¡ Madres y colaboradoras del hogar!

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La opinión de la Abogada…..
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Ana Gilza Córdoba

Las roles impuestos a las mujeres, como administradoras del hogar, como cuidadoras perennes de hijos/as, esposos y adultos/as mayores y nuestra progresiva incorporación a los escenarios laborales supone la ejecución de maniobras que van desde contar con el apoyo de redes familiares intergeneracionales, integradas por mujeres (hermanas, abuelas, tías) para el cuido de nuestros/as hijos/as hasta la contratación de colaboradoras del hogar, para estos fines, así como la sensibilización paulatina de padres, esposos y hermanos para que se involucren en el trabajo del hogar (productivo).

Las diferencias entre quien cuida, -familiar o no- va a depender del patrimonio de quienes necesitan el apoyo. Tema aparte: quien cuida a los hijos e hijas de las domésticas cuidadoras, sobre todo, de aquellas que se desplazan transfronteras… el caso rumano es estremecedor, pues muchas madres se trasladan a países de la Unión Europea, dejando a sus hijos/as cuidado hasta de vecinos/as… algunos de estos chicos se han suicidado.

Otro punto es el cuido de infantes en guarderías y centros de orientación infantil. En Madrid, hace unos años, estuve en una casa de familia, que contaba con dos colaboradoras del hogar, una boliviana y otra brasileña, ambas tuvieron que dejar a sus hijos/as, para cuidar a la prole de esta familia española.

Que duro escenario para muchas mujeres, de aquellas que nacen dentro de contextos de pobreza y que se ven obligadas a desplazarse, porque dentro de sus realidades no hay estructuras diseñadas para educarse y optar por espacios de producción oportunos, o aun para satisfacer sus necesidades vitales y las de sus hijos e hijas.

Pero Panamá no es la excepción, muchas familias optan por contratar los servicios de colaboradoras provenientes del interior, quienes deben permanecer en las residencias de sus empleadores/as, mientras sus hijos/as permanecen en el campo, chicos y chicas que crecen sin el acompañamiento de sus madres…. pero cuantos de estos niños y niñas, por el trabajo de estas damas, son hoy profesionales que aportan a la patria.

Es así: hombres y mujeres incorporados en la producción económica, necesitan cuidadoras de sus hijos e hijas y la familia no está obligada a ocuparse de estos menesteres, en todo caso, si es su voluntad, una mirada de seguimiento. Plantearnos la solución al complejo dilema de la conciliación entre la vida familiar y laboral supone el diseño de estrategias que dignifiquen la vida humana, que el Estado junto a otros actores planifiquen y ejecuten políticas públicas que garanticen oportunidades para las mujeres.

En esta fecha especial, un tributo a estas señoras colaboradoras del hogar, que con su trabajo de cuidado a hijos e hijas que no son los propios han levantado a sus hijos e hijas, como hombres y mujeres que contribuyen a un mejor país.

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Publicado el 8 de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que le corresponde.

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Violencia contra las mujeres

La opinión de la Abogada….

Ana Gilza Córdoba

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Violencia contra las mujeres

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La violencia que viven muchas mujeres, sin distinción de raza, clase social, religión, edad o cualquier otra condición, es una situación generalizada y Panamá, lamentablemente no escapa a esta realidad.
En este orden de ideas, hay que reconocer la existencia de mujeres en mayores condiciones de vulnerabilidad que otras. La pobreza, unida a la ausencia de redes de apoyo familiar adecuadas, la falta de oportunidades laborales, las guerras, los conflictos internos que obligan al desplazamiento forzado interno o transfronterizo, la ausente o limitada instrucción académica son elementos, que entre otros, forman parte de un caldo de cultivo idóneo para violaciones de derechos. Frente a tales circunstancias, las redes de tratantes, por mencionar un solo ejemplo, no desaprovechan la oportunidad de abastecerse de mujeres… esto, sin analizar el fenómeno de la revictimización del que pueden ser objeto las mismas, cuando sus casos pasan a ser procesados por el Estado.

No significa entonces, que las mujeres preparadas académicamente y con autonomía económica, podamos “salvarnos” de la violencia que históricamente se ha ejercido contra nosotras, pues al hablar de “violencia contra las mujeres”, debemos incluir en este marco toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo femenino que menoscabe el ejercicio de nuestros derechos, en cualquier ámbito, ya sea este político, social, cultural, económico o civil y, claro, podemos ser (y somos) víctimas de violencia de género y doméstica.    Si contamos con conocimientos y herramientas que nos ayudan a enfrentar a los/as ofensores/as, hay que agregar un escenario institucional que violenta a las mujeres, pues el mismo, en muchos aspectos, está aun imbuido de una óptica patriarcal y androcéntrica.

Que sean más mujeres víctimas de violencia de género que hombres, responde a un proceso de construcción histórico socio-cultural, que supone de nosotras y de los hombres estereotipos comportamentales que propician escenarios de subordinación y control, de misoginia (odio hacia las mujeres).    Basta revisar las cifras que dan fe de muchas panameñas que han muerto asesinadas por conocidos y extraños.   Al asesinato de mujeres por su condición de tales se le llama Femicidio.   En Ciudad Juárez, por ejemplo, las cifras de mujeres asesinadas son aterradoras, ya conocer la forma en que mueren las mismas supone de la sociedad en general y principalmente, de los familiares de las víctimas importantes niveles de resistencia.

Panamá, ha adoptado la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convención de Belém Do Para)   Este instrumento, entre otros, ha sido motor de diversas acciones ejecutadas por el Estado para abordar el tema de la violencia contra las mujeres.

La erradicación de la violencia contra nosotras, debe ser un compromiso de los diversos actores que integran la colectividad.    Sí, debemos luchar por mejores días para las mujeres, pues sólo será el reconocimiento y el respeto irrestricto de todos los derechos de las mujeres las condiciones indispensables para su desarrollo individual y para la creación de una sociedad más justa, solidaria y pacífica.

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Publicado el 21  de octubre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

Nichos y mujeres

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Nichos y mujeres

Ana G. Córdoba – Abogada
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La realidad es así: Las mujeres hemos luchado (y luchamos) denodadamente para incorporarnos al desarrollo humano, y para lograrlo, el apoyo de las instituciones y organismos, así como de la sociedad civil, han resultado fundamentales.

Recordemos a Olimpia De Gouges, precursora del feminismo, quien redactó en respuesta a la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía. Sería guillotinada por esto. En su Francia, con sus recién estrenados valores de Igualdad, Libertad y Fraternidad, esta mujer sería decapitada por su osadía al ejercerlos, o más bien, al proclamar ejercerlos. Más cercana resulta, tanto en tiempo como en lugar, la licenciada Clara Gonzalez, primera abogada panameña, defensora a ultranza de los derechos de las mujeres. En homenaje a su invaluable aporte a las panameñas, el Estado produce períodicamente un informe que lleva su nombre y que da cuenta de la condición de las mujeres de Panamá, desde distintos puntos de vista. Hace pocos meses se publicó el último informe.

Sin embargo, a pesar de pasos valiosos que hemos dado, la realidad nos golpea con cifras que dan fe de mujeres violentadas en sus derechos, precisamente por su condición de mujeres. De una sociedad que impone a través de los medios, una imagen estereotipada, que para muchos/as resulta la clave del éxito, de modelos que obligan a muchas a un constante cuestionamiento de su apariencia física, a devaluarla si no corresponde con los parámetros de lo atractivo, situación que lamentablemente ha llevado a muchas, a someterse a dietas extremas que han puesto en peligro aun sus propias existencias y de hecho, han llevado a varias a la muerte.

Nuestra aldea global impone la aplicación de medidas que permitan la participación activa de las mujeres en el Desarrollo Humano; para lograrlo, es fundamental seguir fortaleciendo las líneas de acción que ya se han diseñado. Sin embargo, el precio que debemos pagar por ello, resulta complejo y largo. No es fácil romper con esquemas estereotipadados que impulsan a las mujeres a proyectarnos en nichos ya identificados, de los cuales resultaría difícil escapar, más no imposible. Lo estamos logrando, si, con el apoyo de agentes claves.

En este contexto de ideas, es importante recordar que las mujeres no sólo debemos ser indentificadas con lo “social”, si bien, este abordaje forma parte de nuestro accionar, somos más que esto, somos mujeres y profesionales activas de distintas y muy complejas disciplinas. Y como tal, podemos ubicarnos en cualquier nicho que demande una persona comprometida, preparada y activa.

Hemos dado pasos importantes, hay que seguir trabajando.

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Publicado en 16 de julio de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.