Nuestra pobre educación

La opinión del Empresario y Político…..

Samuel Lewis Galindo

Nadie pone en dudas de que la educación en Panamá es sumamente deficiente y que cada año se afecta negativamente más. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ella es un completo desastre.

¿Qué hemos hecho para cambiar esta situación y mejorarla? Nada. Las deficiencias sobre la educación muy pobre que hoy damos a nuestros hijos tiene varios responsables: el Ministerio de Educación, los educadores y los padres de familia. Las entidades educativas no han tenido la capacidad de lograr una reforma integral en nuestros planes educativos que evite que la Universidad Nacional tenga que disminuir sus índices de aceptación para ingresar en sus aulas a cientos de alumnos que anualmente se gradúan de nuestros colegios.

Los educadores, agrupados en distintas organizaciones, se oponen muchos de ellos a todo cambio, como es el caso actual, cuando se quiere introducir reformas al currículum educativo comenzando con un plan piloto en algunas pocas escuelas. En lo que sí están de acuerdo todos, y se unen en un gran esfuerzo, es en lograr mayores beneficios económicos los cuales disfrazan integrándolos a otros temas de interés nacional. Han demostrado nuestros educadores poca capacidad de mejorarse y sus líderes demuestran, la gran mayoría, con sus apariciones públicas su escasa preparación y gran pobreza en el lenguaje que utilizan.

Los padres de familia, por su lado, con una pasividad criticable aceptan la situación actual de la educación y se conforman con que sus hijos vayan a las escuelas sin saber mucho o nada de lo que ellos estudian. No protestan ni exigen por un mejor sistema educativo.

Tenemos, pues, que ver todos, autoridades ministeriales, educadores y padres de familia la urgencia de que se adopte un nuevo plan educativo dejando de lado todo interés personal o sectario. No podremos de otra manera mejorara las capacidades de buen trabajo para las futuras generaciones, que no podrán, por falta de adecuada educación, mejorar sus condiciones de vida.

La única manera de salir de la pobreza y disminuir la brecha existente entre ricos y pobres es con buena educación. No hay otra forma. Lo demás es pura demagogia.

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Este artículo  fue publicado el 16 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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La Alcaldía de Panamá

La opinión del Empresario y Político…..

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Samuel Lewis Galindo

La Alcaldía de la ciudad capital tiene un sin número de responsabilidades que afrontar; si el funcionario encargado de ella tiene éxito en su labor da un gran paso hacia la Presidencia de la República. La labor alcaldicia tiene su incidencia en forma positiva o negativa en la propia Presidencia del país. Las encuestas lo demuestran muy a las claras. En un país presidencialista por excelencia como el nuestro el Mandatario es responsable de Todo. Para bien de su administración o para mal. La actuación del Órgano Judicial, de la Asamblea y de todos los otros órganos se refleja directamente en la labor presidencial.

La Alcaldía de la ciudad de Panamá tiene grandes retos. Sus numerosas actividades le permiten tener éxito si emprende su labor con voluntad y deseo de trabajar.

Mayín Correa dio un ejemplo y señaló el camino de lo que puede hacer un Alcalde cuando ataca agresivamente los problemas que tiene la urbe capitalina y no se margina de ellos.

Actualmente la Alcaldía tiene frente así distintos problemas que me permito señalar algunos que tienen incidencia en la vida de la comunidad.

Nuestra ciudad carece de fuentes de agua. Las 4 ó 5 que hay no funcionan.

Las aceras son pocas y muchas de ellas están completamente dañadas.

De la basura, ni qué hablar de ella. Nuestra capital parece un muladar.

Se hacen muchas edificaciones y quienes las construyen no arreglan las calles colindantes que ellos mismos han destruido.

En nuestras calles existe una maraña de alambres que además de constituir un peligro afean la ciudad.

Carecemos también de atractivos para la juventud. En fin hay un sinnúmero de actividades que una Alcaldía podría tener el respaldo de la sociedad si se propone a resolverlos.

En visita a San Juan de Puerto Rico, a la ciudad de Medellín de Colombia y Guayaquil de Ecuador, para tan solo mencionar algunas, en las cuales se aprecia muy rápidamente muchos cambios en su limpieza, orden y oportunidades de distracciones sanas para su población, a pregunta nuestra que a qué se debía la admirable situación que en esos municipios se aprecia, que ha tenido un cambio radical en los últimos años nos respondieron varias personas casi al unísono: “tuvimos la suerte de tener unos alcaldes con conocimiento de las necesidades de su municipio y la voluntad y fuerza para atacar los problemas”.

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Publicado el 26  de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Rubén Blades, un panameño universal

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La opinión del Empresario, Político y Ex Ministro de Estado

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Samuel Lewis Navarro
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Por muchos años he tenido el privilegio de conocer a Rubén Blades y este conocimiento ha sido mayor desde que trabajamos juntos en el proceso electoral del año 2004, y luego en el mismo equipo de gobierno. Hubo, además, una coincidencia especial: Ambos compartimos la circunstancia de ser los dos únicos miembros de ese gabinete que nos mantuvimos al frente de nuestros despachos durante todo el período.

Al compartir preocupaciones, aspiraciones e inquietudes pude apreciar de cerca las virtudes ciudadanas de este panameño integral y universal que ofreció su mejor esfuerzo para el crecimiento y el desarrollo del país. Su integridad profesional, su honestidad y su sinceridad, así como la caballerosidad de sus actos fueron algunos de los rasgos que más recuerdo de estos años.

Como miembro del equipo de Gobierno no solo asumía responsabilidades en el área directa que le fue asignada, que fue la promoción del turismo hacia nuestro país, sino que también podíamos contar con su colaboración en cualquier actividad donde se le requiriera. Recuerdo una misión a Washington cuando impulsábamos la ratificación del tratado de promoción comercial en el Congreso de Estados Unidos. La delegación panameña causaba verdadero interés cuando por donde quiera que se movilizaba. Congresistas y ayudantes, senadores y público en general rodeaban a Rubén para conseguir una foto o un simple saludo de este panameño que ha triunfado en el mundo.

En otra ocasión, en Europa, había verdadera euforia, la euforia por parte del público. Le expresan que lo querían ver nuevamente al frente de sus maravillosos espectáculos a lo que este panameño comprometido con su pueblo contestaba que cuando terminara su misión volvería a los escenarios.

Estos momentos y muchos otros que recuerdo con especial orgullo, llegaron a mi mente con impacto el sábado 21 de noviembre cuando asistí al concierto que Rubén presentaba en la ciudad de Miami. Un auditorio abarrotado de público que con gran emoción cantó, bailó, gritó y rió junto a ese panameño de verdad, que por más de dos horas deleito a su fanaticada, fue el escenario que me ha movido a escribir estas líneas.

Rubén Blades, panameño exitoso, amigo de sus amigos, artista consumado, le ha dado muchísimas glorias a este su Panamá. Durante los últimos cinco años aparte de gloria, le ha dado su incansable trabajo, valga decir que a un altísimo sacrificio personal que no solo se cuantifica en lo económico, sino en lo personal, en lo familiar y en lo emocional. Al ver ese momento de euforia en el concierto no solo me sentí orgulloso aun más de su amistad, sino que me quito el sombrero ante el desprendimiento con que Rubén entregó cinco años de su vida en aras de que los panameños logremos mayores niveles de desarrollo.

Rubén dejó huellas y lleva a Panamá en todos los momentos de su vida. Con más Rubenes Blades en Panamá, estoy seguro de que tendremos un país del cual nos podremos sentir orgullosos todos.

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Publicado el 28 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Reformulemos el Parlacen

Reformulemos el Parlacen


La opinión del Ex VicePresidente y ex Canciller de la República….

SAMUEL LEWIS NAVARRO

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Hace cinco años, al asumir la responsabilidad de ejecutar las políticas orientadoras de la diplomacia panameña, partí de la siguiente premisa: las relaciones internacionales deben constituir un vehículo adecuado para impulsar el desarrollo nacional.

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La experiencia indicó que el planteamiento era correcto. Al consolidar y ampliar los vínculos con el exterior, Panamá abrió camino a nuevas formas de cooperación y a múltiples posibilidades de inversión.

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Los efectos concretos se reflejaron nuestros índices de crecimiento —por varios años, el más alto de América Latina— y en la apertura constante de fuentes de empleos para el pueblo panameño, habiendo alcanzado las más bajas cifras de desempleo de nuestra historia económica.

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Esta visión sobre las conveniencias nacionales fue la que impulsó la decisión de abrir nuevas fuentes de amistad y de relaciones externas, así como la de consolidar las existentes. Lo he señalado con insistencia: a Panamá siempre le ha ido mejor cuando mira hacia fuera y cuando sabe aprovechar las oportunidades que le llegan, ya sea por la propia iniciativa del país o por la dinámica de la vida internacional.

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En términos de nuestros vínculos con América Central, prevaleció el criterio consistente en que, al acercarnos a nuestros vecinos geográficos, el paso obedecía a la comprensión de que allí, en ese acercamiento, reside un sólido interés de Panamá, en el sentido de que se posiciona en esta parte del Continente y puede llegar a potenciar su ubicación geográfica, ya de por sí sumamente importante.

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Por eso se dio constante apoyo al funcionamiento del Parlamento Centroamericano (Parlacen), dado que se trata de un organismo que forma parte de todo un sistema integral y completo, dirigido a la finalidad de culminar el proceso de integración y a demostrar en Centroamérica que Panamá, con las obvias particularidades de su sistema económico, se suma al esfuerzo integrador en todas sus facetas.

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Me apresto a tomar posesión como  diputado del Parlamento Centroamericano, al igual que otros ex funcionarios electos de la Región, según lo dispone el Convenio Constitutivo.  Está fuera de mi ánimo la búsqueda de inmunidades que ni siquiera necesito. Actúo en seguimiento de una doble convicción. Por una parte, porque reconozco el gran valor de las soluciones institucionales, siempre con la mira puesta en cimentar organismos y en darle continuidad en el largo plazo. En segundo lugar, porque debo ser coherente conmigo mismo, dado que, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, apoyé con plena conciencia la idea de que el Parlamento Centroamericano es un mecanismo que, con las modificaciones correspondientes, puede ser de gran utilidad para Panamá, para Centroamérica y para todo el Continente.

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Admito que el Parlamento Centroamericano está ahora mismo en el ojo público.  Muchas discusiones se han realizado alrededor de su existencia y de su funcionamiento. También admito que tomar posesión como parlamentario de ese organismo no es un acto popular o que vaya a producir aplausos. Los emolumentos que se reciben, las normas de protección contra juzgamientos y otros factores han dado lugar a severas críticas, lo cual no es de extrañar en una atmósfera enteramente democrática.

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Vistas las cosas en el plano institucional y si al Parlacen se le han detectado carencias, fallas o deficiencias, lo que procede es emprender la tarea de mejorarlo.

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Examinemos la situación actual de esta estructura. Valoremos el alcance de las disposiciones de su estatuto fundamental. Evaluemos lo que ha hecho hasta ahora, y qué se puede hacer para que no se anquilose y para que no muera. Empecemos una reflexiva y profunda tarea de reorganización, en la cual participen los parlamentarios miembros del organismo, los gobiernos con sus representantes autorizados, las asociaciones que provienen de la sociedad civil, la iglesia con toda su gran experiencia y, entre todos, reformulemos el Parlacen, señalándonos nosotros mismos una fecha para terminar los trabajos.

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Seamos optimistas. No creo que los distintos gobiernos de América Central fundadores del Parlacen tengan ningún interés en asistir al decepcionante espectáculo de un Parlacen que se le deshaga ante sus ojos.

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Más bien, el escenario está instalado para trabajar armónica y mancomunadamente y para hacer florecer un nuevo Parlacen cercano a las necesidades de los pueblos centroamericanos y depositario de sus aspiraciones de cooperación y confraternidad.

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Estamos ante un reto, pero también ante una gran oportunidad. Manos a la obra.

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Publicado el   28 de agosto de 2009 en el diario Estrella de Panamá y en el diario La Prensa, a quienes  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

¿Qué hacer con el transporte?

¿Qué hacer con el transporte?

La opinión del empresario y político…

Samuel Lewis Galindo

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Aunque comprendo la impaciencia de la sociedad panameña al problema muy grave del transporte público, no creo que el mismo, por más buena voluntad que se tenga, se solucionará pronto. Habrá, por supuesto, algunas medidas temporales que en algo evitarán o disminuirán las trágicas pérdidas de vida que hoy se vienen dando.

Para llegar a estas conclusiones tomo en cuenta los siguientes elementos:

1. El proyecto de transporte masivo tomará varios años en ser una realidad.

2. Los autobuses nuevos que van a aliviar las aglomeraciones en las “paradas” por falta de transporte, demorarán varios meses. No será por falta de voluntad sino por limitaciones de los fabricantes y las disposiciones legales que regulan las compras por parte del estado.

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En vista de las anteriores consideraciones doy a continuación una lista de prioridades que pueden ayudar a mejorar el servicio público a corto y mediano plazo:

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1. Mientras se resuelve el complejo asunto de los famosos “cupos” se debe obligar a los “dueños” de los mismas a pagarle un salario y sus prestaciones sociales a sus chóferes y a sus “secretarios”. Se disminuiría con esto el número de las trágicas regatas.

2. Sancionar severamente a los dueños de autobuses que sus chóferes tengan pendiente un sinnúmero de “boletas”. Para ambos la ley parece no existir. Se han acostumbrado a esta impunidad por la falta de voluntad y acción de los anteriores gobiernos.

3. Ir promoviendo con charlas y conferencias la formación de cooperativas de chóferes para que en el momento adecuado puedan participar en las distintas licitaciones que con seguridad se harán para las rutas que deben alimentar el nuevo transporte masivo, sea este el subterráneo, tren rápido, etc.

4. Obligar a los dueños de transporte público masivo o selectivo a tener un seguro que cubra los accidentes y daños a terceros.

5. Tal vez sería conveniente que el Estado después que señale con claridad las reglas que regirán el transporte colectivo, este pase a los municipios. Serán ellos los que sacaran a licitación las distintas rutas. Cada región del país tiene sus propias peculiaridades.

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Existe el propósito por parte de las autoridades, por primera vez, de encarar el problema del sistema ya caduco de transporte público y buscarle, aunque sea paso a paso, solución al mismo.

Publicado el 26 de agosto de 2009 en el diario Panamá América Digital, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

La conciencia del deber

La conciencia del deber


SAMUEL LEWIS NAVARRO


La gestión de gobierno del período 2004-2009 se inició con muchos planes, ilusiones y sueños. Hoy, a escasos días de terminar el período para el cual el pueblo panameño nos honró con esa elección, tengo que afirmar, con gran sentido de orgullo, que me voy con la satisfacción del deber cumplido.

En el plano interno es palpable la transformación que se ha dado en estos cinco años. Hoy, dejamos un país con una ruta establecida, orientado hacia donde debe transitar para lograr niveles superiores de desarrollo. Ahora estamos ante una Nación que ha logrado identificar las debilidades que la afectan en función de conglomerado social y que, al mismo tiempo, ha decidido enfrentar esas debilidades mediante el constante fortalecimiento de la institucionalidad, y allí es donde está la garantía del éxito.

La preocupación social ha producido avances muy significativos. Así lo indican las cifras, las cuales reflejan el alcance de grandes esfuerzos en materia de atención a sectores que habían perdido toda esperanza, para los cuales el Estado ni siquiera existía. Además de los resultados concretos, ha sido importante poder aplicar metodologías de identificación de la cuestión social, instrumentos que permiten no solo hacer los diagnósticos, sino también pasar agresiva y decididamente a la transformación de la realidad que encontramos en el 2004.

La sociedad ha llegado a un momento de su existencia en el que no hay espacio para retroceder en materia de políticas sociales y de superación de los grades desequilibrios históricos. Destaco como un ejemplo el programa de la Red de Oportunidades , el cual ha permitido la superación del círculo infame de la pobreza en áreas tradicionalmente marginadas, que únicamente adquirían valor en los procesos electorales y que actualmente permite la identificación precisa de los actores principales de ese drama, que son los casi 400,000 panameños y panameñas que lo sufren a diario.

Hoy esos compatriotas cuentan. Como también cuentan los miles de iletrados que están siendo alfabetizados como parte de esos programas sociales que constituyen el legado profundamente humano que deja la gestión gubernamental de la que formé parte.

Esa es la transformación real que nos propusimos. El camino queda abierto para la incorporación permanente de la población más necesitada, de modo que nadie se quede atrás en la marcha por el desarrollo, con justicia y con equidad.

La experiencia que hemos vivido con tanto entusiasmo ha sido exitosa, como lo demuestran todos los estudios que, en distintas esferas internacionales, han puesto su atención en Panamá como caso de análisis para acercarse a las soluciones viables para cambiar el rostro del sistema social en el continente y para consolidar la idea de que la democracia es compatible con el mejoramiento socioeconómico de los pueblos de la región.

Es en ese contexto en el que se inscriben, igualmente, programas de tanta cobertura como la atención a las personas con discapacidad y sus familias, la protección de los niños, de las madres en estado de gravidez y de los adultos mayores, todas las cuales son acciones novedosas que han cambiado la escena social en la República.

Por eso, estoy convencido de que más temprano que tarde, se podrá abordar colectivamente el análisis desapasionado sobre lo que ha sucedido en este periodo de cinco años en nuestro país. La pasión política le cederá el espacio a la serenidad, y entonces no habrá dudas sobre la caracterización del período.

El reconocimiento de sus méritos podrá basarse en las cifras espectaculares de crecimiento económico en cada uno de esos cinco años.

Quizás en la reducción espectacular del desempleo en ese lapso o en la cuantía record de inversiones y su consecuente impacto en el bolsillo de los panameños. Posiblemente se destacará la reducción impresionante de los niveles de pobreza y de pobreza extrema, pero, por encima de todos esos factores, hay una contribución que es menos visible, pero que existe, y es la organización del país con fundamento en verdaderas y sólidas instituciones, mecanismos de trabajo y de estructuración pública, que llevan hacia el progreso y el gobierno que ahora finaliza su gestión será recordado como el que inició esa transformación y que ha permitido que Panamá ahora sea más moderna, más madura y más desarrollada.

Falta mucho camino por recorrer, pero la senda para superar el tercermundismo en Panamá está trazada.

Se ha trabajado con respeto a los principios democráticos, se ha fortalecido la libertad y la transparencia, se ha aplicado el método del consenso, el acercamiento y el diálogo.

El país ha vivido un período sin grandes sobresaltos, con respeto a las reglas de la convivencia, con reconocimiento de los derechos de los adversarios y alejado de las persecuciones políticas que empañaban la vida pública del pasado.

Les doy gracias a Dios, al pueblo panameño, al presidente Martín Torrijos y a mi familia el haberme permitido ser parte de estas jornadas de avance en nuestro país.

Llegué del sector privado a contribuir en la formulación y aplicación de políticas públicas. No me arrepiento. Por el contrario, tengo la íntima convicción de haber cumplido con mi deber.

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Publicado el 26 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos todo el crédito que le corresponde.