Las mochilas de Martinelli

La opinión de…….

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Federico José Guillermo Tejada


En estos días he visto en los medios exaltar más la durabilidad de las mochilas regaladas por el Gobierno que el esfuerzo en conjunto de lo que en realidad representa la acción de invertir realmente en educación.

Cuando era estudiante de primaria, mis viejos no tenían para comprar las bolsas para llevar los útiles escolares. Pero esto no los amilanaba. Lo importante era que sus hijos asistieran a clases para que más tarde pudieran avanzar hacia estadios mucho mejores que lo que ellos habían experimentado en su vida.

Traigo esto a colación de un tema tan sensible para la sociedad porque me parece que al darle mayor prestancia a la forma y no al contenido los medios se quedan cortos en el análisis y no orientan. El solo hecho de dotar a cada estudiante con los libros de estudio, cuadernos y útiles escolares, un bono para gastárselo en lo que le haga falta para la escuela, y con la promesa de poner en manos de cada estudiante una beca universal representa un salto significativo en materia de educación.

A través de los años, he venido insistiendo en la necesidad de invertir en el recurso humano panameño si queremos estar a tono con los cambios que se experimentan en el mundo moderno.

Los cambios deberán contrarrestar, asumo, la deserción escolar, la cual está por el orden del 40%, al lograr que una mayor cantidad de padres y madres de familia se interesen en enviar a sus hijos a la escuela y con ello afianzar ese salto tan necesario y acariciado de romper con el ciclo de pobreza que arropa a la mayoría de los panameños.

La violencia, que se alimenta de la ignorancia, sería uno de los menos favorecidos, pues mientras más jóvenes logren obtener los insumos intelectuales para enfrentar los avatares de la vida, menos se dedicarían a engrosar las filas de la delincuencia.

Hoy día los cambios en educación son mucho más sustanciales, pues los mismos van encaminados a actualizar y transformar los currículos y para ello la misma universidad está siendo comprometida para lograrlo.

La tarea es titánica, pero necesaria, a pesar de que un sector mantiene la postura, desde hace cuatro décadas, de evitar cualquier cambio en la educación panameña, como si el mundo no diera vuelta y fuera inmutable.

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Artículo publicado el 22 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Competencia laboral, asunto de Estado

La opinión de…..

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Federico Tejada

El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Trabajo, se ha empeñado en retomar el tema de la competencia laboral y eso lo ha llevado a confrontar las acciones que en este sentido venía haciendo la Fundación del Trabajo.

Es el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel) quien, por ley, debe establecer, desarrollar y aplicar las políticas públicas que en materia laboral se aplican en el territorio nacional.

Al respecto, la ministra Alma Lorena Cortés indicó que “estamos pidiendo a la Fundación del Trabajo que nos rinda cuenta de los 800 mil dólares que anualmente ha recibido desde 1993. Tienen la obligación de presentar informes mensuales, del uso del dinero y estamos buscando en los registros y no hay ni un solo informe”.

Con anterioridad, el viceministro de Trabajo, Luis Ernesto Carles, se había referido al asunto diciendo: “estudiamos una serie de convenios que se han estado firmando donde fueron contratados por el Inadeh para desarrollar un organismo certificador de competencias laborales. Esto es un poco delicado, porque es al Mitradel a quien le toca establecer las políticas públicas con este tema”.

Las competencias laborales tienen como finalidad la adaptación de las personas a la sociedad y al mundo laboral, vinculándolos al conocimiento, actitudes, habilidades y aptitudes que permiten el trabajo en equipo, orientado al logro de resultados en su labor y desarrollar competencias específicas, acordes a cada una de las actividades del quehacer humano.

En esencia, es un nuevo paradigma de calificación basado en una forma diferente de organización del trabajo y de gestión de la producción. Su génesis está asociada a la crisis de la noción tradicional de puestos de trabajo y a un cierto modelo de clasificación y relación profesional.

Para la certificación en competencia laboral, existe un proceso por medio del cual un organismo reconoce y certifica que un individuo ha demostrado ser competente para una función laboral determinada, independientemente de la forma como adquirió esta competencia, y esta basada en normas reconocidas tanto en el ámbito nacional como internacional.

El sistema educativo pasa a ser una pieza vital en este proceso de competencias laborales, amén de la participación de los agentes sociales de la producción y del Gobierno, invertir en capital humano es en cierta forma la tónica del momento.

Teodoro Schultz, economista, indicaba que “El capital humano aumenta la productividad del trabajo y del capital; como en el caso de la tecnología, los aumentos de ingresos que provienen del capital humano, acrecientan aún más las posibilidades de producir ingresos a partir de una mayor especialización”.

Hace más de tres décadas que los gobiernos vienen desarrollando los mecanismos que permitan a sus trabajadores obtener una certificación de sus capacidades.

Así el Estado puede ofertar un recurso humano de primera con posibilidad de movilización internacional propio del desarrollo de la globalización de los mercados. Este es un tema de Estado y, dado a que cuenta con mayores recursos, le compete al Gobierno Nacional iniciar o continuar un estudio para normarlo, para que Panamá se incorpore al carro de las competencias laborales. Para ayer ya es tarde, si de verdad queremos ser un país de primer orden.

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Artículo publicado el 13 de febrero de 2009 en el Diario La Prensa, y el 14 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.