Los indígenas y la nueva reforma del Código de Recursos Minerales

La opinión del Doctor en Derecho…


ERNESTO CEDEÑO ALVARADO
abogado@ernestocedeno.com

Con la Ley 8 del 11 de febrero de 2011, se reforma el Código Minero en Panamá, en varios aspectos que darán ocasión para acalorados debates en diversos foros. Sin embargo, en torno al tema indigenista, pareciera que la normativa preserva varios aspectos que pretenden fortalecerlos como etnia.  Estos son como siguen:

1.— Todos los planes mineros del sector deben ser motivo de divulgación previa. Esto está legislado en el artículo 29, cuando reza que para la exploración y explotación de minerales metálicos o no metálicos en zonas comprendidas dentro de las comarcas indígenas, el Estado y el concesionario deberán llevar un plan de divulgación para que las autoridades y las comunidades indígenas sean informadas y puedan plantear voluntariamente su punto de vista respecto a la actividad minera.

2.— La minería no puede afectar sus derechos. La norma ut supra, también plantea que las actividades deberán garantizar los derechos de la población en beneficio y cumplimiento de los principios de desarrollo sostenible y protección económica, procurando su participación de conformidad con las leyes que crean dichas comarcas. (Véase el artículo 29).

3.— La comunidad indígena tiene el derecho de emitir sus observaciones, en todo estudio de impacto ambiental. El artículo 30 repite que el estudio de impacto ambiental para el desarrollo de la actividad minera en las comarcas indígenas deberá incluir el impacto social, tomando en consideración las características culturales de la población afectada. El resultado del estudio deberá ser presentado a la autoridad competente, la que les dará copia a las comunidades indígenas a través del Consejo de Coordinación Comarcal o de las autoridades respectivas, a fin de que puedan presentar sus observaciones en un término no mayor de treinta días.

4.— La producción de la minería, debe honrar los mecanismos de producción limpia. El artículo 28 es claro cuando consigna que quedarán sujetas a los mecanismos de producción más limpia en todos los procesos las personas, naturales o jurídicas, que opten por una concesión de exploración o explotación de recursos minerales metálicos o no metálicos.

5.— Los concesionarios deberán cumplir su plan de desarrollo social empresarial en la etnia y en toda la minería. Esto lo ordena el Artículo 32 ibídem, cuando define que las empresas mineras, en atención a su responsabilidad social empresarial, deberán diseñar, desarrollar y ejecutar políticas, planes, programas y proyectos que permitan el logro de objetivos sociales de mejoramiento en la calidad de vida de la población y la prevención y reparación de los daños ambientales en las regiones, subregiones o zonas de su influencia.

6.— Las comarcas ahora tendrán un mayor porcentaje de los beneficios que deba percibir el Estado. El Artículo 26 consigna este presupuesto cuando especifica que a los municipios y comarcas donde se realicen actividades de exploración y explotación minera por razón de una concesión, les corresponderá el 20% de los beneficios que, de acuerdo con el Código de Recursos Minerales, deba percibir el Estado de tales actividades.

Dicho ingreso será recaudado directamente por estos municipios y comarcas, con base en los cálculos que prepare la Dirección Nacional de Recursos Minerales del Ministerio de Comercio e Industrias, y será dirigido únicamente a programas de desarrollo en áreas de educación, salud y proyectos de inversión social requeridos por las comunidades. Del porcentaje establecido en este artículo, corresponderá el 5% a los corregimientos colindantes con los municipios y comarcas en un radio de distancia de hasta 35 kms. de las concesiones donde se realicen actividades de exploración y explotación minera por razón de una concesión.

Este ingreso será transferido directamente a las juntas comunales o comarcas respectivas que lo distribuirán equitativamente entre estas, exclusivamente para programas de desarrollo en áreas de educación, electrificación rural, salud y proyectos de inversión social requeridos por las comunidades.

Por lo antes expuesto, es mi deseo que el tema del pueblo indígena en la minería, se pueda analizar sin pasionismo ni filosofía política partidaria, preservando siempre los principios democráticos de un pueblo, que se debe siempre tener en cuenta.

 

Este artículo se publicó el 14 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Consenso de Seúl a Washington

La opinión de…


ALEXIS   SOTO
sotopanama@gmail.com

En los años ’90 se impuso la corriente del Consenso de Washington, la liberalización unilateral de mercados, privatizaciones y reducciones drásticas del déficit.  Era el ritmo al que bailaban nuestros países en ese tiempo y la música la imponían los organismos multilaterales (Banco Mundial, FMI, etc.).

Panamá tuvo que adoptar muchas de estas medidas a costas de graves sacrificios en nuestras políticas de desarrollo interno, so pretexto de que de otro modo quedaríamos aislados del mundo.

Bajo estas premisas, nuestros productores agropecuarios aceptaron drásticas reducciones de aranceles, la apertura del mercado nacional, así como el desmantelamiento y demonización de todo apoyo estatal o subsidio al agro a partir de la adhesión a la OMC en 1998 y así durante todos los gobiernos subsiguientes estas políticas fueron paulatinamente dejando en la postración a nuestro sector agropecuario.

Hoy, casi dos décadas después, el mundo ha dado muchas vueltas, aquel mundo regido por las economías más poderosas desde la II Guerra Mundial ha tenido que dar un espacio a los llamados países emergentes. Así la ONU aceptó ampliar el Consejo de Seguridad y el G20 se abrió para dar entrada a Corea, Argentina, México y Brasil.   El texto de la última cumbre del G20 celebrada en Corea hace dos semanas, conocido como el ‘Consenso de Seúl’ es reflejo de ese cambio de ritmo.

Ahora se habla de un equilibrio entre crecimiento económico y desarrollo social, pero sobretodo se habla de políticas nacionales de desarrollo que no sean impuestas desde afuera. Tanto el Director del FMI como del Banco Mundial coincidieron en que las políticas económicas de los países deben ser consecuentes con su realidad doméstica y no pueden uniformarse para todos.

Hoy vivimos otro mundo. La crisis del petróleo en 2007 que devino en una crisis de precios de los alimentos llevó a la FAO a instar a los países a desarrollar políticas de desarrollo agropecuario y de seguridad alimentaria, parte del texto del ‘Consenso de Seúl’ reitera estas prioridades enfatizando en la necesidad de retomar las discusiones de la ‘Ronda de Doha’.

Ahora cuando nuestro país avanza en la negociación de Tratados de Libre Comercio y Acuerdos Fiscales con países miembros de la OCDE, es importante que nuestras autoridades tomen en cuenta los nuevos paradigmas globales. No se trata de regresar a políticas arcaicas de sustitución de importaciones, se trata de fomentar la producción nacional tanto agropecuaria como industrial para aumentar nuestras exportaciones y no sacrificar la primera so pretexto de impulsar la segunda. El crecimiento del país no puede darse a espaldas del desarrollo de nuestra industria y del sector agropecuario ya que son los que nos darán el necesario valor económico y la seguridad alimentaria.

<> Este artículo se publicó el 30 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/soto-alexis/

Patria y responsabilidad

La opinión del Comunicador Social….

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Esta semana cumplimos 107 años de vida republicana y, para los que no se acuerdan, también estaremos celebrando 10 años de la recuperación de la soberanía total sobre nuestro territorio con la transferencia del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999.

Este último hecho consolidó nuestra verdadera independencia y abrió las posibilidades de trabajar afanosamente por impulsar nuestro desarrollo, con el fin de que, como nación, pudiéramos gozar de los beneficios que, como país realmente independiente, merecemos.

Pero 10 años después, y a 107 años de separación, algo anda mal. Resulta muy difícil que las nuevas generaciones comprendan el valor de la lucha que se libró por casi un siglo y que entiendan las circunstancias históricas que permitieron alcanzar los logros obtenidos en 1999. Decía Peter Senge que la ‘tensión estructural’ es el reto más difícil en el camino por alcanzar el lugar que visionamos, ante los constantes desvíos de la realidad.

La visión de un país libre y trabajando por su desarrollo integral, choca con la realidad que vivimos. La independencia se debate hoy entre las fallas de nuestro sistema educativo, el pobre, pero categórico, papel que juegan los medios masivos de comunicación en el deterioro de nuestra identidad nacional y social y, la falta de políticas culturales concretas, que amenazan la consolidación de la nación. Somos una nación complaciente y conformista. Nos estamos saboteando nosotros mismos.

Estos primeros años del nuevo milenio deberían ser algo así como un tiempo de transición entre el proceso de desmantelamiento colonial que vivimos durante los últimos 23 años del siglo pasado, y el perfeccionamiento del Estado panameño en camino a una condición social más elevada para todos. Ambos requieren de mucho trabajo y de una población preparada y dispuesta a asumir su responsabilidad en esa tarea. Pero nuestra sociedad no funciona desde hace mucho tiempo bajo los parámetros que envuelven una visión integral de desarrollo y perfeccionamiento. Algunos creen que eso se logra mediante la construcción de rascacielos y centros comerciales. La visión de un desarrollo social y sistémico del hombre y la mujer que conforma parte de esta nación está en serio cuestionamiento.

Desde no sé cuándo en los últimos años, se ha ido alojando en la conducta de la sociedad el espejismo de que todos somos triunfadores, no importa qué.    En las competencias infantiles, por ejemplo, la práctica es que todos ganan medallas o trofeos: ‘lo importante no es ganar, sino competir’. En sociedades de ‘juegavivo’ como la nuestra, eso también quiere decir que el esfuerzo no tiene que ser mayor.   Impera la ley del menor esfuerzo. Entonces, ¿qué actitud esperamos del colegiado de profesores que pide aumentos salariales, aún cuando el producto que entregan a la nación no es de la mejor calidad? ¿Qué podemos pedirle a los muchachos que exigen el pago de la beca universal, aunque no tengan la calificación mínima de 3.0?, que incluso considero demasiada baja.

La semana pasada, en el marco de una serie de protestas estudiantiles, quedó nuevamente en evidencia lo que todos sabemos: en esencia, la brújula de la generación que está por sucedernos en los próximos 25 a 30 años en la conducción de las cosas de la nación, no funciona.    Se perdió la de ellos y la de sus acudientes, en algunos casos.    Aspirar a ser premiado por algo que no lograron; pocos entienden que el sistema educativo está en un punto crítico que amenaza el proceso de desarrollo nacional.

Las estadísticas oficiales de los últimos años señalan que el 69.5% de los estudiantes de premedia presentaron índices de fracasos en asignaturas tan importantes como Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Español. El 50% de los jóvenes fracasaron en las pruebas de admisión a la Universidad Tecnológica de Panamá y el 65% lo hizo en las pruebas de admisión a la Universidad de Panamá. En las universidades privadas el nivel y el rigor son altamente cuestionables.

Durante los años de juventud la responsabilidad es también un desafío. Me preocupa decir que por donde mire siento que esta generación la estamos perdiendo, en lo educativo, lo social y lo cultural.   No tiene idea del papel histórico que debe asumir dentro de muy poco en la cadena de sucesiones generacionales. Hace falta un entendimiento sobre el valor por el desarrollo humano sistémico e integral. Cimentar la responsabilidad personal de todos. Eso es una obligación patriótica.

Esta semana, los educadores, los estudiantes y los altos oficiales de la nación, vestidos y llenos de motivos, celebrarán los actos y desfiles tradicionales sin esa clara conciencia sobre su papel en la construcción de la sociedad del siglo XXI.   Hacer Patria es exigir y tener compromiso.   Contribuir, en vez de exigir a la fuerza, lo que no nos merecemos.

 

 

<> Este artículo se publicó el  1 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en:   https://panaletras.wordpress.com/category/holder-ernesto-a/

Panameño que se duerme…

La opinión del Contratista….

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Daniel Franco Mojica

Hace unos días estuve en mi querido Panamá, mi patria hermosa, cuestiones del destino y el propósito de Dios me tienen en otros lares, pero añorando el terruño patrio.

Vengo de una familia humilde donde mis padres con mucho sacrificio y uno que otro correazo lograron darnos una educación a mi y a mis 2 hermanos. Quiso también Dios que con otros socios nos echáramos al agua, como se dice en buen panameño

Y con mucho esfuerzo nos hemos expandido a otros países. Pero al llegar a Panamá también me ha entristecido algo, Dios sabe que no es racismo porque mi esposa es colombiana, pero el panameño ha perdido el espíritu de trabajo, la pro actividad y la visión innovadora de crear riqueza que acompañado de una irresponsabilidad estatal en la ordenanza y cumplimiento de los estatutos del régimen laboral y migratoria, han creado una tormenta perfecta donde el panameño solo es una mano de obra.

Pero bueno el caso no termina ahí porque si fuera que vinieran a Panamá inversionistas y fuéramos mano de obra pues bien también es trabajo honrado. Pero les contaré algo que me pasó.   Fui al centro comercial La Doña, era fiesta judía y estaban cerrado los negocios Judíos; tranquilo dije, amo a Israel.   Así que me dirijo a otro negocio y son chinos pero para sorpresa, no hay un dependiente panameño, todos chinos, luego a otro negocio a comprar un cargador para mi celular y todos eran dominicanos, luego a comprar un estuche para el celular y todos árabes.   Yo tengo negocios y vivo en Honduras. Acá estoy legalmente con residencia, pago al día mis impuestos porque así es la ley, pero sobre todo aparte de mi, solo hay otro extranjero en mi oficina, un ingeniero venezolano que también vive en Honduras.   El resto -que puede oscilar entre unos 20 a 25 empleados- son todos locales.

La ley panameña permite si bien es cierto que se invierta en Panamá, pero hay un balance entre mano de obra extranjera y panameña. No puede venir alguien a poner un negocio y llenarlo de sus coterráneos, entonces eso no beneficia en nada a Panamá pues todos ellos terminan enviando remesas a sus países y la fuga de divisas trae más pérdida que beneficio a nuestro país.

Yo soy extranjero en Honduras donde resido y considero que en Panamá debe solventarse la situación de miles de centroamericanos por ejemplo y otros que llevan 20, 30 años en Panamá, que son más panameños que cualquiera y que se casan con panameños y aumentan la riqueza cultural y con su esfuerzo engrandecen más a Panamá.

Pero me opongo una y mil veces a quienes piensan que porque somos nobles, somos débiles y vienen a nuestra tierra a violentar nuestra sociedad y nuestras leyes. Llegan a Panamá hoy y ni hablan el idioma, pero se llaman Juan González y nacido en los llanos de Ocú de donde es mi abuela y allá nunca hubo un chino.

Debemos exigir de las autoridades también control y que se dejen bien claras las normas de convivencia y desarrollo laboral y social a alguien que quiera residir en Panamá.

 

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<>Artículo publicado el 30  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Chitré, crecimiento y desarrollo

La opinión de….

Milcíades Pinzón Rodríguez

A diario escucho decir que Chitré está creciendo, y no lo pongo en duda; lo que me pregunto es si esa tendencia puede ser llamada desarrollo. El primero de los vocablos recoge aspectos de índole cuantitativa, mientras que el segundo coloca el énfasis en la calidad de vida; porque todo desarrollo implica un crecimiento, pero no todo crecimiento es desarrollo. Por eso, y desde mi particular punto de vista, pienso que debe preocuparnos lo que acontece en la capital herrerana.

Al parecer existe un espejismo en esos guarismos que pregonan que Chitré ha logrado algún grado de avance en la última década. Porque a diferencia de tiempos idos (gran parte del Siglo XX), cuando la influencia externa se hizo carne en la vida del hombre que habitaba Chitré, no acontece lo mismo en los actuales momento.

Me refiero a que desde el Siglo XIX los extranjeros (franceses, alemanes, italianos, etc.) contribuyeron a posicionar la tierra adoptiva del padre Melitón Martín y Villalta. Gracias a ese empeño forastero, y a diferencia de otras comunidades del entorno, la capital herrerana logró asumir el capitalismo como un sistema económico que le permitió catapultarse como centro comercial de las provincias centrales.

Hay que comprender que las minorías étnicas de antaño, contrario a lo que acontece contemporáneamente, terminaron por ser asimiladas por la pueblerina cultura que moraba “en la otra banda del río”. Tómese en consideración que la reciente modernidad acoge el influjo de un capital que responde a consorcios nacionales y extranjeros y que, a la postre, no implica necesariamente una fusión con los grupos humanos que pueblan la zona. Pienso que se trata más bien de una superposición de intereses mercuriales que desplazan al capital nativo y que a la larga tendrá su secuela en los hábitos laborales, festivos y, en general, culturales de la chitreanidad.

Otro elemento estructural del análisis del “desarrollo” chitreano, implica el tomar conciencia de cómo el indicado crecimiento no se enmarca en una estrategia de desarrollo regional, peninsular, santeña o herrerana; porque en el fondo la península no sabe qué quiere ni a dónde va. Por este motivo el crecimiento es “peligroso” para Chitré y la región; porque la ilusión contemporánea puede trocarse en el dolor de cabeza del mañana. Por ejemplo, piense usted cómo la pequeña urbe herrerana atraerá junto a ella, como ya está aconteciendo, a un creciente flujo de inmigrantes que terminarán por poblar la periferia de la ciudad, demandar un conjunto de servicios gubernamentales y, de paso, acelerar la crisis en una comuna que no ha superado los esquemas administrativos de la primera mitad de la vigésima centuria.

En el último lustro esos aspectos pretendidamente cualitativos se expresan (metafóricamente) en lo que podríamos definir como la “semaforización” y “hamburguerización” de Chitré.   Quiero decir que la ingenuidad de la perspectiva reinante conduce a creer que el poblado avanza, porque la ciudad tiene dos semáforos y las empresas comerciales de alimentos venden hamburguesas y una que otra edificación rompe con la monotonía de la casa de quincha, como si ésta fuera una rémora del ayer que necesitamos erradicar.

Nadie desconoce que vivimos tiempos difíciles y de cambios acelerados; es decir, de aldea global y de modernización. Pero sería igualmente candoroso pretender que Chitré se amuralle para impedir el avance de la nueva era; porque ya esa cultura del erizo ha provocado no pocos retrocesos en el desarrollo regional. No es casual que los ejemplos azuerenses más paradigmáticos de la transformación regional estén representados por dos estilos de crecimiento: el chitreano y el pedasieño. Núcleo urbano y comercial, el primero, y desafío del turismo, el segundo. Ambas propuestas tienen que ser pensadas en sus aciertos e implicaciones para el resto de la región y, particularmente, para la actividad agraria y ganadera que ha sido el sustento histórico de la población. Y todo ello sin que aquí entremos a considerar la aberración que representa la minería en la zona de “montaña”.

Pensando en los desafíos modernos y sin negar los beneficios que pudiera promover un capital bien invertido, la realidad parece sugerir que sin planificación del desarrollo, y sin que los frutos de ese crecimiento logren permear a los diversos estratos sociales, lo que acontece en la capital herrerana podría acarrear serias implicaciones en la base de la pirámide social azuerense. Es decir, si prosigue la actual tendencia Chitré crecerá, pero no se desarrollará. Y se repetirá en Herrera la triste historia de la capital republicana, mucho crecimiento y poco desarrollo, con edificios que la gente de El Ñuco y El Tijera sólo los mirarán al pasar.

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<> Este artículo se publicó el 22  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/pinzon-r-milciades/

¿Hacia dónde va el presupuesto?


La opinión de la Ex Candidata Presidencial…

BALBINA HERRERA ARAÚZ

Esta semana se ha conocido que Panamá tendrá en el año 2011 el presupuesto más grande de su historia. Son trece mil nueve punto tres millones (13,009.3) de balboas, que representan un incremento de dos mil setecientos veintinueve punto tres millones (2,729.3) de balboas, hecho que nos preocupa a todos los panameños.

Pareciera contradictorio porque debiéramos estar felices por la cantidad de recursos que tiene el país a través de su presupuesto, pero no es así, porque el presupuesto del 2010, dicho por las propias autoridades, no se ha ejecutado aún, ni el 20 por ciento de inversión, porque es normal que nos gastemos el de funcionamiento.   Y lo que es peor, ya en el mes de julio se han hecho transferencias de partidas del sector educación, vivienda y salud a otros proyectos.

¿Por qué entonces aprobamos el 7 por ciento, sino tenemos la capacidad de ejecutar?   Cada balboa que se queda sin ejecutar es un balboa que no le llega a los sectores más necesitados de nuestro Panamá.

Señor Presidente: No es quitar control previo, no es contrataciones directas, lo que debe ser es respetar a los funcionarios que por años saben lo que es la administración pública y que hoy lamentablemente han sido despedidos.

Temas como la pobreza, la inseguridad, la seguridad alimentaria, el agua y las infraestructuras son las que necesitan de nuestro mayor esfuerzo, tanto de gobierno como de oposición. Estos son nuestros verdaderos enemigos.

Panamá tiene muchos recursos económicos, sin embargo, es el octavo país más caro de América Latina y no podemos darnos el lujo que se nos vaya de las manos, porque hay crecimiento pero no hay desarrollo social.

El desarrollo social que necesitamos es para que haya una población educada, sana, capacitada para el trabajo y, sobre todo, promoviendo el desarrollo humano en todo el territorio nacional, preocupándonos especialmente por las necesidades de los niños, de los jóvenes, mujeres jefes de hogar, adultos mayores, ciudadanos históricamente excluidos de nuestra sociedad.

Es necesario que nos desarrollemos en un ambiente natural, sano y, sobre todo, próspero para que con ello podamos cumplir los objetivos del milenio. Todos, panameños y panameñas, queremos paz, trabajo, solidaridad, no queremos más confrontación porque luego sería tarde para lamentarnos de lo que hoy podemos evitar.

Por esto hay que seguirlo trabajando para que nadie nos robe nuestros sueños.

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Artículo publicado el  15  de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Democracia como centralidad

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…

Raúl Leis R.  

Es la democracia la que está en el tapete. Hoy prevalecen expresiones de debilidad en la afirmación de los valores necesarios para la existencia de la democracia y, frente a ello, una inexistente o reducida importancia en la agenda pública de la discusión sobre valores democráticos (tolerancia, pluriculturalidad, respeto a las minorías, individuo y persona, estado de derecho, derechos civiles, políticos, socioeconómicos, culturales y sus garantías). Impera una democracia insuficiente caracterizada por un progresivo ejercicio autoritario del poder, limitaciones de acceso a la justicia y a la participación política de grandes sectores de la población, al mismo tiempo que una creciente inquietud en la distribución de la riqueza y desigualdad de oportunidades para el ejercicio de derechos económicos, sociales y culturales. Estos fenómenos son signos de un problema mayor de exclusión económica, política y social.

Colocando a la democracia como centralidad, no puede soslayarse la realidad de que la sociedad expresa la existencia de una ciudadanía relegada al papel de consumidora, o con una participación limitada, o simplemente excluida del desarrollo socio-económico, muchas veces sólo sobreviviendo en las ranuras de un crecimiento económico que parece ser exclusivo de una franja de la sociedad. Por ello el desarrollo debe vincularse a lo democrático a través de importantes factores como:

El impulso y apoyo de propuestas nacionales que aporten equidad al crecimiento económico, participación activa a la democracia y sostenibilidad ambiental al desarrollo. La colaboración en el esfuerzo de organización, participación y gestión ciudadana, pero en especial la de los sectores marginados y excluidos en favor de la mejora de su calidad de vida, colaborando en la construcción de sujetos sociales con capacidad de construir participativamente su destino. La incorporación de los enfoques de género, edad, etnia, ambiente y desarrollo local como facetas que deben interactuar y enriquecer integralmente el desarrollo. El apoyo a la gestación de una moderna ciudadanía dotada de una cultura política democrática, de responsabilidad ciudadana y de capacidad de acción para transformar positivamente la realidad.

Un elemento esencial es la afirmación de que las necesidades no son sólo carencias, sino potencialidades individuales y colectivas, lo que permite transformar la visión del desarrollo en un proceso que debe estar centrado en la gente, en las formas de relacionar sus necesidades con sus prácticas sociales, sus formas organizativas, valores y alternativas globales. Si las necesidades se visualizan sólo como carencias, corremos el riesgo de adscribirnos a una lógica asistencial y eventualmente paralizante que olvida el necesario enfoque sinérgico y sistémico que busca reemplazar el círculo vicioso de la pobreza por el círculo virtuoso del desarrollo integral.

El desarrollo social y económico necesita sintonizarse con los procesos de democratización participativa y del diseño de métodos incluyentes de carácter político para contrarrestar las exclusiones socio-económicas. La ciudadanía de alta densidad supone la capacidad de conjugar la ciudadanía política con la ciudadanía socio-económica, y esta articulación representa un desafío para todos y todas.

Necesitamos una educación que fortalezca la capacidad de la gente de intervenir en la gestión de su propio desarrollo por lo que deben propiciarse la creación de ambientes educativos en los espacios de la cotidianidad, estimulando la construcción y el diálogo de saberes, redefiniendo los procesos educativos en función de una visión diferente del conocimiento y de la participación de la gente en su extensión, producción, aplicación y apropiación.

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Este artículo se publicó el  28  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.