La tenue línea que separa la vida y la muerte

La opinión de…

Irene Sosa N.

Sin duda, es bastante común encontrar a personas que sienten cierta aprensión de viajar por avión, por barco o por tren. Pero, ¿te has preguntado alguna vez a cuántas personas conoces que les dé miedo viajar en automóvil? Yo me pregunto: ¿será que la mayoría de personas no comprende lo cerca y rápido que estamos de pasar al otro mundo, cada vez que nos montamos en esta clase de vehículo?

Definitivamente, cuando nos movilizamos en este tipo de transporte estamos muchos más expuestos a situaciones peligrosas, y lo más triste de todo es que la mayoría de estas situaciones son causadas por personas irresponsables e imprudentes. Indudablemente, lo primero que debemos hacer cada vez que nos montamos en un automóvil es pedirle a Dios que nos proteja de todos los peligros a los que estamos expuestos cuando salimos de nuestro hogar.   Pero, además, debemos tomar todas las precauciones que estén en nuestras manos y proteger, tanto a nuestros pasajeros como a nosotros mismos. Nunca deberíamos obviar la famosa frase: “Ayúdate que yo te ayudaré”.

Por lo tanto, apenas entre en su vehículo, como una acción automática, póngase el cinturón de seguridad y revise que todos los que van dentro se lo hayan puesto. Mientras conduzca nunca hable por celular, no se maquille ni revise las tareas de sus hijos, evite entrar en argumentos o discusiones, en pocas palabras, no haga nada que lo pueda distraer cuando está a cargo del timón.   No se le ocurra manejar, si está pasado de tragos, se siente mal o tiene mucho sueño.   Si está apurado, respire profundamente y relájese, porque por ahorrarse unos minutos puede quedar en la otra vida, en un abrir y cerrar de ojos, o enviar a otras personas que todavía desean estar en esta vida.

No cometa infracciones como pasarse la luz roja, manejar en vías contrarias, desobedecer las señales de alto y, peor aún, pitar al auto de enfrente para que avance antes de tiempo. Cuando maneje un automóvil con un gran motor, no acelere como si fuera el dueño del universo, porque cuando menos lo espere podría quedar frente al verdadero rey del universo, rindiéndole cuentas.

No se le olvide guardar siempre la distancia, especialmente cuando conduce a velocidades altas. Y los peatones recuerden una cosa, las calles se hicieron para los automóviles, no se sientan intocables e invencibles. Si realmente no tiene acceso a un cruce peatonal, utilice la lógica e inteligentemente seleccione el lugar que le brinde más seguridad al cruzar. Nunca cruce una gran avenida, a menos que esté seguro de que no viene ningún automóvil, porque saber a la velocidad a la que vienen estos es algo imposible.

Piense siempre que hay una tenue línea que nos separa de la vida y la muerte, y que cada vez que nos exponemos a algunas de estas situaciones, nos estamos acercando más a esta línea.

<> Este artículo se publicó el 19 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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