Oportunidad de desarrollo responsable en Panamá

Oportunidad de desarrollo responsable en Panamá

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Marie-Louise Belanger,
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Todo desarrollo tiene sus impactos sociales y ambientales. La naturaleza del ser humano rechaza lo que desconoce y, aunque en Panamá existe mucho conocimiento en diversos campos, aún queda mucho por aprender.

En los últimos 20 años, la humanidad ha avanzado en la ciencia, la tecnología, la medicina, etc. Nuestro país no está fuera de esta realidad. Hace 10 años la propia ciudad de Panamá no era ni la sombra de lo que es hoy, con cintas costeras, edificios rascacielos, puentes, etc. El país crece y se desarrolla con el paso de los años, pero sigue siendo un país, principalmente, de servicios.

En el medio de una crisis mundial, los panameños tienen una serie de oportunidades de desarrollo que muchos otros países desearían tener. Es hora de que “reflexionemos” y entendamos que para ser competitivos y sobrevivir esta crisis, debemos ser capaces de aprovechar los recursos inteligentemente, diversificando nuestras fuentes de ingresos como país, generando empleos y creando nuevas oportunidades de trabajo. Esto se logra desarrollando nuevas industrias, mejorando la calidad de la educación y fortaleciendo nuestras capacidades, como lo han hecho muchos de nuestros países vecinos: Costa Rica, Colombia y Chile.

Los países del primer mundo, como Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, etc., han entendido claramente que el “desarrollo responsable” está estrechamente vinculado con el cumplimiento de leyes nacionales y normas internacionales, con adecuados mecanismos de rendición de cuentas, así como el cumplimiento de políticas de protección medioambientales, entre otros.

Panamá ha adquirido compromisos internacionales de protección del medio ambiente para mantener la buena calidad de vida de sus ciudadanos, sin embargo, aún nos queda mucho que aprender de nuestros vecinos del norte.

En el mundo de hoy, no existen proyectos sin impactos y no hay cabida para empresas irresponsables. Lo que sí existe (y ha sido comprobado con miles de buenas prácticas) son “empresas responsables” y “personas responsables” que claramente entienden el valor de hacer las cosas bien. Empresas que para ser exitosas deben cumplir con estándares internacionales como los del Banco Mundial, así como los Principios de Ecuador (establecidos en el año 2003), las guías voluntarias de carácter social y ambiental, impulsadas por un grupo de 40 entidades bancarias privadas, líderes en grandes proyectos de inversión, privadas como públicas.

Hoy en día, muchísimas multinacionales y, sobre todo, empresas energéticas, portuarias y mineras cumplen con estos estándares para alcanzar sus objetivos. Ojalá y sean estas las empresas que lleguen a Panamá para contribuir con su desarrollo; y de ser así, ojalá que “los ambientalistas”, las ONG y la sociedad civil, en vez de oponerse de manera rotunda a estos proyectos ambiciosos, cumplan responsablemente con su papel. Ese rol tan importante de fiscalizar para que se cumplan aquellas normas internacionales exigidas por el Estado, y para que verdaderamente se apliquen las buenas prácticas que han sido exitosas en otros países, que han tenido beneficios para tantos necesitados.

El ambientalista no es aquella persona que grita más fuerte, cierra calles con pancartas, y se pinta de verde, sino aquella persona que, con conciencia, conoce y ejerce su papel, permitiendo así un desarrollo responsable, dando paso al progreso con educación, trabajo, equilibrio y conciencia ambiental.

Como afirmó George Bernard Shaw hace más de 100 años: “El mayor de los males y el peor de los delitos es la pobreza”.

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Publicado el 13 de junio de 2009 en el diario La Prensa

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