fomenta la solidaridad partidaria, la mayoría de los dirigentes de partidos no se sensibiliza con los temas de género, las propias mujeres de los distintos partidos no exigen el cumplimiento de la norma, no hay a lo interno de los partidos una metodología de género ni una capacitación y formación política como tal y, en mi opinión, no existe un movimiento de mujeres verdaderamente unificado y fortalecido.

Las cuotas han dejado entrever que la discriminación de género en la actividad política no desaparecerá por sí sola y que la igualdad consagrada en las leyes no es suficiente para concretarla en la práctica.

Panamá, como un Estado constitucional de derecho, debe brindarle igualdad de condiciones a todos sus asociados, máxime cuando es signatario de una gran cantidad de documentos supranacionales que buscan erradicar la discriminación que por siglos ha afectado a las mujeres, estableciendo medidas especiales que van orientadas a garantizar la igualdad formal de hombres y mujeres.

Es necesario impulsar una reforma política y electoral profunda. Considero que este es el momento propicio para luchar por la reglamentación de la cuota electoral, estableciendo sanciones ante su incumplimiento, la obligatoriedad de incorporación de las mujeres en los procesos internos de participación de los partidos; el uso efectivo del porcentaje destinado para la capacitación política femenina; la alternancia de participación en las listas electorales; reforzar la labor de las secretarías femeninas como un ente fiscalizador; introducir en los planes de capacitación temas de género dirigidos a los varones y dirigentes de partidos políticos; crear escuelas de formación política y una red de capacitación en género; el seguimiento permanente de la evolución electoral femenina; e incorporar una cuota progresiva para adoptar un sistema de paridad e involucrar al Tribunal Electoral para que forme parte del seguimiento en los procedimientos de fiscalización de la cuota.

Las políticas públicas con equidad de género están presentes en planes, informes, leyes, pero falta ejecutarlos con firmeza, obligatoriedad y acciones de seguimiento; de esta manera se garantiza más espacios de participación política para las mujeres. Muchos son los retos, pero su consecución dependerá de nosotras. Cada una, desde el ámbito en que nos desenvolvamos, debemos ser conscientes de esta realidad, y contribuir a transformarla es impostergable. De esta manera, los principios de igualdad, libertad y solidaridad inherentes a cualquier sistema democrático deben estar presentes y requieren del protagonismo igualitario de hombres y mujeres en el ámbito público y privado.

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Publicado el 16 de julio de 2009  en el diario La Prensa