¿Reglamento de Carrera Administrativa?

La opinión de….

Nelly E. Sánchez V.

El reglamento de la carrera del personal administrativo de la Universidad de Panamá regula, entre otras cosas, el reclutamiento y la selección de su personal administrativo. Al producirse una vacante, la selección del personal administrativo debe efectuarse en primera instancia a través de un concurso interno, y si no hay interesados o “los concursantes de la institución no reúnan los requisitos mínimos para el cargo, se abrirá a concurso externo”.

Con todas sus imperfecciones, el reglamento ofrece a todos los funcionarios la posibilidad de concursar mediante una normativa legal en condiciones igualitarias para lograr sus justas aspiraciones y poder ascender. Al inicio de la década de 1990, se hicieron los últimos concursos y, sin que mediara explicación, la administración universitaria suspendió de hecho la escogencia y nombramiento del personal administrativo. Ahora las vacantes que se producen se asignan a allegados o familiares del círculo del poder universitario, cuyomayor mérito es el de ser “recomendado” por algún alto funcionario. No se aplica ningún tipo de prueba y no se da lugar a la competición, y en muchos casos se nombra a personas con mayores salarios que los que devengan funcionarios que ya están en el sistema con iguales funciones.

Esto se agrava porque algunos de los nombrados carecen de créditos, experiencia y de las competencias que exige el cargo, tal como lo establece el artículo 2 del reglamento aludido, lo que no responde al principio de ser “… un sistema de administración de personal de carácter técnico y científico, en el cual se tomarán en cuenta los méritos, competencias e idoneidad de los mismos”.

Lo que han hecho es institucionalizar esta irregularidad como forma de nombramiento, lo que no solo viola el reglamento, sino que irrespeta a muchísimos funcionarios que se han esmerado en superarse académicamente, que tienen un cúmulo de experiencia en la gestión pública, particularmente en la universitaria, y que han hecho filas esperando los concursos y/o las reclasificaciones como única forma de ascender profesionalmente.

Por otra parte, no vemos indicios de que esta situación se corrija ni que haya intención de volver a cumplir con la normativa del Reglamento de la Carrera Administrativa; todo lo contrario, los hechos demuestran que las altas autoridades proseguirán con esta práctica indebida, ilegal e injusta, pues la misma forma parte del gran lenguaje de la corrupción; han convertido la suspensión de los concursos, en botines políticos, fomentando y fortaleciendo el amiguismo y el clientelismo electorero.

La ejecución de esta forma de nombramiento somete a ese personal a una zozobra psicológica, porque ellos tampoco pueden obtener su permanencia, creándoles inestabilidad laboral y sobre todo una indigna relación laboral que los somete a los vaivenes políticos. Se evidencia, entonces, formas adulteradas del quehacer administrativo que mantiene el desasosiego en este sector de la población universitaria y, por otro lado, contribuye al poder que mantiene secuestrada a nuestra máxima casa de estudios.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

 

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