Un gol contra el trabajo infantil

La opinión de…

MARINA PÉREZ DE CÁRDENAS

Muchas situaciones en nuestras vidas nos recordarán un gran partido de fútbol, en el que los jugadores tienen que luchar en equipo para llevarse la victoria; no siempre es fácil, hay que esforzarse mucho, jugar limpio y no permitir que se cometan errores en el campo de juego.

Este 12 de junio se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil... imagínate cuáles son los equipos que se enfrentan día a día para luchar contra esta triste realidad: el equipo que trabaja contra el Trabajo Infantil y demuestra su compromiso luchando por el acceso a la educación y mejores condiciones para el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes; y su adversario, el equipo de los que ignoran y hacen caso omiso a este flagelo. ¿A cuál de estos apoyarías?

Es importante que sepas que los deportes no están exentos del trabajo infantil, porque, según informes de la Marcha Global, se ha detectado la explotación laboral de niñas y niños en la producción de balones de fútbol en India, Pakistán y China, siendo que algunas cifras se refieren hasta un millón de niños bajo estas condiciones. Cada año, India produce más de un millón de pelotas de fútbol hechas a mano, para empresas multinacionales, en su mayoría para la exportación a los países del mundo más poderosos.

Estos niños reciben unos seis centavos de dólar por un balón, que luego es vendido a 20 dólares aproximadamente. Los grandes del fútbol ganan millones y millones de dólares por partido, lo que me hace preguntarme si Messi y sus amigos sabrán lo que tienen entre sus manos…

¿Qué nos dice esto? Que las reglas del juego las dicta la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por Panamá, la cual establece claramente la obligación del Estado de garantizar ‘el derecho del niño de estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social’, estas reglas no se están cumpliendo realmente. Es decir, el juego no está siendo limpio.

Vivimos un momento en nuestra sociedad donde nos debemos preguntar si es necesario un time out o tiempo fuera, que nos sirva para hacer un análisis de la situación. Y es que los niños tienen derecho a ser niños, porque pierden todo al perder su niñez. Pierden su derecho a recibir una educación, y las estadísticas revelan el hecho aterrador que un niño que no va a la escuela tiene ocho veces más probabilidades de delinquir que uno que sí va. De igual forma, pierden la oportunidad de desarrollarse y salir del círculo de pobreza en el que viven, toda vez que un niño que deja de asistir a la escuela dos años, recibirá 20% menos en su remuneración toda su vida laboral. Pierden su derecho a jugar, y el niño que no juega, no sabe trabajar en equipo.

El abuso sistemático de derechos humanos a niños, niñas y adolescentes trasciende barreras de lugar, tiempo y espacio. De acuerdo a cifras de la OIT, existen aproximadamente 215 millones de niños en el mundo que se encuentran en situación de trabajo infantil. De estos, 115 millones, se encuentran bajo las peores formas de trabajo infantil. En Panamá contamos con la alarmante cifra de casi noventa mil niños en estas condiciones, de acuerdo a cifras oficiales de la Contraloría General de la República de 2008, los cuales realizan diversas actividades como buhonería, mendicidad, construcción, agricultura, pesca, y explotación sexual comercial.

De acuerdo a los Objetivos del Milenio, tenemos un plazo hasta el año 2015 para la eliminación de las peores formas de trabajo infantil, y hasta el año 2020 para su erradicación. Para lograr esta meta, todos los niveles de la sociedad deben involucrarse y es responsabilidad de todos y todas su eliminación.

¿Qué puedes hacer tú al respecto? ¡Anota un gol contra el Trabajo Infantil y haz que el mejor equipo gane!

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Artículo publicado el 12 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a al autora, todo el crédito que les corresponde.

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