Los mejores sistemas educativos, desafíos para Panamá

La opinión del Educador….

 

ROGELIO A. MATA G.
romagrau19@hotmail.com

Con la mirada puesta en la calidad y equidad, la educación panameña vive hoy un momento crucial, producto de la falta a lo largo de los años, de una profunda revisión de sus bases estructurales.   En un momento como este, vale la pena revisar la experiencia de aquellos países y sistemas educativos que han logrado permanentemente buenos resultados o que han conseguido dar un salto importante en los últimos años, la consultora internacional, McKinsey & Company, desarrolló una investigación que se propuso comprender por qué un grupo importante de sistemas educativos, a pesar de sus diferencias sociales y culturales (desde Canadá a Nueva Zelanda, o desde Inglaterra a Singapur), habían alcanzado altos estándares de calidad en los aprendizajes de sus alumnos.

Las tres claves descubiertas por el equipo de Michael Barber (sólo me referiré a dos) son sugerentes y de mucha utilidad para analizar la situación y desafíos del sistema educativo panameño. Antes de revisar y aplicar esas claves al análisis de nuestro país, es necesario hacer un par de advertencias. En primer lugar, los países analizados en este estudio tienen un nivel de inequidad social y educativa muy inferior a la de Panamá. La evidencia mundial indica que existe una correlación entre calidad y equidad que hace, para los países estructuralmente desiguales como el nuestro, mucho más difícil mejorar sus estándares de calidad.

Una advertencia pertinente es que los sistemas educativos analizados por el informe, si bien son bastante diversos en cuanto a la inversión social que realizan en el sector educación, están también muy lejos de lo que nuestro país está haciendo. A pesar de que la evidencia en este caso indica que no hay una asociación directa entre más gasto y mejores resultados, lo que invierten las experiencias exitosas analizadas va muy por encima del 6% del PIB que se invierte en educación en nuestro país.

Pasando a los ‘factores clave’ identificados por el informe McKinsey, el primero de ellos consiste en la importancia de atraer a los mejores estudiantes al ámbito de la docencia.

El telón de fondo de esta afirmación es que sólo es posible entregar una educación de calidad a la sociedad con las personas mejor preparadas. En nuestro país claramente esto no ocurre, y más bien se da la situación contraria. Los mejores alumnos, salvo contadas excepciones, no optan por las carreras de educación. Dos elementos influyen fuertemente en esta situación y se desprenden también del informe McKinsey. Primero, para atraer a los mejores alumnos es necesario contar con buenos salarios iniciales. Los países con buenos resultados tienen brechas salariales menos marcadas y además han hecho esfuerzos por acercar las remuneraciones de los profesores a las del resto de las profesiones. Todo esto hace poco atractiva a la profesión docente en Panamá para muchos jóvenes que tienen interés, pero que al mismo tiempo ven en la enseñanza un espacio laboral con escasas oportunidades de desarrollo y movilidad social.

En los países con buenos resultados analizados, ser maestro o profesor es una aspiración equivalente, y a veces superior, a ser médico, ingeniero o abogado. Para lograr esto, han mejorado las condiciones, pero también han impulsado políticas para reconocer la función docente y levantar su status. Medidas de este tipo son urgentes e indispensables para países como el nuestro, que se caracterizan por asignar un valor menor a la profesión docente.

El segundo factor clave identificado por el estudio es la formación que reciben los docentes para lograr un buen desempeño con sus alumnos. Por último, Panamá tampoco tiene buenas condiciones para la existencia de comunidades de aprendizaje profesional, ampliamente desarrolladas.

El desafío de esta nueva etapa para Panamá, además de corregir aspectos institucionales del sistema, consiste en pasar de una etapa de cambios estructurales a una donde sus ‘actores clave’ – directivos, docentes y alumnos – sean el eje central y los protagonistas principales de los cambios y mejoras.

 

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<> Este artículo se publicó el  21 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El cambio a la República asiática

La opinión del Estudiante de Arquitectura…


CARLOS A. SOLÍS TEJADA
c.a.solis-tejada@lse.ac.uk

Hace un año y 5 meses el pueblo panameño se dejó seducir por una promesa de cambio. No éramos los únicos, siendo el caso más emblemático el de Barack Obama. En un mundo hastiado de la política de siempre, cambio era una palabra seductora y esperanzadora pero a la vez ambigua. Y tras esa ambigüedad se esconden las más secretas intenciones de quienes buscaron nuestro voto. Es así como en Mayo de 2009, Cambio Democrático, el partido fundado, dirigido y financiado por Ricardo Martinelli, parecía haber cumplido su cometido: unir el poder económico y el poder político en una sola mano y por consiguiente todo parecía indicar que CD tenía fecha de expiración en 2014.

 

Pero como todo en la vida, no todo es lo que aparenta ser y otra realidad se comenzaría a revelar en el CD: un plan al parecer con grandes objetivos políticos concretos y claros: constituir un régimen unipartidista como el de China y Singapur (o Japón, Corea y Taiwán durante sus primeras etapas de desarrollo) donde los tres poderes del estado y la prensa están perfectamente cuadrados con el pensamiento y los objetivos del partido único o dominante. Aparentemente a las mentes maestras de CD les incomoda las repúblicas democráticas por complicadas, y en el peor de los casos, por ineficientes. Está claro entonces que no vinieron a cogobernar (entiéndase consultar) con nadie y para lograr su hegemonía no dan muestra alguna de escrúpulos.

 

Para nadie es un misterio como ha sido el camino hacia el control absoluto y vale la pena repasarlo. Primero han subvertido el sistema partidista imperante encabezando un partido chico la nómina presidencial en lugar de sus aliados más numerosos los Panameñistas aprovechando las debilidades heredadas del ‘mireyismo’ pero aprovechando su maquinaria electoral. Seguido le infligen una derrota desastrosa al partido más grande, el PRD, aprovechando unas primarias sospechosas por su carácter altamente divisivo y cuyas secuelas aún no termina de superar el PRD. Luego pasaron a profundizar las crisis internas de estos dos partidos con el fin de debilitarlos al punto que no representen una amenaza.

 

Paralelamente Cambio Democrático se embarca en un proceso expansionista anexando a los partidos más chicos de la alianza de gobierno y cooptando a políticos de oposición y del Panameñismo para dominar numéricamente la Asamblea Nacional y los gobiernos locales lo cual ya garantizaría junto con el dominio del poder judicial, un control total sobre el estado panameño que garantice la reelección y otras medidas que permitan una mayor duración del nuevo régimen por establecerse. La batalla por el control de los medios está aún por dirimirse pero es crucial para el nuevo régimen.

 

Es de sospechar que las mentes maestras de CD han visto en el modelo político asiático una vía expedita hacia el desarrollo económico sin embargo hace falta otros elementos que fueron clave para el éxito de los tigres asiáticos, elementos que si bien no necesitan de un estado autoritario si necesitan de un estado fuerte que los respalde.

 

El primer elemento es la implementación de una tecnocracia meritocratica tanto en el Servicio Civil como en el partido dominante cuya formación académica y profesional les permita guiar e informar las políticas públicas sabiendo combinar sabiamente la planificación con el libre mercado. CD por el contrario ha visto en la Carrera Administrativa un obstáculo en vez de un paso necesario para el establecimiento del Servicio Civil al no permitirle la CA hacer del estado un botín político y como la mayoría de los partidos políticos, quizás salvo el Partido Popular, no se preocupa por la formación política y académica de sus cuadros. El segundo elemento es el educativo.

 

Para proveer tanto al Servicio Civil, la empresa privada y a los partidos de personas con un alto nivel educativo y profesional que impulsen el desarrollo es deber del estado reformar profundamente el sistema escolar, al sistema universitario y el sistema de becas y créditos del IFARHU para garantizar la formación óptima del recurso humano que provea tanto al Servicio Civil como a la empresa privada de personas con un alto nivel educativo y profesional que impulsen el desarrollo. El Tercer elemento es el establecimiento de unas alianzas entre las elites empresariales y las elites políticas en comunión de objetivos en pos del desarrollo, algo que el actual gobierno tiene potencial en lograr.

 

Sin embargo el establecimiento de un estado autocrático no es prerrequisito para implementar estas medidas conducentes al desarrollo basta con lograr un compromiso a largo plazo entre nuestros políticos, empresarios y sindicalistas y demás grupos sociales que permitan al país seguir creciendo de manera sostenida y equitativa con medidas que permitan el acceso universal a la economía formal y al crédito, la movilidad social a través de la meritocracia y una vez logrados estos objetivos establecer una red de protección social, que le permita al panameño mayor independencia de las redes sociales y familiares tradicionales (con el consiguiente efecto de reducir el nepotismo, el favoritismo y el tráfico de influencias tan arraigadas en nuestra cultura) y de esta forma permitirle asumir como individuo mayores riesgos para emprender proyectos más grandes como nuevas empresas y estudios superiores ayudando finalmente a reducir la pobreza, aumentar nuestro acervo cultural y fomentar avance tecnológico, nobles objetivo que debería ser el norte de cualquier gobierno que decidamos elegir.

 

Sin lugar a dudas un liderazgo fuerte y ejemplar es necesario pero un régimen unipartidista es de por sí un exabrupto en nuestro contexto latinoamericano y por tanto como panameños no debemos permitir que se nos imponga esta clase de régimen en una sociedad cuyos valores están cimentados en la tolerancia y la negociacion.

 

<> Este artículo se publicó el 7  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Aprendiendo del fracaso

La opinión de…

 

Alfonso Grimaldo Poschl

Albert Einstein dijo alguna vez que la definición de locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados distintos, en cual caso, en materia educativa, este no es país de locos, sino de chiflados.

En días recientes se publicaron los resultados para 2009 del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés). Esta es la primera ronda de PISA en la que Panamá participa y debo reportar que los resultados no son solo terribles, sino espeluznantes y aterradores.

Los resultados se computan en base a tres áreas principales, mediante pruebas y reportes realizados a través del año por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) que, principalmente, resuena en nuestras mentes por las famosas listas de todo color y forma de las cuales Panamá es parte. En este caso particular, salimos beneficiados de la obsesión de la OECD de realizar listas, ya que nos provee un pantallazo objetivo de la situación educativa en Panamá y una comparación con el resto del mundo.

Los resultados se miden en una escala que corre desde los resultados más deficientes, alrededor del rango de los 300 a los 350 puntos, y los resultados más proficientes, alcanzado el edén educativo, en el rango de los 550 a los 600 puntos, con el promedio de los países desarrollados rondando el rango de los 490–510 puntos.

No le pondré azúcar al jarabe, porque debemos enfrentar la realidad para poder mejorarla, y segundo, porque debemos criticar directamente el sistema que produce resultados tan deficientes.

Panamá fue uno de los países que reportó los resultados totales más pobres de todo el ejercicio. El promedio de nuestros estudiantes tiene un nivel de lectura de 371, en el que somos superados por la comunidad estudiantil de Albania (385) y Kazakhstan (390). El promedio de nuestros estudiantes tiene un nivel de matemáticas de 360, ahí podemos clamar victoria orgullosa sobre Kyrgyzstan (331) mas no sobre Azerbaijan (431). Finalmente, el promedio de nuestros estudiantes en ciencias se encuentra en 376, nivel donde somos acompañados por Indonesia (383).

La solución para este problema en nuestro país siempre ha sido bastante simple. Consiste en una receta de dos partes.   La primera es el espectáculo mediático en el que los gremios y sindicatos de profesores protestan por mejores salarios y mejores condiciones de trabajo y los ministros de educación reclaman por mejores estándares, criticando vilmente al sector privado de educación, que realmente es el que previene que caigamos a niveles inferiores de un puntaje de 300.

La segunda parte de la receta es tirarle dinero al problema, ya sea en mejores salarios para profesores o en un presupuesto inflado para el Ministerio de Educación (Meduca), de forma que la mayor parte redunda en beneficios para los funcionarios y maestros y muy poco beneficia directamente a los estudiantes.

Un artículo publicado en la sección de Economía y Negocios de La Prensa, en junio de 2009, reportaba que de cada dólar que gastaba el Meduca, solo 17 centavos redundaban en inversión educativa. Mísero aporte que poco beneficia llegar al zenit educativo de los 600 puntos. Pero esto no es noticia nueva. Siempre hemos conocido esta receta, y siempre hemos estado conscientes de su fracaso. Entre 2004 y 2007, incrementamos nuestro presupuesto de educación en un 55%, pasando de $411 millones de dólares a cerca de $640 millones de dólares, pero aun sin PISA, el coeficiente de eficiencia interno del Meduca se redujo en un 10.55%, pasando de una eficiencia interna de 63.5 puntos a 56.8 puntos. Creo que si algo hemos aprendido, es que hundir el asunto bajo dinero no es la solución.

El próximo año el Meduca ostentará un presupuesto de $1.9 mil millones de dólares.   Con la relación inversa que pareciera existir entre gasto estatal y resultados, ¿será posible que debamos esperar una educación pública más deficiente?

Debemos decir suficiente. Debemos decir “Hasta aquí, y no más”. Debemos mostrar nuestro cansancio sobre el mal manejo que le han dado todos los gobiernos al tema de educación. Debemos decirle a los gremios y sindicatos de profesores que estamos cansados de su gestión, que flaco favor le han hecho al sistema público de educación. Debemos decirle al Meduca que han fracasado, y que merecen repetir el año. En lugar del sistema corriente, debemos mirar a aquellos países que están dando, objetivamente, una educación funcional para sus estudiantes. Pero más importante aún, debemos liberar al sector público educativo (uno de los principales pilares para el desarrollo del país), de las fauces hambrientas del Leviatán gubernamental. ¿Cómo hacer esto? No es sencillo, pero es importante. Debemos empezar a subsidiar, no a la oferta educativa, que favorece únicamente a funcionarios y miembros sindicales, sino a la demanda educativa, a los mismos estudiantes. Hay sistemas alternos, como el sistema de vouchers educativos que han mejorado sustancialmente la posición de otros países en la región, como Chile.

Se conoce que Albert Einstein también estableció que “un nuevo tipo de pensamiento es esencial, si la humanidad desea sobrevivir y escalar a nuevas alturas”. Es tiempo de repensar nuestro sistema educativo. De no hacerlo, sonará el timbre, y nos quedaremos por fuera.

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<> Este artículo se publicó el 27 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las encuestas patrióticas de noviembre

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La opinión del  Jurista…

Víctor Collado Sánchez

Las televisoras, especialmente, cada noviembre, entrevistan a estudiantes y a personas escogidas al azar sobre las fechas clásicas del mes, sobre los autores de los símbolos patrios y asuntos relacionados.
Al final de las entrevistas el resultado es el mismo del año pasado: alumnos despistados y desactualizados hasta lo increíble, y hombres y mujeres respondiendo “ñamerías” con una sonrisa que los delata.
Las críticas, a partir de allí, se enfocan hacia la eficiencia del sistema educativo y la soga termina reventándose por lo más delgado: la calidad de los estudiantes.
Si en verdad se tratare de analizar el sistema educativo por las consecuencias de esas encuestas (aunque un desfile nunca será el escenario ideal para eso), resultaría interesante que los periodistas en algún noviembre se fueran al final de la delegación y entrevistaran a los docentes a ver si los resultados son sorprendentemente distintos o iguales a los que se conocen por el contenido de las respuestas estudiantiles.

No da para reírse la baja calidad de las respuestas porque el conocimiento de la historia, en el caso de Panamá, tiene importancia habida cuenta del débil espíritu nacional del que damos muestras desde que Eusebio A. Morales así lo sentenciara a inicios del siglo XX.

Pero sin descuidar el peso de lo dicho, pienso que el asunto debe tener otro rumbo. ¿Cuál es el provecho con exhibir en público los escasos conocimientos históricos de nuestra juventud? ¿Qué utilidad tiene para el estudiante, hoy día, saberse de memoria el nombre del autor de la letra del Himno Nacional o quién confeccionó la primera bandera del naciente país? ¿Qué tanto progresamos si en coro repetimos el significado de las imágenes que reproduce el escudo? ¿Qué tal lúcido sería nuestro sistema educativo si ninguno de los entrevistados le fallara a la pregunta sobre los protagonistas de la gesta de independencia de España?

¿A quién atribuirle el desconocimiento elemental sobre la historia nacional: a los estudiantes por especializarse más en tirar piedras que en abrir libros, o a los profesores, guiados por el afán de ganar más sueldo? ¿O a todo el sistema educativo que ya está viejo, desfazado, inoperante, insulso y lo que es peor: a merced de cuánto político se cree en capacidad para inventar “sistemas” o “transformaciones educativas cada cuatro años sólo por la majadera proclividad de decir mañana que esto u otro lo hice yo, mi gobierno o mi partido.

Qué bueno sería que las entrevistas se dirigieran a revelar cuánta ciencia, educación o tecnología están recibiendo los estudiantes. Que le dijeran al país el equipamiento técnico de sus escuelas o los progresos en materia de investigación. O de cómo se están proyectando en la comunidad con proyectos de soluciones concretas (no excursiones a regiones pobres con regalos) y que la gente hace suyo. ¿Qué incentivos están recibiendo del gobierno o de la empresa privada? O sobre sus expectativas de empleo luego de la graduación.

Si queremos un país diferente, con esperanzas y optimismo para todos, nos convendría fiarnos, por ejemplo, en el caso de Singapur que teniendo menos de 50 años de independencia, ya es uno de los más globalizados del planeta que en lugar de tener héroes de la independencia en sus billetes, luce la imagen de una universidad con una sola palabra impresa: Educación.

Razón no le falta al ensayista Andrés Oppenheimer cuando en su última obra (sept. 2010) nos dice que “la obsesión iberoamericana con la historia nos está robando tiempo y energías para concentrarnos en el futuro”.

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<>Artículo publicado el  15  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La revolución educativa

La opinión de…

Arturo D. Melo S.

Hace 30 años se rechazó una reforma educativa y, desde aquel tiempo, nuestro sistema educativo no ha sido modernizado. Si entonces se necesitaba una reforma, ahora se necesita una verdadera revolución. Tomemos la enseñanza del inglés como ejemplo. Desde que Estados Unidos inició la construcción del Canal interoceánico por nuestro territorio hemos estado en estrecho contacto con dicho país de habla inglesa. Nuestras escuelas enseñan inglés por 12 años, pero los graduandos rara vez hablan o escriben este idioma, que se ha convertido en el idioma del comercio y el conocimiento mundial.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el inglés era hablado sólo por los ingleses, norteamericanos, canadienses, australianos y las personas altamente educadas del resto del continente europeo. En la actualidad, casi toda la población europea domina el inglés. En Japón y el resto del Asia también se enseña el inglés con efectividad a toda la población. En Corea del Sur han desarrollado “maestras de inglés robot interactivas” que enseñan este idioma a los niños de edad preescolar. En Singapur, cuya población es mayoritariamente de origen chino, pero con minorías significativas de origen malayo e indio, el idioma oficial es el inglés.

Singapur sólo tiene una extensión territorial de 700 km2. Nosotros tenemos 79 mil km2, 100 veces más. Singapur es una isla–nación. No tiene praderas, ríos, montañas, tierras agropecuarias, bosques ni playas, como tenemos nosotros. No tiene comunicaciones terrestres con el continente asiático, como tenemos nosotros con América del Sur y América del Norte. No tiene interior, el cual es la “cuna de nuestra nacionalidad”.

Sin embargo, Singapur ha logrado aumentar su ingreso anual per cápita de $512, al independizarse en 1965, a $24 mil 180 en 2003 y a $50 mil 180 en 2009, este último más alto que el de Estados Unidos. Sólo el ingreso per cápita de Noruega supera al de Singapur. Los de Luxemburgo y Qatar también superan al de Singapur, pero estos dos países son centros financieros y gran parte de sus ingresos no son de sus nacionales, sino de ciudadanos de otros países. El producto interno bruto de Singapur disminuyó en 6.8% en el último cuatrimestre de 2009, pero en 2010 su crecimiento es de 17.9%, el más alto del mundo.

¿Qué es lo que tenemos que hacer para crecer como Singapur? ¿Destruir nuestro interior, convirtiéndolo en un desierto minero de frontera a frontera? ¿Transformar nuestro interior en una sola área boscosa protegida? ¿Poner un tapón al progreso en nuestra frontera con Costa Rica, como tenemos con Colombia? Nuestro interior es una bendición que tenemos nosotros y no tiene Singapur y que nos garantiza nacionalidad, turismo y seguridad alimentaria.

Con Singapur sí compartimos una posición geográfica estratégica, que ellos han sabido desarrollar, en función de sus recursos humanos que su sistema educativo ha capacitado. Si queremos imitar, y por qué no, sobrepasar, a Singapur, dados todos los otros recursos que tenemos nosotros y no tienen ellos, tenemos que hacer una verdadera revolución educativa. Puede haber muchas formas de hacerla. Los pensamientos que se esbozan a continuación podrían ser una forma de realizar esta revolución.

Las metas deben ser educadores cada vez más capacitados, que reciban mejoras salariales por mérito y no por presión. Cada educador debe tener su aula no compartida. Cada alumno debe tener su puesto no compartido. Cada escuela debe tener facilidades para desarrollar el deporte, la cultura y el saber.

Estas metas se podrían lograr con mayor rapidez si, en vez de tener un año escolar de menos de nueve meses y tres meses de vacaciones (108 meses de clases en 12 años), se tuviera un año escolar de 11 meses y un mes de vacaciones (110 meses de clases en 10 años). Los educadores tendrían, en forma programada, un año sabático cada cinco años, con salario completo pagado, para perfeccionar sus conocimientos.     Sus incrementos salariales se basarían, entre otras cosas, en la capacitación adquirida dentro de su año sabático.

Esta revolución reduciría en un 20% la necesidad de aulas escolares, graduaría a los estudiantes dos años antes, capacitaría y recompensaría adecuadamente a los educadores y convertiría a las escuelas en verdaderos centros de la sociedad y el saber. Por supuesto que requeriría inversiones. ¿Pero qué revolución hace un presupuesto de inversiones antes de iniciarse?

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<> Este artículo se publicó el 11  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre la transformación educativa

La opinión de…

 

Efraín González

Nuestro sistema educativo debe llegar a todos: pobres, clase media, media–alta y ricos.   Porque el fin de la educación es más que un pacto por el desarrollo del país, es un derecho que todos tenemos para ser mejores hombres y mujeres y para servir al país.

La educación en Panamá debe ir hacia la formación integral del ser humano y no puede perder de vista la diversidad cultural. Somos una sociedad multicultural y pluriétnica, en consecuencia, se debe garantizar no solo la calidad y equidad en la formación, sino también la inclusión de niños y niñas, adolescentes y padres de familia o acudientes en el proceso de enseñanza–aprendizaje.

La modernización de muestro sistema educativo no se puede lograr si el Estado panameño no acepta que la trasformación es eso, un tema de Estado. Cuando la sociedad en su conjunto encabezada por los líderes políticos acepte que el tema de modernización del sistema es una responsabilidad de todos, asumiendo el Gobierno la responsabilidad de convocar a todas las “fuerzas vivas” para producir una verdadera revolución educativa, caracterizada por el método participativo, iniciando en los corregimientos, distritos, provincias, para terminar a nivel nacional con un documento de trabajo base que represente la síntesis del esfuerzo general.

Mucho se ha hablado de trasformación del sistema educativo, y mucho se ha escrito sobre el gran problema estructural de la educación, el cual con el transcurrir del tiempo, ha estado sujeto a los “pareceres” muy personales de los regentes de turno en cada administración educativa, por ello insistimos en que la educación, por ser un tema de Estado, debe abocarse a una profunda renovación ética y moral y a una modernización científica y democrática.

Las personas comprometidas con la educación se deben preguntar: ¿Qué se ha hecho en los últimos 60 años para modernizar el sistema educativo? La respuesta es sencilla: Improvisación, burocratización, carencia de rigor científico, ausencia de planeación estratégica y menos de evaluación y, sobre todo, nuestra educación está hoy día, huérfana de valores morales y de humanismo.

En verdad es urgente los cambios que hay que hacer al sistema educativo, pero no como se ha planteado en la actualidad, con las reformas que se han hecho tratando de imperar solo la educación profesional, dejando a un lado la educación para la vida, donde se demuestre ese espíritu humanista, siempre me pregunto por qué desaparecer materias fundamentales relacionadas con la formación integral del ser humano, cuando este no es el verdadero problema, dónde dejamos a los jóvenes que no solo necesitan un formación técnica, pero humana.

La disyuntiva pareciera reducirse a dos alternativas: Una educación para la vida plena, científica, democrática y humanística o el recurso humano para el mercado, esto es, un ser técnicamente perfeccionado y profesional, pero robotizado.

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<> Este artículo se publicó el 5 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El ensueño de la buena educación

La opinión del Comunicador Social…

Edwin Rodríguez

Poco o nada conocen nuestros estudiantes de las inversiones y su importancia en nuestro país y sumado a eso, un desconocimiento prodigioso de la geografía e historia nacional, de nuestro canal y sus puertos al igual que las potencialidades y los beneficios. 

No obstante, en cierta ocasión en un paseo, un maestro, le pregunto a sus alumnos, dónde quedaba el norte y hacia donde estaba el sur y todos al unísono señalaron en direcciones desiguales.

Sin embargo, la conclusión de esta experiencia es muy clara. Quienes desconocen su ubicación en el terreno que pisan, definitivamente, no saben a dónde van.

Por ende, la vida no tiene sentido si no tenemos orientación clara, metas y rumbos definidos.   Muchas de las cosas que se enseñan hoy día en la escuela realmente resultan de inutilidad al estudiante.

En tanto, casos patéticos viven a diario nuestros educandos en colegios en donde limitadamente, se habla sobre valores, vagamente, se practica la oratoria y la poesía, tampoco se enseña la importancia del agua para la vida, casi no se inculca el civismo y amor a la patria, mucho menos se despierta el interés ni la estimulación por la lectura.

El pedagogo de hoy, vive un supino desinterés, apatía y poco importa por nuestros educandos; la ausencia de vocación que debe distinguir a los educadores es irrefutable.

Así pues, podríamos sumar innumerables falencias del método enseñanza aprendizaje en las escuelas públicas y privadas, en donde existe una preocupación por las formas más que por los contenidos de fondo.

Por otro lado, nos encontramos con ciertos docentes que muestran inapetencia por la lectura, nunca han sentido el placer de leer a Cervantes, García Márquez o Vargas Llosa. En consecuencia, educamos a estudiantes padeciendo desgano colectivo hacia la lectura. Decía el dramaturgo y médico francés: William Somerset Maugham: “Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida”.

Mientras que, los alumnos, no se den cuenta que aprobar por meramente cumplir es contrario para su porvenir tendremos un futuro generacional de personal inútil e incapaz, no de ciudadanos de bien.

Por ello, es indispensable recuperar la conciencia crítica por parte de los responsables de la política educativa. A ello puede ayudar una reflexión de la propia comunidad educativa de modo paralelo. Es preciso tomar conciencia de que sociedad, instituciones, educadores, padres y alumnos son realidades distintas aunque relacionadas.

Finalmente, el sistema educativo panameño debe cumplir unos niveles adecuados de estándares de calidad y tener una permanente vocación de mejora y adaptación a las demandas de su entorno, al servicio de un Proyecto Educativo preocupado por la formación integral del alumnado, que cuente con el apoyo, el respaldo y el compromiso de la comunidad educativa panameña.

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<>Artículo publicado el  19  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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