Crecimiento económico y ¿beneficio social?

La opinión de la Economista, Educadora, Humanista…

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ
diostesalvepanama@yahoo.com

Hace varios quinquenios viene hablándose del crecimiento sostenido de la economía panameña. Situación que trajo consigo el arribo de inversiones extranjeras y especulaciones varias.

Con este flujo de capitales, también se incrementa la migración foránea, en busca de esparcimiento, diversión;  y de millonarios o de jubilados que informados de las bondades que ofrece nuestro país para disfrutar de una vida pacífica y con un costo relativamente bajo, con relación a sus recursos o altas pensiones de retiro laboral, se interesan en residir en nuestro país.

De igual forma, llega un considerable grupo de personas en edad productiva, en busca de nuevas oportunidades de empleo y mejor calidad de vida.

Otros aspectos importantes, en el crecimiento económico son: la ampliación del Canal, el desarrollo de las finanzas, comunicación y logística, áreas consideradas como estratégicas de la actividad económica, para asegurar generación de empleos y mayor contribución al tesoro público, mediante la carga impositiva.

De hecho, si el escenario planteado es alentador, también trae sus fallas. Es evidente el encarecimiento en el costo de vida del nacional, que no puede competir con el alto poder adquisitivo de los extranjeros residentes, influyendo con sus demandas por bienes y servicios en los precios del mercado, en detrimento de los nacionales. Ello aunado a la mala distribución de la riqueza afecta el escuálido bolsillo del panameño.

La canasta básica de alimentos se viene incrementado, producto de la fluctuación del petróleo y la especulación comercial, aún cuando el gobierno continúa con las conocidas ferias libres del Instituto de Mercadeo Agropecuario.

Toda esta movilidad de capital humano y financiero, trae consigo innovaciones en todas las áreas del cotidiano vivir. Surge la necesidad imperante de modernizar las urbes. Tal es el caso de la ciudad capital, donde se observa la necesidad de nuevas vías y la ampliación de las ya existentes; así como el completo abastecimiento de agua potable y saneamiento ambiental.

Otro punto sensible, es el referido a los niveles de seguridad pública, el cual ha resultado el talón de Aquiles en las diversas gestiones gubernamentales de las últimas décadas.

De esta situación no escapa la actual administración. Y es que el crecimiento económico también trajo consigo el aumento de la delincuencia común y la entrada de organizaciones criminales. Los carteles del narcotráfico colombiano y mexicano, entre otros, que introducen nuevas modalidades delincuenciales como el sicariato; pero además fomentan las pandillas y cierto nivel de corrupción gubernamental; creando un ambiente de incertidumbre y desasosiego en la población.

Es inminente que tanto la actual administración gubernamental, como las que vengan deberán dejar de lado intereses y diferencias personales o partidistas, para establecer, responsablemente con seriedad y objetividad, políticas de Estado coherentes en materia de desarrollo social, urbanístico, administración de justicia (criminología y resocialización), que respondan a las necesidades de un desarrollo humano y económico con equidad, que asegure dignidad y calidad de vida a todos los habitantes.

 

Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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El arte de gobernar bien

La opinión de…

 

Darío Suárez

Aproximadamente, medio año antes de celebrarse las elecciones de 2009 un estimado amigo convidó a otro a ayudar al actual gobernante a ganarlas.   Al respecto este respondió que realmente ese aspirante no necesitaba más ayuda porque el rechazo contra el partido PRD y su aliado en su gestión de gobierno era tan extendido, en todas las capas sociales y tendencias políticas del país, que, independientemente del candidato que colocaran para tratar de ganarlas y continuar gobernando, él ganaría ampliamente como abanderado de los rechazantes.

Pero, añadió, donde sí necesitaría orientación y asistencia era en la tarea de gobernar, si es que lo quería hacer bien. Porque gobernar bien no es simplemente mandar, sino hacerlo para la mejoría o el bien y beneplácito de la más grande mayoría posible de los gobernados: tanto de los que lo eligieron, como de los que no. Para ello, tendría que realizar su gestión de acuerdo con un conjunto de preceptos y reglas para hacer las cosas bien, con habilidad, idoneidad y respeto para con los demás… lo que constituiría un arte.

Entre un plan de gobierno y los propósitos de un gobernante, está no solo el cumplir las promesas de campaña proselitista y, si puede, mucho más, sino el hacerlo con los preceptos y reglas vigentes de convivencia democrática, dentro de un estado de derecho basado en la separación y armoniosa colaboración autónoma de los tres poderes clásicos: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

Por lo que cuando este equilibrio se disloca y uno de los poderes doblega o suplanta subrepticiamente a alguno de los otros se arruina la institucionalidad, se pierde la confianza en sus ejecutorias, se mancha la acción de gobierno, se descalifican los gobernantes, florece el autoritarismo con sus secuelas de corrupción, y se perjudica a los gobernados.

Por las premisas expuestas, un gobernante debe tener la habilidad o, al menos, la intuición de escoger los mejores consejeros, colaboradores y asistentes que lo orienten con carácter a ejecutar una acción de gobierno que preserve los valores cívicos, institucionales, vernáculos, culturales, morales y sociales, y promueva su desarrollo como motor de un crecimiento no sólo material sino espiritual. Ello resulta particularmente importante en un mundo en que parece prevalecer el bienestar del egoísta poderoso sobre la sobrevivencia digna del desvalido. Encontrar ese norte y los colaboradores que lo acompañen a seguirlo es el camino más difícil y sólo lo recorren quienes tienen vocación de estadistas o de prohombres.

Empero, la mayoría de los gobernantes no entienden tal encrucijada y, aunque alguna vez hayan tenido la intención de perseguir la grandeza, algunos se dejan dominar por la vanidad; la promoción del culto a su personalidad; y, por ambiciones de permanecer en el cargo más allá del período constitucional al que pretendían servir, utilizando para su cometido diferentes métodos según el momento psicológico y su grado de poder, y olvidando su obligación moral de mejorar material y espiritualmente a la mayoría de sus gobernados.

Tal vez el error más propagado es el de que si se promueve en un país un sobresaliente crecimiento económico a cualquier costo –como el del sacrificio de la transparencia; de la competencia, esquivando licitaciones; de congelación de costos de la canasta básica, aumentando el ITBM o el costo del combustible y energía; de evitar el despilfarro de construir un edificio–torre gubernamental estrafalario y provocante de caos vial y urbanístico; o, de conservación de áreas, cuencas hidrográficas y montañosas sin contaminaciones desertificantes que propicia la explotación minera en manos propias o privadas, o, aun peor, de gobiernos extranjeros que expondría a Panamá a potenciales litigios o hasta a adversos laudos internacionales– se obtendría un desarrollo humano mejor que si fuera a la inversa.

Los estudios de reputadas instituciones de crédito (Banco Mundial), como de economistas internacionales de reconocida solvencia, y hasta de nacionales incluso en trabajos de graduación, han demostrado que siempre es preferible poner más hincapié en el desarrollo humano primero que en el crecimiento económico, para llegar mas rápido a ese crecimiento económico o a uno mayor, que poner la carreta por delante de los bueyes y llenarse la boca con que por crecer económicamente desaforadamente el país ha alcanzado elevados puntajes en entidades calificadoras de inversión y un alto crecimiento coyuntural en el producto interno bruto, mientras a pesar de ello la pobreza crece en las clases bajas, sigue estancado el consumo de calorías y proteínas, y, por las políticas públicas heredadas, el sector agrícola continúa sin recobrar el nivel satisfactorio que antaño tenía y que abarataba el costo de la canasta básica.

Panamá ha sido bendecida con su posición geográfica; con su copioso régimen de lluvias y de aguas subterráneas, por su vegetación y configuración montañosa; y, con la calidad de su gente, entre la que, a veces, ha contado con personas visionarias, tanto pensantes como ejecutoras.   Por ello, pudiera conservar y mejorar la calidad de vida de sus habitantes si cuida lo que tiene (como lo es una buena agua potable, el oro del futuro) y si hasta logra producir energía no contaminante –o a un grado ínfimo– sin alterar ni dañar la naturaleza ni el ciclo del agua, como los dañaría la minería, perjudicial en cualquier balance costo-beneficio que se haga. Sólo le faltan gobernantes que quieran gobernar bien… como un arte.

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Este artículo se publicó el 4  de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hacia un pacto ético de salud

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La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

He escuchado a las autoridades, tanto del Ministerio de Salud como de la Caja de Seguro Social informar que se construirán nuevos hospitales, porque la demanda supera la oferta. Actuar así es mantener el círculo vicioso: más pacientes, más hospitales, más hospitales, más recursos empleados en terapia, más pacientes.

No lo vamos a romper creando más hospitales, sino orientando nuestros esfuerzos hacia programa de desarrollo humano sostenible, con promoción de la salud, prevención de la enfermedad y la atención precoz, eficiente y eficaz de los pacientes. He ofrecido mis puntos de vista en innumerables escritos y he tenido la oportunidad de debatir sobre el tema con especialistas de otras regiones. Hay un común denominador: eliminar las inequidades sociales y reforzar la atención primaria.

La presencia de un paciente en un centro de salud o una policlínica es indicativo de que algo estuvo mal.   El nuevo paradigma de la medicina se está dirigiendo hacia lo social: incluir nuestras relaciones sociales como parte de la fisiología humana. En un país con una situación socioeconómica equitativa y estable y en donde las causas de estrés sean reducidas, las tasas de morbilidad serán bajas. La gente se enfermará menos, se morirá a edades más tardías y conservará una buena calidad de vida. Esto significa que el esfuerzo de toda política gubernamental ha de dirigirse hacia el mejoramiento de la situación socioeconómica de la población.

Ese debe ser el punto de partida, o si se quiere, el objetivo fundamental de toda política de Estado. Los gobiernos no deben contentarse con el crecimiento económico sino en hacer un círculo virtuoso entre el crecimiento económico y el desarrollo humano sostenible. Un crecimiento económico que se distribuya entre toda la población pensando en las generaciones futuras. Es por eso que antes de que se tire la primera piedra de los hospitales, le propongo al Gobierno diseñar, en conjunto con el equipo de salud y la sociedad, un pacto ético de salud que siente, en primer lugar, las bases de un programa de desarrollo humano sostenible para lograr que los parámetros socioeconómicos de los panameños mejoren, se enfermen menos y se logre demostrar lo inútil y costosos que son esos hospitales.

En segundo lugar, mejorar toda la red de atención primaria en el país. Deberíamos cambiar la ecuación y en vez de que el paciente busque al médico en el consultorio, sea el equipo de salud el que visite a la persona en su ambiente laboral y doméstico. Es decir, apostemos por la salud y no por la enfermedad. Todos los pacientes tendrán su médico de cabecera para que atienda su enfermedad. El médico amigo que conoce bien su problema biológico, emocional y social. Pero además, tendrá un equipo técnico que le ayudará a prevenir las enfermedades, que se encargará de detectar todas las alteraciones que pueda tener una persona antes de que aparezca la enfermedad.

¿Qué sucede cuando una persona se enferma? Si es en horas laborables, acudirá a su médico de cabecera sin cita previa. Si no es en horas laborables, al cuarto de urgencia de su unidad ejecutora o de otra unidad ejecutora. Si el paciente está muy enfermo, se queda en el hospital. Si no lo está, se le comunica al equipo de salud de la unidad ejecutora a la que pertenece el paciente, para que le haga una visita domiciliar. La idea es que en los hospitales permanezcan los pacientes que requieren una monitorización continua o los postoperados de cirugías mayores. Una vez egresen del hospital, el equipo de salud los atenderá en sus casas las veces que estime necesarias.

Recordemos dos cosas: los hospitales son edificios enfermos en donde conviven gérmenes resistentes a la antibióticos y a la terapia convencional, y no hay un sitio mejor para un paciente con una enfermedad moderada o leve que su propio entorno, asistido por el equipo médico.

En tercer lugar, replantear la responsabilidad que tiene el médico y demás trabajadores de la salud en la atención personal, familiar y laboral de las personas, y en cuarto lugar, comprometernos a cambiar la cultura de la curación, enraizada en la sociedad, por la cultura de la salud. No ir de la enfermedad a la salud, como se hace en la actualidad, sino atrasar la presencia de la primera.

En resumen, un pacto ético en el que el Gobierno se comprometa a implementar un programa de desarrollo destinado a satisfacer las necesidades básicas de la población, en el que el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social refuercen la red de atención primaria, en el que el equipo de salud se comprometa a ofrecer una atención eficiente, eficaz y oportuna, y la población exija su derecho a participar en la toma de decisiones y en la fiscalización de los programas.

El Dr. Franklin Vergara conoce muy bien este plan desde que trabajó conmigo en la Amoacss, pero parece que el ejemplo de su nuevo maestro, el excelentísimo, lo está llevando por otros derroteros.    Soy consciente de que con este Gobierno hablar de un pacto ético equivale a enseñarle una cruz a Drácula.   Basta ver el trato cuasi criminal que le están dando a la crisis del agua,   en el que han dejando en el abandono a miles de familias, pero garantizando el suplemento a los grandes comercios. Lo grave es que las autoridades ya sabían que venía la crisis y no tomaron ninguna medida.   Claro que se completará la privatización del agua, enriqueciendo más a los grandes gamonales que la venden.   Pero, enseñémosle la cruz a Drácula.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Institucionalidad para el desarrollo humano

La opinión de….

Paulina Franceschi

Panamá es un país que en los últimos 20 años ha realizado progresos significativos en muchos campos, pero subsisten algunos problemas, particularmente en el campo institucional, que de no enfrentarse pueden comprometer la sostenibilidad del desarrollo en el mediano y largo plazo.

Motivada por recientes experiencias y una profunda reflexión sobre qué nos pasa como país, me animo a escribir estas líneas con la convicción de que comunicando a otros pensamientos, dudas e inquietudes podremos contribuir a una seria y serena reflexión sobre esta nación que se debate en una realidad a veces preocupante, aunque a ratos necesaria.

Y quiero iniciar esta reflexión a partir del último Informe Nacional de Desarrollo Humano de Panamá 2007-2008 que abordó un tema, en su momento polémico, pero que con el paso del tiempo recobra una mayor vigencia: la institucionalidad del Estado panameño.

¿Qué relación guarda estetema con los acontecimientos del dietylene glicol, el incendio del bus en el que mueren calcinados varios panameño (as) y lo acontecido recientemente en Bocas del Toro, en donde igualmente perdemos vidas humanas?

La respuesta es que sí hay una gran relación entre estos hechos y la institucionalidad. Y que, precisamente, el costo en vidas humanas es uno de los costos de no hacer cambios/reformas institucionales a favor del desarrollo humano de la gente, como también lo es el costo en la pérdida de potencialidades humanas no realizadas, la preservación de condiciones inaceptables de desigualdad, la continua transmisión de dichas condiciones entre generaciones, el ejercicio recortado de la libertad y el deterioro progresivo de las condiciones mínimas para la gobernabilidad democrática.

¿Por qué pasa esto? ¿En qué estamos fallando? ¿Cuáles son las reglas del juego que operan a lo interno de las instituciones públicas y no públicas de la sociedad? ¿Qué tiene esto que ver con los hechos? ¿Cuáles son los aspectos que están presentes en los tres hechos antes mencionados?

En primer lugar, ninguno de los actores y/o instituciones respectivas que tuvieron en sus manos la capacidad de evitar el “hecho” intervino de forma adecuada cuando ha debido hacerlo.

Segundo, en los tres hechos, las normas formales probaron ser inoperantes, no funcionales y se operó sin los debidos controles y una adecuada evaluación de lo actuado.

Tercero, dirimir responsabilidades y responsables ha resultado, hasta el momento, en un proceso inconcluso.

Cuarto, se evidencia ausencia de procesos (manual de procedimientos) para el manejo de situaciones diversas según el contexto.

Quinto, en todos los hechos señalados, se perdieron vidas humanas y en otros dejamos profundas heridas de resentimiento.

Todas nuestras acciones reflejan un cierto acuerdo social, una institucionalidad sobre cómo nos estamos organizando en función de sociedad y/o Estado. Lo aquí indicado habla de una institucionalidad, tanto formal como informal, tanto de orden público como de orden privado, es decir, de un sistema de reglas de juego que no garantiza el “deber ser” de las instituciones intervinientes, generando así una mayor desconfianza ciudadana hacia éstas, con el riesgo enorme de deslegitimarlas, de un mayor debilitamiento de intereses colectivos y el aumento del malestar social en nuestro país y, por ende, debilitar nuestra naciente gobernabilidad democrática.

Como vemos, el problema no es de un gobierno, ni exclusivo de éste, está presente y no hemos podido aún cambiar y reformar la institucionalidad heredada.

Para ello, Panamá tendrá que instaurar un nuevo “contrato social de inclusión” que sea cónsono con los objetivos y principios del desarrollo humano. Demorar en atender las debilidades institucionales que mantiene nuestro país retrasa el desarrollo humano del panameño y nos impide alcanzar nuestro potencial como sociedad. Necesitamos transformarnos e implementar los cambios estructurales que el país requiere, a fin de que las presentes y futuras generaciones puedan mejorar su nivel de bienestar, afrontando con éxito los retos que ya nos plantea el mundo actual y la globalización.

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<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Del ‘power point’ al ‘power people’

La opinión de la Diputada de la República…

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Marylín Vallarino

Esta frase tan simple y tan sensata la dijo el ex presidente colombiano Álvaro Uribe cuando quiso ejemplificar la diferencia entre trabajar para la gente encerrados en cuatro paredes, elaborando cifras y gráficos que reflejan una percepción algo parcializada o cuando, por el contrario, se experimenta la realidad del entorno mediante el contacto directo con las comunidades.

Confieso que cada vez que asisto a conferencias internacionales que hablan sobre “el estado del arte”, en lo que respecta a temas tan relevantes como el empoderamiento de la mujer, como uno de los objetivos de desarrollo del milenio, o del terrible flagelo de la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes para convertirlos en esclavos modernos con fines comerciales y sexuales y otros temas que afectan de manera directa a esta población vulnerable, no puedo evitar cierta desazón al comprobar que se han convertido en conversatorios interminables sobre lo que se debe o no hacer, muchos diagnósticos, buenos deseos, leyes a granel, recomendaciones y acuerdos para en próximos encuentros seguir debatiendo sobre lo mismo, una y otra vez, sin aterrizar en respuestas prácticas y confiables.

Ese es uno de los grandes problemas que enfrentamos para paliar los males que aquejan a nuestra sociedad. Nos hemos quedado estacionados en el dicho, y el trecho que nos falta para llegar al hecho se antoja cada vez más lento por obstáculos como la falta de voluntad, la pesada carga burocrática o simplemente el desinterés.

Una de las pocas buenas cosechas que he tenido la posibilidad de presenciar como testigo de excepción fue en un encuentro al que asistí con otros legisladores del continente realizado en Cuenca, Ecuador, en un congreso denominado “Combatiendo la Violencia Contra las Mujeres y las Niñas”; cuando tuve la oportunidad de exponer el vía crucis experimentado por la familia de Alí Cuevas para que se hiciera justicia en su caso, ya que el homicida se encontraba amparado por las influencias de un hermano legislador del Congreso mexicano, mis colegas mexicanas no daban crédito a lo que les exponía y terminaron declarándose ignorantes de lo que estaba sucediendo, pero comprometidas a esclarecer ese caso.   Afortunadamente, a pocos días de cumplirse un aniversario del asesinato de Alí, nos llega la buena noticia de la condena a 42 años y seis meses de su victimario.

Me doy cuenta de lo importante que es esa solidaridad genuina para lograr los objetivos que a nivel de país y región nos debemos seguir trazando para alcanzar el nivel de calidad de vida que todos merecemos tener. El ingrediente fundamental es el accionar, abrir los ojos a esa realidad que nos golpea a la cara y empezar con pequeñas acciones, desde la individualidad hasta lo familiar, desde lo vecinal hasta lo comunitario, desde los corregimientos hasta las provincias y de allí a nivel país.

No basta sólo estar preñado de buenas intenciones o que nos condolamos por un episodio de injusticia o inequidad hacia un semejante; debemos tender la mano no sólo para meterla en el bolsillo y dar dinero (lo cual es necesario pero no sustentable), debemos poner en práctica la solidaridad en el conocimiento, en el ejemplo, en lo que podemos aportar desde nuestro nicho particular y transformarlo en práctica eficiente y modeladora para beneficio de pocos o de muchos, lo importante es hacer.

Ayudar a transformar la incapacidad en capacidad, como lo expone Amartya Sen (Premio Nobel de Economía), las personas en situación de desventaja, por falta de educación, pobreza, maltrato o explotación, no deben ser consideradas como entes pasivos que sólo reciben ayuda, sino como motores de generación y cambio de desarrollo y justicia con una guía oportuna; modelo que aplicamos en Fundader Arraiján, donde de manera holística proveemos a nuestros beneficiarios de herramientas para su autonomía.

El desarrollo se basa en la libertad y oportunidad de superar la incapacidad, esto incentiva a los individuos a aumentar sus capacidades innatas para que les permitan vivir de mejor forma, asegurándose un mayor desarrollo y bienestar. Esa es la forma más inteligente y perdurable de poder transitar del “power point” al “power people”.

<> Este artículo se publicó el 29  de septiembre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Riquezas misteriosas

“Lo alarmante y aberrante son las enormes diferencias de estilos de vida de las gentes en muchos países. Las brechas educativas, culturales y sanitarias son abismales. Y no solo ofenden la civilización, sino que son la injusticia social viva. Y la causa directa del analfabetismo, las enfermedades, la violencia, la delincuencia, la prostitución y la inseguridad. “ A continuación completamos este interesante artículo de opinión del Médico y Ex Ministro de Estado….

GUILLERMO ROLLA PIMENTEL

Que existan riquezas es bueno y ricos también. Lo que no es bueno es que también haya pobres. La pobreza, no es solo un dato estadísticos o un Índice de Desarrollo Humano. Basta ver las comunidades indígenas y los barrios marginales de cualquier ciudad del continente.   Lo alarmante y aberrante son las enormes diferencias de estilos de vida de las gentes en muchos países. Las brechas educativas, culturales y sanitarias son abismales. Y no solo ofenden la civilización, sino que son la injusticia social viva. Y la causa directa del analfabetismo, las enfermedades, la violencia, la delincuencia, la prostitución y la inseguridad.

Sobre sus causas se publican muchas excusas. Pero nadie puede negar que es un fracaso de los sistemas con que en la historia se han administrado las civilizaciones, desde los Sumerios y aun después de Cristo.   ¿Serán solo la inteligencia, el trabajo y la codicia sus reales bases?   ¿O lo han sido las guerras, los saqueos, las explotaciones, el abuso, la violencia, el fraude y la corrupción?   Sin duda, muchas fortunas han sido producto del esfuerzo y el ahorro generacional, de empresarios creativos, éticos y disciplinados. Pero muchas cuentas bancarias, propiedades, tierras y acciones han salido de la especulación, las coimas, los gobernantes ladrones y las dictaduras.

El gran ‘negociado’ actual que se ha denunciado es el narcotráfico.   Que al parecer da enormes dividendos. Y eso se ha conocido local e internacionalmente.   Inclusive al alto nivel militar de liderazgo del PRD.   Sin duda, esa narcomafia militar debe tener muchos cómplices en el tráfico y tumbe de drogas a los colombianos, y que siguen agachados, cínica e impunemente dictando clases de democracias. Así como muchos otros que hicieron sus negocios con ellos.

Pero las más importantes ganancias vinieron de otra inmensa área, que fueron las ‘armas’. Y que fue la verdadera razón de USA para llevarse a Noriega y destruir la dictadura en Panamá.   De aquí los gringos no se llevaron ni un kilo de cocaína, pero sí miles de armas de todo tipo y procedencia. Un arsenal que consideraron era peligroso para su seguridad.

Al principio fue solo equipo bélicos ‘made in USA’ en tiempos de Torrijos.   En fin, era su espía y servil de confianza para dejarnos en su paraguas a perpetuidad. Pero Noriega diversificó las importaciones de equipos de diferentes países, y USA perdió el control del arsenal almacenado aquí.

Digo la excusa del control militar, porque la verdadera razón fue la perdida del mercado multimillonario de las armas.   A nadie escapa que dos negocios tan grandes e ilícitos como las drogas y las armas en cualquier país, incluyendo a USA, no se pueden realizar sin el padrinazgo de las autoridades civiles o policiales.   Por eso Noriega, y muchos más, guardan el código del silencio en diferentes países. Pero esas grandes ganancias siguen escondidas en cuentas bancarias cifradas o a nombre de testaferros, en empresas de fachada aparentemente legales o en consorcios representados por prestigiosas firmas de abogados.   O en Europa, donde Torrijos hacia los depósitos.

Recién cayó la dictadura se hicieron serias investigaciones por agencias especializadas internacionales, para darle seguimiento a esas fortunas tránsfugas y misteriosas.   Algo se encontró. Pero la gran parte sigue oculta en el laberinto internacional creado por banqueros, economistas, financista, militares y políticos, algunos del PRD. Dineros que les ha permitido vivir en lujos, pagar abogados, campañas publicitarias y electorales; y, sin duda, aún les queda muchísimo, porque fueron centenares de millones de dólares en que se calcularon sus fortunas. Sin duda, los que heredaron de hecho, la fortuna (empresas), incluyendo el poder, fue Noriega por ser el jefe de seguridad, sus banqueros y abogados por conocer sus secretos.

Pero volviendo a la distribución de la pobreza. Esas fortunas malhabidas deben continuarse investigando y reabrirse otras en forma ejecutiva y sumaria por una fiscalía especial, aún con más capacidad de acción, de lo fue la DRP, para recuperar esos dineros que son del pueblo y que servirían para indemnizar a las víctimas de la dictadura, pagar parte de la deuda que nos dejaron y apoyar los programas sociales del Cambio… para un Panamá Mejor.

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Este artículo fue publicado el  21 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde. También fue enviado directamente a Panaletras para su publicación por el autor.

Pelea por tu beca

La opinión del Profesor Titular de Psicología Clínica y miembro de la Asociación Panameña de Psicólogos…

Jorge I. Cisneros

Desde todos los ángulos que la inteligencia y el conocimiento permiten, se han hecho observaciones sobre “Pelea por tu Beca” y lo voy a decir en las palabras del Doctor Miguel Antonio Bernal, es una estupidez. Defiendo la rudeza del término y la justa indignación del jurista, porque cuando se promueven acciones desacertadas y lesivas a la seguridad de cualquier ser humano, pero en este caso de los niños, enmascaradas en ideales de educación y promoción de valores, se atenta contra la dignidad y el respeto de la Nación entera. Teresita de Arias, psicóloga y conocedora de los derechos humanos, elevó con nitidez sus objeciones.

Desde el plano biológico, específicamente neurológico, sabemos que la edad para la cual se convocó este evento, está caracterizada por la falta de madurez y que lesiones incipientes pueden tener consecuencias inmediatas o a largo plazo. Desconocen o niegan los promotores de este proyecto, que en el plano psicológico también existen procesos y que los niños y niñas, ya que en la primera puesta en práctica, (pues hubo combates de niñas), existe un proceso de maduración, lo cual ubica a las personas de estos grupos etarios, como incapaces de consentir.

Las razones científicas abundan, las jurídicas han sido expuestas por la Defensoría del Pueblo y la Secretaria Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del Mides, advierte de los: “efectos que podrían dejar entre los niños.” Las voces que han cuestionado esta decisión piden que se respete la Convención de los Derechos del Niño.   Alejandro Ganci, de la Asociación Conciencia Ciudadana escribió que: “Se han detectado anomalías cerebrales en un 41% de los practicantes de boxeo versus el 14 % entre los practicantes de otros deportes de “colisión”; es más, un 87% de boxeadores padecerá algún grado de lesión cerebral e lo largo de su vida.”   El Arzobispo elevó su voz diciendo que “no es la forma de incentivar a un niño.” y en el caso de los concursos de bellezas de las niñas, dijo:   “Estos concursos matan la inocencia de los niños.” Igualmente la Gobernadora de la Provincia Mayín Correa, manifestó su desacuerdo.

Que más se necesita para convencer a personas que hacen del desacierto su modus operandi.   Si mirásemos con indulgencia -más allá de la que permite la razón- el fondo de este programa y valorásemos la intención de que el objetivo primordial de que esto apunta a apoyar la educación, como una herramienta de movilidad social, hay si quiere, miles de otras formas de lograrlo sin exponer al riesgo los niños y niñas que participan.

El Informe de Desarrollo Humano 2010, que edita el PNUD, trata sobre la reproducción de la desigualdad, y las opciones que se puedan crear para romperla. En el informe se hace énfasis en cómo: “el nivel de educación de los padres está estrechamente relacionado con el nivel de educación que alcanzan los hijos.” Para seres humanos que viven la agonía de la pobreza, en programas como el de marras, se promueve la desigualdad o como bien se preguntara el Doctor Bernal, este programa será llevado a las escuelas privadas. En el Informe del PNUD 2010, se expresa: “la desigualdad se hereda en América Latina”. En muchos casos, ciertas gestiones públicas fomentan, es nuestra opinión, la convicción de tener que vivir por siempre inmersos en ese universo y crean planes que se convierten en mecanismos de transmisión de la desigualdad, este es uno de ellos.

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Este artículo se publicó el  6  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.