“Aventuras en el Bosque”

La opinión del Abogado……

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José Irak Nelson González

Suena a cuento y precisamente eso es lo que fue, danzando a los compases de música de piano y violines se presentaron unos animalitos, duendes, hadas y princesas, sílfides de los bosques, seres ingenuos, limpios y puros, como los niños que los representaban.

Tengo que decir que no pude evitar que me corrieran algunas lágrimas, al ver la puesta en escena que presentaron en el Teatro Nacional los orgullosos, en el buen sentido de la palabra, “Club de Padres de Familia del Centro Superior de Bellas Artes y Folklore de La Chorrera”.

Casi todas niñas desde los 4 a los 15 años de edad nos deleitaron con sus danzas, en las cuales encarnaban a las más dulces criaturas de los bosques de una forma excelsa que nos transportó por unos instantes a otro “plano de la manifestación”, en el que reina la belleza, la armonía y la paz, mundo en el cual no estamos acostumbrados a estar por las urgencias de nuestra vida cotidiana.

Cuando tienes la oportunidad de reflexionar sobre lo que acabas de vivir es inevitable llenarse de preguntas como:

¿Por qué no se realizan más actividades como estas en los colegios?

¿Por qué no se dan este tipo de presentaciones más a menudo?

¿Por qué no tenemos más teatros como en las grandes capitales del mundo?

Seguramente no obtendremos respuestas para todas nuestras interrogantes y en la mayoría de los casos no nos satisfagan o simple y sencillamente no nos gusten, pues muy probablemente nosotros también tengamos algo de responsabilidad por la falta de este tipo de obras.

Es que a la hora de tomar una decisión sobre cuáles son las cosas importantes de nuestra vida y por lo tanto a cuáles les vamos a dedicar la mayor cantidad de nuestra energía y de tiempo, solemos elegir lo que la alienación de nuestros tiempos nos dice que es lo que realmente vale la pena y, por lo general, esto gira en torno a cosas materiales y no a intangibles espirituales.

Y no queremos de ninguna manera decir que los bienes materiales no son importantes, lo son. Pero en su justa medida, en nuestra vida cotidiana necesitamos dinero para procurarnos transporte, comida, vivienda, entre otras cosas; lo obtenemos para tener medios de vida, pero justamente es esto un medio para la vida y no la vida misma.

Tanto nosotros como nuestros gobernantes medimos nuestro nivel de desarrollo (si nos va bien o mal en la vida) en cuánto dinero ganamos o vamos a ganar, si tenemos un buen auto y cuán grande es nuestra casa.

Por supuesto que el teatro, la danza, la poesía, la pintura y demás manifestaciones artísticas del ser humano como son intangibles y “poco prácticas” no se les da el valor que se merecen, pero así como nuestro cuerpo se nutre de los alimentos que ingerimos en nuestras comidas; el alma también necesita alimentarse con lo que escucha, lo que ve y lo que siente.

El arte es el alimento del alma y es necesario forjar almas fuertes, esta parte de nuestro ser es la que puede lograr completura, puesto que nuestro cuerpo está destinado a envejecer y morir. Si existe algo eterno en el ser humano seguramente no es nuestro cuerpo.

Comencemos desde ahora a valorar este tipo de actividades, solicitemos a nuestros gobernantes que de ahora en adelante todos queremos ser parte de una nueva forma de encarar nuestras vidas, que todos los ciudadanos sin distinción alguna queremos gozar del arte, que ya no queremos medir nuestro bienestar y el de nuestro país tan solo con el Producto Interno Bruto sino con cuán educados, amables, corteses y nobles solemos ser en nuestro día a día. Tal vez esta sea una mejor forma de medirnos a nosotros mismos.

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Publicado el 15 de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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El cambio comienza con nosotros!

! EL CAMBIO COMIENZA CON NOSOTROS !

 José Irak Nelson González

Después de la justa electoral, de resultados conocidos por todos, vemos y escuchamos cómo los habitantes de este bello país guardamos en nuestro pecho la esperanza de un “verdadero cambio”. Y nadie nos puede culpar por este anhelo, pero sí es importante que tengamos en cuenta que para que algo sea diferente las acciones que realizamos deben serlo. Hace algún tiempo ya, leí una definición que se me quedó en la memoria como si me la hubiesen grabado con fuego, la misma dice “Locura: seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”, Albert Einstein.

Tengamos en cuenta que los cambios no se dan porque sí, para eso uno tiene que querer verdaderamente un cambio y no solo de gobernantes, pues el cambio tiene que comenzar por nosotros mismos. Queremos un país diferente, pero seguimos haciendo cosas como: tirar basura a la calle, pasarnos disimuladamente la luz roja, intentar que me atiendan antes cuando llegue de último, querer que le apliquen la ley a los demás, pero no a nosotros o a los nuestros, conducir a toda velocidad en áreas residenciales, etc. Y esto por decir las faltas menores que se cometen todos los días contra las leyes de nuestra sociedad, por ciudadanos que conformamos la misma sin comprender que al violar nuestras leyes nos dañamos a nosotros mismos. Quienquiera que ejerza la función de gobierno debe contar con personas que le ayuden a operar la nave del Estado. ¿De dónde salen éstas personas? Pues de donde más, de todos los habitantes de esta República. Por eso aquella conocida frase de que cada pueblo tiene el gobierno que le corresponde. Para que Panamá cambie, tenemos que cambiar primero nosotros, no podemos esperar que las soluciones a los problemas que sufrimos nos caigan del cielo o que todo lo resuelvan las autoridades.

 Comencemos con nosotros mismos escuchando la voz de nuestra conciencia y aplicando los aspectos más relevantes de la ética en nuestras vidas. Para la filosofía una persona vive una vida intelectual cuando sus acciones no van en concordancia con sus pensamientos y sentimientos; es decir que pensamos y sentimos de una forma pero a la hora de actuar hacemos totalmente lo contrario. Si este no es nuestro caso, entonces es difícil comprender como todos criticamos las “malas” acciones que vemos son cometidas por “alguien”. La pregunta es ¿Si todos la criticamos, entonces quién las comete? Podría ser que todos y cada uno de nosotros ha realizado o está realizando actos que no van con las normas de moral que entendemos conformadoras de la Ética, pero esto lo podemos solucionar aplicando lo contrario que es definido por la filosofía como “vida moral” que es “aplicar cada una de las ideas que aceptamos como conformadoras de la ética”.

 Dejemos las críticas atrás, dejemos de enfocarnos en el resto de la gente, comencemos a trabajar en nosotros mismos en revisar ¿cómo somos cada uno y cómo queremos ser en el futuro? ¿En qué cosas somos buenos y tenemos una buena base para trabajar? y ¿En cuáles otras carecemos de conocimientos, capacidades o prácticas y necesitamos mejorar? Enfocarse en nuestras virtudes y en nuestros defectos y en cómo trabajar a partir de ellos es mucho más provechoso para nuestro crecimiento interior, exterior y el de nuestro país que estar sufriendo por cada cosa que se publica o se dice concerniente a quien gobierna u ocupa un puesto de servidor público. Por supuesto que esto no implica tomar una actitud pasiva ante los acontecimientos. Como miembros de nuestra sociedad estamos en la obligación de ayudar a que la misma sea mejor cada día y a que las leyes que la rigen se cumplan y aún más a velar por nuestro bien y el de aquellos que se encuentran más indefensos por no tener recursos o conocimientos para defenderse.

Nada ayuda más a un país que tener buenos ciudadanos y que éstos estén en una búsquedaincesante de conocimientos, de mejora y que se desarrolle en los mismos una conciencia social suficientemente madura para comprender que lo que es bueno para el todo es bueno para el uno, pero no necesariamente lo que es bueno para el uno es bueno para el todo.

Artículo publicado el 19 de mayo de 2009 en el Diario La Prensa.