El desarrollo sustentable y los transgénicos

El desarrollo sustentable y los transgénicos

La opinión de…

Manuel Vidal Fuentes Méndez

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Los científicos han demostrado que, debido a la industrialización y consumismo, la tierra experimenta un proceso de calentamiento desde finales del siglo XIX, acelerándose progresivamente en el curso del siglo XX y presente, principalmente por la quema de combustible de petróleo, gas y carbón.   Esta combustión genera excesivas emisiones de bióxido de carbono (CO2) que, retenido en la atmósfera, produce una capa translúcida, parecida a un invernadero, causando que la radiación solar entre al planeta y no salga durante la noche. Se predice que las temperaturas continuarán subiendo de seguir las emisiones de gases que producen este efecto.

Los gobiernos del mundo han tomado iniciativas para encarar la crisis, tras acuerdos tendientes a reducir las emisiones de CO2. En 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro se aprobó el Convenio de Cambio Climático que compromete a los gobiernos a tomar medidas efectivas para disminuir las emisiones. En 1997 se adoptó el Protocolo de Kioto, que dicta la obligación a los países que expelen la mayor cantidad de contaminantes a la atmósfera a una reducción de un 5.2% entre 2008 y 2012. Y para el venidero diciembre, las naciones concernidas en la disminución de gases de efectos invernaderos (GEI), se reunirán en Copenhague para trazar un nuevo protocolo que mejore al de Kioto.

Es obvio que el problema de la afectación climatológica por los GEI no sólo es el que mueve la preocupación de los rentistas de energéticos fósiles, sino que se enfrenta al previsible agotamiento de los hidrocarburos. La combinación de estas dos situaciones acelera la necesidad de sustituir las fuentes tradicionales por la nueva energía limpia, los llamados biocombustibles. La demanda de esa nueva fuente no contaminante es tan grande que la Unión Europea y Estados Unidos, los mayores consumidores de energía del orbe, no poseen, en conjunto, los espacios de labranza que satisfagan sus respectivas exigencias energéticas. Los ojos están en Asia, África y América Latina que conservan en barbecho enormes extensiones óptimas para el cultivo del material requerido.

La producción de la materia prima del biocombustible abre un mercado potencialmente atractivo a las economías emergentes, como la panameña, en vías de adecuar a un desarrollo sostenible las áreas marginadas como las de Darién. La decisión de entrar en esta cadena productiva de materia prima no es tan simple, sobre todo cuando de productos transgénicos se trata.

Los conservacionistas cuestionan la penetración a la cadena alimenticia de estos transgénicos por la supuesta afectación a la salud humana y repercusiones en la soberanía alimentaria de los pueblos. Pero, el asunto hay que tratarlo como al exquisito, aunque espinoso, pez macana del Tuira arriba, que para comerlo y no descartarlo del saludable menú darienita hay que prepararlo con cuidado a fin de tornar inocuas sus espinas.

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Publicado el 20 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

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