Una política de Estado

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Una política de Estado

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Luis Manuel Cornejo A.
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La reciente implementación del programa especial de asistencia económica a los adultos mayores sin ingresos ha puesto en evidencia una de las necesidades principales que enfrenta esta población vulnerable.

Pero a la pobreza y a la extrema pobreza que sufren más de 15 mil ancianos hoy día en Panamá, hay que sumar la ausencia de una política de Estado que pueda planificar servicios asistenciales y programas socio-comunitarios cónsonos con las carencias de este grupo.

Desde un punto de vista gerontológico, el mayor logro gubernamental de los últimos 15 años fue la creación de la Dirección del adulto mayor, en 1997. Esta dependencia especializada del Ministerio de Desarrollo Social tuvo como principales logros un diagnóstico situacional del envejecimiento en el país y la postulación de los primeros lineamientos para una política gubernamental orientada por los compromisos adquiridos por Panamá en las Asambleas Mundiales del Envejecimiento de la ONU en Viena y Madrid.

Desafortunadamente, y pese a su importancia, la Dirección del Adulto Mayor fue desestructurada e integrada a la Dirección de Políticas Sociales del Ministerio en el año 2007, perdiéndose su carácter eminentemente especializado para grupo vulnerable, en lo que personalmente nos parece un franco y lamentable retroceso histórico.

En Panamá no existe un Consejo Nacional del Envejecimiento, ni una reglamentación actualizada para hogares de ancianos, de acuerdo a estándares gerontológicos internacionales. Mientras las situaciones de maltrato abundan, carecemos de Centros de Atención Diurnos, de programas nutricionales comunitarios a domicilio, de facilidades de transporte o programas de vivienda alternativa estilo “hogares substitutos”.

La Universidad Especializada de las Américas gradúa, desde hace 10 años, licenciados en Gerontología Social, que se ven impedidos de hacer impacto en las comunidades porque aún no cuentan con la aprobación de una ley de carrera ni con el apoyo de las agencias estatales a las que debería interesar su labor.

La mayoría de las escasas Casas de la tercera edad, construidas con fondos del FES en toda la República, adolecen de los servicios mínimos que deberían prestar a los adultos mayores en sus comunidades. El Ministerio de Educación no tiene programas para prevenir la discriminación contra las personas de edad —viejismo— y el Ministerio de Trabajo no ha establecido políticas que normen el trabajo de las personas mayores. La cantidad de médicos geriatras es pequeña y estos especialistas no existen en ningún hospital de segundo nivel del país.

A pesar de ello Panamá continúa envejeciendo… De cada 100 personas que viven aquí, casi 9 tienen más de 60 años y dos tienen más de 75. Gracias a una mejor calidad de vida y a los avances de la medicina preventiva y curativa, cada vez vivimos más, pero no vivimos mejor o por lo menos no como podríamos vivir si este extraordinario fenómeno del envejecimiento fuese merecedor de una mayor seriedad política, sin oportunismos, sino con visión de Estado, a través de un cambio que permitiese una verdadera aproximación científico-social a los desafíos que plantea la vejez.

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Publicado el 30 de julio de 2009 en el diario La Prensa,  a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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