Sociedad quebrada

La opinión del Abogado y Locutor

Gabriel D’Annunzio Rosania Villaverde

La sociedad fue conmovida por el asesinato de un abogado de la localidad, especialmente porque su viuda, electa como Candidata a Diputada, en las pasadas elecciones primarias de su partido político, señaló que el autor intelectual de este crimen fue un Diputado de su partido político y circuito electoral, reelecto como Candidato a Diputado en las referidas elecciones. Las investigaciones sobre este crimen están en etapa incipiente, pero, en los medios de comunicación social, las redes sociales, los cafetines y los corrillos políticos se publican, sin rigor científico, tanto jurídico como criminológico, las conjeturas y conclusiones sobre este funesto hecho. ¡Sherlock Holmes les hace los mandados!

En nuestro país, se está abandonando, a pasos agigantados, el jolgorio y la alegría que le caracteriza (por algo fuimos certificados como el segundo país mas feliz del mundo), para convertirse en un territorio en el que la violencia, el terror y la crueldad son comunes, dejando desfasada la tesis sobre que lo peor que pudo haber pasado en Panamá, en materia de criminalidad, fue en épocas pretéritas.

Muchos se enfocan en el sensacionalismo de las noticias en las que están involucradas personas de la farándula política (aunque también hay que incluir a otras farándulas que también son generadores de escándalos), pero, la maldad es mayor si incluimos los homicidios, los abortos provocados (mas de siete mil por año), la violencia doméstica, el maltrato infantil y las violaciones carnales, siendo esta mención enunciativa y no limitativa. Y qué decir del tono intolerante, irrespetuoso, grosero y de doble sentido con el que las personas manejan sus diferencias, que es o podría ser causa y efecto de crímenes y violencia.

Si bien es cierto que mediante elecciones libres, limpias y justas se debe garantizar el avance y desarrollo de la sociedad, no es menos cierto que la solución a los problemas no radica exclusivamente en que gane tal o cual partido político o candidato, sino en que cada individuo tome medidas en su fuero interior que conlleven cambios radicales en su entorno inmediato (tanto personal como familiar) que luego se proyecten al resto de la sociedad. ¡Se buscan héroes y heroínas!

Con los altos índices de males sociales existentes, generados por la pobreza mental, sicológica y cognitiva de gran cantidad de personas, que se expresan por medio de la ludopatía, el alcoholismo, la farmacodependencia, el materialismo, el hedonismo y el consumismo, vamos a llevar a la nación a la quiebra moral y espiritual, si es que no estamos quebrados ya. Y lo que mas indigna, es que a muy pocos le importa esto, ya que se trata de una sociedad en la que muchos bailan al son que le toquen con tal de que les den beneficios o llenen sus vientres de comida y licor.

¿Qué nos espera si el significado y alcance sublimes de los conceptos de “padre”, “madre” y “familia” se han diluido cada día mas por una sociedad adicta a la lujuria y la promiscuidad sexual por medio de progenitores, irresponsables e inmaduros, muchos de ellos adolescentes, incapaces de orientar, sustentar y proteger a sus vástagos, de los cuáles llaman orgullosamente “mis hijos”, pero no tienen tiempo de atenderlos porque “están muy ocupados” o simplemente los han abandonado?

¿Cuándo perdimos las características que nos hacen superiores al resto de los seres vivos? ¿Nos ha sucedido lo que dice el viejo proverbio: «El perro vuelve a su vómito y la porcina lavada a revolcarse en el cieno inmundo»? ¿O será como dijo Albert Einstein: «Solo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana, y no tengo ninguna duda sobre esta última»?

Hay quienes no dejan de echarle la culpa a los gobiernos, presentes o pasados, lo que tal vez tenga algo de sentido, pero jamás es un reflejo de la verdad histórica y real, ya que todo gobierno se compone de personas, y cada persona es el reflejo de la sociedad quebrada, según comenté en los párrafos anteriores.

Mientras tanto, las iglesias, las religiones, las filosofías y las ONG’s hacen su mejor esfuerzo para tratar de enmendar los problemas y los daños de la sociedad quebrada, pero muy poco pueden hacer, si tenemos en cuenta que el origen del mal está en cada individuo y en cada familia de la cual emerge cada individuo, sin menoscabo que, en algunas de estas agrupaciones, también se actúa con ánimo de dominación humana y de codicia por las riquezas materiales.

Me quedé sin palabras, pero, no pierdo la esperanza de que las cosas tienen que cambiar.

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Publicado por el autor en nuestro muro  en Facebook el 27 de septiembre de 2013.

Derogación de Ley Minera

DEROGACIÓN DE LEY MINERA ~ REUNIÓN EN SAN FÉLIX Y SESIÓN DE GABINETE CON APROBACIÓN A LA DEROGATORIA.  El reportaje de …

JENNIE  GONZALEZ


No quiero más actos violentos entre mi pueblo, Martinelli

Presidente acude a tierras del pueblo Ngäbe y anuncia derogación de la Ley 8

Atendiendo al llamado del pueblo Ngäbe Bugle, el presidente Ricardo Martinelli se trasladó al área comarcal de la provincia de Chiriquí donde expresó -a miembros de la Coordinadora por la Defensa de los Recursos Minerales y de los Derechos del Pueblo Ngöbe Bugle y Campesinos, además de otros moradores- que el gobierno desea mantener el clima de paz que vive su pueblo, por lo cual anuncia la derogación la Ley 8 de 2011, en sesión de Gabinete hoy, jueves 3 de marzo.

“Como Presidente, mi principal responsabilidad es velar por la conservación del orden público y que se mantenga un clima de paz y convivencia pacífica entre todos los panameños, por ello, he decidido presentar un proyecto que deroga en todas sus partes la Ley 8 de 2011. No se puede permitir que las confusiones provocadas por grupos radicales, que se aprovechan de la nobleza y la valentía de los hermanos de las comarcas, destruyan la paz que vive Panamá”, sostuvo el Mandatario.

Martinelli se trasladó a tierras de la comarca junto al ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu y otras autoridades de gobierno, donde convocó a todos los grupos del área y humildes panameños a quienes dijo: “Quiero dejar bien claro que nuestro  gobierno entiende y respeta las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas, especialmente su apego y amor por la tierra que los vio nacer”.

Ante moradores y dirigentes, anunció un agresivo plan de inversiones por 100 millones de balboas que se desarrollará en las comarcas para construir nuevas escuelas, centros de salud, además de rehabilitar y construir caminos de producción para que mejores días lleguen a los habitantes de estas regiones.

“Yo soy el Presidente de todos los panameños, incluyendo a ustedes los moradores de las comarcas, creo en sus tradiciones y entiendo que no quieren la minería y a mi tampoco me interesa ese tema para estar empantanándonos y no seguir adelante buscando cambiar este país y lograr cosas que nos unan más para combatir la pobreza y la desigualdad”, afirmó.

Pese a que el gobierno reiteró que la norma a derogarse no buscaba promover ni desarrollar yacimientos mineros dentro de las comarcas, se deploró que grupos a los cuales no les importa la paz del pueblo han producido enfrentamientos manteniendo al país en un clima de tensión, afectando considerablemente las actividades comerciales que son el “nervio motor de nuestro envidiable crecimiento económico”.

“No puedo permitir que las confusiones provocadas por grupos radicales que se aprovechan de la nobleza y la valentía del hermano pueblo Ngäbe Bugle, pongan en peligro la paz social que vivimos los panameños, la cual es sin duda nuestra principal ventaja frente a un mundo que no supera aún del todo la crisis económica mundial y los conflictos entre hermanos que desangran a muchos países”, explicó el gobernante a su pueblo.

Dejó claro que la decisión del gobierno no es una muestra de debilidad sino de responsabilidad, que busca desaparecer un elemento que distrae innecesariamente de la impostergable tarea de continuar construyendo juntos un mejor Panamá.

“Siempre dije que no soy perfecto y, por ello, no tengo temor en reconocer que pese a lo beneficioso de la norma, los enfrentamientos producidos por las confusiones que han provocado los grupos extremistas, parece demostrar que no fuimos lo suficientemente activos y efectivos como se requería”,concluyó Ricardo Martinelli.

En San Félix, en la Parroquia Nuestra Señora de Los Caminos, monseñor José Luis Lacunza, en representación de la Iglesia Católica como garante de estas conversaciones y acuerdos, aplaudió la voluntad de ambas partes por haber logrado un entendimiento y llamó a la reflexión de buscar siempre un método de diálogo para mantener la paz entre el pueblo panameño, mientras que los dirigentes del pueblo Ngäbe aceptaron el compromiso pactado con el gobierno de mantener un diálogo.

Como parte de la comitiva presidencial, acompañaron al Mandatario el vicepresidente y Canciller, Juan Carlos Varela; la ministra de Gobierno, Roxana Méndez; el presidente de la Asamblea Nacional, José Muñoz; los viceministros María Fábrega –de la Presidencia- y Ricardo Quijano –del Mici- así como los diputados Fernando Carrillo y Luis Eduardo Quiroz.

Presidente cumple otra vez con indígenas: Gabinete aprueba derogar Código Minero

En un Consejo de Gabinete extraordinario, el presidente Ricardo Martinelli, en conjunto con sus Ministros de Estado,  cumplió su palabra con los grupos indígenas y aprobó un proyecto de ley en el que se deroga la Ley 8 de 11 de febrero de 2011 que reforma el Código Minero.

La propuesta fue presentada por el ministro de Comercio e Industria, Roberto Henríquez, quien dijo que -ante el clima de desasosiego que ha estado envuelto el país durante las últimas semanas- el Gobierno Nacional ha considerado necesario adoptar medidas dirigidas a restablecer el orden público y la convivencia pacífica.

“(…) en aras de procurar un ambiente en donde prevalezca la paz, principio sobre la cual se cimenta el desarrollo de un país, hemos estimado la necesidad de someter a consideración de la Asamblea Nacional de Diputados, el presente proyecto de ley para que, una vez aprobado por los Honorables Diputados, se satisfagan los mejores intereses nacionales”, se señala en la exposición de motivo de la propuesta de reforma.

Esta misma tarde, el ministro Henríquez presentó la propuesta en referencia ante la Asamblea Nacional de Diputados.

GOBIERNO NACIONAL

¡JUNTOS HACIENDO UN MEJOR PANAMÁ!

-No quiero más actos violentos entre mi pueblo, Martinelli- 

Presidente cumple otra vez con indígenas: Gabinete aprueba derogar Código Minero
<> Reproducción  de reportaje publicado el  Viernes, 04 de marzo de 2011 a las 0:51  en Facebook y etiquetado en nuestro muro por la autora a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Violencia institucional

La opinión del Secretario General de CONUSI – FRENADESO…

GENARO  LÓPEZ
rologe54@yahoo.com

 

Miles de personas sufren de diferentes formas de violencia practicadas por las instituciones del Estado, sus órganos y agentes en nombre del mantenimiento de la Ley y el orden.

Paradójicamente las instituciones que deberían garantizar sus derechos, los vulneran y transforman a algunos grupos de personas en víctimas de una violencia institucional que, según los especialistas, son discriminados por el solo hecho de ser pobres o pertenecer a un grupo social o étnico determinado, o por el hecho de estar organizados.

Fenómenos como la represión, la impunidad, la injusticia, la desigualdad social, aunados a la militarización de los cuerpos policíacos, son utilizados para contener a los movimientos sociales, siendo estrategias comunes la difamación de movimientos que se consideran divergentes, además de otras organizaciones sociales que representan una critica al modelo económico y social que establece el Estado, estas estrategias son utilizadas para mantener la apariencia de un orden y un estatus.

Entre todas las formas de violencia, la que ejerce la Policía, que incluye la violencia física, verbal y psicológica en contra de la población, tiene ciertas particularidades. Aunque está generalizada y extendida, mucha de ella se comete en la clandestinidad y con prácticas de encubrimiento. Sería invisible si no es por las denuncias de las víctimas, de sus familiares o por el accionar de las organizaciones sociales, o tal como ocurrió en el Centro de Custodia de Menores, por la presencia de los medios de comunicación social.

Todo este cúmulo de acciones y otras tantas son una realidad cotidiana en Panamá, afectando a diversos sectores sociales (obreros, campesinos, indígenas, comunales, educadores, profesionales, ambientalistas, comunicadores sociales, promotores de derechos humanos, entre otros), que es mantenido por una espiral de violencia, que se ejerce de manera sistemática por las instancias del poder.

El gobierno de Martinelli ha ejercido todo tipo de violencia. En el orden de la violencia física, la masacre de Bocas del Toro constituye la más clara evidencia de violencia institucional, no solo por la magnitud de la represión física y sus resultados, sino también por el escenario de terror que sembró; ello acompañado de impunidad para quienes cometieron crimen de lesa humanidad. Igualmente con la masacre del Centro de Custodio de Menores. Pero la ola represiva no se detiene, durante esta semana se reprimió a pescadores de Pedregal en el distrito de David, estudiantes universitarios, indígenas y pobladores.

Esta violencia física que se comete cada vez con mayor frecuencia por parte del gobierno, es una agresión intencional que ocasiona daños a la integridad física con el fin de someterla. Este tipo de violencia es terrible, porque no solo ocasiona daños físicos que a veces hasta llegan a incapacitar a la persona, sino que también dejan huellas emocionales profundas y daños muchas veces irreversibles.

Pero, también, la violencia es psico—emocional, que consiste en actos u omisiones que se expresan a través de prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, insultos, burlas y silencio.   Las agresiones de este tipo tienden a humillar, ofender, asustar y tienen graves repercusiones en la autoestima, seguridad y estabilidad emocional de las personas.

Ricardo Martinelli, José Raúl Mulino y Alma Cortés han mostrado habilidad en este tipo de violencia. El llamar a los obreros de la construcción ‘maleantes de mierda’; el acusar a los indígenas de borrachos, el ordenar tirar a matar.   Igualmente, la elaboración de expedientes amañados a dirigentes del movimiento social, el silencio frente al feminicidio; los indultos a 125 policías, muchos de ellos involucrados en violencia institucional; restricciones a la información y mayor cercenamiento a la libertad de expresión. El guardar silencio frente a las causas de la falta de agua potable, la desidia en atender el problema de recolección de basura, el crimen ecológico, la falta de medicamentos en la CSS, el alto costo de la vida y los bajos salarios; los engaños a jubilados y pensionados que solicitan aumentos de sus pensiones, son otros ejemplos que tienden a generalizarse como política gubernamental.

 

Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Panamá, ¿qué nos ha pasado?

La opinión de…

 

María del Pilar de Saavedra

Cuando veíamos en la televisión el cuadro dantesco del fuego en el Centro de Custodia de Menores de edad nos parecía mentira. La desesperación que sentimos observando que no se movían para auxiliar a los seres humanos que, quemándose, pedían auxilio, fue unánime. ¿Cómo es posible que custodios, policías y bomberos no llegaran rápido a sacarlos del infierno? Eso, que no ha debido ocurrir en un país civilizado, ocurrió aquí para dolor de todos y me lleva a preguntar ¿qué nos está pasando, por qué nos hemos deshumanizado así?

Vemos a un hombre machetear a su mujer amputándole un brazo e hiriéndola en otras partes, delante de sus hijos, a quienes también hirió; luego, ella murió. Un adolescente mata a una muchacha en una parada de bus para robarle un teléfono Blackberry. Vemos a ladrones que luego de robar en un comercio, sin que medie resistencia del propietario, antes de irse le meten un tiro al dueño; o el crimen de la joven chiricana que, volviendo a su apartamento, en un “buen barrio”, fue violada y asesinada por los mismos custodios que estaban para proteger a los inquilinos de su edificio. Vemos gente asaltada y muerta en todos los barrios de la ciudad, unos por “viejas rencillas”, otros por problemas de drogas y otros por gusto.

¿Qué ha hecho que los ciudadanos y, especialmente, los adolescentes sigan el camino del crimen? ¿Dónde están las familias de ellos: papá, mamá, padrastros, tíos, abuelos, primos que no están atentos de dónde y con quién están sus hijos? ¿Qué hacen, de dónde sacan las armas, el dinero que no tienen, cómo explicar como lo consiguieron?

Muchas menores, en la capital y en algunos sitios del interior, se prostituyen calladamente y sus madres no les preguntan de dónde salieron los zapatos y vestidos de “marca”, cuya compra no tienen cómo explicar.

Las “leyes” que “protegen” a los niños y adolescentes deben ser revisadas para protegerlos a veces de sí mismos, y no dejarlos en esas edades difíciles a su libre albedrío y hasta mal aconsejados por extraños. La vida de ellos no les importa, pero luego tienen que llorar su muerte.

Qué tristeza que estemos cayendo en situaciones que han probado ser pésimas en otros países vecinos. ¿Qué pasó con el Panamá libre que conocimos los mayores de 45 años, en el que se podía transitar tranquilamente y llegar a la residencia, sin el temor de ser asaltado y hasta muerto por un delincuente? Y no hay barrio que se salve, muchos de los crímenes y asaltos a veces ni salen en las noticias.

Padres y madres, si no quieren llorar a hijos muertos, preocúpense por ellos en vida. Autoridades correspondientes, hagan centros barriales en donde entretener y educar a niños y adolescentes y no estar pensando en fantasías de Disney y Hollywood, que no se necesitan. Preocúpense por los que vienen detrás de nosotros, para que tengan la vida que antes teníamos los habitantes de este pequeño y una vez seguro y feliz país.

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Este artículo se publicó el 4  de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

“Sin causa de justificación”…

La opinión de…

Ariel Banqué Estrada 

“La pena constituye un medio de prevención general…, reinserción social y protección del detenido”, entonces es menester del Estado garantizar el respeto de la vida e integridad de los reclusos pues estos están bajo su custodia. En ese sentido, el fin del régimen penitenciario es lograr la convivencia ordenada y pacífica; así como llevar a cabo con eficacia el tratamiento de readaptación social del condenado. ¡Sí! también sabemos que la delincuencia y la inseguridad son un dilema que menoscaban el intelecto del ser humano que la sufre, no obstante, consideramos que a estos jóvenes presas de las pandillas, de las presiones de grupo, de las malas influencias, se les debe corregir enérgicamente, pero dentro de un marco de resocialización, la cual es ficticia en los centros penales, por desinterés de los Gobiernos.

 

¿Cómo estigmatizar  a este grupo social? si vivimos en una sociedad sin principios, sin valores de responsabilidad, respeto, honestidad, etc.… ¿A quién endilgarle la culpa?   El problema de la delincuencia existe por una serie de factores que los políticos, y timadores de la democracia no se preocupan por identificar y sanear. Sin duda alguna, quien cometa un delito “sea quien sea”, debe ser  sancionado dentro del rigor de la justicia, por transgredir la ley, pero, de ahí a que se consienta que seres humanos sean calcinados sin el mínimo esfuerzo de los presentes de inmutarse a socorrerlos, es una animalada y sobre todo cuando es orquestada por nuestros prestatarios del orden público.

 

Esto es reprochable, todavía más que las vulneraciones a garantías constitucionales, como la presunción de inocencia y el libre transito por el Pele Polis,  e injustificable pues los guardianes en los centros penales no deberán (según la ley), emplear la fuerza salvo en asuntos de legitima defensa –que no fue el caso-; para controlar y evitar evasiones –seguían encerrados los reos-; o para reducir su resistencia a una orden legal o reglamentaria impartida –lo que no amerita que se descarguen dos bombas lacrimógenas a una celda trancada con seres humanos dentro-.

 

Apelamos a los buenos oficios de la Fiscalía encargada de esclarecer los hechos, para que pueda responsabilizar al culpable de esta atrocidad, pues a pesar de su estatus delincuencial estos como seres humanos que son, le son innatos una serie de facultades que como mortales con dignidad, se les debe respetar,  sobre todo al estar vigilados por el Estado.

Hago la salvedad, que no soy apologista de delitos, pero hasta el más abyecto ser humano es “Digno” de ciertas prerrogativas  en su vida. Sostengo que el delincuente debe pagar sus actos, pero,  “Hay que darle al culpable la posibilidad de reparar lo malo que hizo” y no repeler con violencia, la violencia.

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Artículo publicado el 20 de enero de 2011 a las 0:26  en Facebook y etiquetado en nuestro muro por el autor.  También fue reproducido el 26 de enero de 2011 en el Diario El Panamá América, a quien damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Curar, no herir

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO   OLACIREGUI  Q. –
d_olaciregui@hotmail.com

 

Los estadounidenses han visto en estos días hasta dónde puede llegar el brazo de la intolerancia. También es el espejo en el que pueden mirarse ciudadanos de otros países. El origen de esa polarización, que escenificó la matanza de seis personas y dejó heridas a 14, debe buscarse en la promoción de la violencia por una ultraderecha llevada de la mano por el movimiento ‘Tea Party’. Con la complicidad de medios de comunicación extremistas, ese movimiento se convirtió en sinónimo de racismo, fascismo y prédicas violentas frente a los que por pensar distinto son considerados sus enemigos.

La matanza de Arizona dejó a Estados Unidos herido física y psicológicamente, sediento de consuelo y desorientado. El presidente Barack Obama se desplazó la semana pasada desde los históricos monumentos de Washington, envueltos por la nieve, hasta las cálidas tierras de los saguaros -esos cactus emblemáticos del desierto de Arizona- para abogar por la mesura y el juego civilizado de las ideas.

Pidió recomponer el tono con el que se discuten las diferencias políticas y arrinconó a los republicanos y al ‘Tea Party’ en su extremismo.   Su llamado a disminuir y apaciguar la agresividad de la retórica, transformó la sangre derramada en esperanza y logró que la mayoría de los estadounidenses se sintieran reconfortados.

‘Hablemos de una manera que cure y no que hiera’, fue el mensaje dirigido a los estadounidenses y a millones de ciudadanos de otras fronteras. ‘Usemos esta ocasión para extender nuestra imaginación moral, para escuchar al otro con atención, para agudizar nuestros instintos de empatía y recordarnos a nosotros mismos todas las maneras posibles en las que se enlazan nuestros sueños y esperanzas’, resaltó contundente.

Un discurso cargado de odio es igual al asesinato. De allí la urgencia por reconsiderar la relación entre las palabras y los hechos. En un régimen totalitario el sentido de las palabras está congelado. La democracia alienta la disidencia y el debate. La democracia tambalea cuando la rigidez se traduce en hostilidad hacia quienes no se subordinan a los caprichos del gobernante.

El crimen de Arizona se produjo en un momento de intensa violencia verbal en la vida política estadounidense. La violencia verbal suele ser el preámbulo de la violencia física al concebirse, en el orden político, al adversario como enemigo.   En una democracia la severidad de la discrepancia jamás bordeará la orilla del desprecio. Lo contrario es la fuerza bruta y la pasión desenfrenada.

Una variante de esa realidad es la que aqueja actualmente a Panamá. Un presidente como Ricardo Martinelli -cercado por concepciones primitivas del quehacer político, por franquistas, fascistas y personajes extraviados por la supuesta sapiencia de sus altos cocientes intelectuales- se arropa en un totalitarismo que condena y persigue toda diferencia.

Desde la cima del poder se ha ahogado el diálogo político y subsiste únicamente un monólogo que se desbarranca día con día mediante una agresividad verbal que no conoce límites. Ya sea una ex embajadora estadounidense, opositores políticos, sindicalistas, empresarios, periodistas o líderes de la sociedad civil, todos por igual son víctimas de esa retórica violenta.

En lugar de buscar caminos para conciliar a la sociedad, Martinelli ejecuta acciones que terminan generando violencia.   Basta mencionar dos hechos. La aprobación de una legislación abiertamente confrontativa desencadenó en julio pasado los sangrientos sucesos de Changuinola que dejaron muertos y centenares de heridos.

La inmunidad expresa que convierte a los policías en intocables, dio lugar a las escenas dantescas en las que fueron quemados vivos siete menores recluidos en Tocumen en un centro que debía ser de rehabilitación y reinserción social.   Los agentes que custodiaban el lugar mostraron un monstruoso y evidente deleite cual verdugos de presos y detenidos, editorializó La Prensa.

Fue un insulto y desprecio hacia menores que no debían ser tratados con ánimo de venganza y tortura, como si carecieran de dignidad personal, se lamentó la Conferencia Episcopal para quien lo ocurrido en Tocumen fue un vergonzoso espectáculo de esos que duelen e indignan. Los obispos católicos exigieron que se apliquen las medidas más enérgicas a los culpables.

Ante el deterioro de la civilidad en todos los aspectos de la vida nacional, el país está descacarrilándose peligrosamente y corre el riesgo de entrar en un periodo de inestabilidad social. Desde la perversión del poder, la violencia verbal o física es la única respuesta para enfrentar los conflictos. La sociedad panameña debería pensar dos veces cuando considera lejanas y ajenas las operaciones del ‘Tea Party’ y sus incitaciones a la violencia. La razón no es una debilidad. No hay democracia sin el otro.

<> Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Se impone corregir rumbos

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La opinión del Periodista,  Analista Internacional…

Jairo Henri Pertuz Suárez 

“Libertad mínima es el derecho inalienable de la palabra, al aire o escrita, de todos los seres humanos, con objetividad. Acallarla es el más absurdo desafuero”, JHPS.

Ha empezado el 2011. El mundo se encuentra sumido en la peor crisis financiera, laboral, ambiental y moral. Todos estos elementos afectan gravemente a los seres humanos sin distingo de etnias, credos o ubicación geográfica.  La violencia, las imposiciones, el engaño y el silenciamiento de libertades no son la solución. Está demostrado. Debe darse una convergencia al centro, con entendimiento, respeto y equidad.   El capital, sin la valiosa fuerza laboral, no genera riqueza y deben caminar a la par.

La primera década del Siglo XX  nos mostró terquedad y falta del elemental sentido común para, juntos todos los países y pueblos, sin ventajas ni imposiciones, lograr superar las crisis. Se acabó el tiempo de continuar cargando los empobrecidos a los desarrollados.

Vimos que las prácticas del rescate, mirando para un solo lado, no funcionan.   La crisis persiste y se agudiza con elementos sumamente graves: crisis alimentaria y de justicia.

Aún así, en esta década se han dado hechos saludables en el mundo y se han fortalecido países emergentes en indo-América.

El Estado de Israel y su pueblo han dado un ejemplo contundente de justicia al juzgar a un ex presidente y llevarlo a la cárcel por abusar sexualmente de una empleada suya.

En otros países del mundo, presidentes y funcionarios están por encima de la ley, cometen graves delitos y no pasa nada.   Brasil continúa con éxito su modelo democrático, interno y externo, con las políticas trazadas por el líder sindical “Lula “ Da Silva que, seguramente, serán fortalecidas por la presidenta Dilma Rouseff.   Indudablemente, próximos sucesos deportivos en ese país, coadyuvaran.

Panamá, con crecimiento económico logrado principalmente por su ubicación geográfica, las características que distinguen a su gente, un alto costo social y algunas acciones atinadas en las esferas gubernativas, no logra superar su pésima distribución de la riqueza ni los agudos problemas que nos aquejan.

Se continúa con un sistema de salud donde el Estado persiste en aprovecharse de quienes pagan Seguro Social para jubilarse bien y recibir servicios de salud eficientes. Los gobiernos le recargan todos los servicios de salud en la inventada figura de Beneficiarios.

Además, sin pagar las cuotas de los empleados públicos y con sus fondos devaluándose en el Banco Nacional, todo en perjuicio de los asegurados, afectando gravemente a los jubilados que mendigan sus derechos cada año. Se impone corregir rumbos.

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<>Artículo publicado el 13  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es del Editor.