Los nuevos medios: ¿por qué importan?

La opinión del Comunicador Social…

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Literalmente hay cientos y cientos de estudios, ensayos y artículos sobre el poder de los medios, la influencia de los medios; el poder y la influencia de los medios; los medios y el poder; medios y manejo del poder; control de los medios y poder. Es decir, no importa cómo se titula, ha sido motivo de análisis y estudio por científicos sociales alrededor del mundo y de varias formas hemos tratado este tema en este espacio. Pero necesariamente hay que revisitarlo en el marco de varios acontecimientos ocurridos en las últimas semanas.

Es evidente que muchos grupos de influencia y en especial muchos gobiernos, no podrían adelantar sus planes y programas sin un uso adecuado y constante de los medios de comunicación y las posibilidades que tienen de llegar a grandes sectores de la población. Las oportunidades y ventajas que ofrecen los medios tradicionales, radio y televisión primordialmente, son bien conocidos.

A inicios y, durante gran parte del siglo pasado, los medios impresos ejercían el rol que durante la segunda mitad del siglo los medios electrónicos tradicionales ocuparon. Pero la razón de este artículo tiene que ver con la creciente influencia de los nuevos medios y las tecnologías para alcanzar objetivos de comunicación; tecnologías insistentemente cambiantes, con objetivos comerciales que comienzan a ampliar una brecha en materia de información y comunicación entre las diversa capas sociales.

Siguiendo los acontecimientos en Egipto, la efectividad de las primeras manifestaciones en rechazo al gobierno de Hosni Mubarak; la capacidad de aglutinar en tiempos mínimos a miles de manifestantes, se debió, ante todo, a la posibilidad que ofrecen los nuevos medios a través de la Internet y los medios sociales (Facebook, Twitter, etc.). Igual los sistemas de comunicación por celular (Chat, SMS).

No solo eso, estos sistemas de comunicación ofrecían la ventaja de cambiar las convocatorias a otro lugar en tiempo récord por medio del envío y reenvío a los seguidores de la causa y sin que las autoridades pudieran reagruparse con suficiente tiempo para montar estrategias de rechazo. Igual ocurrió en Irán hace unos años.

El viernes 28 de enero, el gobierno egipcio suspendió los servicios de Internet y telefonía celular. El New York Times en su página tecnológica reportó que esta suspensión causó 90% de pérdida en el envío y reenvío de data desde Egipto, que tiene una población de 80 millones de habitantes.

La empresa Vodafone, basada en Londres, proveedor de telefonía celular tiene 28 millones de subscriptores en Egipto, en una nota de prensa informó que: ‘todos los operadores de telefonía móvil en Egipto han recibido instrucciones de suspender su servicio en algunas áreas selectas’. Vodafone dijo que estaba ‘obligada a cumplir con la orden’, según señala el Times.

Jim Cowie, jefe de tecnología de la empresa estadounidense Renesys, que monitorea el tráfico mundial de Internet, de manera metafórica dijo que: ‘…, es como si hubieras redibujado el mapa y ya no son un país’, en referencia a cómo desapareció la actividad de Internet hacia y desde Egipto cuando el gobierno de Mubarak dio la orden de suspender el servicio.

Después de esto y en medio de las presiones de gobiernos aliados de abandonar el poder, durante toda la semana pasada, los seguidores de Mubarak han intimidado, perseguido, golpeado y amenazado a varios corresponsales de la prensa internacional, según los reportes periodísticos. Rob Mahoney, subdirector del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés), alarmado dijo que ‘estos incidentes están ocurriendo a una escala sin precedentes anteriores’. Se han dado más de 100 incidentes de detenciones, golpizas y asaltos desde que las fuerzas de apoyo al gobierno tomaron las calles. Y en los noticieros y medios a lo interno de Egipto, no se han dado trasmisiones sobre lo que ocurre afuera en las calles de la ciudad.

Y ¿por qué importan los nuevos medios? Hay nuevas maneras de información y comunicación que están redefiniendo el estatus de las relaciones político—sociales (esto lo entendió Barack Obama claramente en su campaña de 2008). Aún queda por estudiar a fondo sus alcances más por lo cambiante de la tecnología y su potencial infinito y universal de provocar un cambio de conducta social. Google y Twitter con su tecnología ilimitada ofrecieron servicio gratuito a los egipcios por encima del cierre que se ordenó, pero ese es otro estudio y discusión pendiente sobre la influencia de las trasnacionales en los asuntos internos de las naciones.

Mientras eso ocurre, las estructuras de poder, ven con recelo las amenazas a su modus vivendi y el enorme potencial de estos medios. Como Mubarak, tratarán de imponer su dominación sobre las estructuras sociales, con el único objetivo de preservar y ganar más espacios, aunque sea a la fuerza.

 

Este artículo se publicó el  7  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

De cómo vestir palabras y ahogarse en el intento

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La opinión de…

Juan Carlos Ansin

El lenguaje de la palabra hablada es muy distinto al de la escritura.   Cuando hablamos, usamos un tono de voz que fluctúa según el énfasis que ponemos en la intención con que deseamos expresar nuestras ideas.   Además, las palabras van acompañadas de un lenguaje corporal que en determinadas circunstancias expresan lo contrario de lo que se dice.

En estos días, un funcionario trataba de excusar la incapacidad administrativa para prevenir la crisis del agua potable, pero su mirada parecía vagar tras la corriente zaina de los ríos desbordados.    En ocasión de los sucesos de Arizona, el Sheriff del lugar apuntó hacia el lenguaje cáustico utilizado por políticos y periodistas.   Los comentaristas que lo criticaron, invirtieron el discurso con un cinismo tan descarado que terminó por invalidar sus opiniones.

Ciertamente, uno es esclavo de las palabras. Por eso considero que los méritos de la escritura son superiores a los de la oratoria. En principio, porque a la palabra escrita no se la lleva el viento. Queda allí. Es fiel testigo y prueba irrefutable de lo que uno piensa. No hay, o son muy pocas, las posibles coartadas para escapar de lo que ellas afirman. Hasta un signo de puntuación puede valer una condena.   Si leemos: El reo dice, el juez miente.   Es muy distinto a sentenciar: El reo, dice el juez, miente.

De modo que para escribir hay que tener tiempo para pensar qué se va a decir, cómo lo vamos a escribir y qué palabras vamos a escoger; pues entre todas, una habrá cuyo significado se adecua mejor a lo que se desea precisar. Tampoco olvidemos que la libertad de expresión seguirá siendo esclava eterna de la gramática.    No es fácil, por lo menos para mí, establecer concordancias correctas, ajustadas al texto y al contexto.   Siempre me quedan dudas y cuanto más consulto, más dudas tengo. Así es que, en cada escrito, no me queda otro remedio que tirarme al agua sin salvavidas. ¡Glup!

Aunque la oralidad ha invadido la escritura, todavía escribir resulta ser una pasión necesaria. También es un arte. Cada uno lo hace según su estilo y cada estilo revela una personalidad distinta. Dominar estilos es virtud de quien domina el arte. La poesía, la prosa y el ensayo requieren del suyo.   Pero todos poseen, como la música, una melodía secreta que revela los quilates del autor.

Tengo predilección por los escritos que me hacen pensar en matices. Me incomodan la banalidad, la chabacanería, los esperpentos y las afirmaciones dogmáticas, sobre todo en política, ciencia y arte. Prefiero las opiniones donde abunda el tal vez, el quizás y el acaso. Y como no siempre todo desnudo resulta erótico, a las palabras también hay que saber vestirlas para que sugieran más de lo que revelan.

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<>Artículo publicado el  30  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El silencio también es opinión

La opinión del Docente Universitario…

 

JORGE LUIS MACÍAS FONSECA
jorge101@cwpanama.net

Sobre el silencio se han tejido una serie de apreciaciones. Para algunos es aconsejable porque permite comportamientos alejados de la suspicacia, de las malas interpretaciones, y de los compromisos.   Para otros es un buen signo de educación y de buenos modales. Algunos consideran que es importante romperlo, pues se permite con ello, conocer el pensamiento de los parlantes, y crear un ambiente de cordialidad y de comunicación.

La fábula que explica como el águila en lo alto soltó la presa que llevaba en el pico, cuando le preguntó, cómo había llegado a tan elevada altura, tiene como moraleja, aquello que: ‘más vale callar cuando lo que dices puede llegar a perjudicarte’ y con el mismo mensaje, lo tenido como máxima por los viejos, en el sentido que: ‘no todo lo que siente se dice’. Con ello se sentencia con propiedad al silencio, pues en una buena interpretación: ‘en boca cerrada no entran moscas’.

Es más el silencio es recomendable, cuando se quieren eludir responsabilidades, o esconder posiciones, pues sin la opinión, difícil es conocer la ubicación que se asume. En la administración pública-por ejemplo-el silencio administrativo es una forma que se ha legitimado para dilatar los asuntos o bien para no resolverlos. En las áreas dedicadas a la salud, como son las clínicas y los hospitales, se exige silencio, igualmente en las aulas cuando se transmite información para que ella sea bien recibida, también en una sala de teatro, del padre al hijo cuando lo reprende, el juez cuando dicta sentencia, o en la soledad cuando ella se impone por la reflexión serena a la que se puede estar sumido o bien en los campos santos donde hay una realidad distinta a la nuestra.

Pero también el silencio es impuesto, cuando se pretende callar una voz crítica o disidente, principalmente en tareas como la del periodismo, que por su naturaleza tiene que ser expresivo. Igualmente se silencia para amparar irregularidades e ilegalidades y para soterrar los ideales de hombres probos.   De la misma manera, se reduce al silencio o se silencia, cuando se cercenan los derechos humanos, y cuando las posibilidades de expresión son reducidas a la nada. Así, aquello de que el que ‘calla otorga’, no siempre tiene certeza, porque se puede opinar en silencio y también con el silencio.

Se puede manifestar un sinnúmero de razones sin necesidad de la estridencia, pero en silencio, y no por ello se está otorgando. ¿Qué ocurría por ejemplo en un país en donde la población adoptara el silencio como una forma de expresión, de lucha y de protesta? De seguro que ningún gobierno resistiría el impacto de un silencio sepulcral, ni mínimo, ni prolongado. ¿Qué ocurriría en una institución ante una mala acción del superior jerárquico que tenga como respuesta un silencio manifiesto?. No sería de extrañar que la preocupación y el temor, se apoderaría del mismo porque-no cabe duda-que el silencio asusta.

En las instituciones públicas nacionales el hablar se convierte en delito, y si esa acción es crítica se ‘cae en el terreno del crimen’, por lo que pareciera mejor adoptar el silencio como una forma de opinión.

 

Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El idioma corporal

La opinión del Abogado y Profesor universitario en Derecho Procesal Penal…

 

CARLOS AUGUSTO HERRERA
cherrera255@hotmail.com

El abogado que ignora las nociones de esta particular forma de comunicación está muy lejos del éxito, independiente del rol que escoja para desarrollar su carrera en la vida laboral.

Quien no puede educir lo que tratan de aparentar o los que participan en aclarar cualquier asunto en disputa, seguro que tiene la de perder por desconocer la gran parte de esa comunicación que no se habla o se escribe.

Cuando le presentan a una persona, mientras se dan la mano, cada uno dice su nombre pero nadie lo recuerda porque en ese momento, cada uno trata de leer el idioma corporal del contrario para saber quién es.

El análisis morfofacial es una odisea para neófitos. Poder estudiar el rostro de una persona no es tarea fácil. Se dice que no hay retentiva para recordar los rasgos físicos de una persona.

Yo no soy un buen fisonomista, se alega. Físicamente tenemos músculos faciales que no están atados a ningún miembro que se mueva en el cuerpo. Los músculos del rostro colocados cerca de la piel gobiernan las expresiones faciales, mueven la mandíbula para abrir y cerrar la boca, masticar, tragar, reír, sonreír, hablar en conjunto con la lengua y estos músculos del apéndice tiene su origen en el hueso hioides, también realizan movimientos complejos para las mismas actividades.

Lo importante son los cambios morfofaciales alentados por las emociones que provocan los sentidos y la emisión de adrenalina, una hormona vaso activa secretada en situaciones de alerta por las glándulas suprarrenales, pero que sin dudas cambian la fisonomía de un rostro.

El otro asunto es el cerebro dividido en hemisferios y entrecruzado con relación al resto del cuerpo. Del lado derecho encontramos la intuición, la imaginación creativa y la capacidad de percibir una impresión general. Del lado izquierdo tenemos el simbolismo y la metáfora, esta la herramienta del poeta para las imágenes creativas y si hay una relación especial, la encuentras de este lado.

1 Por supuesto que la lista es larga en cuanto a las funciones del cerebro, pero tenemos que darle al tema un repaso superficial por razones de tiempo y espacio. Lo que tenemos que atender lo relativo al funcionamiento a partir de las percepciones por medio de la vista, el oído o las emociones. (Kinestésica). Este pensamiento elaborado va al cerebro y recoge de la memoria el conocimiento para comparar e identificar lo que se percibe; luego lo convierte en idioma para expresarlo. Hay que notar la velocidad supersónica de la respuesta sobre lo que define. Es como la computadora más rápida del mundo.

Aparecen el estímulo con las sensaciones y luego llega la percepción que al enfocar está la respuesta, un tema que ha trasnochado a grandes pensadores científicos. Aquí tenemos una información que nos dice que pensamos en imágenes de manera abstracta o en palabras y también se originan en sensaciones y emociones.

2 Como podemos apreciar, este asunto es mucho más complicado de lo que parece. Pero es que procesamos todas las informaciones a través de los cinco sentidos que conocemos.

Este mismo autor que recién referimos, nos dice que podemos recordar mejor una imagen si elevamos los ojos. Si se trata de palabras y sonidos, debemos mantener la mirada de forma horizontal, pero si se trata de revivir sensaciones entonces debemos dirigir los ojos hacia abajo.

3 Esto reviste mucha importancia porque después veremos como se puede detectar una verdad o una mentira con el análisis de la posición de los ojos del interlocutor. Dice que una mayoría de nosotros cuando recordamos asuntos del pasado, dirigimos los ojos hacia la izquierda y si lo hacemos hacia la derecha elucubramos acerca del futuro. Lo importante es conocer que mientras hablamos o pensamos de manera inconciente, dirigimos la mirada en busca de la información en nuestro cerebro.

4 Este es un tema que me apasiona y al que le he dedicado más de 20 años de lectura, entonces puedo entender esa manera mecánica y repetida que el barbero cuando mueve la tijera o le asienta el filo a la navaja en la correa, o el carnicero mira en lontananza mientras recorta la carne frente al cliente que también se hipnotiza con el repetido movimiento.

Usted mira sin ver cuando piensa o le gusta caminar de un lado a otro mientras conversa. Otros platican en una posición de perfil y aquellos fijan un punto al que la dirigen la mirada pero que no ven.

Finalmente los pensadores visuales lo hace sobre imágenes que representan ideas; los absortos auditivos utilizan o las ideas abstractas y luego cambian a la siguiente idea y los abstraídos kinestésicos llegan desde el exterior con sus sensaciones y emociones. Hay que recordar el sabor del limón o el tamarindo para que automáticamente se salive la boca.

 

Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Aceite de culebra

La opinión de…

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Nadie sabe cuándo ocurrió, pero en algún momento de la evolución social humana, alguien se dio cuenta de que podía, por medio de la persuasión, timar a una o muchas personas. Muchas veces por el simple hecho de ganar espacio y lograr ventaja para subsistir.   Me puedo imaginar la primera vez que sucedió.   El pícaro intercambia un favor de importancia por otro menos valioso, por medio del convencimiento amigable y delicado, la distracción y el acomodo y reacomodo de la realidad.   Funcionó.

Lograda la ventaja sin repercusiones contrarias para él, retornó sobre lo ensayado. La planteó como teoría empírica para volver a aplicarla bajo otras circunstancias. Funcionó nuevamente. Y así sucesivamente, generalmente con sagacidad, fue mejorando y afinando los elementos disuasivos para que su vehículo de supervivencia fuera más sofisticado y convincente cada vez.

Stephen Littlejohn y Karen Foss en su libro ‘Theories of Human Communication’ sostienen que: ‘La creación y desarrollo de una teoría es una actividad social humana: las personas las crean, las ensayan o ponen a prueba y evalúan sus resultados…’. Estas prácticas de persuasión engañosa ya formuladas en una teoría y puestas en práctica por el primer timador, rápidamente fueron generalizándose (como siempre, toda actividad es plagiada por otros).   Littlejohn y Foss agregan que: ‘… como actividad social, la formulación de teorías se realizan en el seno de comunidades de investigadores quienes conocen y comparten una serie de prácticas comunes’. (Cambie la palabra investigadores por timadores).

Es así, como a lo largo de los tiempos, en el seno de los diversos grupos humanos que fueron poblando la tierra, emigraban embusteros y farsantes de localidad en localidad y se ubicaban en los mercados comunales, las aceras de las calles, en los incipientes comercios; con la puja y repuja cotidiana. Había que tener cuidado y suspicacia en las negociaciones y transacción de un bien por otro, o de un servicio por otro.   Según el diccionario urbano, en el siglo XIX vendedores ambulantes vendía como marravilloso aceite de culebra; un elixir con garantías de que era la cura para todos los males. El término ‘aceite de culebra’ se popularizó como un concepto peyorativo atribuible a todo producto que se ofrecía con propiedades fantásticas. Gato por liebre envuelto en un proceso de comunicación persuasivo y engañoso.

Desde entonces y aprovechando el advenimiento de toda clase de herramientas para alcanzar los objetivos de dominación y no siempre para fines positivos, individuos y grupos han aprovechado los conocimientos sobre los efectos y la función de los procesos persuasivos de comunicación para fortalecer su control y dominio sobre grandes sectores del conjunto humano.

A mediados del siglo pasado, Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolfo Hitler, lo definió tan cáustico y lúcidamente cuando formuló y puso en práctica su famosa teoría: ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’ (‘…a lie, if audacious enough and repeated enough times, will be believed by the masses’). Desde entonces, los centros hegemónicos del poder económico y político, han continuado con la manipulación de los procesos de comunicación a todos los niveles, principalmente a través de la propaganda y la publicidad.

La tendencia en estos tiempos que vivimos, es la de redefinir las teorías y prácticas de comunicación fundamentados en un goebelismo modernizado, hoy tan presente en el diseño de campañas dudosas; el maquillaje de la ‘imagen’, la creación de marcas (branding) y en la promoción masificada de mensajes subliminales a cada momento y en cada vehículo comunicacional para el control de casi todo.

Estas estrategias manipulativas han tamizado a la actividad política. Ya no es importante el discurso centrado en ideas filosóficas o ideológicas para ganar, sumar y mantener adeptos. Ya no son necesarias las ideas visionarias para mejorar la condición humana de todos.   Lo que importa es la estrategia mediática que diseña, ‘el grupo de creativos’ de los equipos de comunicación que las organizaciones contratan. Ellos definen los mensajes, su propósito y el alcance de las mismas. La dinámica entre emisores y receptores basados en un goebelismo perverso y desmesurado es la filosofía de estos grupos. Teoría requete comprobada;   ‘mentiras audaces’ es lo que impera en estos mercados modernos y trabajan afanosamente para desviar los progresos que ha alcanzado la humanidad en términos de convivencia decente, crecimiento social y cultural.

En el argot local, ese goebelismo forma parte fundamental de lo que todos conocemos como ‘juegavivo’; el todo para mí y no amerita tanta teoría o razón.   Desde el primer timbrazo del reloj despertador en la mañana, hasta que apagamos el televisor en la noche, casi todos estamos cuidándonos y escudriñando entre los miles de mensajes que nos asaltan todo el día. Mensajes que no siempre son verdad; con propósitos no siempre nobles y no siempre para bien.  Aceite de culebra.

 

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Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El genuino significado de las palabras

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La opinión del Pedagogo, Escritor, Diplomático …

Paulino Romero C. 

En todo tiempo se ha sentido la necesidad de catalogar las palabras por sus analogías y parentescos ideológicos, como en la historia natural se dividen las plantas y los animales en familias, tribus, géneros e individuos.
Una palabra mal comprendida basta a veces para producir fieros trastornos; y solo el hábito de hablar y escribir con exactitud y no dar a las palabras significados que no tienen, puede prevenir motines y evitar conflagraciones sociales, en que nunca toman parte quienes han adquirido el juicio necesario para dar a las palabras su genuina significación.
¡En verdad que pasma de asombro, cuando se estudian las listas de vocablos ordenadas ideológicamente, el considerar lo poco, poquísimo, que tenemos a nuestra disposición de los inmensos recursos de la lengua! ¡Cuántas y cuantas veces tenemos conciencia de que el vocabulario y la fraseología a nuestra disposición son ineficaces e insuficientes para dar cuerpo y hermosa forma externa a lo que pretendemos describir! 

Hay, sin duda, personas largamente dotadas de raudales inagotables para la expresión, nacidas con el fascinante poder de la elocuencia; pero a nadie es dado, a nadie, exteriorizar a todo momento en lenguaje rico, propio y exacto la serie inacabable de ideas que pasan por el entendimiento, ni pintar con sus verdaderos colores, matices, cambiantes y tornasoles, y, sobre todo en la proporción debida, las múltiples, indecisas y sutiles distinciones de los sentimientos que acompañan a nuestras ideas.

Es de la mayor importancia que la exactitud regule nuestro lenguaje y que todo político, orador, escritor, periodista, adquiera el hábito de los hábitos, el de expresar sus pensamientos con perspicuidad y corrección. La falsa dialéctica, disfrazada por especiosa fraseología, cautiva frecuentemente el asentimiento de las muchedumbres que no piensan, diseminando, a través de grandes espacios y durante largas edades, las preocupaciones, las supersticiones y el error.

El lenguaje, no solamente nos facilita los medios de comunicación con nuestros semejantes, sino que ejerce otra función más grandiosa: la de servirnos de instrumento en las operaciones de nuestra misma inteligencia y de nuestra propia imaginación. Las voces son las alas de nuestros pensamientos. Sin la agencia de las palabras, los fenómenos de la mente carecerían de aire para su desarrollo. En todo proceso del raciocinio entra el lenguaje como instrumento esencial.

Las palabras son los vehículos de nuestras abstracciones; porque en ellas encarnamos nuestras ideas; y por su eficacia pasamos en nuestras deducciones desde las premisas a las consecuencias, y en nuestras inducciones desde lo concreto a lo general; todo de un modo inconsciente, y con rapidez tan asombrosa, que ni siquiera quedan en el recuerdo trazas ni vestigios del complicado procedimiento. ¡La lengua aumenta nuestra vista mental, fija las ideas y las imágenes, y las detiene para someterlas a constante contemplación! 

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<>Artículo publicado el 17  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

De “Spin” y “Spin Doctors”

La opinión del Ingeniero, Banquero Internacional, Diplomático…

Eudoro Jaén Esquivel

El término “spin” es un término del idioma ingles definido como una forma de propaganda que trata de persuadir a la opinión pública a favor o en contra de una organización o una personalidad, generalmente con tácticas manipulativas. Las personas que se dedican a diseñar “spin” se conocen como “spin doctors”. Son las personas que usando tácticas de manipulación masiva, buscan cambiar con argumentos torcidos la realidad de un acto.

Buscando la traducción al español de los vocablos “spin” y “spin doctors” encontré la siguiente definición:

“La acepción de estas dos palabras de origen anglosajón, nos deriva a una traducción al castellano que no tiene literalidad, pero sí que comprendemos su significado en la aplicación efectiva en el ámbito político. Un “Spin Doctor”, es el “alma mater” del “backstage theater”, el director entre bastidores, una figura muy común en la cultura política anglosajona, donde su utilidad y preeminencia superan con creces al de un simple jefe de gabinete o asesor.   Jesús Insuza.”

Vemos entonces que “spin” está asociado con política y que los “spin doctors” son personajes muy influyentes en los gobiernos, llegando a alcanzar mayor influencia que los Ministros de Estado. El ejemplo clásico de “spin doctor” es el inglés, Edward Bernays, quien se le considera el Padre del “Spin”, estuvo asociado como “spin doctor” de Tony Blair y se mostraba muy orgulloso de su profesión.

Algunas de las técnicas que utilizan los “spin doctors” son:

• “Enterrando la malas noticias” anunciando una noticia o realizando un acto de agrado popular al mismo tiempo que aparecen noticias impopulares con la esperanza de que los medios se enfoquen en la noticia favorable o popular.

• Lo que los americanos llaman “recogiendo cerezas” (“cherry picking”), que significa seleccionar solo los hechos o datos favorables, omitiendo los negativos

• “Negación ambigua o engañosa”, la frase “non-denial denial” se hizo famosa durante el escándalo de Watergate y se trata de un declaración por un miembro del gobierno tan ambigua que al final no es una negación y deja abierta al posibilidad de que se entienda que el hecho adverso es realmente cierto. Algunos ejemplos. Bill Clinton alegando “yo no tuve relaciones sexuales con esa dama”. Otros “no nos vamos a rebajar nuestra dignidad dando respuesta a esa pregunta. o “eso es absurdo” sin decir si cierto o falso. Y uno del patio “el aumento del ITBMS es solo de 2.0%” creando la impresión que fue un aumento no significativo, cuando el aumento real es de 40%

• Utilizando eufemismos para disfrazar la verdadera agenda.

Estoy seguro que muchos de nuestros lectores reconocerán estas tácticas pues las tácticas del “spin” no se limitan a las culturas anglosajonas ya que han sido introducidas en nuestros medios; especialmente porque muchos candidatos presidenciales latinoamericanos utilizan los servicios de “spin doctors” anglosajones en sus campañas.

Nosotros tenemos nuestros propios “spin doctors” Uno de nuestros Ministros trabajo como cabildero en Washington y sin duda adquirió experiencia en “spin”;   un Director de una entidad estatal de rango ministerial es un experto en publicidad y sin duda conoce bien la técnica del “spin”.    Estoy seguro que ambos influyen en el contenido de las comunicaciones a los medios tanto orales como escritos.

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<>Artículo publicado el  23 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.