Red vial y planeamiento urbano

La opinión de la Economista y Docente  Universitaria…

LIZABETA  S.  DE  RODRÍGUEZ
diostesalvepanama@yahoo.com

El sostenido crecimiento de la economía trajo consigo un aumento en la demanda de servicios públicos, tal es el caso del transporte y la red vial. Esta situación puede observarse con claridad en la urbe metropolitana. A medida que se expande la ciudad, producto del surgimiento de nuevas barriadas y centros comerciales, se ve incrementado el volumen de transporte público y con ello la necesidad de nuevas vías y el ensanchamiento de las existentes.

Estadísticas revelan que en el país existe un parque vehicular estimado en 650,000 vehículos, de los cuales un alto porcentaje se concentra en la ciudad capital y áreas periféricas, lo que sumado a un sistema vial obsoleto, que no cuenta con la capacidad requerida para absorber el volumen actual de automóviles dificulta la circulación, causando congestionamientos que evidencian las deficiencias del sistema. Si al escenario planteado le sumamos 40,000 automóviles, que se venden, aproximadamente por año, no cabe duda que se debe actuar con rapidez, en materia de planeamiento urbano, primordialmente en lo que a obras de red vial, transporte público y tránsito se refiere.

En este orden de acontecimientos el Gobierno informó, a través de los medios periodísticos, que a partir del 14 de febrero la vía Justo Arosemena, sería cerrada a la altura de la Policlínica Pediátrica, para dar inicio a la construcción del Metro. Nuevo sistema de transporte, que conjuntamente con el Metrobús (ya en funcionamiento), espera dar solución a la demanda de un mejor servicio de transporte público a la comunidad.

También, se dio a conocer que la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) apoyará el reordenamiento vial previsto para facilitar los trabajos a efectuar.

Esperemos que el reordenamiento anunciado cumpla el cometido esperado, eliminar complicaciones para el adecuado desarrollo de los trabajos previstos y evitar congestionamientos en sitios neurálgicos.

Otro aspecto importante a considerar es que para inicios de marzo, se estarán celebrando los carnavales, movilizando a miles de panameños hacia el interior del país. Fenómeno que, a pesar de contar todos los años con operativos implementados por la ATTT, dejan una secuela de accidentes, con heridos y algunas veces con saldos de víctimas fatales, por diversos motivos, entre ellos el exceso de velocidad y el consumo de alcohol. Esta realidad no es nueva, lastimosamente la circulación vehicular es el área donde se hace visible con más frecuencia la actitud agresiva o desenfrenada de muchos ciudadanos.

Un alto porcentaje de conductores hace caso omiso a las señalizaciones y reglamentaciones de tránsito, pone en riesgo la vida de pasajeros, peatones y la propia, al no conducir con sensatez y prevención.

Es apremiante crear conciencia sobre la cortesía en el manejo y transformar la actitud de conductores, transeúntes, autoridades de tránsito y comunidad, mediante la ejecución de programas de educación vial que contribuyan a edificar una cultura de respeto a las leyes, normas y reglamentos para prevenir e impedir accidentes.

 

Este artículo se publicó el 16 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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La sutil diferencia entre arquitectura y repostería

La opinión de…

Orlando Acosta

Degradación simple y pura es lo primero que viene a mi mente, parafraseando al arquitecto francés Jean Nouvel, cuando leo la noticia en primera plana sobre el inicio de las obras del nuevo edificio del hemiciclo legislativo.

En Panamá la práctica de la arquitectura y urbanismo sucede de manera diferente que en otros lugares del mundo. Lo panameño es resultado de la ausencia de una reflexión sobre la relación entre espacio y sociedad, de la historia y de la funcionalidad. Para estar de acuerdo con Renzo Piano, es lo que la hace más próxima a la repostería que a la construcción de ciudades.

La propuesta y el aporte de los arquitectos y del Estado como promotor y regulador del espacio urbano tienen notables ejemplos en las grandes metrópolis del mundo, pero no así en Panamá.    Edificios como el Beauborg o Centro George Pompidou en el centro histórico de París, el estadio de fútbol Nicola de Bari en Italia, la galería Menill en Texas, o las intervenciones en el Potsdamer Platz de Berlín (centro de la ciudad post la caída del muro), o la escuela Anna Frank y la Ópera de Lyon son resultado de un arduo y profundo ejercicio reflexivo en el que los volúmenes, texturas, lenguaje, significado, uso y entorno determinan el resultado final como aporte perpetuo al espacio urbano por genios como Piano y Nouvel.

Allí la diferencia entre las ciudades del primer mundo y el caos urbano de las nuestras; entre albañiles y arquitectos, entre mediocres y maestros.

La mayoría de estas obras urbanas y arquitectónicas citadas acá son insertas en el contexto de una sociedad moderna y democrática, y son resultado de la ejecutoria de notables arquitectos, cuyas obras fueron reconocidas y desarrolladas mediante concursos promovidos desde el escenario del Estado, como responsable de articular la construcción de una ciudad eterna, universal y sobre todo funcional sobre la base de una discusión amplia, transparente y democrática.

En Panamá, el predio del Palacio Legislativo es el caso único y excepcional en la historia de la ciudad de Panamá que es resultado de esta metodología de trabajo. A finales de la década del 50, post asesinato del presidente Remón Cantera, el Estado panameño convocó a un concurso internacional para producir lo que fue en su momento uno de los espacios de la arquitectura modernista más notables en América Latina.

El edificio y el conjunto escultórico, reseñado en los anales de la historia de arquitectura en América, fue resultado de un concurso internacional. Hoy lo premiado y reconocido es desfigurado y transformado de “a dedo” sin ningún criterio objetivo que simplemente la necesidad de ampliar cubículos y recintos para albergar al exponente más contradictorio, absurdo y corrupto de la élite política panameña. La degradación de lo urbano es al menos consecuente con el proceso de descomposición de lo político. No hay más que decir.

Las iniciativas del Estado, impulsadas por el gobierno de turno en Panamá expresadas en el producto de una ciudad gubernamental, la insistencia en una torre fálica de oficinas públicas en la Avenida Balboa, en un centro de convenciones, en una sede del Tribunal Electoral serán resultado de un ejercicio impositivo, de un interés de lucro privado revestido de una transparencia dudosa y celebrada en faraónicas fiestas navideñas, mientras el país se ahogaba en agua; son ejemplos alejados de una reflexión profunda, ausente de una visión de futuro y lejos de la imagen de una ciudad perpetua, rica, armoniosa con significado histórico y cultural.

Al final, expresa el resultado de una sociedad con un legado mediocre, agresivo, sin significado, sin historia. Un espacio y una ciudad que refleja y deja viva la percepción o simplemente reafirma el proceso de la degradación simple y pura de los espacios y la sociedad que contiene.

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Este artículo se publicó el 21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El precio de la miopía

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La opinión de la Periodista…

Adelita Coriat

El crecimiento urbano y de las periferias de la ciudad ha quedado desproporcionado en comparación a la institución. Situación que se repite en otras provincias del país, donde se ha quedado corta la planificación de distribución de agua potable y tratamiento de aguas residuales.

Si contrastamos esta realidad con algunas inversiones especulativas en la agenda gubernamental como la torre financiera, el centro de convenciones en Curundú, u obras de gran envergadura, vemos desplazadas las prioridades básicas que deberían ocupar los primeros renglones en cuanto a modernización, mantenimiento y planificación para subsanar carencias puntuales.

A lo mejor el IDAAN requiera de 500 millones de dólares para su modernización, y posteriormente una nueva inyección económica para darle alcance a las zonas rurales. No basta decirlo, hay que hacerlo.

Es un asunto que amerita una solución de Estado; desde la presidencia, ASEP, gremios profesionales vinculados al tema, e investigadores universitarios.

Por otra parte, la deforestación ha lacerado la capa vegetal causando implicaciones en los recursos hídricos. El país carece de una política ambiental seria al respecto.

Producto del cambio climático el director del IDAAN busca reducir el abandono de décadas. No hay una solución mágica ante semejante dejadez.

Integrar un equipo de profesionales idóneos nacionales, o acudir a expertos de la OPS por ejemplo, podrían brindarnos mayor orientación a la crisis del agua. Esto, posiblemente, nos acercaría a equipos modernos que aminoren la dificultad mientras se planifica una solución a largo plazo.

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<>Artículo publicado el 10  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Panamá, la metrópoli del lucro

La opinión del Educador y Escritor….


RICARDO ARTURO RÍOS TORRES
rriost@hotmail.com

Jorge Ricardo Riba es, sin duda, un arquitecto de ideas. En su valioso haber bibliográfico confronta con valentía el urbanismo especulativo que caracteriza a la ciudad canalera.   El lucro sin límites es responsable del pandemónium que caracteriza el paisaje urbano de la ciudad de Panamá. Somos el Auristán de Cristóbal Colón, la tierra del dinero fácil, el país de fenicios que denunciara Gaspar Octavio Hernández.

En Urbanismo: proyectos y otros escritos el político humanista, nos define la ciudad soñada: Quiero una ciudad con armonía, de rostros humanos llenos de alegría, quiero una ciudad en la que impere la justicia, la honradez y el amor al prójimo, un digno ambiente para vivir.

¿Y qué tenemos? Una ciudad caótica, la especulación inmobiliaria destruyó el hermoso barrio de Bellavista, el juegavivo edificó los tugurios de Paitilla y Punta Pacífica donde el sol es aristocrático, una Cinta Costera sin belleza paisajística y una selva de cemento que hace de Calidonia y vía España un gran fogón… En contraste, Costa del Este es una ciudad jardín con calidad de vida, con zonificación regulada, es el humanismo del hábitat con una visión urbanística integral.

El planificador urbano con ética social nos reclama una ciudad al estilo de Le Corbusier con los goces del sol, el espacio y el verdor…

Jorge Ricardo Riba insiste en que la liberación del potencial del crecimiento urbano no se puede concebir sin un salto cualitativo en la educación. Una ciudadanía ilustrada lucharía por una ciudad mejor.

La Región Metropolitana es una de las preocupaciones del docente universitario, es un área de 9,000 kilómetros2, incluye la Cuenca Hidrográfica del Canal, la antigua Zona del Canal, las ciudades terminales de Panamá y Colón, los territorios periféricos de Arraiján y Chorrera (Panamá Oeste), abarca 121 corregimientos en 14 distritos y 3 provincias. Para el 2020 se calcula su población en 2.5 millones. Considero que Panamá Este es también parte de la Región Metropolitana.

El distrito de Arraiján es el sector más explosivo en el desarrollo urbano del país y como lo expresa el arquitecto Riba: ante el nuevo imperio de la codicia y la corrupción, se requiere ser más heroicos. Urge una solución rápida ante le necesidad de un transporte seguro, económico y eficiente para Arraiján y el Panamá Oeste, miles de panameños lo reclaman.

El ensayo Urbanismo: proyectos y otros escritos nos lleva a exigir una rendición de cuentas a los ministros de Vivienda e ingenieros municipales de los últimos 20 años por el desorden urbano del área metropolitana. Se han construido barriadas y edificios como los de la avenida Balboa, San Francisco y el Cangrejo sin la red de los servicios públicos necesarios para un urbanismo humano, se carece de una oferta efectiva de energía eléctrica, de suministro de agua y de un eficaz alcantarillado sanitario. Hay barriadas construidas con materiales de baja calidad, sin espacios para escuelas, áreas verdes, sin campos de juego y recreación, sin facilidades de transporte. Predomina el lucro y la especulación unido a la corrupción de una burocracia que ha institucionalizado la coima y el juegavivo.

Jorge Ricardo Riba es la antítesis de esa conducta irresponsable, es un arquitecto de ideas éticas.

Literariamente, la obra es un compendio de distintos temas relacionados con el urbanismo, destacan su excelente narración y la prosa elegante del autor. Su formato facilita la lectura y las ilustraciones son puntuales.

Referencia Bibliográfica: Riba, Jorge Ricardo. El Urbanismo: Proyectos y otros escritos/Panamá: Exedra, 2010. 313p. il.

 

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<> Este artículo se publicó 27  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Futurismo o patrimonio histórico?

La opinión de…

 

Ana Elena Porras

El desarrollo inmobiliario y urbano de la ciudad de Panamá acecha, con su vorágine de rascacielos, al patrimonio histórico y cultural urbano de los panameños.

En este escenario urbanístico subyace un importante dilema que recuerda a Hamlet: ¿ser o no ser? ¿tradición o modernización? ¿patrimonio histórico o futurismo? La preferencia de nuestras autoridades y empresas inmobiliarias, evidentemente, favorece a una modernización a ultranza, con una proyección futurista de alta densidad y grandes torres.

Pero ¿es, acaso, necesaria la oposición entre modernización y desarrollo contra la preservación de nuestro patrimonio histórico?

El presente artículo adopta el paradigma ecológico del desarrollo sostenible respecto al medioambiente, extrapolado al escenario del desarrollo urbano y el patrimonio histórico. En efecto, el paradigma de la sostenibilidad indica que modernización e historia no son inherentemente excluyentes entre sí. Y que la destrucción de nuestro patrimonio histórico y cultural no es intrínsecamente necesaria para el desarrollo y modernización de nuestra ciudad.

Indica además el paradigma de la sostenibilidad, en el marco del desarrollo respecto a la historia en este caso (de igual manera que del desarrollo con el medioambiente), que la preservación de monumentos y edificios iconográficos construyen la memoria colectiva de nuestra historia y fortalecen la identidad nacional.

Los edificios, como las casas, las calles, los parques y las plazas, son como los documentos escritos o los testimonios orales, en el sentido de que ellos también son históricos. Ellos nos cuentan, con su presencia yestilos, historias sobre nuestros antepasados. Constituyen evidencias del recorrido histórico de los panameños. Como los álbumes de fotografías familiares, sólo que, en este caso, los edificios ofrecen imágenes del pasado de la familia panameña en su conjunto.

En este marco conceptual, la torre financiera propuesta por el actual gobierno responde a un proyecto futurista de Panamá, concebida como una torre iconográfica del futuro económico de Panamá como país del primer mundo. Lamentablemente, tan interesante propuesta choca con la preservación del edificio de la antigua embajada norteamericana y del entorno urbano del hermoso edificio del Hospital Santo Tomás. ¿Por qué no buscarle a la nueva torre un espacio urbano más coherente para su estilo, concepto y función?

El Hospital Santo Tomás, conjuntamente con el Barrio de la Exposición, fue construido durante la tercera administración presidencial de Belisario Porras. Estos edificios fueron construidos como un acto de reafirmación del Estado–nación emergente de la República de Panamá, frente a los desafíos políticos y simbólicos de la construcción de la Zona del Canal, que amenazaban la propia existencia de nuestro Estado. En consecuencia, el edificio del Hospital Santo Tomás representa la dignidad y voluntad de autodeterminación del Estado panameño, durante los años de 1920, como también simboliza su política interna como Estado de bienestar social. Por su parte, la Embajada de Estados Unidos, como monumento histórico y símbolo, cuenta historias de neocolonialismo, prepotencia e intervención de ese país en la República de Panamá.

Estos edificios–símbolos, con sus historias, deben conservarse en la cinta costera convertidos en importantes centros culturales: la Embajada de Estados Unidos podría convertirse en el Museo de Arte Contemporáneo, mientras que el edificio original del Hospital Santo Tomás ofrecería el lugar perfecto para el Museo Antropológico de Panamá, con sus respectivas exhibiciones, bibliotecas, cines de arte y cultura, cafeterías, restaurantes, miradores, dignos de la modernización de Panamá ¡una modernización sostenible y no destructiva de su historia! De esta manera, contribuirían ambos edificios a definir y planificar la cinta costera como un espacio urbano amigable, coherente con el deporte, la recreación, la historia y la cultura; el descanso, la reflexión y los encuentros de los habitantes y visitantes de la ciudad.

<> Artículo publicado el 12  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

El Ordenamiento Territorial en el Miviot

La opinión de…

Álvaro González Clare

Sin pena ni gloria pasó la celebración del primer semestre de la creación del Viceministerio de Ordenamiento Territorial (OT), fundamentado según la Ley 61 del 23 de octubre de 2009.   Este evento llena una de las más grandes expectativas en el ámbito urbano, que se inició en 1995 y durante 15 años estuvo pendiente en la agenda técnica de un grupo de arquitectos y urbanistas.

El tema urbano fue sacado de la agenda política por el gobierno militar relegándolo a letra muerta cuando creó el Ministerio de la Vivienda (Mivi) con la Ley Orgánica No. 9 de 1973. Al eliminar la autoridad urbana la dictadura dejó abierta la puerta a la improvisación y desgreño urbano en las ciudades, desconociendo la planificación y el ordenamiento territorial como las únicas herramientas capaces de convertir el crecimiento en desarrollo.

La ciudad de Panamá y su área metropolitana han pagado muy caro por esto y son la viva muestra de un asentamiento humano caótico donde reina el laisseferismo y la improvisación. Producto de esta absurda decisión política es que hoy pagamos los ciudadanos el alto costo de tan baja calidad de vida urbana.

El gobierno del presidente Ricardo Martinelli dio el primer paso para restituir la autoridad urbana al crear el Viceministerio de Ordenamiento Territorial, dándole voz y voto en el Gabinete presidencial. Pocas han sido las manifestaciones ciudadanas, gremiales o empresariales apoyando esta importante gestión administrativa y menos ha sido la cobertura periodística que los medios le dieron a la noticia de la celebración del Miviot. Es evidente que estos no son los eventos que motivan a la sociedad porque son sencillamente buenas noticias y no se prestan para la diatriba noticiosa o el morbo político.

La mora que tiene la ciudad en materia de planificación es monumental porque no solo resta la necesidad de corregir todo el daño causado en un siglo de vida republicana, sino además debe incorporar de manera correcta e integral todos los ambiciosos proyectos de equipamiento comunitario e infraestructura urbana que están por construirse como el Metro, Metro Bus, ampliación de corredores y cinta costera, ciudad gubernamental el complejo hospitalario de la Caja de Seguro Social, entre otros.

Solo será posible corregir la situación urbana y sostener adecuadamente la dinámica del crecimiento si el Viceministerio de Ordenamiento Territorial logra a corto plazo preparar un acuerdo macro con suficiente flexibilidad que ordene lo nuevo y paute la mitigación de los daños causados por el desorden anterior y sobre todo lograr convencer a los gobernantes que toman las decisiones de la urgente necesidad de ampliarlos y respetar las recomendaciones técnicas.

De alguna forma tenemos los técnicos que hacer entender a los gobernantes que la planificación tiene un gran rédito político, contrario a lo que los dictadores no supieron reconocer. Inaugurar urbanizaciones y entregar casitas tiene un valor tangible a muy corto plazo que los políticos transforman convenientemente en clientelismo; contrario a lo que sucede con los planes de desarrollo urbano que no cortan cintas y requieren más tiempo para sentir su gran efecto en la calidad de vida de los habitantes.

Utilizar las soluciones de vivienda como una prebenda partidista es propio de políticos, pero aplicar la planificación para ordenar la ciudad es propio de estadistas y visionarios. Esta triste realidad es lo que explica el porqué la planificación urbana nunca antes estuvo en la agenda política.

Es más que evidente que la administración Martinelli está dispuesta a corregir los errores y distorsiones urbanas que se dieron en la ciudad producto de la ampliación de normas especiales aprobadas a la medida, regímenes de excepciones y vivezas de copartidarios de turno. Igual que en los demás problemas nacionales, está determinado a poner orden y encauzar el crecimiento para convertirlo en desarrollo, deteniendo a los sinvergüenzas que se apropiaron sin permiso del espacio público, los que rellenaban la costa con concesiones ficticias o violentaban las normas con descaro e impunidad. Solo así podremos cambiar la cultura urbana en beneficio del bien común. Si queremos una mejor ciudad donde vivir ahora nos toca apoyar y aportar a la gestión técnica, administrativa y política del OT en el Miviot.

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Este artículo se publicó el 10 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Semillero de ideas y cambio

La opinión de…

Hugo Navarro

Un grupo de alcaldes y funcionarios gubernamentales se reunió en Washington por invitación del WBI (World Bank Institute) para dialogar sobre la pobreza urbana mundial. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, grupo que se espera suba a dos millardos en los próximos 20 años. Alcaldes y administradores aceptan que la dirección y administración son la clave para el funcionamiento de ciudades amigables.

Modelos urbanos como el de Marikina, en Filipinas, pueden servir como plataforma de aprendizaje para alcaldes y gerentes que luchan con el hacinamiento, la migración rural-urbana y la sustentabilidad ambiental, la idea detrás del diálogo global lanzado el mes de julio por el WBI y las unidades de desarrollo urbano y unidad de gobierno local.

Los alcaldes y administradores de varios países describieron cómo han hecho para que sus ciudades sean más atractivas, tanto para los hombres de negocios como para lograr un equipo de trabajo mejor preparado, como un resultado de los intercambios. Los diálogos van dirigidos a destacar los retos, oportunidades y logros importantes en administración urbana. De acuerdo con Keshav Uama se pretende cosechar y compilar las experiencias adquiridas para futuros intercambios de esos conocimientos.

En su presentación, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos, Shaun Donovan, comentó cómo se invierte en crecimiento urbano, reconstruyendo ciudades más fuertes e inteligentes. Agregó que las áreas metropolitanas deberán verse como semilleros de ideas de innovación y laboratorio en el sector urbano pobre. Una ciudad amigable ofrece una buena calidad, eso incluye servicio de primera clase. En el caso de Panamá, tenemos que trabajar en equipo; el problema es complejo y necesita un tratamiento cauto para lograr los éxitos en comunidades como las que nos presenta el WBI.

Los modelos son importantes para analizarlos y ajustarlos a nuestra situación en seguridad (en Panamá hay 226 pandillas); en el uso y reglamentación del suelo; en educación para incorporar a las familias a la economía del país por medio de sus conocimientos, experiencia y productividad. Nuestras ciudades deben funcionar como “máquinas incubadoras” para beneficio de la población. En el corazón de la reforma social y económica se refleja el liderazgo. No podemos pensar en el liderazgo único, se requiere una distribución del mismo en donde los autores son empoderados en diferentes sectores, sea Gobierno, empresa privada o sociedad civil. Si no ponemos atención a este aspecto, será difícil innovar y hacer los cambios que nos recomienda WBI.

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Este artículo se publicó el 1 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.