Panamá y Vietnam, una historia compartida

La opinión del Médico y Presidente de la Asociación de Amistad Panameño-Vietnamita….

CARLOS E. JIMÉNEZ R.   –

Hace 35 años, el 28 de agosto de 1975, Panamá, en el marco de la reunión de Países No Alineados que se celebró en la capital peruana, establece relaciones diplomáticas, con el Gobierno Revolucionario Provisional de la República de Vietnam del Sur.

Las declaraciones conjuntas de ambos países, firmadas en Lima, Perú, y suscritas por Juan Antonio Tack por Panamá y Nguyen Thi Bihn por Vietnam, son una pieza diplomática que transmite al mundo el deseo, despojado de intereses mezquinos, de desarrollar una relación basada en los principios de mutuo respeto, amistad y cooperación entre ambos países; relación que sea en interés de los pueblos de Panamá, de Vietnam del Sur y de la Comunidad Internacional.

El contexto histórico en que se da esta relación definiría la base de una política de neutralidad, que convirtió a nuestro país en sede regional para resolución de conflictos y nos dio el acervo moral para continuar la lucha que nos permitiría recuperar nuestro Canal.

En 1975 Vietnam completaba su liberación del neocolonialismo francés y norteamericano, luego de ganar una guerra que fue devastadora para su pueblo, pero que le garantizó una independencia efectiva.

En este mismo año se acercaba en Panamá el momento culminante de años de lucha para lograr no solo la soberanía total sobre nuestro territorio, sino la entrega del Canal Interoceánico al pueblo panameño.

Ambos países, bajo gobiernos revolucionarios, habían logrado recorrer un difícil camino: Vietnam el de la guerra; Panamá el de la negociación, los dos confrontados al país más poderoso del mundo.

Desde tribunas internacionales Panamá habló alto y claro sobre una injusticia que se había prolongado tres cuartos de siglo y que había costado a nuestra nación vidas de patriotas panameños, cuantiosos perjuicios económicos, afrentas a nuestra nacionalidad, tales como soportar la discriminación racial y laboral impuesta en nuestra propia tierra por un gobierno extraño; y la paradoja de un enclave colonial en el corazón del istmo.

Vietnam también proclamaba su visión, la visión de un pueblo oprimido y sometido a una explotación inicua por parte de gobiernos colonialistas primero y proimperialistas después; que emprendió el camino de la guerra de liberación, porque todos los otros caminos se habían cerrado.

Hoy, Vietnam ha reconstruido su país, destrozado por las bombas, arrasado por el napalm. Su economía es floreciente y ha sabido conjugar los beneficios de un sistema socialista para el pueblo, con las ventajas de estrategias capitalistas en su comercio internacional. Su antiguo enemigo en el campo de batalla es hoy parte activa en su economía, en condiciones de igualdad.

Panamá, hoy administra el Canal y los bienes revertidos en beneficio de nuestro pueblo, y de los demás pueblos del mundo, aceptando nuestro papel geopolítico histórico, ya no solo de país de tránsito, sino también de polo de desarrollo para el mundo entero y sobre todo para los países americanos.

Precisamente en este último aspecto, la relación Panamá — Vietnam tiene todavía mucho por producir: Nuestro país posee inmejorables condiciones para servir de base comercial a los productos de exportación de Vietnam; el Canal de Panamá, puertos modernos, una Zona Libre, un Centro Bancario Internacional, una tradición de país comercial y de servicios acreditada por siglos. Panamá tiene por su parte mucho que recibir de Vietnam: Su experiencia en materia agrícola, especialmente en el cultivo de arroz; sus conocimientos en el desarrollo de la artesanía; sus avances en la medicina alternativa; la posibilidad de colaboración en el área energética.

Por último, en el campo diplomático, debemos incentivar lo que nuestros dos pueblos han promovido como base de su política internacional: El respeto mutuo entre los países, la paz mundial, la solidaridad entre los pueblos y las naciones.

Larga vida a la amistad panameño—vietnamita!

<> Este artículo se publicó en 4  de septiembre de 2010 en el diario Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Mayo de 1958: raíces de la rebeldía popular (II)

La opinión del Ex Dirigente de la FEP…..

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CARLOS JIMÉNEZ

Lo que siguió después, en el verano de 1959, —las Guerrillas de Cerro Tute y de Santa Clara, la guerrilla urbana en Panamá y Colón— fueron páginas heroicas escritas por jóvenes patriotas que combatieron en montañas, playas y ciudades, trocando sus libros por armas, para defender los ideales de una juventud que había pagado con sangre y vidas el aldabonazo que le dieron a la conciencia del pueblo panameño.

Girón, Blanco, Pinzón, García y más tarde Polidoro, fueron los caídos en esa epopeya y fueron verdaderos próceres de la Patria, próceres de una nueva Nación que vislumbraba apenas en el horizonte la verdadera independencia de Panamá, abriendo el camino para el 9 de Enero de 1964 cuando nuevos mártires, nuevos próceres, continuaron escalando nuevas cumbres, hasta alcanzar la soberanía total en todo nuestro territorio.

Dicen que la historia se repite en espiral: las rebeliones de los 50 y 60 tuvieron sus raíces en la intolerancia y en la prepotencia de un Gobierno que, además, demostraba desprecio por la opinión popular y las vidas de los ciudadanos que se supone debía proteger.

La Historia demostró que el movimiento estudiantil tenía la razón: era justo tener un Código de Trabajo que protegiera al trabajador; era justo pedir leyes de Vivienda que protegieran a los inquilinos contra los desmanes de los caseros; era justo pedir una mejor Educación y acceso popular a la Educación Universitaria; era justo pedir que los cuarteles no sirvieran a los intereses de la oligarquía; era justo que reclamásemos la salida de los norteamericanos de la Zona del Canal y la abolición de los tratados relativos al funcionamiento del Canal, humillantes y onerosos para nuestro país; era justo pedir una Reforma Agraria que le entregara la tierra al campesino que la trabaja.

La Generación del 58, la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), el Movimiento Acción Revolucionaria (M.A.R.) y el Movimiento 22 de Mayo (M-22) dejaron un mensaje grabado indeleblemente en nuestra Historia: siempre habrá panameños idealistas dispuestos a encabezar la lucha por la libertad y por una verdadera justicia social.

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Este artículo se publicó el 29 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mayo de 1958: Las raíces de la rebeldía popular (I)

La opinión del ex dirigente de la FEP…..

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CARLOS JIMÉNEZ

En el año de 1957 se reorganizó la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), un movimiento estudiantil pujante, con objetivos cívicos claros: mejor educación, más trabajo, más beneficios económicos para el pueblo. Pero también con objetivos de mayor alcance político, antimilitarismo, antilatifundismo, antiimperialismo, soberanía total.

Con el inicio de clases en mayo de 1958, se realiza una marcha hacia la Presidencia de la República, con la consigna de exigir una mejor educación.

La manifestación, integrada por miles de estudiantes de los colegios secundarios públicos y por estudiantes universitarios, era enteramente pacífica.

Pero la soberbia y el miedo de un presidente (Ernesto De La Guardia Jr., del Partido Coalición Patriótica Nacional), le hace ordenar, en mala hora, a la Guardia Nacional la disolución por la fuerza de esta marcha cívica.

Cae el primer mártir de mayo de 1958, —José Manuel Araúz— del Colegio Artes y Oficios. A partir de este momento los gobernantes pierden el control de la situación: al mando del coronel Bolívar Vallarino, comienza la salvaje represión que dejó un saldo de 20 estudiantes muertos y más de 300 heridos.

La Nación entera manifiesta su repudio, y el gobierno acorralado acepta en el papel el llamado Pacto de la Colina (los estudiantes se habían refugiado en la Ciudad Universitaria), donde se compromete a evitar los abusos de la Guardia Nacional en contra del pueblo.

Fue solo una táctica sucia para ganar tiempo y recomponer su maltrecho gobierno. De aquí surge el convencimiento de que lo que era un movimiento estudiantil que no le temía al combate en las calles, y que había recibido ya su bautismo de fuego, tenía que pasar a una fase revolucionaria superior que diera los frutos que el pueblo anhelaba.

En octubre del mismo año —1958— la Federación de Estudiantes de Panamá lanza un desafío al Gobierno: 200 dirigentes estudiantiles de todo el país se atrincheran en el Glorioso Nido de Aguilas y tratan de motivar el levantamiento de la clase trabajadora. Por dos semanas resisten rodeados de gendarmes armados hasta los dientes.

La semilla revolucionaria había prendido: la juventud había comprendido que sin lucha en las calles un Gobierno plutócrata, cuya élite militar era dominada por sus miembros, no cumpliría jamás las justas reclamaciones de la Federación de Estudiantes de Panamá y del pueblo.

Sigue mañana..


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Este artículo se publicó el 28 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.