9 de enero

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La opinión del Arquitecto y Periodista…

Jorge Puente B. 

Los acontecimientos históricos como la conmemoración mañana del 9 de enero, clímax de las relaciones mutuas, panameñas-norteamericanas, por la recuperación del Canal, son de dominio público.

Empero, vale su proyección para el futuro, donde nos queda una espina, la Enmienda De Concini, cuya desaparición o derogación, será una agenda permanente panameña.

Desde el punto de vista urbanístico la llamada Zona del Canal, tiene una connotación extraordinaria, con grandes aportes para el país, en especial para nuestra Ciudad Capital, ampliándose significativamente las actividades industriales, comerciales y otra índole, implícitas en la explotación del Canal, y por ende, para nuestro desarrollo integral.

En este ámbito, la vialidad, áreas residenciales y sus respectivas infraestructuras, los servicios de transportes aéreo y terrestre, la nueva modalidad de Zona Libre en Clayton, la Universidad del Saber, centros turísticos, el museo de la Biodiversidad, y tantas otras conquistas significativas para nuestro acervo institucional, nos ofrecen un panorama libre y reivindicativo para nuestro espacio añorado por Amelia Denis de Icaza.

En estos acontecimientos y personajes encontramos las raíces de nuestra nacionalidad que nunca estuvo huérfana de combatientes, dirigentes, mensajes, que generación tras generación se renuevan, y nos indican el derrotero a seguir.

Nuestra recuperación territorial está indicando nuestra mayoría de edad, y constituye un verdadero acicate para la juventud que por sí sola, frente a las dificultades no perderá la herencia recibida.

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<>Artículo publicado el 8  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El ‘Parque Central’

La opinión de….

Arturo D. Melo S.

Anoche tuve un sueño. Fue un sueño maravilloso.   Soñé que me pasé un domingo en el Parque Central.   Estaba repleto de gente feliz y contenta. La mayoría era de aquellos que no son propietarios de autos y que no tienen los recursos para ir los domingos a casas de playa o montaña. Pero también había muchos cuya vestimenta indicaba que tenían recursos. Todos gozaban en armonía y alegría de las facilidades del Parque Central.

Había entrado por el “Centro de Visitantes”, localizado al sur del parque y avancé hacía el norte. Poco después me topé con la “Taberna Verde”, un elegante restaurante, rodeado del verdor de los árboles y la vegetación del bosque tropical, dentro del cual se había construido el parque, aplicando un esquema de desarrollo sostenible, que había recibido premios internacionales. Una sección del restaurante estaba cerrada y rodeada de mucho público y equipos sofisticados, porque allí, en esos momentos, se estaba filmando una película de largo metraje con la participación de famosos artistas internacionales.

De la “Taberna Verde” seguí al “Paseo de la Nacionalidad”, la única zona formal del parque, con sus bustos de todos nuestros presidentes y de Sócrates, Arquímedes, Galileo, Newton, Colón, Hawkins, Nightingale y otros filósofos, científicos, descubridores y genios de la humanidad. Al final del “Paseo de la Nacionalidad” se encuentra el “Escenario de Conciertos” y la “Concha de las Bandas”. A la hora que pasé no había concierto, pero el letrero luminoso invitaba a escuchar a la Sinfónica de Panamá a las 7:00 p.m. En la Concha tocaba la banda del Cuerpo de Bomberos de Panamá, alegre música típica estilizada. Varias parejas bailaban.

Más adelante estaba “La Fuente del Ángel de las Aguas”, elegante y bella, honrando al río Chagres y a los demás ríos que abastecen de agua a la ciudad y al Canal. De la fuente nace el “Lago de la Tranquilidad” y allí pude disfrutar de un magnífico paseo en bote. En su parte angosta el lago es cruzado por “Puente de Londres”, una copia pequeña del original y el mismo nos lleva al “Alcázar de Segovia”, otra obra inspirada en dicho alcázar, como lo es el “Cindarella’s Castle”, de Disneyworld, que aquí sirve como puesto de ventas de comidas, refrescos y recuerdos.

A un costado del Alcázar se encuentra el “Jardín de Balboa”, sembrado con todas las plantas que florecían en la ruta que este explorador usó para descubrir al “Mar del Sur”. El Parque conserva todas las especies que tenía antes de construirse y miles de árboles nativos que tenía antes de desarrollarse. Todas las especies de venados, conejos, ardillas y aves, etc., que habitaban este ambiente antes de convertirse en parque, están allí presentes; pero con una diferencia: como quiera que los numerosos habitantes de la ciudad que visitan el parque no los cazan, ni los asustan, los animales nativos conviven con los visitantes.

El parque también tiene un zoológico, donde los visitantes pueden admirar animales y aves de otras tierras y otros climas. Es muy interesante ver cómo nuestros ingenieros han logrado que el mismo equipo de refrigeración enfríe la “Ciudad de los Pingüinos” y la “Pista de Patinaje en Hielo”. También pude apreciar las canchas de béisbol, tenis, fútbol y voleibol, la piscina pública, las zonas recreativas para los niños y los 9.7 kilómetros de veredas para jogging, ciclismo y patinaje, donde los que no tienen recursos y los que sí los tienen, se divertían por igual en armonía y alegría.

Solo fue un sueño y luego me desperté y volví a la realidad. Mi sueño había sido motivado por las facilidades reales del “Central Park de Nueva York”, traídas y adecuadas al llamado “Parque Natural Metropolitano de Panamá”. Pero fue un sueño que podría ser realidad. Los tamaños de estos parques son comparables: 276 hectáreas, el de Panamá y 340, el de Nueva York.

¿Por qué estas 276 hectáreas, de las 44 mil de “áreas protegidas” y comarcas indígenas (56% del territorio nacional) que hay en el país, no pueden convertirse, a través de un desarrollo sostenible , en el “Parque Central de Panamá”, en vez de ser una especie de “zona prohibida del planeta de los simios”, en medio de nuestra metrópolis?

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<> Este artículo se publicó el 22  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/melo-s-arturo-d/

Sífilis y armas químicas

La opinión del Sociólogo, Comunicador Social y Escritor…

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Raul  Leis R. 

La noticia le dio la vuelta al mundo:  La próxima publicación de un estudio que relata cómo 696 guatemaltecos -presos, soldados y pacientes de hospitales psiquiátricos- en Guatemala fueron utilizados como cobayas humanas, ha generado que el Gobierno de Estados Unidos pida perdón a ese hermano país centroamericano.   Los experimentos se dieron entre 1946 y 1948 por parte de médicos del servicio de salud pública estadounidense que los infectaron con sífilis y gonorrea para estudiar los efectos de esas enfermedades venéreas y cómo la penicilina podía combatirlas. 

Si por allá llovió por acá no escampó.  La información anterior nos remite al hecho de que por más de 40 años los EE.UU. tuvo un programa activo de armas químicas en Panamá, sin conocimiento alguno por parte del Gobierno o población panameña. Según un estudio realizado por Fellowship of Reconciliation (FOR) de Estados Unidos, desde la década del veinte hasta 1946, este programa estaba enfocado en la defensa del canal, y desde 1943 hasta 1968 el programa intentaba probar municiones químicas bajo condiciones tropicales.

El 20 de diciembre de 1943, el Cónsul de EEUUs propuso conducir “ciertas pruebas químicas de guerra bajo las condiciones existentes de la selva” en la isla San José, en el archipiélago de Las Perlas. Más de 130 pruebas fueron conducidas en esa isla entre mayo de 1944 y finales de 1947. Los agentes químicos probados incluían, gas mostaza destilado, fosgeno, cloruro cianógeno y cianuro hidrógeno. La municiones químicas llevadas a la Isla San José eran almacenadas en la base de Río Hato, lo que un oficial militar describió como un “escenario horrible” después de una inspección en 1946. Varias de las pruebas del proyecto San José involucraban a sujetos humanos, integrantes de tropas militares. Una de las pruebas de San José buscaba “determinar si existía alguna diferencia entre la sensibilidad de las tropas portorriqueñas y estadounidenses al gas H (mostaza)”.

En la isla San José, miles de morteros y bombas químicas fueron detonadas y lanzadas a once áreas blanco, principalmente del lado norte de la isla. En la isla el peligro de la existencia de municiones químicas no explotadas permanece todavía 50 años después de las pruebas y el estudio de FOR calcula que pueden existir una tres mil municiones químicas sin estallar en ese lugar.

Según el Coronel Edmund Libby, Director de Proyecto para Pertrechos Químicos Almacenados del Programa de Desmilitarización Química del Ejército norteamericano:   “Nuestra experiencia indica… que los agentes químicos de guerra que permanecen en contenedores de almacenaje o en municiones, o que son retenidas de otra manera en cantidades, pueden mantener esencialmente todas sus propiedades tóxicas para muchos años”.

Al calor del reconocimiento de los hechos en Guatemala es importante que el Gobierno de los Estados Unidos divulgue completamente toda la información relacionada con los sitios donde municiones y agentes químicos pudieron haber quedado abandonados en Panamá, y que comprometa los recursos necesarios para eliminar segura y rápidamente las armas y agentes químicos y no químicos que abandonó en Panamá, al igual que los explosivos depositados en los polígonos de tiro, además de indemnizar a las víctimas de tan desatinadas acciones. Así sea.

<> Artículo publicado el 13  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

El búnker y la paradoja en la conservación del patrimonio

La opinión de…

Orlando Acosta Patiño

La prioridad en la asignación de recursos del Estado para la conservación del patrimonio en beneficio de la Nación y la cultura está llenas de contradicciones.

La noticia reciente que justifica la recuperación del búnker de Quarry Heights en la base del cerro Ancón se ventiló en los medios de comunicación como la estrategia para contar con un sitio para la celebración de las reuniones de Gabinete, en el evento de una catástrofe natural.

El anuncio de esta decisión podría evaluarse entre las acciones de adaptación al cambio climático, como también se puede colocar de manera interesante, y tal vez fortuita, en una oportunidad para la conservación del legado militar norteamericano en Panamá.

El búnker y otras estructuras en la “Zona” se encuentran perdidas, olvidadas, desfiguradas o aprovechadas entre el antiguo Fuerte Amador, Isla Margarita y en Sherman, en Colón. Todas estas fortificaciones fueron la respuesta del Comando Sur para la defensa del Canal de Panamá. Una decisión local, en el contexto de un evento de conflicto internacional como lo fue la Segunda Guerra Mundial.

Las fortificaciones en la Zona del Canal de Panamá fueron en su momento evaluadas por la Autoridad de la Región Interoceánica y designadas como elementos o estructuras que podrían ser articulados en una propuesta de desarrollo, servicios e infraestructura. El legado militar norteamericano y las fortificaciones en Panamá tienen potencial turístico y capacidad de transformarse en riqueza económica, generadoras de empleo y bienestar colectivo. Este mismo potencial también lo tienen los sitios de Patrimonio Mundial como Panamá Viejo, Casco Antiguo, San Lorenzo y Portobelo.

Tenemos que tomar nuestra historia y nuestro legado para finalmente reconocer que el Fuerte San Lorenzo junto con el búnker de Quarry Heights y el resto de las fortificaciones en la antigua Zona del Canal podrían articularse a una red de sitios defensivos de la ruta de tránsito, con una historia continua. Rica y valiosa.

Historia única de 500 años de historia moderna, donde Panamá y el mundo han jugado un papel clave. Desarrollar esta idea sería un legado invaluable para la sociedad panameña, tanto como la construcción de hospitales, escuelas o el Metro para la ciudad.

Mientras recibimos las decisiones sobre la asignación de recursos para habilitar un salón de reuniones antihuracanes, el fuerte San Lorenzo y las fortificaciones de Portobelo se defienden solos contra la inclemencia de trópico y de los siglos. Somos espectadores mudos de su derrumbe a pedazos para desaparecer inexorablemente en el mar que los vio nacer, y para siempre.

La contradicción o paradoja hoy es una oportunidad de descubrir los valores culturales del espacio de tránsito y declarar la protección oficial de las casas de Quarry Heights, por ejemplo.

Es momento de documentar y divulgar información sobre estas casas de madera. Estas casas que aún en pie, son los únicos edificios de madera construidos para concretar la “epopeya americana en el trópico”, el Canal.   No hay más y no hay otras como las de este barrio.

Anunciar el destino de recursos a la recuperación del búnker tendría tal vez la magia que tendría en su tiempo la conservación del laberinto de Cnosos, en la isla de Creta.

Afirmo con este mensaje que Panamá y su gente merecen el objeto y destino de las decisiones de Estado en proyectos de largo alcance y de beneficio colectivo. Acciones y decisiones que apoyen a forjar la mente y el espíritu de los panameños y panameñas. Argumentos para hacer frente a la complejidad de una sociedad globalizada donde la identidad y cultura son importantes.

<> Este artículo se publicó el 1  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La descontaminación de los polígonos

La opinión del Sociólogo, Educador y Escritor…

Raúl Leis R.

En Panamá, se calcula que 110 mil municiones explosivas permanecen en miles de hectáreas aledañas al Canal.   El Washington Post advirtió hace algún tiempo que se han removido solo 8,500 municiones. En su momento las tropas estadounidense que “limpiaron” esos terrenos contaminados por las prácticas militares de varias décadas, lo hicieron superficialmente cerca de los senderos y sin equipo apropiado de detección. La “limpieza” no se inició sino hasta 1998 -o sea el año antes de la transferencia del Canal a Panamá- por lo que se hizo con retardo.

La situación incumplió el artículo IV del Acuerdo para la Ejecución del Tratado del Canal de Panamá: “A la terminación de cualquier actividad u operación conforme a este acuerdo, Estados Unidos estará obligado a adoptar todas las medidas hasta donde sea viable, para que toda amenaza a la vida, salud y seguridad humana sea removida de cualquier sitio de defensa, área de coordinación militar o porción del mismo en la fecha en que cese la autorización para su uso por parte de la fuerza de Estados Unidos”.

En campos esos campos de tiro y áreas de bombardeos se practicaron maniobras militares por casi 90 años en especial áreas como Emperador, Balboa Oeste, Piña y Fuerte Sherman. Como resultado de estas acciones los EE.UU. entregaron a Panamá 3,175 hectáreas contaminadas con explosivos y municiones no detonadas, pues se calcula que el 10% de las municiones no explotan por diversas razones. Estas áreas están situadas en la región metropolitana donde reside la mitad de la población nacional y se desarrollan el 75% de actividades económicas.

56 mil personas en 65 comunidades cercanas se encuentran en riesgo directo de ser víctimas de la explosión de esos artefactos. 28 personas ya han fallecido y decenas han sido lesionadas producto de estallidos. Estas poblaciones son campesinas, con baja escolaridad y en situación precaria por lo que ven las áreas contaminadas vedadas como polo de atracción para la caza, obtención de alimentos, búsqueda de metales reciclables, lo que incrementa el peligro de ser víctimas de explosiones. Tal es el caso de Sabino Rivera Santamaría, que hace unos años ingresó al Polígono de Piña en la Costa Abajo de Colón, buscaba guineos y se encontró con la muerte a los 42 años al pisar un mortero de 60 mm…

Las áreas contaminadas son un lastre que pesan en las relaciones panameñas norteamericanas ayer, hoy y en el futuro, pues cada muerto o herido o bienes afectados por esas miles de municiones y por la presencia de residuos químicos en la Isla San José y quizás en otros sitios, serán referidas a la responsabilidad de un Estado que no quiso limpiar lo que contaminó. Al mismo tiempo también será responsable el gobierno panameño si no gestionar adecuadamente la solución del problema o actúa negligentemente en trono a ello.

El tema de la descontaminación de los polígonos es un tema de Estado y por la tanto debe estar colocado destacadamente en la agenda de las relaciones bilaterales, pero pareciera que el tema brilla por su ausencia.

<> Artículo publicado el 29 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Refugios y conflictos

La opinión de…

Pedro Luis Prados S.

La aviación cambió todo el escenario espacial y táctico en los conflictos bélicos. La tradicional trinchera y el parapeto fueron reemplazados por los refugios contra bombardeos y las balas de cañón por las bombas de penetración.   Aquellos países que se prepararon para la guerra, el caso de Alemania e Italia, previeron la construcción de grandes refugios para sus dirigentes y los otros, el caso de Inglaterra, se conformaron con los túneles del metro.   En 1936, tres años después de su ascenso al poder, Adolf Hitler ordenó a su arquitecto, Albert Speer, el diseño y construcción de la Gran Cancillería y con ello el primer búnker desde el cual planificó las campañas iniciales para la conquista del mundo.

Los días de gloria del Tercer Reich –también su derrumbe y tragedia – están vinculados a la historia del führerbunker de la Calle Voss, ampliado en 1943 al entrar Estados Unidos al conflicto.    De allí salieron las campañas victoriosas de la invasión a Polonia, Checoslovaquia y Francia, la anexión de Austria y la ocupación de los Países Bajos.

También allí se diseñaron desastres, como la Batalla de Inglaterra;   la estrategia de Von Paulus para el frente ruso;  la campaña de Rommel en el norte de África y las instrucciones a Guderian para detener la invasión de Normandía. Sus siniestras salas escucharon los susurros de Heinrich Himmler para la “solución final” de judíos y gitanos y las instrucciones de Hitler a Speer para la destrucción de Berlín.   Fue escenario del fallido atentado del coronel Claus von Stauffenberg, del suicidio colectivo de la familia Goebbels y de la inmolación del Führer y su amante Eva Braün.    Grandezas y miserias en un lapso de 100 meses de un régimen que duraría mil años.

La Guerra Fría extendió la fiebre por los refugios perfeccionados para eventuales ataques nucleares. Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollaron modernos sistemas no solo para la protección de su dirigencia, sino también para instalar tecnologías defensivas, comandos tácticos y armas sofisticadas.

La conquista del espacio tuvo como contraparte la conquista del subsuelo, al punto que el presidente Kennedy al visitar un búnker construido para su protección señaló: “… lástima que el Pentágono se empeñe en abrir huecos, si nuestro interés son las estrellas”.   A esa fiebre del gusano barrenador del subsuelo no escapó la faja canalera, sitio estratégico por excelencia para los intereses norteamericanos.

La caída del muro de Berlín puso fin a la histeria de los refugios, gran cantidad fueron convertidos en depósitos para chatarra bélica y algunos, como muestra de creatividad, han sido convertidos en millonarias viviendas.   La reversión del Canal y el maltrecho Pacto de Neutralidad inutilizaron de igual forma los búnkers defensivos de la Zona,  muchos de ellos abandonados antes del año 2000, quedando en la memoria de los panameños los supuestos recorridos de los mismos.

Cuando los tambores de guerra han sido acallados por el resonar de las cajas registradoras a nivel mundial y las bases militares han dado paso a zonas inmobiliarias y centros de comercio mundial, ¿qué sentido tiene para los panameños rehabilitar esos recovecos del temor?, puesto que en mi humilde opinión, nadie aspira a establecer en este inestable terruño un régimen que dure mil años.

La rehabilitación del búnker de Quarry Heights es una rememoración perversa de un pasado de temores que todos queremos olvidar y su presencia revierte una cadena de conflictos a los que estuvimos ligados contra nuestra voluntad.   Por eso no nos explicamos que una propuesta gubernamental basada en el cambio quiera traernos de vuelta ancestrales incertidumbres.

Eso me hace pensar, muy malsanamente, que dicha rehabilitación es por la necesidad de un refugio por aquellas cosas que aún no han hecho y que podrían hacer, y por las cuales necesitarían protegerse de una masiva reacción popular o, muy a la ligera, se trata del afloramiento de lo que Erick Erikson llamó en psicología “moratoria adolescente”, comportamiento en que el adulto retiene muchas de sus conductas y fantasías de ese periodo entre la pubertad y el adulto.

Tal vez algunos de los proponentes sueñe aún con épicas batallas, ilusorias tropas y uniformes orlados; es posible que haya quienes tengan juegos imaginarios planeando batallas aéreas contra los ngäbe, dirigiendo divisiones “panzer” contra el Suntracs o la “solución final”para los nasos.   Y… si los locos son más, también están en todas partes.

<> Este artículo se publicó el 28 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un tunel turístico

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…
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MARIELA SAGEL

La semana pasada dio mucho que hablar la decisión de invertir medio millón de dólares en restablecer un casi místico túnel que existe en Quarry Heights y que los entendidos dicen que abarca la base del Cerro Ancón. Para que no dejar de sorprendernos de las metidas de pata –porque esas sí están permitidas— del actual gobierno, el Ministro de la Presidencia les hizo un tour a los comunicadores para mostrarle esta instalación que no se utiliza desde que el último soldado salió de suelo patrio.

En cándidas declaraciones que vi en la televisión, el mismo funcionario justificaba tener acceso a un tipo de instalación casi blindada por asuntos de seguridad, ‘en caso que el consejo de gabinete’ tuviera que reunirse allí.

Tal uso es absolutamente ridículo. Es de todos sabido que el Canal es indefendible y que Quarry Heights está precisamente en su entrada del Océano Pacífico. Un tipo de infraestructura de este tipo, precisamente por las razones que fue construída, sería un atractivo turístico fascinante, donde se pudieran montar tanto exposiciones como amenidades, preservando precisamente el hecho para lo cual fue inicialmente concebida y hasta destacándolo.

Con la importancia que se le debe dar al turismo y tanto que se cacarea que es a lo que se debe apostar, instalaciones de este tipo, que puedan conjugar historia, cultura, arquitectura militar (que no hay mucha en Panamá) y muchas otras, pensar en un uso estrictamente gubernamental es descabellado. Todos saben que el Estado no destina presupuesto para el mantenimiento de sus bienes, por lo que este inmueble caería en el mismo marasmo en que se encuentran tantas oficinas de gobierno, con el agravante que por su ubicación, retiene mucha humedad. Darlo en concesión para que se desarrolle como complemento turístico al área del edificio de Administración y Mi Pueblito, sería una estupenda manera de ponerlo a funcionar para beneficio no solo de los que nos visitan, sino de todos los que tuvimos vedada su entrada desde que se creó la Zona del Canal.

Una recreación de lo que tuvieron que hacer muchos inmigrantes para cavar ese túnel, dentro de un cerro tan emblemático como el Ancón, podría ser muy atractivo para la oferta turística panameña. ¿Por qué no le señalamos al gobierno que deje de pensar en conspiraciones contra ellos y hagamos cosas más pro activas y edificantes?

<> Artículo publicado el 27 de septiembre de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes  damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.