Los quemados, ¿víctimas o victimarios?

La opinión del Abogado …

Roberto Díaz Herrera

La administración Torrijos tuvo como Talón de Aquiles social y mediático, el caso de los envenenados del jarabe maldito distribuido oficialmente por la Caja de Seguro Social y el bus incendiado, con múltiples muertos calcinados.
Tal hecho, como es normal en la subcultura política recíproca que vivimos, fue pateado por la oposición de entonces, actual gobierno.

Como la historia suele repetirse en espiral, según Arnulfo Arias, el tiempo se ha encargado de poner al actual régimen en un problema psicológico, penal y también mediático, con el caso de los que ardieron en el centro de menores.

Voces y comentarios diversos se escuchan. He leído en glosas, ¿ahora sí quieren los parientes que el país llore con ellos, y no cuando esos muchachos criminales mataron a gente inocente? Esa versión nos dice que estos jóvenes eran victimarios. Y luego resultaron víctimas, pero primero lo primero. Otros, la mayoría afortunadamente, nos inclinamos por partir de una premisa, de doctrina penal universal: “las cárceles se hicieron por seguridad social, y no para castigo de los delincuentes”.

Si bien no conozco las razones judiciales por las cuales esos muchachos estaban como reclusos, podemos suponer que alguno de ellos quedó inmerso en el delito de homicidio o lesiones graves contra un tercero.    ¿Es eso, en tal caso una razón para alegrarnos o justificar semejante delito oficial, de llenar de gases a unos jóvenes que estaban encerrados, indefensos, al menos para huir libremente? ¿No es acaso eso un crimen, por agredir -aunque protestaran dentro de las jaulas de espanto que tenemos por cárceles- frente a algún hecho o situación que ellos consideraran injusta   (¿en verdad hay algo justo en nuestras cárceles, aunque se busque sancionar penalmente conductas antijurídicas o inhumanas incluso? ).

 

Para que el Señor Presidente haya dicho que “esos jóvenes no merecían morir”, el gobierno, aunque fuese por cálculo mediático, dijo al menos algo.   El Señor Procurador ha ido algo más lejitos.   Ha expresado que el proceso sumarial se fundamentará en un homicidio doloso.

 

El tema es que – si o si – los abogados (por las razones que lo hagan en defensa de víctimas y familiares) están preparando, seguro que sí, sus planteamientos, para irse ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.   Estamos seguros de que en tal instancia, el caso prosperará judicialmente, en especial, si el Estado Panameño se queda, como la mayoría de las veces, a medio palo. O en interludios jurídicos, de cero “hits”, cero errores, cero carreras.

 

Si de algo debe servir este hecho terrible, y si no lo aprovechamos merecemos, en especial las autoridades, quedar presos o calcinados nosotros;    es que este homicidio grupal, sirva para que la autoridad superior del nivel administrativo -que tiene que ver con penales y sus agencias colaterales- porque no es una sola instancia, sino varias (ministerio de seguridad, el de justicia (que buena oportunidad para doña Roxana, ser efectiva y decisiva).

 

Pero está el Ministerio Público y el Juez o jueces que tengan que revisar y sentar precedentes históricos.   De lo contrario la justicia llegará, algo tarde, pero vendrá desde San José de Costa Rica. No lo dudemos. Y tal vez los “victimarios” sean esta vez víctimas, para el mundo jurídico internacional.   Y nuevamente nuestros gobiernos sean victimarios.

 

<>Artículo publicado el  4 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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La invasión: el eslabón perdido

La opinión del Abogado, Diplomático, Militar, Escritor….


ROBERTO  DÍAZ  HERRERA
robertodiazherrera@hotmail.com

La invasión militar, cruel y desproporcionada, suele analizarse sobre dos eslabones, según los opositores o los defensores de Noriega y su régimen. Del sector civilista de Endara y compañía, suelen achacar ese despliegue de armas todopoderosas a los extremos desafiantes de Noriega contra el régimen republicano de Bush. Del sector adicto al dictador, se acusa como traidores a la patria a quienes, en efecto, hacen lobbies en Washington y luego son notificados anticipadamente de que iban a invadir, y cenan y toman posesión de presidentes en las bases militares gringas.

De ambos eslabones hay verdades relativas y acomodadas. Pero tenemos un tercer eslabón que suele estar perdido y es demasiado clave.

George Bush, padre, y Noriega eran socios desde antes del asesinato de Omar Torrijos, complot donde el preso de París participa con la CIA, la de Bush precisamente; esa asociación era por negocios geopolíticos, más de lo primero. Los dos estaban unidos a través de los episodios que luego estallan en Washington como el escándalo Irán – Contras. Ese hecho amoral que se inicia con Ronald Reagan, pero siempre con Bush como mentor, pretende derrocar a l os comandantes marxistas – sandinistas de Managua, primero con dólares oficiales del Congreso, y prohibidos éstos, entonces se inventan otras monedas fuertes provenientes de armas vendidas a Irán —los diablos de hoy para Washington— en su guerra de entonces contra Irak. Como esa plata no les alcanzaba, colocan al coronel Oliver North, del Consejo de Seguridad, dirigido por el almirante Poindexter, para que coordine el ingreso de toneladas de drogas a USA, con el semáforo semioficial en luz verde. Solo le pedían a los carteles colombianos ir a medias en el mercadeo de cocaína y el nuevo subproducto, crack, para el target bajo. Participan narcomafias mexicanas, generales hondureños, narcomercaderes cubanos del exilio y Noriega es designado gerente en Panamá, por sus nexos íntimos con Pablo Escobar Gaviria.

El atenuante para muchos panameños es que nadie conocía de esos secretos. Era una operación clandestina, encubierta, a espaldas de su Congreso.

Cuando muy tarde estalla esa porquería, Reagan con carita de santo pide perdón público y enjuician y destituyen como chivos expiatorios a Caspar Weinberguer, ministro de Defensa, al almirante Poindexter, al subsecretario de Estado Elliot Abraham y al propio Oliver North. Pronto Bush, su socio mayor, al convertirse en presidente, los indulta, enseñando sus manos cómplices.

Solo las denuncias y reacciones públicas que se inician en Panamá, en junio del 87, propician un escándalo en Washington, que se hincha y va develando el sucio negociado que estimula la droga en un pueblo ya enviciado, y se le piden cuentas al dúo Reagan – Bush. Solo por eso Noriega es abandonado por sus altos socios, uno de ellos, también llamado a juicio, muere durante el mismo; se trataba del padrino mayor, William Cassey, el top de la CIA.

Cuando leo a los de izquierda echar toda la culpa a Endara y a los suyos, y a los Civilistas culpar solo a Noriega y nadie habla de las causas, los orígenes, el Irán – Contras, veo cuán ignorantes y sectarios somos. Como me pueden creer igualmente subjetivo, les dejo la tarea siguiente: averiguar qué hacían visitando el Palacio y cenando con Nicky Barletta y hablando obviamente solo de negocios —de drogas y armas ya habían hablado con Noriega horas antes— los altos personajes Caspar Weinberguer, el mismo Oliver North, y, curioso, don David Rockefeller. Además de Nicky, dos testigos nacionales, éramos Noriega y yo. Barletta debe acordarse mejor de esa cena diplomática, pero creo que fue a principios de 1985.

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<> Este artículo se publicó el 23  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Navidades de plástico

La opinión del Abogado…

ROBERTO DÍAZ HERRERA
robertodiazherrera@hotmail.com

Para los propios niños de un ateo o un agnóstico, sus corazones, sintonizados con el espíritu que cultivan o sienten en sus propios colegios, seguramente en este mes de diciembre estarán conectados a un sentido de ilusión y de esperanzas. No creo que ningún intelectual, inclinados más que los no académicos a la ausencia de fe en Dios, le enseñe desde tierna edad a sus pequeños: ‘no creas en Dios, que eso no existe, la religión fue inventada para controlar a los ignorantes’.

De hacerlo, o sea, de volver ateos o agnósticos a sus hijos, puede ser que en los criterios paternales haya un sentido de crianza positivo, racionalista, de buscar que sus hijos no se conviertan en ‘beatos o beatas fanáticos’.  Aun en ese supuesto, aquellos niños, que bien pueden ser el caso hoy día de los infantes cubanos, con padres marxistas — leninistas, carecerán no solo de la ventaja psicológica de sabernos protegidos por un Ser Superior y la guía ética que nos manda a practicar la Justicia, la Caridad, la Compasión y el huir de los crímenes y actitudes negativas. Solo lo anterior, ya es un sendero que promueve los mejores valores humanos, sino que, llegadas estas fechas, nos inculcan igualmente el análisis de la vida —desde su nacimiento— de ese ícono de la revolución del amor, llamado Jesús.

Curiosamente, pese a todas las influencias de los filósofos materialistas que niegan la existencia de Dios, muy variados, los libros que, según las temáticas, más se venden hoy día, son los de autoayuda, por ejemplo de los Paulo Coelho, al igual que los de otros motivadores.    En esencia, todos se basan en esa revolución del amor, que impulsó Jesús de Nazaret. Y lo hizo cuando predicarlo costaba incluso la vida.   Más aun, los teólogos y filósofos hebreos de su tiempo, que podrían ser los Coelho de esta época, o sea, predicadores de la fraternidad y la sensibilidad (no sabemos cómo es Paulo en su propia casa), eran meros propagadores de principios muy bellos, pero que se cuidaban mucho de realizarlos ellos mismos.

El problema, a mi juicio, que daña más las enseñanzas de Jesús, incluyendo el espíritu real de las navidades, es la superficialidad con la cual nos han enseñado, aun los curas, la obra revolucionaria de ese Hombre Poderoso. Al querer mostrárnoslo como un Mesías que Ora, nos han hecho perder al Líder que conduce y enfrenta los peligros más recios, al predicar lo que Él sí enseñaba y lo que Él sí nos mostraba, yendo adelante, no atrás ni a los lados.

Una charla impactante de Jesús, para mí, es cuando, cabreado ya (no encuentro otro término más claro) de esos ‘maestros’ que recomiendan cosas, que jamás cumplen, los sentenció: ‘¡Pobres de ustedes, fariseos!, ustedes dan para el templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios… ‘¡Pobres de ustedes también, maestros de la Ley, porque imponen a los demás cargas insoportables, y ustedes ni siquiera mueven un dedo para ayudarles!..’ ‘¡Pobres de ustedes, maestros de la Ley, que se adueñaron de la llave del saber!  ¡Ustedes mismos no entraron, y cerraron el paso a los que estaban entrando!’…

¿Cuántos políticos, educadores, militares, banqueros, aun obispos, no entran en esa categoría de hipócritas y farsantes que denunciaba un Jesús sin miedo a las censuras ni a las leyes penales de aquél tiempo?   (leyes que si bien lo condenan a muerte, lo catapultan al rol histórico e imperecedero que mantiene 20 siglos más tarde).

Cuando vemos este tipo de ‘navidades’ que hoy ‘celebramos’, ¿a qué grupo creemos pertenecer, según las reglas de Jesús?   Con valor autocrítico creo que no pasamos del 2.5 de calificación. Sabemos a conciencia que entramos a festejar unas Navidades de Plástico, como los envoltorios de las muchas cajetas de licores de lujo, o las pequeñas del ron ponche y el seco, según nuestros bolsillos. Podemos comprarle a los hijos o nietos, esos juguetes, carísimos de Félix, o de rebaja en El Machetazo, también envueltos en plásticos.

El plástico retratará bien los corazones ‘cristianos’, de estas navidades, huecas de contenido y de propósitos. Habrá, por supuesto, espíritus diferentes, que practican estas fechas.

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<> Este artículo se publicó el 11 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Creer en Dios no es una estupidez…

La opinión del Abogado….

ROBERTO DÍAZ HERRERA 
robertodiazherrera@hotmail.com

Hace aproximadamente un mes una joven australiana llegó a Urgencia del Hospital Infantil Arnold Palmer de Orlando, Florida. Una de las que reciben a esa parturienta en apuros, a quien acompaña su esposo de la misma nacionalidad, es la amiga personal mexicana, Jhanna Menchaca, ginecóloga.

Ella me contó lo siguiente: la señora llegó urgida por dolores de parto y con dos bebés en su vientre. Jhanna realiza hasta el día de hoy labores de intercambio médico. Ella acompañó al médico estadounidense, un obstetra, en la atención del parto de urgencia. La primera criatura, una niña, es dada a luz, muy baja de peso, pero sana. El mellizo es un varón, que al ser extraído no respira y se le otorgan cuidados de reanimación por veinte minutos por parte del equipo médico; pesa solo un kilo.

El niño no responde. El obstetra, rendido finalmente, lo envuelve en una sabanita y lo entrega a su madre, expectante: ‘Tenga a su niño, está muerto, para que lo bese y lo despida’. Son sus palabras. La madre, angustiada y sudorosa, se niega a creerlo muerto, y abriéndose su bata incrusta cálidamente al bebé entre sus pechos; el marido australiano lo imita y sacándose la camisa, se abraza a su esposa, y el niño queda en medio de ambos, piel a piel, mientras sus padres, llorando, le hablan al oído por su nombre, rogando a Dios que no lo deje morir.

Mi amiga mexicana, mujer de mucha fe, se unió a ellos en las plegarias, y les daba ánimos. El médico norteño los dejó por breves minutos y luego llamó la atención a su colega latina: ‘Doctora, usted sabe que el niño está muerto, y no lo van a resucitar con oraciones; comprendo el dolor de los padres, pero esto no es una iglesia, es un hospital, deje de estimular este drama’. La ginecóloga se interpuso: ‘Doctor, déjeles el derecho de padres de orar por su bebé, usted es incrédulo, pero Dios no tiene imposibles’. Nuevamente el doctor a cargo le increpó: ‘Tendrán luego el tiempo de orar, pero ahora necesitamos seguir otros trámites, y ese niño no puede ya resucitar, usted debe portarse como científica’.

De pronto el niño hizo un leve movimiento, como jadeando, y Jhanna y los padres lo sintieron. La médico mexicana le hizo la observación al médico obstetra: ‘Doctor, ¿sintió que el bebé jadeó?’. El especialista le volvió a llamar la atención:  ‘Doctora, ¿acaso no sabe que éstos son actos reflejos?’.   La pareja seguía unida al bebé, con intensas plegarias, la ginecóloga junto a ellos, los animaba.   Entonces el bebé abrió sus ojitos y se movió algo más. Mi amiga Jhanna le dijo más fuerte al médico: ‘¿Ahora tampoco ha visto que el niño abrió sus ojos?, ¡tóquele las manitas y lo sentirá,  suelte su ateísmo rígido!’.

Impelido por la fuerza del llamado, el médico norteamericano, algo forzado, le tocó con sus manos la del niño, que le apretó un dedo.  Los padres y la especialista latina se agitaron entonces jubilosos ante el evidente milagro;  los tres sollozaban de alegría, mientras el médico norteamericano examinaba con su estetoscopio a la criatura y le sentía los latidos cardíacos, moviendo su cabeza, estupefacto.

La especialista mexicana, airada por el escepticismo del colega a cargo, le gritó:   ‘Si no es por mi intervención, usted sería ahora un criminal; Dios le ha dado una oportunidad de vida, de conocer su poder y su gloria’. El hombre se retiró cabizbajo. El equipo médico estaba asombrado.

El abrazo resucitador, inspirado por Dios, había durado casi dos horas. Un par de días más tarde, mi hija Judy, en Memphis, Tennessee, vio en el programa televisivo TODAY de NBC, una impactante entrevista que hacían a la madre australiana.

Cuando vemos en esta sociedad, apegada al raciocinio frío y reseco, brillantes mentes, como las del doctor Xavier Saint-Llorens, decirnos sostenidamente que los creyentes en Dios somos estúpidos, vale la pena presentar este caso, y a él, con todo respeto, puedo darle el celular y correo de la amiga ginecóloga Jhanna Menchaca.

El distinguido médico, a quien leo con frecuencia, nos ayudaría más con su pluma e intelecto, si en vez de acusar a todos los creyentes en Dios de fanáticos, flexibilizara su ateísmo, dándole siquiera un margen de dudas a los que de algún modo, por intuición y fe, creemos que hay un Dios, superior a todos, como se mostró en el caso narrado, real y concreto, como la entelequia del amigo Xavier. Estimado doctor, ¡Creer en Dios no es una estupidez!..

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<> Este artículo se publicó el 19 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/diaz-herrera-roberto/

Frontera Sur: Ojo al ojo

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¿Es cierto que ofrecimos una recompensa por la captura o muerte de un jefe subversivo colombiano?

La opinión del Jurista y Militar retirado….

ROBERTO DÍAZ HERRERA

En materia de seguridad general, Panamá ronda la cuerda floja, pero aun estamos a tiempo de desastres.

 

‘Tenemos casi dos años aquí, y al llegar nos pasamos como diez meses sin atrevernos a caminar, tal era el síndrome de pánico que teníamos en Caracas de salir con el niño a pasear; hoy, como tu ves, caminamos con el nene’.

 

Así me hablaron hace pocos días una pareja venezolana que encontré mientras caminaba matinalmente. No somos El Salvador o Honduras, donde mandan las maras. Ni Colombia, que pese a haber avanzado aún tiene territorios tomados por más de 40 años donde los poderes públicos aún no llegan.

 

Puede dar ‘gustito’ ayudar a los militares y policías colombianos en sus operaciones fronterizas con los insurgentes narco guerrilleros; eso puede significarle a un ministro o a un alto jefe policial nuestro, que le atiendan sabrosamente en Bogotá, con carros, escoltas y banquetes.   Pero como ni el 0.1% de nosotros sabe nada de esas complicaciones geopolíticas y de entuertos colaterales con las armas que matan sin pestañear al ser perjudicados, vale la pena poner ojo al ojo.

 

Por algo tuvimos la capacidad de desarrollar este país, hasta ser la todavía tacita de oro que disfrutan hoy esa pareja de venezolanos y sus niños, huyendo de su país.   Me parece gravísimo, que un Ministro de Defensa vecino diga estar agradecido del Gobierno panameño que ‘blindó la frontera’ mientras sus tropas ‘bombardeaban campamentos guerrilleros a 700 metros de nuestra línea territorial’.

 

Primero que, al menos yo, solo con escuchar el dato métrico de ubicación y coordenadas y caída de sus bombas’, no puedo menos que decirme, ‘¿quién nos da seguridad, quién, de que el bombardeo no fue en nuestro territorio? Y, ¿qué importancia tiene tal cosa de haber sucedido?

 

Para el 99% de los nacionales, tal vez ninguna. Para un Estado Mayor de una insurgencia desesperada por la ofensiva militar de las fuerzas armadas colombianas, las cuales por décadas han llegado, hablemos claro, a suelo panameño a descansar, reabastecerse, comprar víveres, etc., sí que la tiene, y mucha.

 

¿Qué ganamos haciéndoles esos ‘favorcitos’ a los amables colombianos que ya nos secuestraron por 80 años? De ganar, realmente nada. De perder, ¡cuánto podría ser, si se meten deseos de venganzas en esos ánimos subversivos¡   Iba a dar algunos ejemplos que nos podrían hacer temblar a los nacionales, pero mejor ni los digo.

 

Pero, si encima, el ministro de Defensa colombiano le da las gracias al Gobierno Nacional, y con ello a su homólogo, y éste, acá, para oídos ingenuos y tiernos, niega que sabíamos siquiera de la operación, eso es querer tomarnos el pelo a todos los panameños, y nos hace quedar como tontos internacionalmente.

 

Cuidado con esos jueguitos de guerras de los cuales nuestro estimado Premier, nada, nada sabe realmente. Y aquellos jefes insurgentes saben demasiado. Ojo al ojo. Y saben para mal, nada para bien.

 

El desarrollo del país vale demasiado para juegos. Un ejemplo del juego de guerra real: unos 5 años atrás, me saludó en un supermercado un capitán de servicio en la frontera darienita: —¡Oiga, jefe, acá entre nosotros¡ ¿qué le parece? Iba yo con mi tropa, cerquita de la línea colombiana, pero en Darién nuestro, y vimos pasar una columna de unos 15 subversivos de allá y los teníamos a tiro de ametralladora para dejarlos listos a todos. Y consulté sobre si disparábamos. ¿Y sabe qué orden me llegó de Panamá?:   ‘Si no se han metido con ustedes, eviten todo contacto, escóndanse y déjenlos ir’. Comprendí la frustración del capitán, un táctico profesional, sin más luces largas y aunque me supo amargo, comprendí la orden superior.

 

Un último dato: ¿es cierto que ofrecimos una recompensa por la captura o muerte de un jefe subversivo colombiano, que le puso la bomba que mutiló a un par de policías nuestros, y que ya liquidaron de aquel lado? ¿Le pagaremos, entonces, a la tropa vecina que lo liquidó?   Como abogado ahora, ¿qué norma legal nos faculta para que de nuestros impuestos paguemos tal promesa?  Otra vez, la última, ojo al ojo.

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<> Este artículo se publicó el 20 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/diaz-herrera-roberto/

El golpe del 11: ¿Cómo movió nuestra historia?

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-La opinión del Abogado y Militar retirado…

ROBERTO DÍAZ HERRERA

El mayor Boris Martínez, jefe de la Guardia Nacional en Chiriquí, toma los micrófonos de emisoras de David y anuncia el 11/10/68   ‘que la Guardia Nacional ha decidido la salida del poder del Doctor Arnulfo Arias’   y ensaya argumentos. Son las cuatro de la tarde. Antes ha mandado a arrestar a varios dirigentes arnulfistas provinciales, la más emblemática Julieta Bianco de Guerra, esposa del prestigioso radio periodista Ramón Guerra, ambos fallecidos.

El aviso se adelanta a un plan concertado por una docena de altos oficiales, que sienten peligrar sus carreras profesionales, el más antiguo el teniente coronel Omar Torrijos.   ¿Cómo pudo ser que el mismo día, ante semejante noticia, el presidente Arias estuviera cerca de las 6 pm celebrando en casa de su contralor, Lic. Espino, y de allí, ya de noche, se metiera en el Teatro Lux acompañado de Mireya Moscoso, su asistente? En ese lugar recién es avisado del golpe.

Alguien debe estar atento de esos temas y en este caso la responsabilidad mayor recaía en su ministro y viceministro de Gobierno y Justicia, Norberto Zurita y Bolívar Dávalos, respectivamente; los dos estaban, parece, durmiendo. Arnulfo no es precisamente una tortolita en materia de golpes y asonadas. En 1931 es parte del Estado Mayor de ‘Acción Comunal’, movimiento revolucionario para derrocar al gobierno civil, tan poco explicado.   En ese plan hay que tomarse cuarteles para tumbar al presidente.   Solo en el actual cuartel de bomberos ‘Darío Vallarino’ de Vía España y Vista Hermosa, masacran a una decena de policías que duermen en calzoncillos ‘en nombre de un Panamá Mejor’.

Luego, el 10 de mayo de 1951, de un plumazo de gabinete, el doctor Arias, presidente, declara sin vigencia la Constitución de 1946, decreta la disolución de la Asamblea Nacional y deja en el aire a los magistrados de la Corte.    Los opositores acuden, como otras veces, al comandante de la Guardia Nacional, en este caso el coronel Remón.   Piden a ese poder árbitro que saque al mandatario de la Presidencia, porque está llamado a juicio por el parlamento. ‘Arnulfo disparó personalmente, y por la espalda, contra mi papá, solo porque fue a informarle que el comandante Remón le avisaba que saliera a las buenas o sería asaltado militarmente el palacio’. Así me narró hace unos 25 años Mayra Lezcano, hija del mayor Lezcano Gómez, el jefe militar de la Presidencia, que le da cuenta de la orden de Remón al doctor Arias.   También hay manchas de sangre en manos del líder.

¿Qué le pasaba al caudillo histórico que ingresaba al poder y se caía, hasta tres veces?   Graduado de médico en Chicago, con maestría en ginecología en Harvard y otra en psiquiatría en Viena, era de los hombres más cultos, cuando nos rodeaban potreros. Apasionado íntimo de la astrología, ¿qué le pasaba cuando mandaba, y en especial con los militares?   Ya había ocurrido que se trajo a un coronel de Guatemala como asesor militar, sobre los comandantes panameños.   Y, para aquél once de octubre, también había desempolvado a un panameño con décadas de no vivir aquí, señor Díaz Duque, con 20 años de no usar el uniforme con el cual se graduó en Carabineros de Chile. Casi de dos metros, lo mandó a llamar y lo estuvo preparando para ser el comandante.

Ni siquiera a sus altos oficiales afines, Ángel R. Araúz, Camilo Saavedra, Víctor Mata, los tomaba en cuenta.   Y todo se derrumbó cuando él y sus ministros se equiparon de regios vestidos que duraron solo once días.

¿Consecuencias de este golpe? Lo malo:   El golpe mismo, siempre ilegal, vulgar.   Lo feo: Las represiones, y ojo, quien mandó desde el G—2   los primeros cinco meses fue Boris en los cuarteles,   Torrijos hacía los contactos políticos. Luego sería la purga en dos actos y tiempos: Boris sale esposado hacia Miami, sin retorno, y luego en diciembre de 1969, los coroneles Sanjur y Silvera son arrestados por órdenes de quien escribe estas líneas, siendo mayor y estando desarmado y arrestado, mientras Noriega le abre las puertas a Omar que entra desde México (mientras su hermano Luis Carlos es ministro de los golpistas).

¿Y lo bueno, lo hubo?   Tantas cosas. Una dinámica progresiva de cambios, si bien con una oposición amarrada, pero con hechos que transformaron la historia nacional, para bien. Habría tantos sucesos y logros que decir, pero no da el tiempo. Basta, sumariamente, que dejemos esta pregunta para responderse seriamente: Con todos los pecados y vicios, las violaciones de derechos humanos (había un especialista en crímenes, secuestros, decapitaciones, bien conocido), ¿tendríamos, sin Omar Torrijos Herrera, al día de hoy, una relativa (con USA de policía mundial, todo es relativo) soberanía, jurisdicción, y un canal completamente en manos panameñas, y todas las tierras bajo nuestra bandera, sin ninguna otra en los mástiles, esos que hicieron morir heroicamente a Ascanio Arosemena y a sus muchachos mártires? Ese análisis es tarea obligante de la historia.

<> Artículo publicado el 11  de octubre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Uniformados, sueldos y condiciones

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Si bien este gobierno hizo muy bien en aumentarles a los policías, aún les falta ingresos más cónsonos con sus riesgos.  La opinión de…
ROBERTO DÍAZ HERRERA

Mucho se ha dicho y poco se ha analizado en relación a la profesión policial y las condiciones salariales y de bienestar de los miembros de la Fuerza Pública.

En primer término, tenemos los panameños un vacío cultural histórico: casi no hacemos diferencia entre lo militar y lo policial, tan distintos.

En un supuesto teórico de guerra contra Costa Rica, la Constitución nos impele a tomar las armas.   En ese caso tan improbable como absurdo, un panameño o panameña incluso debe aprender a tomar un arma y usarla lo mejor posible. Podrían ser entrenados, con urgencia a disparar, conocer su arma básicamente hasta en un día, exagerando, pero se puede. Pero, ¿ser un policía y más o menos bien entrenado…?

Para ‘hacer’ un raso, no menos de 6 meses, y es poco tiempo, debe ser un período académico mínimo de un año, donde no solo se les entrene físicamente, con ‘ranas y pechadas’, sino con contenidos en su mente, de qué es el Estado, las leyes, los derechos humanos, etc. Hay que tener gente militarizada para la Frontera, pero lo que más necesitamos es policías, que sepan de Investigación Criminal, Dactiloscopia, Medicina Legal, conservar la escena de un crimen, etc.

Sobre salarios y beneficios, conozco que hay países ‘peor pagados’, como el Perú, donde me consta, lo vi, que hasta capitanes tienen que tomar el día libre para trabajar en supermercados, algo moralmente doloroso, luego de tantos estudios, un oficial debe hacer de 4 a 5 años, incluso saliendo como licenciados en varias materias.

¿Por qué el Estado peruano, lleno de reservas hoy, tiene a sus oficiales ganando la mitad que Chile? En Panamá si bien este gobierno hizo muy bien en aumentarles a los policías, aún les falta ingresos más cónsonos con sus riesgos, pero igualmente mucha más exigencia moral, sobre todo con las tentaciones del narcotráfico, que todo lo penetra.

Que conste, nunca creo que dólares más inmunicen contra esas tentaciones, ¿cuántos coroneles de ayer o comisionados de hoy no quedan tras las rejas por dejarse penetrar?

Pero tener que mirar a policías manejando taxis, ¿no es acaso una tentación más grande para que haya componendas con la droga, especialmente la de movimientos nocturnos? Eso se presta… ‘tras que estamos jodidos, pare la abuela’.

Un gran problema actual es que muchos altos jefes de hoy en la entidad policial son militares de carrera y policías empíricos, y no es su culpa, eso estudiaron, armas, morteros, blindados, artillería… pero no saben de criminología, etc… Y lo más grave, no tenemos una estrategia policial científica o más o menos técnica… y eso es urgente introducirlo… pero temo que ni siquiera hay conciencia de ello, ni en el Ejecutivo ni en los altos mandos… y hay una soberbia profesional de no reconocerlo… Panamá no puede avanzar casi nada si esto no se corrige.

Si queremos exigirle a nuestros policías un servicio eficiente, vigilante y honesto, el Estado debe brindarle a la sociedad un salario digno para que sus hombres —muchos desvelados de trabajar toda una noche— no tengan que volver a amanecer en otros servicios privados, porque ningún organismo físico y una mente humana soporta tal nivel de exigencia laboral por la necesidad económica que tienen esos hombres y sus familias.

Cualquier ‘moral’ flaquea ante las tentaciones del narcotráfico y si eso no se comprende, no sabemos lo que es el servicio policial y las presiones del crimen organizado.

<> Artículo publicado el 4 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.