El Chagres, el Canal y el agua

La opinión de…

Arturo D. Melo S.

El río Chagres fue represado en la localidad de Alajuela con la represa de Madden, terminada en 1935, o sea, 21 años después de la apertura del Canal de Panamá en 1914.   Anteriormente, había sido represado en la localidad de Gatún, con la represa del mismo nombre, terminada en 1912.

John Stevens, segundo administrador de la Comisión del Canal, dijo, ante el Senado de Estados Unidos en junio de 1906, que “el gran problema en la construcción del Canal de Panamá es el control del río Chagres”.

Fernando de Lesseps, constructor del Canal de Suez a nivel del mar, y promotor del Canal Interoceánico, convocó el Congreso Internacional del Canal Interoceánico, en la sede de la Sociedad de Geografía en París, y allí logró que se aprobara la ruta de un canal a nivel en Panamá.

En dicha reunión, el ingeniero Godin De Lépinay se expresó así: “Tratar de construir un canal a nivel por Panamá es ir contra la naturaleza, y las obras de ingeniería que van contra la naturaleza fracasan.

Si ustedes quieren construir un canal interoceánico por Panamá, lo que tienen que hacer es aprovecharse de la naturaleza, represando el río Chagres en Gatún y el río Grande en Miraflores, creando así dos lagos, y luego cortar las montañas para unir estos dos lagos y conectar ambos a los respectivos océanos, construyendo esclusas”. Godin De Lépinay tuvo que retirarse, abucheado, de dicho congreso.

Los franceses trabajaron en la construcción de un canal a nivel en Panamá desde el mismo año 1879, a pesar de que al visitar De Lesseps la ciudad de Panamá, con su joven segunda esposa y varios de sus pequeños hijos ese año, tuvo dificultades en el trayecto, porque el río Chagres averió seriamente el puente del ferrocarril. Para el control del Chagres, los franceses había pensando en la construcción de un puente, para que el río pasara sobre el Canal y no cayera al mismo, en una gran catarata que lo dañara.

Un hecho no muy conocido es que, al reiniciarse la construcción del Canal por parte de los norteamericanos, en 1904, continuaron construyendo el canal a nivel, que De Lesseps había soñado, hasta 1906, cuando John Stevens se convenció de que dicha obra era imposible de realizar y persuadió al senado de Estados Unidos –por un estrecho margen de 36 a 31 votos, el 19 de junio de 1906– de la necesidad de abandonar el diseño de Fernando De Lesseps y adoptar el diseño de Godin De Lépinay. Al día siguiente se inició la construcción de la represa de Gatún.

Se pensó, entonces, que el problema de las inundaciones del río Chagres había quedado resuelto al incorporarlo al canal a través del lago Gatún, pero las inundaciones de 1906, 1923, 1931 y 1932 los convencieron de que se necesitaba represar el Chagres una vez más, aguas arriba del lago Gatún, y se decidió construir la represa de Madden y el lago Alajuela. Los objetivos de esta obra eran el control de las inundaciones, el almacenaje de agua para uso del Canal durante la estación seca y la generación de electricidad. El lago Alajuela no fue construido como una fuente de agua para una potabilizadora.

Este lago tiene dos grandes desventajas en comparación con el Gatún: aguas arriba recibe directamente las inundaciones, con sus aguas turbias y lodosas, que sólo llegan al lago Gatún después de llenar a capacidad el lago Alajuela, el cual como lago de almacenaje de agua varia de nivel hasta 47 pies entre invierno y verano. El lago Gatún, como parte del mismo Canal, sólo puede variar seis pies entre invierno y verano. Como quiera que las aguas sucias de las inundaciones se limpian por sedimentación, al bajar el nivel del lago Alajuela a 47 pies, para finales del verano, cada año se vuelve a captar agua turbia, difícil de potabilizar.

Hay que reconocer que la excelente administración panameña de la Autoridad del Canal logró que las represas de Madden y Gatún cumplieran plenamente con los objetivos para las cuales fueron construidas, a pesar de que las inundaciones de diciembre de 2010 fueron las más grandes que ha tenido el río Chagres desde la construcción del Canal de Panamá. Este hecho contrasta con los daños causados por la represa del Bayano, administrada por una empresa extranjera, cuyas aguas destruyeron al poblado de El Llano, fue fundado siglos atrás, y devaluaron casi totalmente miles de hectáreas de fértiles tierras, aguas abajo de la represa del Bayano, la que en vez de controlar acentúa ahora las inundaciones.

No se puede desconocer que el mantenimiento deficiente y la falta de inventarios de repuestos de las potabilizadoras de Chilibre agravaron el problema del agua turbia del lago Alajuela, pero la solución permanente del grave problema de abastecimiento de agua potable para el área metropolitana de la ciudad de Panamá parece estar en la construcción de una o varias nuevas potabilizadoras.

Se podría captar agua del lago Gatún en la comunidad de Bahía de Salud o en la boca del río Frijoles, partes del lago cercanas a la ciudad de Panamá, y llevarla por tubería, siguiendo la vía del ferrocarril a Gamboa, para potabilizarla y desde allí distribuirla por acueducto. Se podría, también, captar agua con barcos cisterna en donde estuvieran más limpias en el lago Gatún y llevarlas a Gamboa.

Al buscar nuevas soluciones, debemos tener presente que el agua que se usa o se malgasta de los lagos Gatún y Alajuela, es agua que no se utiliza en el Canal para generar ingresos a la nación. Por esta razón, no debemos dejar de estudiar seriamente la posibilidad de utilizar aguas que no van al Canal, como las de los ríos Pacora y Mamoní, preservando sus cuencas y racionalizando su uso, para el abastecimiento de agua potable a la capital.

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Este artículo se publicó el 13  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

La revolución educativa

La opinión de…

Arturo D. Melo S.

Hace 30 años se rechazó una reforma educativa y, desde aquel tiempo, nuestro sistema educativo no ha sido modernizado. Si entonces se necesitaba una reforma, ahora se necesita una verdadera revolución. Tomemos la enseñanza del inglés como ejemplo. Desde que Estados Unidos inició la construcción del Canal interoceánico por nuestro territorio hemos estado en estrecho contacto con dicho país de habla inglesa. Nuestras escuelas enseñan inglés por 12 años, pero los graduandos rara vez hablan o escriben este idioma, que se ha convertido en el idioma del comercio y el conocimiento mundial.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el inglés era hablado sólo por los ingleses, norteamericanos, canadienses, australianos y las personas altamente educadas del resto del continente europeo. En la actualidad, casi toda la población europea domina el inglés. En Japón y el resto del Asia también se enseña el inglés con efectividad a toda la población. En Corea del Sur han desarrollado “maestras de inglés robot interactivas” que enseñan este idioma a los niños de edad preescolar. En Singapur, cuya población es mayoritariamente de origen chino, pero con minorías significativas de origen malayo e indio, el idioma oficial es el inglés.

Singapur sólo tiene una extensión territorial de 700 km2. Nosotros tenemos 79 mil km2, 100 veces más. Singapur es una isla–nación. No tiene praderas, ríos, montañas, tierras agropecuarias, bosques ni playas, como tenemos nosotros. No tiene comunicaciones terrestres con el continente asiático, como tenemos nosotros con América del Sur y América del Norte. No tiene interior, el cual es la “cuna de nuestra nacionalidad”.

Sin embargo, Singapur ha logrado aumentar su ingreso anual per cápita de $512, al independizarse en 1965, a $24 mil 180 en 2003 y a $50 mil 180 en 2009, este último más alto que el de Estados Unidos. Sólo el ingreso per cápita de Noruega supera al de Singapur. Los de Luxemburgo y Qatar también superan al de Singapur, pero estos dos países son centros financieros y gran parte de sus ingresos no son de sus nacionales, sino de ciudadanos de otros países. El producto interno bruto de Singapur disminuyó en 6.8% en el último cuatrimestre de 2009, pero en 2010 su crecimiento es de 17.9%, el más alto del mundo.

¿Qué es lo que tenemos que hacer para crecer como Singapur? ¿Destruir nuestro interior, convirtiéndolo en un desierto minero de frontera a frontera? ¿Transformar nuestro interior en una sola área boscosa protegida? ¿Poner un tapón al progreso en nuestra frontera con Costa Rica, como tenemos con Colombia? Nuestro interior es una bendición que tenemos nosotros y no tiene Singapur y que nos garantiza nacionalidad, turismo y seguridad alimentaria.

Con Singapur sí compartimos una posición geográfica estratégica, que ellos han sabido desarrollar, en función de sus recursos humanos que su sistema educativo ha capacitado. Si queremos imitar, y por qué no, sobrepasar, a Singapur, dados todos los otros recursos que tenemos nosotros y no tienen ellos, tenemos que hacer una verdadera revolución educativa. Puede haber muchas formas de hacerla. Los pensamientos que se esbozan a continuación podrían ser una forma de realizar esta revolución.

Las metas deben ser educadores cada vez más capacitados, que reciban mejoras salariales por mérito y no por presión. Cada educador debe tener su aula no compartida. Cada alumno debe tener su puesto no compartido. Cada escuela debe tener facilidades para desarrollar el deporte, la cultura y el saber.

Estas metas se podrían lograr con mayor rapidez si, en vez de tener un año escolar de menos de nueve meses y tres meses de vacaciones (108 meses de clases en 12 años), se tuviera un año escolar de 11 meses y un mes de vacaciones (110 meses de clases en 10 años). Los educadores tendrían, en forma programada, un año sabático cada cinco años, con salario completo pagado, para perfeccionar sus conocimientos.     Sus incrementos salariales se basarían, entre otras cosas, en la capacitación adquirida dentro de su año sabático.

Esta revolución reduciría en un 20% la necesidad de aulas escolares, graduaría a los estudiantes dos años antes, capacitaría y recompensaría adecuadamente a los educadores y convertiría a las escuelas en verdaderos centros de la sociedad y el saber. Por supuesto que requeriría inversiones. ¿Pero qué revolución hace un presupuesto de inversiones antes de iniciarse?

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<> Este artículo se publicó el 11  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

‘Pro Mundi Beneficio’

La opinión del Empresario…

Arturo D. Melo S.

Lo dice nuestro escudo.  ¿Y para los panameños, qué? Pareciera que en letras invisibles dijera: “que se jo…”. Somos una especie en vías de extinción.   Ya hemos perdido el 56% de nuestro hábitat ante el avance de las zonas protegidas y las comarcas indígenas. Y el 44% del territorio que todavía nos quedan para vivir las generaciones presentes, cada vez es más “Pro Mundi Beneficio”.

Pareciera que la famosa poesía de Amelia Denis de Icaza, Al Cerro Ancón pudiéramos parafrasearla con el nombre de “A Panamá”. “Ya no guardas las huellas de mis pasos, ya no eres mía, idolatrada Panamá”. Ya ni la cerveza, que un día el inolvidable Mayor Alemán llamó “pan líquido panameño”, es fabricada por panameños.

Todavía se usan los nombres “Atlas y Balboa”, aunque cada día aparecen más marcas extranjeras; pero los dueños de las plantas ya no son panameños. Y se nota la diferencia: aquellos elegantes “jardines de cerveza”, al estilo alemán tropicalizado y ubicados a las faldas del “idolatrado Ancón”, el rancho, el Balboa y el Atlas, ya no existen. Ahora la cerveza se vende en las llamadas “parrilladas” o “jorones”, donde se incuban los vicios, y su consumo es masivamente promovido para maximizar utilidades, que salen del país para engrosar las arcas de sus propietarios en otras partes del mundo.

Ya el “Banco del Istmo” no es del Istmo, sino del Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC). Todavía Panamá participa minoritariamente en los teléfonos de Cable & Wireless, pero no en Movistar ni en Digicel ni en Claro.Com. Antes teníamos a nuestro Intel. También teníamos a nuestro Irhe. Ahora todavía nos queda la empresa transmisora de electricidad, pero ya no somos dueños de las distribuidoras, que ahora son Electra Noreste y Unión Fenosa, ni tampoco somos dueños de la mayoría de las generadoras. Nuestros principales puertos: Balboa, Cristóbal, Manzanillo, Evergreen y Rodman son ahora muy eficientes, pero no son operados por panameños.

Ni las principales avenidas son ya nuestras: el Corredor Sur es de ICA y el Corredor Norte es de Pycsa, empresas mexicanas, que en la única forma que se puedan llevar sus inversiones es si les compramos los corredores, en vez de regularlos para el beneficio de esa especie en vías de extinción, los panameños. También la Coca-Cola es ahora propiedad de mexicanos, la misma empresa extranjera que está en vías de comprar la mayor parte de la distribución de leche en el país. Será un poco empalagoso comer Corn Flakes hecho en Guatemala, con Coca Cola mexicana.

Recuerdo cuando, siendo niño, compré orgullosamente con mis “ahorros” de regalos de cumpleaños unas cuantas acciones de “Cemento Panamá”. Ya Cemento Panamá no es panameño. Tampoco lo es ese otro cemento que todavía lleva el nombre de nuestro héroe, “Bayano”, en vez de “Cuauhtemoc”, héroe de los mexicanos, dueños ahora de Cemento Bayano. Ya no se fabrican con mano de obra panameña el aceite y los detergentes “Urracá”, ni los productos Kraft. Los embutidos Blue Ribbon y Berard ya tampoco son panameños, sino colombianos. Ya tampoco hay Pan Ideal o La Favorita. Ahora el pan es Bimbo, de México.

Y no hablemos de nuestras playas e islas, parte de ese 44% del territorio que todavía nos queda para vivir las generaciones presentes, que cada día pasan más a manos extranjeras y son menos accesibles a los panameños. Ni tampoco hablemos de la Zona Libre de Colón. Ni de las otras muchas actividades económicas que se escapan a estas líneas.

Pero sí debemos meditar sobre las razones por las cuales estamos perdiendo a nuestra “idolatrada Panamá”. Tal vez la principal de ella sea la falla de nuestro sistema educativo. Hace 30 años se rechazó la propuesta “Reforma Educativa” y desde entonces no se ha considerado otra. Necesitamos una verdadera “Revolución Educativa” si queremos preservar nuestra nación y progresar. Es inexplicable que nuestros estudiantes se gradúen de secundaria y, después de 12 años de estudiar inglés, no dominen este idioma, tan importante en el mundo moderno. En nuestro presupuesto se incluyen partidas significativas para la construcción de calles y carreteras, hospitales, cárceles y muchas otras obras importantes, pero, para escuelas, las partidas son mucho menores. Y nuestros educadores hablan de partidos políticos y de aumentos salariales, pero no de enseñar.

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<> Este artículo se publicó el 13  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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El ‘Parque Central’

La opinión de….

Arturo D. Melo S.

Anoche tuve un sueño. Fue un sueño maravilloso.   Soñé que me pasé un domingo en el Parque Central.   Estaba repleto de gente feliz y contenta. La mayoría era de aquellos que no son propietarios de autos y que no tienen los recursos para ir los domingos a casas de playa o montaña. Pero también había muchos cuya vestimenta indicaba que tenían recursos. Todos gozaban en armonía y alegría de las facilidades del Parque Central.

Había entrado por el “Centro de Visitantes”, localizado al sur del parque y avancé hacía el norte. Poco después me topé con la “Taberna Verde”, un elegante restaurante, rodeado del verdor de los árboles y la vegetación del bosque tropical, dentro del cual se había construido el parque, aplicando un esquema de desarrollo sostenible, que había recibido premios internacionales. Una sección del restaurante estaba cerrada y rodeada de mucho público y equipos sofisticados, porque allí, en esos momentos, se estaba filmando una película de largo metraje con la participación de famosos artistas internacionales.

De la “Taberna Verde” seguí al “Paseo de la Nacionalidad”, la única zona formal del parque, con sus bustos de todos nuestros presidentes y de Sócrates, Arquímedes, Galileo, Newton, Colón, Hawkins, Nightingale y otros filósofos, científicos, descubridores y genios de la humanidad. Al final del “Paseo de la Nacionalidad” se encuentra el “Escenario de Conciertos” y la “Concha de las Bandas”. A la hora que pasé no había concierto, pero el letrero luminoso invitaba a escuchar a la Sinfónica de Panamá a las 7:00 p.m. En la Concha tocaba la banda del Cuerpo de Bomberos de Panamá, alegre música típica estilizada. Varias parejas bailaban.

Más adelante estaba “La Fuente del Ángel de las Aguas”, elegante y bella, honrando al río Chagres y a los demás ríos que abastecen de agua a la ciudad y al Canal. De la fuente nace el “Lago de la Tranquilidad” y allí pude disfrutar de un magnífico paseo en bote. En su parte angosta el lago es cruzado por “Puente de Londres”, una copia pequeña del original y el mismo nos lleva al “Alcázar de Segovia”, otra obra inspirada en dicho alcázar, como lo es el “Cindarella’s Castle”, de Disneyworld, que aquí sirve como puesto de ventas de comidas, refrescos y recuerdos.

A un costado del Alcázar se encuentra el “Jardín de Balboa”, sembrado con todas las plantas que florecían en la ruta que este explorador usó para descubrir al “Mar del Sur”. El Parque conserva todas las especies que tenía antes de construirse y miles de árboles nativos que tenía antes de desarrollarse. Todas las especies de venados, conejos, ardillas y aves, etc., que habitaban este ambiente antes de convertirse en parque, están allí presentes; pero con una diferencia: como quiera que los numerosos habitantes de la ciudad que visitan el parque no los cazan, ni los asustan, los animales nativos conviven con los visitantes.

El parque también tiene un zoológico, donde los visitantes pueden admirar animales y aves de otras tierras y otros climas. Es muy interesante ver cómo nuestros ingenieros han logrado que el mismo equipo de refrigeración enfríe la “Ciudad de los Pingüinos” y la “Pista de Patinaje en Hielo”. También pude apreciar las canchas de béisbol, tenis, fútbol y voleibol, la piscina pública, las zonas recreativas para los niños y los 9.7 kilómetros de veredas para jogging, ciclismo y patinaje, donde los que no tienen recursos y los que sí los tienen, se divertían por igual en armonía y alegría.

Solo fue un sueño y luego me desperté y volví a la realidad. Mi sueño había sido motivado por las facilidades reales del “Central Park de Nueva York”, traídas y adecuadas al llamado “Parque Natural Metropolitano de Panamá”. Pero fue un sueño que podría ser realidad. Los tamaños de estos parques son comparables: 276 hectáreas, el de Panamá y 340, el de Nueva York.

¿Por qué estas 276 hectáreas, de las 44 mil de “áreas protegidas” y comarcas indígenas (56% del territorio nacional) que hay en el país, no pueden convertirse, a través de un desarrollo sostenible , en el “Parque Central de Panamá”, en vez de ser una especie de “zona prohibida del planeta de los simios”, en medio de nuestra metrópolis?

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<> Este artículo se publicó el 22  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Siembra de escuelas

La opinión de…

Arturo D. Melo S.

“Entre individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”: Benito Juárez. Esta célebre frase es de uno de los grandes hombres, no sólo de México, sino de toda la América. De extracción indígena, habló solamente zapoteco durante gran parte de su niñez. Entre 1858 y 1872 fue nombrado, elegido y reelegido Presidente de México por varios periodos. De 1863 a 1867, debido a la invasión francesa, tuvo que ejercer su gobierno desde diferentes puntos de México, hasta que logró derrocar al “emperador” usurpador, Maximiliano, y expulsar a los franceses.

Benito Juárez luchó hasta que los franceses respetaron el derecho a la autodeterminación de los mexicanos y se reestableció la paz entre esas dos naciones. Ojalá pudiéramos aprender de él. Ojalá los constructores de torres, que contratan policías para trancar el tráfico, respetaran el derecho de los conductores de vehículos. Ojalá los diablos rojos y los taxis respetaran el derecho de los peatones y otros conductores de vehículos. Ojalá los alcaldes respetaran el derecho de los ciudadanos, recogiendo la basura y construyendo aceras y calles. Ojalá los ladrones y criminales respetaran el derecho de las víctimas. Ojalá los gobernantes respetaran el derecho de los gobernados. Ojalá los “juega vivos” respetaran el derecho de los demás. Si lo hicieran, habría paz.

Pero cada vez parece que nuestra cultura se aleja más del respeto al derecho ajeno y la paz. La cultura depende de muchos factores, unos controlables y otros más difíciles de dirigir. Un factor, controlable, tal vez el más importante de todos, es la educación. Aspiramos a ser un país desarrollado y podríamos lograrlo, pero nunca lo lograremos si no hacemos que nuestro sistema educativo sea más eficiente y justo. Un país desarrollado requiere educación efectiva e igual para todos. Pero nuestras escuelas públicas, con el correr del tiempo, cada año disminuyen su calidad intelectual y física en relación a las escuelas privadas.

Cuando se construyó, hace casi 100 años en 1911, el Instituto Nacional, los padres de la patria de aquel entonces pusieron la calidad de la escuela pública por encima de la privada. Pero, desde entonces, las escuelas públicas se construyen con ventanas de bloques que no permiten ver el entorno, y en las mismas se pretendía controlar el calor con aislación de fibra de vidrio, la cual por falta de mantenimiento comenzó a desprenderse, causando malestares y tuvo que ser removida. En cambio, las escuelas privadas se construyen con ventanas de vidrio y aire acondicionado. Cada vez se respeta menos el derecho de los que no son pudientes a educarse.

Claro que un edificio no es una escuela. El edificio es el sitio donde debe ocurrir la interacción entre la comunidad, los educadores, los padres de familia y los estudiantes, interacción esta que constituye una escuela eficiente y justa. ¿Pero cómo puede ocurrir esta interacción en escuelas de construcción de segunda clase, donde por falta de edificación de nuevas facilidades las mismas deben usarse para dos y hasta tres turnos? Ningún estudiante, maestro o profesor puede tener su aula propia para convertir la misma en un centro de saber. Y en estas escuelas de “silla caliente” no pueden desarrollarse las actividades extracurriculares, como deportes, orfeones, orquestas, clubes de materias de estudio y asociaciones, que son tan importantes como las curriculares.

Desde que Alfredo Ramírez “sembró” escuelas hace casi 50 años, no ha habido otro programa sistemático de construcción de escuelas públicas en Panamá, y la necesidad de dotar de escuelas a la creciente población se ha llenado creando el cruel, injusto e ineficiente sistema de escuelas de “silla caliente”.

Mientras que se ha irrespetado el derecho de la ciudadanía a una educación igual para todos, se han construido y se continúan construyendo esas verdaderas catedrales modernas de la religión del consumismo, llamadas centros comerciales y cárceles, hospitales y súper carreteras.

¿Hasta cuándo seguiremos sin respetar el derecho del pueblo a educarse y de participar en otra siembra masiva y planificada de escuelas públicas?

<> Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una ciudad en forma de chorizo

La opinión del empresario……

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ARTURO D. MELO S.

El Gobierno Nacional, con las mejores intenciones de resolver el problema de los tranques y el tránsito en la Ciudad de Panamá, invertirá billones de balboas en el sistema de la primera línea del Metro y resolverá el problema del área que va de San Miguelito a la Cinco de Mayo. Para resolver los problemas de transporte de La Chorrera, Arraiján, Alcalde Díaz, la 24 de Diciembre, Las Garzas, Tocumen, Pedregal y la Vía Tocumen, etcétera, se requerirán fondos y líneas adicionales.

La Cinta Costera ha resuelto temporalmente el problema del tranque en la avenida Balboa. Este problema lo creó el cambio, sin estudios de zonificación, que permitió aumentar la densidad de población, construyendo torres en lotes de baja densidad, sin mejorar la infraestructura de calles, alcantarillado, acueducto y líneas eléctricas.

El aumento en la densidad de población fue resuelto construyendo las amplias vías de la Cinta Costera, pero por las calles de Punta Paitilla cada vez corren más aguas negras, debido a que las torres están haciendo explotar los alcantarillados construidos originalmente para viviendas unifamiliares.

Lo mismo está ocurriendo con las tuberías del acueducto y los cables eléctricos, los cuales parecen estar abrumando con su peso a los postes que los sostienen.   Los semáforos “ inteligentes ” han resultado problemáticos, y es que lo que se requiere, no son más semáforos, sino más calles.

La Cinta Costera fue un incremento costoso de las calles, construyéndolas rellenando el mar o sobre estructuras aéreas, porque no había más alternativas. Y aún la Cinta Costera tendrá problemas de tránsito, si se siguen construyendo torres sin control de densidad frente a la misma.

El problema de tránsito de la Ciudad de Panamá no se resuelve solo con inversiones costosas, porque, en realidad, el problema básico no es de infraestructura, sino de forma.

La Ciudad de Panamá se extiende actualmente de La Chorrera a Pacora, una distancia de 60 kilómetros de largo, mientras que su ancho es en promedio de menos de 9 kilómetros; en vez de forma casi circular, como la gran mayoría de las ciudades del mundo, nuestra capital tiene forma de un largo chorizo.

La ciudad se ha visto forzada a crecer hacia el Este y el Oeste, al ser impedida por el mar a crecer hacia el Sur y no poder crecer hacia el Norte. Este crecimiento en forma de chorizo saturó la capacidad del Puente de Las Américas en varias décadas y la del Puente Centenario se está saturando en unos pocos años.

El incremento del tránsito que crea la forma de chorizo, cada vez es mayor, y será casi explosivo con la gran cantidad de desarrollos que se están construyendo en Arraiján y La Chorrera.

Omar Torrijos dijo: “Yo no quiero entrar a la historia, sino a la Zona del Canal ” y la realidad fue que entró a la historia, pero solo muy parcialmente a la Zona del Canal.   De los 1445 Kms cuadrados que constituían la Zona del Canal, solo se han incorporado a la economía productiva nacional una porción relativamente pequeña.

Sin embargo, desde que se firmaron los tratados Torrijos-Carter, una porción mayoritaria de nuestro territorio ha sido declarada “ Áreas Protegidas ” y “ Comarcas Indígenas ”, como resultado de una compaña influenciada por instituciones gubernamentales y no gubernamentales internacionales. Como dice nuestro escudo, “ Pro-Mundi Beneficio ”. Y para los panameños, la forma de chorizo, que produce tranques y problemas de tránsito.

Con la devolución de la Zona del Canal nuestro territorio aumentó a 78.583 Kms cuadrados. Más del 56% de este territorio es ahora “ Áreas Protegidas ” y “ Comarcas Indígenas ”, alrededor de 44,200 Km cuadrados, lo cual nos deja el otro 44% de este territorio, o sean cerca de 34,500 Kms cuadrados, sujetos a desarrollo sostenible.

De este territorio, más de la mitad no tiene títulos de propiedad, sino solo derechos posesorios, los cuales no son entes de crédito.  Esto quiere decir que solo una quinta parte de nuestro territorio, menos de 17,000 Km cuadrados, participan en nuestra economía.

El problema del tránsito, que se origina de la forma de chorizo de nuestra ciudad capital, solo se puede resolver en forma permanente expandiendo, con normas de desarrollo sostenible, la ciudad hacia el Norte, utilizando algunas parcelas de “ Áreas Protegidas ”.

La mitigación del impacto ambiental se podría lograr reforestando las extensas zonas de decenas de miles de Kms cuadrados de “ chumicales ”, que existen en vastas extensiones de las provincias de Panamá, Coclé, Veraguas, Chiriquí y la Comarca Gnöbe Buglé.

Esta reforestación generaría una gran cantidad de empleo y riqueza y aumentaría significativamente nuestra capacidad nacional de captación de carbono.  Sobre todo, haría posible quitarle a nuestra Ciudad Capital su actual forma de chorizo, creciendo hacia el Norte, y resolviendo, en forma permanente, sus problemas de tranques y tránsito.

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Publicado el 7 de marzo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

En defensa de Atlapa

La opinión del empresario….

Arturo D. Melo S.

En días pasados escuché a un comentarista radial mencionar en su programa que Atlapa se había quedado pequeño para las grandes exhibiciones, como Expo-Capac, y que sus estacionamientos para vehículos eran totalmente insuficientes. Por consiguiente, recomendaba que se construyera un nuevo centro de convenciones, más grande, en otro sitio, que se vendiera Atlapa y que en su lugar se construyeran tres torres de condominios.

Muy cierto que Atlapa se ha quedado chico para algunos eventos y que le faltan estacionamientos. Sin embargo, su venta no sería fácil, porque requiere de un cambio de zonificación, el cual no se debía dar en una zona ya atestada de torres y con problemas de drenaje e inundaciones. Para hacer esta venta,  primero habría que resolver un reclamo de la familia Berrocal, la cual sostiene que una porción de los terrenos sobre los cuales fue construido Atlapa, le fue expropiada a ellos ilegalmente.

Atlapa inició operaciones en 1980 y desde entonces no se le ha dado un mantenimiento adecuado, ni se le han hecho mejoras significativas.   Se ha dicho que Atlapa está ocupado 360 días al año y que produce al Estado la pérdida de más de un millón de balboas anuales.  Todos estos problemas serían fáciles de solucionar si se toman las siguientes medidas:

1. Creación de una corporación estatal independiente para administrar Atlapa, en forma similar a la administración del Aeropuerto de Tocumen. Esto evitaría el cambio de zonificación, aseguraría la continuidad de uso exclusivo de Atlapa, como centro de convenciones, permitiría su mejoramiento y garantizaría un mejor mantenimiento, mientras se resuelve el reclamo de la familia Berrocal.

2. Nada más sencillo que convertir una facilidad, que está ocupada 360 días al año y no tiene competencia, en una entidad rentable que saque sus gastos y produzca una rentabilidad que garantice su mantenimiento y mejoramiento. Solo habría que racionalizar sus gastos y aumentar sus tasas en la medida que sus proyecciones lo requieran.

3. Atlapa se ha quedado pequeño para Expo-Capac. No cabe la maquinaria que allí se exhibe para acogerse a la exoneración del 10% de los impuestos de importación de los equipos físicamente presentes.

Este sacrificio del Estado, para lograr que Expo-Capac fuera un éxito, se justificaba cuando se inició esta exhibición; pero ahora solo significa una pérdida de millones de balboas al año para el Estado, la cual hace parecer a Atlapa demasiado pequeña y debe eliminarse por contraproducente.

4. Cada una de esas torres que atestan el sector donde está localizado Atlapa tiene varios pisos de estacionamiento.  Atlapa solo tiene estacionamientos de superficie y el Corredor Sur le quitó su área de expansión.  Sobre el estacionamiento de superficie se pueden construir cuantos pisos de estacionamiento se requirieran para que Atlapa sea la facilidad pública con mejor estacionamientos en la ciudad.  Además, se le podrían agregar otros pisos más para sacar las oficinas administrativas del edificio existente y dedicarlo por entero a exhibiciones.

Vale la pena tomar en cuenta la historia de los tres centros de convenciones de París, todos los cuales son más antiguos que Atlapa, para darnos cuenta de lo que debemos hacer, si seguimos el ejemplo de austeridad, sensatez, economía y eficiencia de la “Ciudad Luz”, en concepto de muchos, la ciudad más bella del mundo. Su centro de convenciones CNIT Paris La Défense fue expandido y renovado en el año 2008. Lo transformaron en tal maravilla arquitectónica, que al verlo el famoso escritor André Malraux exclamó: “No se ha construido nada igual desde que se construyeron las grandes catedrales góticas”.

El Palais des Congrés de París fue construido en 1974 y fue expandido en 1997 y nuevamente en 2004. Pero el verdadero ejemplo de austeridad, sensatez, economía y eficiencia francesa lo constituye el centro de Convenciones Paris Porte de Versailles, cuyo primer pabellón fue construido en 1923 y hoy cuenta con otros ocho, agregados a través de los años. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial fue convertido de 1939 a 1945 en cuartel de fuerzas armadas francesas y de ocupación, al terminar los cuales se le agregaron nuevos pabellones. El pabellón No. 7 se inauguró en 1970.   En 1986 se inauguraron el pabellón “Du Parc” y la cinta transportadora que lleva con gran comodidad a los visitantes de pabellón a pabellón.

¿Por qué nosotros, en vez de mantener y mejorar las cosas maravillosas que tenemos, como Atlapa y su teatro Anayansi, tenemos que “destruir con los pies, lo que hacemos con las manos”?

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Artículo publicado el 15  de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.