La revolución educativa

La opinión de…

Arturo D. Melo S.

Hace 30 años se rechazó una reforma educativa y, desde aquel tiempo, nuestro sistema educativo no ha sido modernizado. Si entonces se necesitaba una reforma, ahora se necesita una verdadera revolución. Tomemos la enseñanza del inglés como ejemplo. Desde que Estados Unidos inició la construcción del Canal interoceánico por nuestro territorio hemos estado en estrecho contacto con dicho país de habla inglesa. Nuestras escuelas enseñan inglés por 12 años, pero los graduandos rara vez hablan o escriben este idioma, que se ha convertido en el idioma del comercio y el conocimiento mundial.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el inglés era hablado sólo por los ingleses, norteamericanos, canadienses, australianos y las personas altamente educadas del resto del continente europeo. En la actualidad, casi toda la población europea domina el inglés. En Japón y el resto del Asia también se enseña el inglés con efectividad a toda la población. En Corea del Sur han desarrollado “maestras de inglés robot interactivas” que enseñan este idioma a los niños de edad preescolar. En Singapur, cuya población es mayoritariamente de origen chino, pero con minorías significativas de origen malayo e indio, el idioma oficial es el inglés.

Singapur sólo tiene una extensión territorial de 700 km2. Nosotros tenemos 79 mil km2, 100 veces más. Singapur es una isla–nación. No tiene praderas, ríos, montañas, tierras agropecuarias, bosques ni playas, como tenemos nosotros. No tiene comunicaciones terrestres con el continente asiático, como tenemos nosotros con América del Sur y América del Norte. No tiene interior, el cual es la “cuna de nuestra nacionalidad”.

Sin embargo, Singapur ha logrado aumentar su ingreso anual per cápita de $512, al independizarse en 1965, a $24 mil 180 en 2003 y a $50 mil 180 en 2009, este último más alto que el de Estados Unidos. Sólo el ingreso per cápita de Noruega supera al de Singapur. Los de Luxemburgo y Qatar también superan al de Singapur, pero estos dos países son centros financieros y gran parte de sus ingresos no son de sus nacionales, sino de ciudadanos de otros países. El producto interno bruto de Singapur disminuyó en 6.8% en el último cuatrimestre de 2009, pero en 2010 su crecimiento es de 17.9%, el más alto del mundo.

¿Qué es lo que tenemos que hacer para crecer como Singapur? ¿Destruir nuestro interior, convirtiéndolo en un desierto minero de frontera a frontera? ¿Transformar nuestro interior en una sola área boscosa protegida? ¿Poner un tapón al progreso en nuestra frontera con Costa Rica, como tenemos con Colombia? Nuestro interior es una bendición que tenemos nosotros y no tiene Singapur y que nos garantiza nacionalidad, turismo y seguridad alimentaria.

Con Singapur sí compartimos una posición geográfica estratégica, que ellos han sabido desarrollar, en función de sus recursos humanos que su sistema educativo ha capacitado. Si queremos imitar, y por qué no, sobrepasar, a Singapur, dados todos los otros recursos que tenemos nosotros y no tienen ellos, tenemos que hacer una verdadera revolución educativa. Puede haber muchas formas de hacerla. Los pensamientos que se esbozan a continuación podrían ser una forma de realizar esta revolución.

Las metas deben ser educadores cada vez más capacitados, que reciban mejoras salariales por mérito y no por presión. Cada educador debe tener su aula no compartida. Cada alumno debe tener su puesto no compartido. Cada escuela debe tener facilidades para desarrollar el deporte, la cultura y el saber.

Estas metas se podrían lograr con mayor rapidez si, en vez de tener un año escolar de menos de nueve meses y tres meses de vacaciones (108 meses de clases en 12 años), se tuviera un año escolar de 11 meses y un mes de vacaciones (110 meses de clases en 10 años). Los educadores tendrían, en forma programada, un año sabático cada cinco años, con salario completo pagado, para perfeccionar sus conocimientos.     Sus incrementos salariales se basarían, entre otras cosas, en la capacitación adquirida dentro de su año sabático.

Esta revolución reduciría en un 20% la necesidad de aulas escolares, graduaría a los estudiantes dos años antes, capacitaría y recompensaría adecuadamente a los educadores y convertiría a las escuelas en verdaderos centros de la sociedad y el saber. Por supuesto que requeriría inversiones. ¿Pero qué revolución hace un presupuesto de inversiones antes de iniciarse?

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<> Este artículo se publicó el 11  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Una revolución de la educación

La opinión de…..

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Richard Morales

El Gobierno ha propuesto reformas superficiales al sistema educativo, aplazando las profundas transformaciones urgentemente requeridas. Peor aun, las reformas buscan relegar la educación a la formación profesional, despojándola de su espíritu humanista. Es indudable que la educación es el cimiento sobre el cual se forja el temperamento de la juventud y, por ello, no hay tarea que exija mayor atención que su refundación.   El fin debe ser el de formar ciudadanos y para lograrlo debemos abocarnos a una revolución de la educación en Panamá.

El problema fundamental radica en la pedagogía de enseñanza, lo cual incluye la metodología de instrucción y la relación estudiante–maestro. El salón de clases es un reflejo a pequeña escala de la sociedad, representando el comportamiento que ejemplificará el joven al salir de la escuela. ¿Qué tipo de seres humanos formamos en nuestros salones?

Nuestros salones de clases son dogmáticos y autoritarios. Las lecciones le son impuestas dogmáticamente al estudiante, quien no es inducido a analizar, simplemente recibe instrucciones, las memoriza, y después repite como autómata en un examen. Se representa una sola perspectiva de todo tema, siendo el estudiante forzado a aceptarla como verdad universal. El estudiante no está expuesto a una visión dialéctica de la realidad, sino a una imposición monolítica.

El estudiante no posee derechos democráticos, debiendo comportarse como súbdito sin voz o criterio. La relación maestro–estudiante es autoritaria, con el maestro imponiendo su verdad autocráticamente a los estudiantes.

Los individuos formados en este sistema son proclives a ser dóciles ante la autoridad, sin pensamientos críticos y carentes de cultura democrática.

¿Qué diferencia pueden hacer las reformas superficiales propuestas, como reducir el número de materias o bachilleres, cuando el problema medular continuará latente? Pero lo más perverso de la reforma es su intención de orientar la educación meramente hacia la provisión de las herramientas técnicas requeridas por empleadores, convirtiendo las escuelas en fábricas de mano de obra barata. La educación es más que capacitación laboral, es la elevación del ser humano mediante el desarrollo del pensamiento, conocimiento y espíritu.

La urgente realidad que padece nuestra Nación hace necesaria una profunda revolución educativa.

Revolucionar la educación, creando un aprendizaje que no esté basado en la memorización sino en el pensamiento crítico y creativo, donde los estudiantes analizan desde distintas perspectivas un problema y se forman un criterio propio al respecto, el que después es expuesto en un diálogo con el resto del salón, donde las diferentes perspectivas de los estudiantes se encuentran, contrastan y nutren, logrando ensayar una dinámica democrática; donde lejos de solo repetir información mecánicamente, expandamos y creamos conocimiento como individuos y colectivo.

El maestro no imprimiría coercitivamente su verdad al estudiante, sino que lo orientaría a racionalizar sobre los temas, con el fin de inducirlo a pensar libremente. El maestro ayuda a crear un ambiente donde los estudiantes aprenden a dialogar entre sí y a alcanzar entendimientos en comunión con sus condiscípulos.

Esta revolución debe extenderse a universalizar la educación, con estudiantes de todos los estratos sociales y áreas geográficas, teniendo igual enseñanza.

Con estas bases fundamos una educación que provee a los jóvenes de la capacidad para desenvolverse en la vida pública como ciudadanos íntegros; a estar plenamente estimulados intelectualmente para continuar sus estudios superiores en el campo de su elección, a desempeñarse como trabajadores sobresalientes en cualquier rama o a emprender una iniciativa empresarial innovadora y socialmente responsable.

La esperanza del progreso de Panamá radica en una revolución educativa que libere el potencial transformador de nuestras juventudes, abriendo las puertas a nuevos rumbos de justicia, dignidad y bienestar social.

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Este artículo se publicó el  23  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El ser humano y su entorno

La opinión de….

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JAIRO HENRI PERTUZ SUÁREZ

La vida, don preciado que nos concede el Creador, viene siendo despreciada y explotada por una sociedad cada vez más carente de valores.   Todo se mide en función de dinero.   La política exterior de las llamadas potencias mundiales vienen siendo dirigidas a lograr rentabilidad, ventajas aviesas y hasta criminales para dominar.   El ser humano y su entorno, no interesan.

Los pobres, cada vez son más pobres. De allí surgen, por rebeldía natural, en reclamo de derechos, los sindicatos, las guerrillas estigmatizadas y otros movimientos de la sociedad. La injusticia social no retrocede. África, Asia, Indoamérica y parte de Europa, nos muestran pueblos explotados y sometidos históricamente a las más oscuras y bajas prácticas. Gobiernos dictatoriales de la derecha civil y militar han venido cometiendo toda clase de abusos y crímenes.

Proliferan proyectos mineros e hidroeléctricos que son más perjudiciales que beneficiosos (explotación y adjudicación) despojando a millones de etnias nativas de sus tierras, culturas y vidas, existiendo otras tecnologías menos traumáticas.

Si el turismo, sin monopolios ni abusos contra la naturaleza, ha demostrado mundialmente mejores resultados para todos, ¿por qué destruirlo con los citados proyectos?   El director de la ATP podría realizar mejor sus labores dedicando tiempo atendiendo en su despacho. Sus cercanos colaboradores no atienden con calidad ni eficiencia. Vanos serán los esfuerzos de cámaras de turismo, capacitaciones y promociones.

Por otro lado, nuestra Caja de Seguro Social (CSS) continúa su vía crucis. Se continúa manejando políticamente. Nombrar más médicos y enfermeras solo aumentará la planilla. Todos los servicios están recargados por atender los “beneficiarios” que no les corresponde atenderlos la CSS.

El señor presidente de la República, Ricardo Martinelli, y el director de la CSS, Guillermo Sáez Llorens, lo saben bien. Los gobiernos ni siquiera pagan las cuotas de los miles de empleados públicos que, con sus “beneficiarios”, atiende esa entidad. Conscientemente están matando a los asegurados, especialmente a los jubilados.

En otro aspecto, mentes perversas, sacian su maldad tratando de desprestigiar a la Iglesia Católica. Los sacerdotes son millones y son humanos. Algunos cometerán errores. Si los judíos sufrieron holocausto, los cristianos continúan sufriendo un largo y despiadado holocausto desde Jesús, el disidente.

La reforma educativa no llena los requisitos para formar mejores ciudadanos, capaces y con normas de conducta. Se han eliminado materias básicas (cívica, urbanidad, física, literatura y geografía universal), no es integral. Somos seres humanos, no productos para el mercado laboral.

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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010  en el diario El Siglo,  a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Lucha Social y los Educadores. Una historia que se desdibuja

La opinión del Economista….

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Francisco Bustamante

Se dice que en Panamá casi todo mundo tenía un maestro o un policía en la familia. Esto indicaba la raigambre popular de estos dos estratos o estamentos como se dice hoy, en la sociedad panameña. Y como ironía de la vida, ambos grupos tomaban posiciones antagónicas. Los policías defendiendo los intereses de la oligarquía, los maestros defendiendo los intereses de las mayorías.

Con el advenimiento de la “Revolución Octubrina”, vimos un cambio de paradigma. Los asociados al proyecto militar, llegaron a negar la autonomía universitaria, porque..” la revolución abarca todos los aspectos de la vida nacional, y no caben autonomías que limiten el proceso revolucionario..” palabras más, palabras menos.   Lo cierto es que con la revolución octubrina, se penetran los organismos gremiales de educadores, se dividen, pero siempre subsiste un grupo que se opone al gobierno militar, llegando inclusive a forzarle el brazo.

Entre los “triunfos” de los gremios de educadores está la defenestración de la reforma educativa de los militares. La misma fue combatida recurriendo al temor secular del panameño a la izquierda. Se tildó dicha reforma de comunista, y mucha gente con intereses anti gobierno se montó en dicha campaña. La Reforma Educativa, fue derogada.

Desde entonces, la educación panameña ha venido decayendo en calidad. Las escuelas públicas pierden terreno y competitividad comparadas con las escuelas privadas. Recuerdo en mis tiempos que quien no podía aprobar en el Instituto Nacional, emigraba a  ciertas escuelas privadas.   Hoy es al revés.

Todavía los maestros siguen siendo un grupo combativo en la sociedad. Lamentablemente, no veo la calidad de dirigencia de aquellas épocas, cuando los educadores eran admirados, respetados e inclusive queridos por sus estudiantes. Hoy día vemos a los educadores, por lo menos un grupo significativo, amparados bajo las banderas de grupos autodenominados de izquierda.

Y la verdad sea dicha, me lucen más articulados, capaces y centrados los dirigentes obreros de izquierda que los dirigentes magisteriales. Estos se destacan por luchar por intereses gremiales, como cualquier sindicato.   Les importa más sus conquistas laborales, la estabilidad de sus puestos, que la calidad,  la pertinencia, la actualidad de la “educación” que imparten.

Hoy día, recién empezado el ciclo educativo, suenan los tambores de guerra y de llamados a huelga en contra de la tímida reforma piloto que inicia el Ministerio de Educación. No conozco los detalles de dicha reforma. No he visto el anuncio de la misma en los diarios. Creo que es un error de cálculo de las autoridades nacionales. Pero también sé que la misma se basa en estudio y trabajos ya realizados en el pasado. Y que es urgente iniciar un proceso de cambio en la educación.

Me hubiese gustado una reforma que empezara por educar a los educadores ya que la calidad del cuerpo docente es fundamental.  Pero es mejor un paso tímido en la dirección correcta, que otro en la dirección de satisfacer a los grupos gremiales interesados en su propio beneficio, solamente.

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Artículo enviado el 12/04/2010 8:38 por el autor, a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

Consideraciones sobre educación

La opinión del Docente Universitario y Escritor…..

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JULIO YAO

Si partimos de la noción de que el sector dominante hace prevalecer su ideología e intereses sobre el conjunto de la sociedad, es claro que ello se reflejará en el contenido de la educación nacional. La visión dominante adquiere carácter de ideología nacional y, en este sentido, introduce elementos deformantes en la educación, ya que ideología no es educación.

La educación reproduce y responde a intereses de minorías, sean clases, estratos o élites, y sirve, por ende, para reproducir el mismo sistema y mantener el status quo. Quienes tienen entrenamiento para teorizar o innovar en nuevos programas educativos no pueden ser invitados para cambiar la esencia, el leit motiv, del sistema educativo, y son rápidamente descartados. ¿Para qué innovar si el sistema todavía nos es útil? ¿Por qué cambiar nuestra forma de ver el mundo, es decir, por qué cambiar “nuestra ideología”? ¿Por qué permitir que “nuestra población” siga un camino distinto?

La reforma educativa desde las alturas del poder no es tal porque es incapaz de asimilar cambios que no vengan de su propia estructura, a pesar de que algunos corifeos y despistados se desgañiten hablando de una “educación nacional”.   Puede hablarse de instituciones estatales para la educación, dirigida a las grandes mayorías para satisfacer intereses de minorías, mas no de educación nacional, que tendría el objetivo de satisfacer los intereses de todos (o casi) en tanto que nación.

Cuando se dice que el gobierno invita a la sociedad civil para que participe en la confección de una “educación para el cambio” no debe entenderse que el gobierno realmente quiere compartir el poder con el pueblo para que éste —o quienes sean considerados sus representantes— participen en una fiesta democrática. Esta es una ingenuidad, si bien no minimizamos la importancia que puede asumir una participación semejante.

Entendido el cambio superficialmente, por supuesto que “el pueblo” o sus voceros pueden participar en reformas cosméticas, insustanciales e impertinentes. Pero de allí a que los sectores populares se hagan una educación a su medida hay un largo trecho.

Por esta razón nos preocupa cuando la ministra de educación manifiesta que “el sector productivo” —refiriéndose a la empresa privada— está cooperando con el cambio en la educación.

El sector productivo no son solamente los empresarios o dueños de capital: son también y fundamentalmente los trabajadores, los que no viven de la renta o capital, sino de su trabajo.

Habría que integrar algunas personalidades del sector productivo, compuesto por excelentes profesionales, expertos en pedagogía, psicología escolar, psicopedagogía, educación especial o filosofía de la educación —provenientes casi todos de los sectores medios— quienes pudieran reducir la brecha entre la ideología dominante en educación (para eliminar prejuicios inherentes a ella) y una educación más equitativa, aunque no sea “nacional”.

Habría que tomar en cuenta los intereses y la cosmovisión de campesinos, indígenas, obreros, estudiantes, organizaciones cívicas, de la sociedad civil y ambientalistas, así como a personalidades de prestigio reconocido en el campo de la educación.

Una educación nacional será una utopía mientras la sociedad mantenga una estructura de clases y no permita que en ella se acomoden los intereses de las mayorías, pero también será una utopía si las mayorías son cooptadas por una minoría que a su vez imponga su propia ideología.

Por eso, la educación no puede ser política de gobiernos o partidos, sino política de largo plazo en la que intervengan las mejores mentes del país. Sería un craso error, por otro lado, oponerse a reformas en la educación porque ésta no sea nacional, como sería un error oponerse a mejoras sociales tan sólo porque no constituyan una revolución.

Si el ministerio de educación considera que la formación de los estudiantes tiene como objetivo encontrarles trabajo o un sitio en el mercado nada más —con todo y que sea importante lograrlo— estaría confirmando que los pobres y muchos deben estudiar para servirles prioritariamente a los ricos y pocos.

Se olvidaría que los futuros egresados no serán solamente empleados y que desde siempre se ha considerado que la educación debe formar ciudadanos-ciudadanos que deben trabajar y luchar por construir un mejor país, y no para enriquecer únicamente a las empresas.

Por eso, comprendemos la eliminación de cursos, materias y carreras necesarias para la formación de ciudadanos con conciencia patriótica e identidad nacional, pero no la aceptamos.

Y ésta es la principal debilidad que palpamos en la educación para el cambio: que no es para construir un mejor país sino para que el mismo continúe siendo lo que es: un territorio sin personalidad internacional donde hacer negocios.

Esto, por ejemplo, lo tiene Carlos Slim bien CLARO.

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Este artículo se publicó el 10 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reforma Educativa

La opinión del Ingeniero…..

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Cristóbal Silva

Los gobiernos de los países en vías de desarrollo tienen un gran compromiso con sus pueblos en cuanto a lograr una transformación de sus políticas en el sector de educación para integrarse a una economía, nacional en primera instancia y global en segunda instancia, que requiere el conocimiento como verdadero capital y como primer recurso de riqueza. En consecuencia, las instituciones educativas van a ser exigidas para que demuestren eficacia y asuman la responsabilidad para preparar a estudiantes que luego puedan contribuir al crecimiento del país mediante su trabajo con el suficiente conocimiento para ser realmente productivos.

El mundo actual requiere cambios en los métodos de aprendizaje y de enseñanza para que los estudiantes pueden comprender y aprender el manejo de nuevas tecnologías y nuevas disciplinas académicas, ya que las anteriores han quedado totalmente obsoletas, a luz de un mundo nuevo en el cual las fronteras se han borrado y en el cual se requiere manejar relaciones y soluciones globalizadas entre los países. En estos tiempos no solamente necesitamos saber leer, escribir, sumar y restar, sino que tenemos que manejar conocimientos informáticos aún a nivel elemental, así como de áreas que contienen un nivel tecnológico más avanzado que lo rutinario.

Este situación ya se ha demostrado en países que ahora son desarrollados (Japón, Corea del Sur, Singapore, Brasil y Chile) los cuales aceptaron este reto y entrenaron, en conjunto con el sector privado, a su fuerza laboral joven para que fuesen capacitados, productivos e independientes. Un trabajador con conocimiento puede decidir su propio futuro y no estar sujeto a las protecciones que ofrecen los sindicatos. Cada vez con mayor frecuencia, vemos que las buenas carreras profesionales son reconocidas mediante diplomas que se obtienen con base al talento y a la dedicación y no necesariamente por ser descendientes de padres con muchos recursos económicos. Un estudiante talentoso, con creatividad y educación terminada, puede convertirse en un trabajador que puede decidir su propio lugar de trabajo y su salario o compensación económica adecuada, en virtud de lo que “sabe hacer con eficiencia”. Al mismo tiempo, los empresarios de esta época requieren de trabajadores productivos y con capacidad de concebir iniciativas que puedan aportar al crecimiento de las empresas, ya sea como administradores, investigación o trabajadores con habilidades mecánicas. El mercado ya existe y en Panamá parece no estar satisfecho. Si hay demanda, hay que producir la oferta, y esto le toca promocionarlo al Estado. Pero la educación no queda solamente confinada a las escuelas. Los empleadores también tienen responsabilidad de enseñanza, mediante la formación y adiestramiento de sus empleados, especialmente los mejor formados, lo cual debe considerarse como una inversión rentable. De acuerdo a lo que hemos leído recientemente en los medios, tanto el Ministerio de Educación como los empresarios, parecen haber entendido esta necesidad. Enhorabuena.

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Este artículo se publicó el 3 de abril de 2010 en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá debe mejorar su nivel educativo

La opinión del Periodista….

Modesto Rangel Miranda

Dentro de una sociedad, cuando sus ciudadanos desean lograr mejores ideas u objetivos que contemplen los cambios esenciales para que sus jóvenes pueden alcanzar grandes y verdaderos retos. Pero si en la sociedad prevalece una actitud deficiente con paros, huelgas, estamos hablando de una sociedad maquiavelista donde impera el “Fin justifica los medios”.

Entonces, no hay pautas y normas que conlleven el acercamiento entre personas civilizadas que solamente buscan plantear normas que vallan más allá de un cambio positivo.

Los profesores y maestros de nuestras escuelas, de la república de Panamá, deben mejorar sus ideas y pensamientos, cuya actitud se encuentra dentro un sistema maquiavelista donde solamente les interesan sus propios intereses.

Lo cierto de nuestra realidad, es que nuestros estudiantes salen mal preparados para cualquier profesión que requiere nuestra sociedad. Pero qué podemos hablar de nuestros jóvenes, cuando emigran hacia el norte cuando desean obtener una mejor preparación y un buen mercado laboral.

Los niños y jóvenes no tienen la culpa de las acciones que se han heredado de una reforma educativa, que solamente se basaba en idealismos sincronizado, donde se le hablaba de acciones ficticias y nunca se llegó a la realidad.

Seamos conscientes, Panamá ha tenido una excelencia educativa desde los orígenes de la nación, cuando nos separamos de la Gran Colombia en el año de 1903, donde existía un sistema deficiente y caótico que no brindaba buenos criterios en materia educativa.

Pero si nos detenemos a cuestionar quien es el malo, quizás pongamos por delante al estudiante, pero nunca se pone al docente, ya que muchos de ellos solamente les interesa sus aspectos preferenciales.

Pero no podemos olvidar que la República de Panamá atraviesa una situación muy deficiente en materia educativa desde hace más de dos décadas, cuando en septiembre de 1979 los gremios educativos del país lograron derrocar la nefasta reforma educativa, que ponía en peligro la educación a nivel de todos los ámbitos sociales, sin embargo, los estragos heredados por la dictadura militar, y una serie de eventos caóticos, proyectaron una secuela negativa que hoy en el año 2010, los jóvenes y niños de todo el país, están sufriendo y que pareciera que se quisiera repetir cuando la alta dirigencia educativa y sindical mantienen acciones retrogradas que no favorecen la educación nacional.

Es necesario que pensemos un poco más en la educación de la nación y proyecte un cambio absoluto en el marco curricular, donde se beneficie no solamente al docente sino también al estudiante, para que tenga una programación acorde a los nuevos cambios que la sociedad genera dentro de una tecnología similar a la de los países desarrollados.

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Este artículo  fue publicado el 23 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.