Hacia una revolución educativa posible

La opinión de…

 

Paulino Romero C.

Queremos destacar la importancia que tiene el recurso humano, y por ello consideramos necesario “una revolución educativa” en Panamá; vale decir, la comprensión de cada uno de los problemas que afectan la educación en el hogar, en la escuela y en la comunidad. De nada valdrían los principios que hemos estudiado, si no los aplicamos con mentalidad firme y flexible, renovadora y progresista (los maestros y profesores que son los llamados a situar la educación de nuestro país al frente de la renovación cultural y pedagógica), para producir una verdadera transformación que nos encamine hacia una vida digna, creadora y generosa.

Necesitamos realizar “una revolución educativa” empeñada en rectificar una estructura económica de tipo feudal, un sistema político de rasgos coloniales y un ambiente cultural sin vitalidad ni exigencias. ¡Una revolución sin disparos, sin conspiraciones y sin maquillaje populista mediático! He aquí un resumen numerado de lo que proponemos:

1. Todo movimiento de renovación docente tiene que fijar sus conceptos significativos y estar orientado por una filosofía que le imprima unidad y visión totalizadora, para hacer posible la solución efectiva a cada uno de los problemas que se plantean en el estudio del proceso de aprendizaje.

2. La articulación en la organización de la enseñanza y la precisión de los niveles de aprendizajes son aspectos básicos a considerar en la aplicación de los principios para la formación de un magisterio con mentalidad ágil y efectivos conocimientos, que hagan posible el cumplimiento de su sagrada misión.

3. Para la comprensión de los problemas educativos, es indispensable conocer el desarrollo total del alumno en la integración de su personalidad, que incluye: lo físico y motor, lo emocional y social, lo estético y lo espiritual, lo moral y lo intelectual, las creencias, las esperanzas, los intereses, las actitudes y los valores; aspectos que se funden en una configuración viva, cambiante y dinámica, en un esfuerzo del ser viviente por ajustarse a la vida y a su razón de ser.

4. Para el estudio y conocimiento de los elementos que sirven de base psicológica al principio educativo, es necesario crear direcciones, departamentos y centros de evaluación y orientación psicológica de los estudiantes, como factor coadyuvante a la labor del maestro y de la educación.

5. En la formulación del currículo deben tenerse en cuenta los elementos indispensables para el desarrollo de una vida democrática, de eficiencia económica, en que las relaciones humanas hagan posible la cooperación, cortesía, amistad, apreciación y conservación de los ideales de la vida familiar y los objetivos relacionados con la responsabilidad cívica del ciudadano en su vida política y social.

6. El currículo moderno debe ofrecer oportunidad al enriquecimiento de las experiencias de los alumnos en diversas áreas de la vida y del conocimiento, que hagan posible la integración de materias en la educación media y faciliten la orientación vocacional en una aspiración abarcadora y justa. Esta oportunidad de la orientación vocacional de los alumnos debe ofrecerse en lineamientos flexibles, de adiestramiento organizado, que satisfagan el interés de los educandos y atiendan a las necesidades ocupacionales de la comunidad.

7. Todo movimiento renovador debe contribuir a la educación general como parte integrante de la educación del individuo que vive en una era industrial, explorando los intereses, capacidades y habilidades del estudiante, por medio de oportunidades que permitan manifestar la expansión creadora en las artes industriales, y ofrezcan orientación en la selección de un oficio u ocupación.

8. Todo empeño de transformación educacional debe preparar a los alumnos que demuestran interés en algún aspecto académico, profesional o de artes industriales, como medio de ganarse la vida, siempre que tengan la habilidad y capacidad necesarias para ello.

9. Debemos dirigir al estudiante hacia la adquisición de experiencias educativas, mediante actividades que contribuyan a mejorar las condiciones de la escuela, del hogar, de la comunidad y del país.

10. Todo plan o proyecto de renovación docente debe vincularse a todos y cada uno de los factores de la sociedad en que se han de aplicar, a fin de producir la integración de elementos indispensables para la mejor comprensión de los principios que sirven de base a la educación y que la enlacen con el medio en que se desenvuelven.

¡Ha sonado la hora de atreverse, de iniciar, de reestructurar el pensar de nuestra gente, de dar su lugar a esta nueva y vital dimensión de la educación panameña!

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Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡La mentira no compensa!

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La opinión de…

Paulino Romero C

En realidad, no son pocos los individuos y las colectividades que aún creen en la utilidad de las mentiras. Así como existe una antigua máxima que afirma: “Divide y vencerás”, muchos aceptan esta otra: “Miente y triunfarás”. Sin embargo, nosotros intentamos demostrar en este artículo que esa creencia es equivocada, puesto que, del mismo modo que el crimen, la mentira no compensa.

En cierto modo, no hay en el mundo quien no haya mentido alguna vez, pero eso no significa que la mentira es “un mal necesario”, llegando a justificarla cuando se trata de evitar peores efectos de la verdad. Sabemos que el ser humano no es perfecto, y que está en su propia naturaleza acudir al engaño siempre que no consigue triunfar con la sinceridad y no encuentra otro recurso para calmar su impulso de lograr un determinado e imperioso objetivo. Pero la obra de la educación, tanto familiar como escolar o social, laica como religiosa, se realiza para extirpar, o por lo menos controlar, las tendencias instintivas que espontáneamente nos llevaría al defecto, al pecado y al delito simultáneamente, si no fuesen frenadas respectivamente por la moral, la religión y el Código Penal.

Por extraño que parezca, si los llamados “falsos testimonios” a veces son sancionados oficialmente, existen infinitos embustes que no solamente son tolerados por la ley sino que, inclusive, son usados por los altos dirigentes de cada país, considerando que se hallan en juego los “Sagrados intereses de la Nación” y por esto se encuentran justificados todos los medios para defenderlos. Así, cada gobierno dispone de una Oficina Central de Información (casi siempre controlada por la propia Presidencia o por un Ministerio), encargada de divulgar los textos que convienen al programa de acción política de ese gobierno.

Precisamente por este mal ejemplo que dan al público quienes más deberían servirle de modelo se comprende que crezcan y medren entre él, a diario, nuevos mentirosos y que fracasen estrepitosamente los llamados de los educadores, padres y moralistas de todas las categorías en el sentido de cultivar la sinceridad y la honestidad como primordiales virtudes ciudadanas. Cualquiera que sea la mentira proferida y quien la oye o lee, solamente caben tres posibilidades: o no es creída, o es aceptada bajo sospecha y a reserva de ulterior comprobación, o es íntegramente tomada por verdad.

También existen casos de mentirosos que jamás fueron descubiertos, o que fueron descubiertos después de muchos años de haberse aprovechado de sus mentiras. Pero en contraposición a esas excepciones, ¡cuántos más numerosos son los casos en los que el mentiroso (sea un individuo, un grupo, una empresa, un partido o un gobierno), será o habrá sido expuesto al desprecio y a la vindicta de su pueblo y de su historia!

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<>Artículo publicado el  31  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

“Estrategia para el desarrollo nacional”

La opinión del Pedagogo, Escritor,  Diplomático…

Paulino Romero C. 

A  finales del año 1969, la Dirección General de Planificación y Administración de la Presidencia de la República, presentó al Gobierno y al país, un documento de estudio de la realidad nacional: “Estrategia para el Desarrollo Nacional: 1970-1980”.

Este documento de planificación nacional (desde el año en que se presentó), jamás se ha considerado durante los Gobiernos sucesivos, ni lo que en materia política ha transcurrido a la fecha, bajo regímenes militares y civiles, respectivamente.

Entonces existía (como hoy), el Ministerio de la Presidencia, cuyas funciones y actividades se apoyaban en las recomendaciones técnicas de la Dirección General de Planificación y Administración de la Presidencia.    Pero no era una Dirección burocrática como el FES, FIS, PAN y otras Secretarías adscritas a la Presidencia de la República, creadas en los últimos años. Era una Dirección General Técnica, con personal especializado, y con Departamento de Planificación y Secciones de Programación Económica, de Programación Sectorial y Proyectos, de Análisis y Evaluación de Proyectos, de Sección de Planificación Regional, de Sección de Estadísticas y de una Comisión de Estudios Interdisciplinarios para el Desarrollo de la Nacionalidad.

“Estrategia para el Desarrollo Nacional”, término con el cual se distinguen los objetivos globales que se desprenden de la evolución histórica de Panamá y del análisis de las perspectivas que se presentan para su logro (documento de necesaria referencia gubernamental). Los objetivos definidos en su contenido, son imprescindibles para guiar el comportamiento de la Nación panameña hacia el desarrollo de su potencial.

Su propósito fue admirablemente modesto: “Orientar al Gobierno Nacional e informar a la opinión pública sobre las posibilidades que se presentan a Panamá para mejorar la calidad de vida de los panameños y fortalecer su independencia política y económica”.

Los temas de la Estrategia, serían nutridos con criterios, elementos de juicio y de informaciones sobre las alternativas que deberían ser tomados en cuenta en el proceso de adoptar decisiones que afectaran al bienestar nacional. Lamentablemente, la Dirección General de Planificación y Administración de la Presidencia fue eliminada a mediados de los años 70 y, desde entonces hasta el presente, el Ministerio de la Presidencia debió limitar sus funciones, preferentemente, al clientelismo político.

¡Ojalá el Ejecutivo consultara este valioso documento! Su importancia como memoria histórica: “Buscaba los medios, por una parte, de estructurar un mayor dominio sobre los recursos y por otra, de dar una nueva orientación de la economía, a fin de hacerla cada vez menos dependiente del recurso mayor explotado hasta ahora, la posición geográfica y las actividades derivadas de sus recursos”.

Estos esfuerzos requeridos, necesariamente imponen soluciones a largo plazo, que en todo momento deben coordinarse con las decisiones que se tomen en el ejercicio diario de la función de gobierno (libre de improvisaciones), para establecer continuidad y consistencia.

<>Artículo publicado el  24  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El genuino significado de las palabras

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La opinión del Pedagogo, Escritor, Diplomático …

Paulino Romero C. 

En todo tiempo se ha sentido la necesidad de catalogar las palabras por sus analogías y parentescos ideológicos, como en la historia natural se dividen las plantas y los animales en familias, tribus, géneros e individuos.
Una palabra mal comprendida basta a veces para producir fieros trastornos; y solo el hábito de hablar y escribir con exactitud y no dar a las palabras significados que no tienen, puede prevenir motines y evitar conflagraciones sociales, en que nunca toman parte quienes han adquirido el juicio necesario para dar a las palabras su genuina significación.
¡En verdad que pasma de asombro, cuando se estudian las listas de vocablos ordenadas ideológicamente, el considerar lo poco, poquísimo, que tenemos a nuestra disposición de los inmensos recursos de la lengua! ¡Cuántas y cuantas veces tenemos conciencia de que el vocabulario y la fraseología a nuestra disposición son ineficaces e insuficientes para dar cuerpo y hermosa forma externa a lo que pretendemos describir! 

Hay, sin duda, personas largamente dotadas de raudales inagotables para la expresión, nacidas con el fascinante poder de la elocuencia; pero a nadie es dado, a nadie, exteriorizar a todo momento en lenguaje rico, propio y exacto la serie inacabable de ideas que pasan por el entendimiento, ni pintar con sus verdaderos colores, matices, cambiantes y tornasoles, y, sobre todo en la proporción debida, las múltiples, indecisas y sutiles distinciones de los sentimientos que acompañan a nuestras ideas.

Es de la mayor importancia que la exactitud regule nuestro lenguaje y que todo político, orador, escritor, periodista, adquiera el hábito de los hábitos, el de expresar sus pensamientos con perspicuidad y corrección. La falsa dialéctica, disfrazada por especiosa fraseología, cautiva frecuentemente el asentimiento de las muchedumbres que no piensan, diseminando, a través de grandes espacios y durante largas edades, las preocupaciones, las supersticiones y el error.

El lenguaje, no solamente nos facilita los medios de comunicación con nuestros semejantes, sino que ejerce otra función más grandiosa: la de servirnos de instrumento en las operaciones de nuestra misma inteligencia y de nuestra propia imaginación. Las voces son las alas de nuestros pensamientos. Sin la agencia de las palabras, los fenómenos de la mente carecerían de aire para su desarrollo. En todo proceso del raciocinio entra el lenguaje como instrumento esencial.

Las palabras son los vehículos de nuestras abstracciones; porque en ellas encarnamos nuestras ideas; y por su eficacia pasamos en nuestras deducciones desde las premisas a las consecuencias, y en nuestras inducciones desde lo concreto a lo general; todo de un modo inconsciente, y con rapidez tan asombrosa, que ni siquiera quedan en el recuerdo trazas ni vestigios del complicado procedimiento. ¡La lengua aumenta nuestra vista mental, fija las ideas y las imágenes, y las detiene para someterlas a constante contemplación! 

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<>Artículo publicado el 17  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Cuándo existe Opinión Pública?

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La opinión del Pedagogo,  Escritor,  Diplomático…

Paulino Romero C. 

De momento, intentamos responder la pregunta que formulamos como título del presente artículo, de la siguiente manera: Hay opinión pública cuando existe libertad y la expresión de las ideas y el conocimiento de la verdad no se hallan coartados.   Y existe libertad (y la ciudadanía puede manifestar sus ideas sin ataduras y sin miedo), cuando hay prensa libre; cuando la prensa escrita y oral no está sometida ni censurada ni vive bajo la permanente amenaza de la represión, si publica y comenta lo que el gobierno no le interesa que se difunda o se juzgue con criterio diferente al suyo. ¡Fuera de estas condiciones, no hay opinión pública!

Los panameños no estamos hechos para el sometimiento y la Nación panameña no podrá cumplir su destino de otra manera que siendo la tierra donde el árbol de la democracia crezca lozano y pujante para cobijar bajo sus fuertes ramas a las familias de hombres viriles, que quieren vivir con las libertades que conquistaron sus mayores y que invocan su himno y simbolizan su bandera. La libertad -digámoslo bien alto y de una vez por todas- solo puede realizarse en la democracia. Podrá ser ésta imperfecta como sistema; es más, reconocemos que adolece de muchas, de incontables fallas; pero hay que destacar, como la secreta virtud de su fuerza, el hecho de que es perfectible, lo que equivale a señalar que ninguno de sus defectos es insubsanable, que ninguna de las desviaciones en que ocasionalmente caiga por culpa de los hombres, más que de sus instituciones, resulta irreparable.

Sin bajar en ningún instante la guardia frente a sus enemigos potenciales o declarados, habrá de triunfar mediante la educación para la libertad y sus frutos de vida; mediante el ejemplo de los logros concretos que alcancemos en el orden de la justicia distributiva, el derecho y la legalidad; mediante las realizaciones prácticas que aseguren a todos los ciudadanos iguales posibilidades y lleven los beneficios de la enseñanza, de la asistencia social y de una existencia decorosa y desahogada a los sectores menos favorecidos.

Lo que no debemos hacer es descuidarnos. Disponemos de recursos morales y materiales suficientes para librar la batalla por nuestra supervivencia, en libertad y democracia. Se trata solamente de que esos recursos se movilicen a tiempo, con una máxima eficacia y con una resolución que no sepa de claudicaciones ni de imperdonables y suicidas indiferencias. Todas las voluntades deben alistarse para esta gran empresa. Cada cual debe contribuir a ella con su parte de esfuerzo, de sacrificio y de vigilancia.

En la lucha para defender la libertad y la democracia no debe haber neutrales ni indiferentes: la neutralidad es una colaboración en la obra de las fuerzas del mal y la indiferencia un delito.

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<>Artículo publicado el 10  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Un nuevo año de esperanza

La opinión del Pedagogo, Escritor, Diplomático…

 

Paulino Romero C. 

 

Recibimos con moderación el amanecer del año 2011. ¡Un nuevo año de esperanza! La esperanza, conciudadanos, es fuerte, porque tiene una promesa de vísperas, y es un dios rezagado, que se llama ilusión. La esperanza es el puerto de la vida o, como dice Cervantes, “la esperanza siempre nace con el amor”. Recordemos, además, que cuando Pandora abrió la caja de sus dones divinos transformándolos en maldiciones, ¡conservó, sin embargo, la esperanza!

La mayoría de los panameños (especialmente los menos favorecidos), sintió los efectos del calamitoso año 2010. Experiencias infortunadas de índole política, cultural, social, económica, y las causadas por desastres naturales. Así, la “improvisación predominante”, como método gubernamental; la crisis educativa se agravó por la imposición e incapacidad del Meduca de promover buenas relaciones con los educadores; el censo nacional realizado, un desastre; aumento descomunal del combustible y del costo de la vida; la tragedia de Bocas del Toro; cuestionamientos (internos y externos), por el manejo de la política exterior; inseguridad ciudadana, frecuentes robos a escuelas y residencias particulares; incremento del narcotráfico y del crimen organizado en todo el país; cierres de calles, manifestaciones públicas de protesta ciudadanas; basura por doquier; inundaciones y deslizamientos de tierra en Chepo, Portobelo, Darién, Azuero; red de corrupción en el Ministerio Público, ¡escándalo mayúsculo!

En nuestros días, la gente por lo general, pareciera acostumbrarse a los males sociales que padecemos y mira con gran pasividad e indiferencia la caída de los valores morales; la ola de violencia, crímenes y proliferación de vicios que llevan tragedia a los hogares; la falta de respeto y consideración a la persona humana, a la libertad y el pensamiento; y, sobre todo, el egoísmo y la corrupción que pretenden aplastar al sentimiento y a la razón. Estamos llegando a extremos tales, que hasta el desaliño en la persona y en el vestir, la grosería en el hablar, la rudeza en el trato y la agresión verbal constituyen carta de pase en grupos que sustentan la tesis de la destrucción de todo cuanto ha logrado el hombre en el orden moral, de hábitos y actitudes deseables, de honradez y de comportamiento humano en los siglos transcurridos de su existencia.

Cada día la actividad competitiva se torna un tanto despiadada y cruel; nos tientan solicitaciones contradictorias, las que pareciera querer destruir lo más íntimo del yo que queremos que sea insobornable. He aquí donde cobra mayor importancia el proceso de la educación, pero no de la simple instrucción elemental, ni de la formulación de reformas educativas de orientación populista, sino de la educación como formación integral; como humanización del hombre, como único medio de dignificación moral y de emancipación económica y, a su vez, de incorporación plena en la actividad del espíritu y en la solidaridad humana.

<>Artículo publicado el 3  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Se requiere un plan nacional para la construcción de edificios escolares

La opinión del Pedagogo,  Escritor,  Diplomático…

Paulino Romero C.

Los tiempos actuales, especialmente después de la restauración de la democracia en Panamá (1990), reclaman una nueva modalidad de preocupación. Los métodos docentes se han transformado sustancialmente y el problema de la enseñanza pública incide de una manera decisiva en el desarrollo económico, social e industrial. Junto con la urgencia de satisfacer las exigencias de la hora actual, es necesario tener en cuenta las graves responsabilidades del futuro.

Uno de los aspectos que con mayor urgencia reclama una solución es el de aquella proporción de la población en edad escolar que no concurre a la escuela. Es, sin duda, un problema de causas múltiples, entre las cuales deben destacarse las condiciones económico–sociales y el grado de cultura del grupo familiar, y, en otro aspecto, el que presenta la propia escuela, con sus tres componentes fundamentales: el elemento humano, el régimen docente y, finalmente, el edificio en sí mismo.

Corresponde al Ministerio de Educación (Meduca) examinar con el mayor interés la situación actual relativa a los locales escolares y dedicarle una cuidadosa atención al considerable número de peticiones de nuevos locales formuladas por las comunidades necesitadas como una justificada y noble aspiración. Todas ellas coinciden con anteriores estudios del Meduca en el sentido de que en los niveles de enseñanza básica y media hay una falta grave de locales.

¿Cuántos son los edificios del Estado en los que se imparten hoy los diversos tipos de enseñanza? Se supone que la mayoría es de propiedad oficial; otros son arrendados o cedidos. En un porcentaje apreciable son insuficientes, anticuados y en mal estado y, algunos, ¡francamente ruinosos!

Si se tiene en cuenta que nunca en la historia educacional del país se había construido un número tan considerable de edificios escolares como lo hecho por la administración del presidente Roberto F. Chiari (merced al programa de la “Alianza para el Progreso”, en la década de 1960), aparece como paradójica la situación que estamos exponiendo.

Existe, sin embargo, un anhelo incontenible de alcanzar más altos niveles de vida y de cultura a través de la escuela. Esta circunstancia, repetimos, es muy afortunada y no puede desconocerse, ni mucho menos dejar de atenderse. ¡Este anhelo ferviente debe encauzarse! Estamos frente a una categórica obligación, tanto más imperativa cuanto en ella radica en gran parte el futuro del país. No habrá resurgimiento económico ni industrial y no se llegará a una situación de bienestar social, mientras un sector de la población quede fuera de la escuela por falta de un local adecuado.

La escuela tiene para las actuales generaciones, el aspecto de una mágica unión con el futuro y con el progreso. ¡Es necesario no frustrar esta ilusión, sino al contrario, transformarla en una bella realidad! El Meduca, apenas ha anunciado la posible construcción de una “escuela modelo” por valor de hasta 13 millones de balboas, en Playa Leona, La Chorrera.

¿Es acaso un proyecto debidamente planificado o es solo el dictamen de la improvisación? No obstante, debe existir en los archivos del Meduca estudios de tipo estadístico basados en datos obtenidos en años anteriores, que permiten mirar en perspectiva hacia el futuro el problema educacional, dentro de los cuales el crecimiento de la población es el punto de referencia más importante.

En esos estudios se hace referencia, seguramente, de los esfuerzos realizados (en el pasado) para la construcción de nuevos establecimientos educacionales. Resulta, entonces, indispensable arbitrar medios para satisfacer las crecientes necesidades en materia de edificios escolares. Para llegar a una solución efectiva es necesario, por una parte, establecer un plan y, por la otra, arbitrar recursos complementarios.

Es necesario que cada nuevo edificio forme parte de un sistema educacional determinado. La escuela rural o urbana, el liceo, los institutos técnicos de enseñanza industrial, agrícola o comercial, etc., deberán coordinarse con el fin de facilitar el armónico desarrollo del proceso educativo.   Ahora bien, en esta coordinación, el crecimiento vegetativo de la población y las características locales deben orientar la conformación del plan. Varios estudios realizados con anterioridad (reiteramos), por las direcciones técnicas del Meduca, servirán de antecedentes para llegar a tener un Plan Nacional de Edificios Escolares.   Este Plan Nacional deberá ser permanente y constituir una base de ordenamiento de las futuras construcciones y reparaciones de escuelas oficiales.

¿Podrá este Gobierno, durante los próximos años (hasta 2014), absolver el déficit actual de edificios escolares en el país?

<> Este artículo se publicó el 4 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.