Egipto, adiós al futuro

 

La opinión del Politólogo…

MARCEL SALAMÍN CÁRDENAS
msalamin@yahoo.com

 

 

H ace poco visité Egipto, uno de los pilares de la civilización occidental, el puente fecundo que enriqueció y trasladó el patrimonio de las civilizaciones asiáticas a la Acrópolis ateniense y a las siete colinas romanas, para desde allí, sembrarla en las comarcas fecundas de Hispania, Galia, Britannia, Sajonia, Germanía, Lusitania, Mauritania, Cyrenaica, Aegiptus, Arabia Petraea y el Regnum Parthicum.

Fue una zambullida profunda y estremecedora en más de 6,000 años de historia de la Humanidad. Me faltaba ese eslabón en la comprensión de ese largo camino que desde el Imperio Celeste y del Imperio de Bharata, nos llevó a Alejandro Magno y a los Ptolomeos, para luego pasar por Julio César, Marco Antonio y Napoleón, hasta traernos a nuestros tiempos.

Todas las claves están allí, unas más enterradas que otras, y algunas que solo se pueden intuir, o adivinar, entre las dunas, siguiendo los rastros dejados por la antigua sabiduría de los augures. Arte y cultura milenaria que han logrado sobrevivir al paso, doloroso cuanto demoledor, de los conquistadores de todas las cualidades que desde la Mesopotamia y el Mare Nostrum Occidental —persas, griegos, macedonios, romanos, turcos, mamelucos y europeos— le quebraron la columna vertebral al Imperio de los Faraones, le impusieron a hierro y fuego sus creencias, valores e instituciones, y le asignaron una función político—militar tan perversa en sus matrices de dominio geopolítico y de estabilidad estratégica regional, que todo le debe ser sacrificado, vida, democracia y libertad, para preservarla.

La experiencia de esa visita me desgarró el corazón y me alertó de una falla estructural y sistémica en los muros de contención construidos por terceros en el Egipto contemporáneo para detener el tsunami del fundamentalismo islámico. Junto a los vestigios de pirámides, esfinges, tumbas, palacios y necrópolis, como congelados en el tiempo y apartados a empellones por millones de turistas, los egipcios siguen atrapados por el pasado remoto, mirando hacia atrás a la búsqueda de un camino y viviendo una vida tan miserable, tan llena de penurias, enfermedades, suciedad, indefensión y abandono, que juro nunca haber experimentado tanta incomodidad, desazón y rebeldía ante las evidencias de ese costo tan insoportable como humillante.

El Cairo, es una ciudad sobrepoblada, sin agua, sin cloacas fuera del perímetro histórico, contaminada a morir, atrapada en las garras del desierto, ajetreada y maltratada por la faena inacabable del grueso de sus ciudadanos, pobres en todos los sentidos y desempleados, que para sobrevivir a toda costa, venden cuanto pueda tener algún valor, piden con escopeta, sustraen todo lo que quede mal colocado y, de la misma manera que tiran todo desperdicio y excrecencia a los meandros del Río Nilo que lo cruzan una y otra vez, son capaces de bañarse en sus terribles aguas, jugarse la vida contra el cólera en cada apretón de mano y pescar junto a una vaca muerta que flota en sus estancadas aguas.

Túnez es la chispa de una explosión que no ha llegado a su máxima combustión, pero que se mueve veloz e indetenible hacia el Oriente del Norte Africano conmoviendo desde sus cimientos a Egipto, para pasar a la Península de Arabia y de allí saltar al Asia Central, talibán y chiita.

Si Egipto implosiona, como ‘la singularidad de un hueco negro’, arrastrará a su vórtice a todos los gobernantes que en esa región optaron por sacrificar a sus pueblos a cambio de un teléfono rojo o blanco en el comando de los centros de rescate y control de daños colaterales del colonialismo, del neocolonialismo y de la globalización salvaje.

La paradoja que implosiona es la insostenible pobreza de millones frente a la impúdica e inmoral riqueza de un puñado de sátrapas corruptos y prestos a saltar empijamados al avión. Y si bien Jordania ya tiene que correr a emparapetar su maltrecho régimen monárquico, esa, ni la monarquía saudita, son ni remotamente el núcleo de la masa crítica.

El acelerador es Afganistán y el núcleo de la masa crítica es Pakistán, con su centenar de bombas nucleares a un tris de caer en manos del fundamentalismo islámico.   Y no nos engañemos. La ruptura del dique que abrirá paso a esta crisis involutiva regional es el golpe de Estado que le dieron a Mubarak.   El verdadero tornillo maestro es la fuerza armada egipcia, que no abrirá fuego, mientras tengan la certeza de que conserva el dominio de los resortes geoestratégicos del poder.

Esta crisis está por modificar radicalmente la correlación de fuerzas militares y políticas de ese inmenso bloque regional. Y si ello es así, éstas deben ser horas muy tensas y dramáticas en Israel.   Si se desploman sus ‘cómodos enemigos’ y el fundamentalismo islámico, la única fuerza estructurante en la región, se toma el poder, que ellos se acerquen al Muro de los Lamentos y que cada uno de nosotros se agarre de su Santo Patrón.  Son los remanentes de la civilización occidental los que han llegado a su fin en Egipto.

 

Este artículo se publicó el 15 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Quién es el Presidente Ricardo Martinelli?

La opinión de…

MARCOS A. GANDÁSEGUI
gandasegui@hotmail.com

El Presidente Ricardo Martinelli, representa un fenómeno político original, que sintetiza todo lo viejo. Algunos lo llamarían una expresión transitoria.   Su estrella podría mantenerse sobre el horizonte hasta que dure la presente crisis política panameña.   Crisis que se manifiesta en el sentido clásico:   Lo viejo se resiste a desaparecer y no deja que lo nuevo haga su aparición.   Es común que identifiquen ideológicamente a Martinelli y sus seguidores como conservadores. Es decir, ligados a los sectores tradicionales de los terratenientes (urbanos y rurales) y a la iglesia católica. Martinelli ha demostrado con hechos que no comulga con esas ideas conservadoras.

Otros asocian a los actuales gobernantes con ideas fascistas. Quienes levantan las banderas fascistas se identifican con ideas nacionalistas en el marco de una alianza populista que subordina a las masas urbanas al liderazgo de los grandes capitalistas. Este tipo de alianza suele ser encarnada por un líder ‘carismático’.    Martinelli rechaza toda identidad nacional y no pretende cooptar a los sectores populares. Al contrario, su ideología es anti-nacional y no pretende darle dirección alguna a los sectores populares.

Otros ven a Martinelli en el campo neoliberal, política impuesta por EEUU entre 1983-2008. La ley ‘Chorizo’, derogada a fines de 2010, pretendía acabar con la capacidad negociadora de los trabajadores. El proyecto de ley minera actualmente ante la Asamblea de Diputados pone fin al estado de derecho en el país. También aumentó el impuesto al consumo (ITBMS) en un 40 por ciento.

El aumento impositivo ha multiplicado los ingresos del fisco. Esta política le parece sospechosa a los millonarios panameños y a EEUU.    Entre los cables secretos enviados por la embajada norteamericana a Washington se destaca uno que acusaba a Martinelli de no cumplir con los principios neoliberales al pretender cobrarle impuestos a los ricos. En realidad, Martinelli no encaja en lo que el Banco Mundial llamaría neoliberal.

Hay quienes señalan que la política económica de Martinelli es de ‘des-posesión’:   Le quita el empleo a los trabajadores,    las oportunidades de inversión a los pequeños empresarios y la tierra a los productores rurales.

Martinelli, entonces, no es conservador, tampoco es fascista, ni neoliberal. Entonces, ¿qué es el presidente de la República y hacia dónde conduce el país?    Martinelli es la expresión extrema de una política fracasada que se instauró en el país hace 20 años después de la invasión militar norteamericana de 1989. En aquella época, sin mediar un estudio de la realidad panameña, se impusieron las privatizaciones, la desregulación y la flexibilización de la fuerza de trabajo. El objetivo inmediato de estas políticas neoliberales –al igual que en el resto del mundo– era transferir parte importante de las riquezas acumuladas por los sectores populares (los salarios y bienes de los trabajadores) a la clase capitalista.

Las estadísticas lo demuestran claramente. Mientras que en 1990 el 65 por ciento de la distribución de la riqueza producida por los panameños terminaba en los hogares de medio millón de trabajadores, en 2009 estas familias sólo recibían el 40 por ciento. En cambio, mientras que en 1990 el 35 por ciento de la riqueza nacional quedaba en los hogares de 20 mil familias acaudaladas, en 2009 había aumentado al 60 por ciento.

Las estadísticas presentadas en números fríos, sin embargo, no nos dicen lo que realmente ocurre en nuestras comunidades. Mientras que la extrema pobreza prácticamente no existía en Panamá, ahora el 20 por ciento de los hogares panameños vive en ese estado de miseria. En total, casi el 50 por ciento de los hogares panameños viven en lo que el Banco Mundial llama la pobreza. (El 40 por ciento de los trabajadores panameños son informales. Es decir, trabajan sin contrato y/o sin seguridad social).

El gobierno del presidente Martinelli no entiende lo que representan estas cifras. Los neoliberales decían que a mayor pobreza, producto de sus políticas, había que aumentar los programas ‘focalizados’ para distribuir caridad a las comunidades más golpeadas. El Banco Mundial creó la ‘Red de Oportunidades’ durante la administración de Martín Torrijos y con Martinelli ha generado la ‘Beca Universal’ y los ‘100 para 70’.

Un país, sin embargo, no puede sobrevivir con estas políticas absurdas, depredadoras y especulativas. El neoliberalismo tuvo éxito en empobrecer a los sectores populares y a las capas medias, mientras enriquecía a los más ricos.   Esa política hizo crisis a escala mundial y pronto hará igual en Panamá. Martinelli preside sobre un régimen transitorio. La pregunta es ¿cuándo cederá lo viejo a las nuevas fuerzas sociales que todavía no emergen? ¿Quién es el sujeto (grupo social) nuevo que dirigirá ese proceso de reconstrucción?

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Este artículo se publicó el  3  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los orígenes de la delincuencia

La opinión de…

 

Mauro Zúñiga Araúz

El Gobierno Nacional dice estar preocupado por el aumento de la delincuencia y, para tratar de calmar la angustia ciudadana, ha orientado su mirada hacia la ley y hacia las cárceles. Con las modificaciones a la ley ha aumentado las penas y disminuido la edad para aplicar las sanciones.   Con aumentar el número de cárceles persigue recluir a un número mayor de personas. Atendiendo estos dos parámetros, el Gobierno piensa dar solución al conflicto que tiene atemorizado al país.   Con esta política se cae en un reduccionismo que choca con la inteligencia.

A propósito de Mulino, le tengo dos buenas noticias. Vamos a iniciar una colecta de dignidades. Creo que en muy poco tiempo recogeremos la mitad de una, suficiente para que la utilice el tiempo que toma escribir una firma sobre la carta de renuncia.   La segunda: muchos empresarios me preguntan si el problema es económico; de ser ese, ellos le pueden subvencionar hasta la jubilación, porque me dicen que no puede haber una mente racional que entienda por qué este sujeto no se ha ido para su casa.

El feto desde los siete meses de gestación percibe los estímulos del mundo exterior.   Si vive en un entorno hostil a esa temprana edad, las redes de cableado eléctrico que conectan las neuronas se van marcando con señales negativas, y si ese ambiente se mantiene durante la infancia y la adolescencia, se va a formar un adulto con trastornos cognitivos, de memoria y de comportamiento. Un niño que vive en un ambiente agresivo, y por tanto maltratado, al menos psicológicamente, produce continuamente las hormonas del estrés, entre las que el cortisol ocupa el primer lugar.

Pero aparte del maltrato psicológico, los ambientes agresivos son proclives para el maltrato físico y sexual, y para el peor de ellos:   el abandono o la negligencia, que es el que menos se describe.    El aumento constante del cortisol afecta una región del cerebro que es rica en receptores para esa hormona, como es el hipocampo.  Las lesiones en esa área del cerebro producen un incremento de la agresividad y la disminución en la consolidación de la memoria. La pobreza en sí no está categorizada como causal de maltrato infantil, pero los problemas que acarrea como la frustración y la angustia sí son desencadenantes de conductas agresivas. Además, la pobreza en una madre gestante, disminuye las reservas de grasa del recién nacido, quien con una dieta carente de nutrientes óptimos se convertirá en un niño con déficit de conocimientos y alteraciones de conducta.

En nuestro país, el índice de Ginni que mide la distribución de la riqueza no ha mejorado en los últimos 30 años. A pesar de que la pobreza y exclusión social son inherentes al modelo neoliberal, si no tuviéramos un gobierno con voraz apetito por el dinero y poder, se podrían diseñar políticas públicas destinadas a crear entornos enriquecidos para el buen desarrollo físico y emocional de nuestra juventud.   Pero esta idea en un hombre que piensa con el bolsillo no es viable. Le propuse al ministro de Salud que hiciéramos un pacto ético por la salud, (La Prensa, 12/1/2011), pero en vez de hacer la convocatoria se fue a la televisión a decir que el gobierno de Ricardo Martinelli era el único en el mundo que hacia prevención construyendo hospitales.   Franklin, esas son incoherencias.

Otra causal de delincuencia es el consumo del alcohol.   El alcohol inhibe la corteza prefrontal del cerebro, la encargada de hacer los juicios de valor y de frenar los impulsos agresivos. En Panamá vivimos la cultura del alcohol.   No falta en ningún evento social. Aparte de su efecto deletéreo e irreversible en el sistema nervioso, su consumo agudo predispone a la violencia.   El Gobierno tiene la iniciativa de eliminar toda publicidad que promueva este agente tóxico, tal como se ha hecho con el tabaco. Sería bueno que el vice dé el ejemplo con sus licores.

Otras fábricas de delincuentes son las cárceles. Muchas veces se envía a la cárcel a un trasgresor de la ley por un delito trivial y allá se mezcla con los profesionales del crimen por un tiempo lo suficientemente grande (por la lentitud del proceso) para que se aprenda los oscuros e intrincados caminos de la mafia.

En esa escuela del delito confluyen todos. Entra un transgresor y sale un delincuente, con el agravante de que este delincuente, en muchas ocasiones, se incorpora como parte de la ilegitimidad del poder: soplones, grupos paramilitares, infiltrados en manifestaciones y protestas populares, etc.   Parece que el poder necesita de las cárceles para que le provea de individuos para hacer el trabajo que a los uniformados les está prohibido. Aunque, con la consolidación del fascismo y la nueva ley de la Policía, ya los agentes de protección ciudadana tienen licencia para matar.  Lo ocurrido en el centro de menores el pasado 9 de enero es el mejor testimonio de mis palabras.

Miembros de la asamblea de la sociedad civil visitaron las cárceles de menores.   Los videos y las fotografías son dantescas. El término infrahumano se queda corto, porque a ningún animal se le dispensa ese trato. ¿Interés de las autoridades? Cuando enterraban al quinto quemado, el excelentísimo estaba en Davos disfrutando de la buena champaña.    Fue lo único a lo que viajó, porque en sus escasas intervenciones a los participantes se le perdían las miradas detrás de las nevadas montaña. Esquiaban.

¿Y Gustavo Pérez? Me ha dicho garganta profunda, el ministro informante, que el excelentísimo ha señalado que primero se va él que su guardaespaldas.

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Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mi Panamá de ayer

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La opinión del Abogado y Comentarista…

Guillermo Márquez B. 

Gracias le doy a Dios por haberme permitido nacer en el casco viejo de la ciudad en una época como la de entonces.   Muchas familias dejaban sus zaguanes abiertos en horas de la noche sin temor ni peligro.   En el mercado, una libra de camarones costaba quince centavos.   En cualquier almacén de hindú se podía comprar un pijama de seda con el bordado de un dragón en el bolsillo por un balboa.   Ser millonario en aquellos días era escaso.

Había pobreza pero no miseria. Nunca supe de niño alguno que muriera de hambre. Los pordioseros escaseaban.

En nuestro interior en los años veinte se podía adquirir una gallina con sesenta centavos. Las camisas Arrow en los años treinta eran entonces un lujo. Costaban dos balboas y cuando encarecieron, B/. 2.25.

El transporte en un tranvía, que los eran muy confortables, costaba cinco centavos. Un paseo desde la terminal frente al Palacio de Gobierno hasta las Sabanas costaba, ida y vuelta, diez centavos y duraba una hora exactamente.

Fue muy usado por parejas de novios, y, esclavo de sus rieles, los padres de las niñas no tenían por qué temer un desvío hacia parajes lejanos, oscuros y solitarios.

Posteriormente en los años treinta, donde está actualmente el Hotel Continental, había una colina cubierta de hierba. Se vendía allí el terreno a diez centavos el metro cuadrado y permanecía sin comprador.

En 1929 estuve en un verano en el Valle de Antón que tenía casi todo un solo propietario y vendía terrenos a centavo el metro cuadrado.

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<>Artículo publicado el 30  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Paternalismo o justicia social

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La opinión del Doctor…

César Quintero Sánchez

Dentro de poco se conmemorará el natalicio del General Torrijos. Quiero aprovechar esta ocasión para recordar un incidente acaecido hace 30 años cuando caminábamos junto al recordado “Titi” Alvarado,   las montañas de la serranía chiricana y veragüense, encargados de la parte sanitaria del Proyecto Soloy, donde tuvimos el privilegio de asistir a una reunión entre el General Omar Torrijos y los líderes de aquellos grupos de indígenas.
El General les enumeró a todos los presentes, las decenas de proyectos y actividades que él planeaba realizar como propuestas de su proceso revolucionario, y cuando terminó de expresar lo que realmente sentía, la mano sudorosa de un cacique guaymie le solicitó la oportunidad de hablar.
Este autóctono dirigente, perteneciente a uno de los sub grupos nacionales en donde la desnutrición, la diarrea, la bronconeumonía, la pobreza y el analfabetismo no son estadísticas, si no personas de carne y hueso, agradeció las promesas de Omar, expresándole que él no dudaba que todo esto se concretaría en el futuro mediato.

Pero este cacique también nos regaló una frase al final de su intervención, que jamás he podido olvidar y fue la siguiente, “pero General, nuestro pueblo tiene hambre, y hambre quiere hoy, hambre no quiere mañana”.

No cabe duda que la educación y la formación técnica y profesional son las lámparas de Aladino modernas, que pueden transformar a un paria en una persona que llene el sentido de su vida plenamente, pero mientras se prepara para alcanzar esa potencialidad, el Estado debe protegerlo y atender de manera que satisfaga todas sus necesidades vitales.   No puede ser justo que mientras unos pocos se están enfermando de congestión en este país, muchos de los que constituyen el 40% de nuestra población se sigan muriendo por desnutrición, diarreas por falta de agua potable y bronconeumonías por déficit en la atención médica.

Toda la clase media y baja de nuestro pueblo está a la espera de que las riquezas del tan notorio desarrollo turístico, bancario, inmobiliario y de infraestructuras públicas (canal, autopistas, cinta costera, hidroeléctricas, etc. ) que se ha vivido en el pasado decenio les alcance finalmente, para poder aspirar a llenar el sentido pleno de sus vidas.    No la de los que nacen sabiendo que serán, (Costa del Este, Punta Paitilla, Barco y Mala ) si no de los que aún siguen naciendo, creciendo, reproduciéndose y muriendo sin saber qué han sido (20% en miseria y 40% en pobreza de nuestros barrios marginales y las diferentes comarcas).

Por eso cada vez que se implementan planes (becas, bonos, auxilios, agua, electricidad y ahora gas) para redistribuir la inmensa riqueza que se genera en el país entre los menos privilegiados, recuerdo las palabras profundas del cacique guaymie.

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<>Artículo publicado el 22  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es del editor.

Panamá sigue en venta y ahora en oferta

 

La opinión de…

 

Luis Antonio Sánchez Morales

El distrito de Cañazas en la provincia de Veraguas fue en la década de los 90 la cuna de la mina Remance.   Ignoro las cantidades de oro que se extrajeron de las entrañas de sus montañas en aquellos años o los millones que probablemente se embolsaron sus accionistas.

Lo que sí recuerdo claramente es el discurso de los políticos de la época vendiendo el proyecto como la divina pomada para la solución de todos los problemas que aquejaban a dicha comunidad. Mismo discurso que los políticos actuales parecen haber desempolvado para, cual cantos de sirena, engatusarnos y justificar así el sacrificio de nuestros recursos naturales.

El distrito de Cañazas es el mejor ejemplo de que proyectos de esta naturaleza solo contribuyen a incrementar los problemas de estas comunidades.

Hoy, 20 años después, Cañazas sigue afrontando las mismas vicisitudes de aquellos años: pésima distribución de la riqueza, desnutrición infantil, vivienda, caminos de penetración, educación, un largo etcétera y como si fuera poco la vasta extensión de áreas contaminadas por el proyecto minero que no pueden aprovecharse en lo absoluto.

Sé que una vez publicadas estas notas, saldrán defensores del Gobierno y las empresas mineras a contradecirme y a resaltar los beneficios de dicho proyecto. A ellos les pregunto: ¿Si los proyectos mineros son tan beneficiosos, por qué razón a finales de los 90 cuando se ejecutó el programa Combate a la Pobreza Rural y Conservación de los Recursos Naturales (PPRRN), el distrito de Cañazas fue el único a nivel nacional al que se le adjudicaron 2 consultorías piloto (corregimiento Cerro de Plata y El Valle)?   De haber dejado Remance toda esa bonanza no veo por qué razón incluir dichos corregimientos como beneficiarios del PPRRN, en el que el punto más importante a considerar era el índice de pobreza.

Entre los argumentos que el ministro Henríquez y la Cámara Minera de Panamá sustentan su nefasta propuesta minera resalta el hecho de que si llegaran a aprobar los 12 proyectos mineros, el Estado recibirá $343.55 millones en regalías y las comunidades donde se desarrollen estarían recibiendo cerca de $28 millones para el manejo de sus programas por año.

A riesgo de ser catalogado de pesimista, vuelvo a preguntar: ¿de ocurrir un accidente y resultase contaminado alguno de los ríos, alcanzarían esos millones para comprarnos uno nuevo, libre de contaminación?   Para salir de la duda preguntémosle a nuestros vecinos costarricenses, que por cierto acaban de prohibir las explotaciones mineras a cielo abierto, si nos venderían al más pequeño de sus ríos.

Para quienes lo ignoran la región de la comarca Ngäbe Buglé guarda un tesoro mucho más grande y benéfico que todo el cobre y oro del mundo, un tesoro del que los panameños nos hemos ufanado por años de ser la mejor del mundo: el agua. De sus montañas nacen los ríos Tabasará, Viguí, Cobre, San Pablo y Santa María.

Los que hemos caminado por aquellos parajes somos testigos de su impresionante belleza, misma que contrasta con la pobreza y carencias de sus habitantes. Exponerlos a ellos y al resto de los panameños a perder lo único que les queda es un crimen.

Nuestros gobernantes parecen no aprender nada de la experiencia, los recientes sucesos con el agua potable en la capital son motivo suficiente para que el Estado en su conjunto estuviera concentrado en salvaguardar a toda costa las fuentes de agua con que nos bendijo Dios. Es entonces cuando vienen a mi mente las palabras de mi mentor en la Facultad de Ciencias Agropecuarias, Msc. Julio Castillo, quien uno de nuestros coloquios me señalaba que: “La naturaleza se le aprecia, admira y convive con ella, pero nunca se menosprecia o se irrespeta porque tarde o temprano nos hace pagar por los abusos”.

Los ríos y sus cauces, rastrojos, montañas son componentes naturales que debemos aprovechar y proteger. No puedo estar más de acuerdo, con mi apreciado profesor.

Las inundaciones en Chepo y Darién, así como la falta de agua en la capital es clara evidencia de que la madre naturaleza esta facturando la ignorancia o ambición de unos pocos panameños que abusaron de ella.   Cuenta que nos está tocando pagar ya, a intereses altísimos y es la herencia que les estamos dejando a nuestros hijos.

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Este artículo se publicó el 29  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Desarrollo sostenible

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

La comunidad de Las Canoas en las montañas de la provincia de Herrera, vive la transformación en sus tareas productivas, en la forma de ser de sus pobladores y hasta en la idea que cada uno de ellos se hace de la vida rural cotidiana.   El agricultor Santiago Gómez, de ese poblado, ha cambiado los patrones de conducta de esta vecindad. Desde hace algunos años, inició el proceso de reciclar toda la basura orgánica de las casas, separa el material biodegradable, que mezcla con tierra en unas tinas y allí deja estos componentes que se convierten en materia prima de abono.

Los hombres en este lugar, irrigan el suelo para enriquecerlo y extraer sus legumbres, granos y frutas.   Desde hace algunos años, en este pueblito no arden los herbazales, ni se utilizan agroquímicos y los resultados son satisfactorios para todos por la calidad que presentan, sobre todo por el ejercicio productivo que aquí se promueve.

Las laderas del espinazo montañoso que rodea a Las Canoas, presenta un panorama de gran vistosidad porque en ese preciso lugar, no se encuentra un empobrecimiento y existe la garantía de que la superficie de estos terrenos generará los alimentos para las generaciones futuras al no verse empobrecida por esas prácticas tradicionales ni la saturación con abonos.

Esta podría ser la síntesis del desarrollo sostenible, que implica generar una actividad económica, que tenga en cuenta una relación con el ambiente y el patrimonio natural para cosechar en cantidades que posibiliten que con posterioridad, los nuevos pobladores –descendientes de los actuales cuenten con una perspectiva similar y sin el empobrecimiento de las condiciones del ecosistema.

Este panorama, fue el que llevó a las Naciones Unidas a dar pasos para consolidar un programa planetario que fomenta este enfoque en las comunidades, a través de proyectos e iniciativas que den respuesta a muchas necesidades que ahora obligan a presionar a la naturaleza y tienden a reducir y extinguir a la larga, esos productos que brinda el entorno.

Las playas donde antes la vida marina hacía ricos el suelo, las aguas y humedales, ahora dan un panorama desolado de conchas, esqueletos de peces, y todo tipo de señales sobre la pobreza del entorno y también de las poblaciones que se establecen cercanas a estas áreas y que con sus actividades agotan la vida de las especies que otrora formaban parte de este escenario para morar, migrar o reproducirse.

Por esa razón se ha reunido en la ciudad de Panamá, un grupo de representantes de 110 naciones (algunos de ellos ministros), convocados por la División de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para tratar el programa decenal sobre Consumo y Producción Sostenible y preparar un paquete de opciones en beneficio de una nueva realidad a las naciones más pobres a través de acciones concretas.

Un conjunto de crisis se ha vivido en los últimos años; algunas de ellas con repercusión planetaria y no se puede perder más tiempo sin un plan concreto que cambie la perspectiva de pobreza, afirmó László Borbély, ministro de Ambiente y Bosques de Rumania, quien presidió este encuentro y lo definió como un ‘catalizador para discutir los temas más importantes’ sobre dicho problema.

Las discusiones se centraron en diversas áreas que pueden ser prioridades de los países en desarrollo. Estos temas son energía, gestión de desechos, agua, ámbitos relacionados; todos ellos, a través de un esquema que incluye políticas, educación, planificación transversal y enfoques sectoriales.

La agenda de trabajo obligó a los participantes de esta reunión ‘inter-sesional’ y que permite crear una plataforma real de programas de colaboración, a aportar sus iniciativas y visiones desde cada uno de los territorios –en algunos casos tan distantes como Micronesia, Vanuatu, Fiji o Mauritania-, donde el hombre requiere un modelo de trabajo más esperanzador que el de arrasar, eliminar y depredar las especies existentes.

Los representantes de los países que asistieron a este encuentro en la capital panameña, pudieron construir una base para coordinar la cooperación desde los países desarrollados hacia el resto del mundo, en regiones donde la vulnerabilidad y la ausencia tecnológica generan mayor pobreza y reducen las posibilidades de prosperidad.

Las lecciones de la comunidad de Canoas en las montañas de provincias centrales, demuestran con una expresividad sencilla, el alcance del desarrollo sostenible, sobre todo cuando cambia la realidad de una región y transforma al hombre en su relación con su entorno. Ese es el modelo que requiere las Naciones Unidas para dar esperanzas a la vida de la humanidad en este siglo.

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Este artículo se publicó el 26 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,