Realidades y utopías

La opinión del Abogado….

 

KARLOS  EDUARDO  COLLADO
karloscollado@hotmail.com

Recuerdos,  y más que eso,  historia patria, antes del 11 de octubre de 1968 la República de Panamá era un pastel político que compartían las 13 familias más poderosas, el campo estaba completamente olvidado y las clases sociales se dividían en dos, pobres y ricos con una distancia tan grande en el centro como las esclusas del canal en su proyecto de ampliación.

A la Universidad de Panamá no podían ingresar los pobres y las escuelas publicas escaseaban logrando así mantener el pueblo ignorante, seguro por la alta devoción Católica a Santo Tomas de Aquino que decía: ‘mantén el pueblo ignorante y nunca se revelará en tu contra’.   Los acueductos, las letrinas, las vacunas, los libros, eran sueños utópicos de países primer mundistas desconocidos por la población en general.   Lo mejor a lo que la gente pobre podía llegar era a ser policía y eso significaba tener ciertos grados de estudios ya que como requisito elemental se pedía llegar por lo menos a un sexto grado de la escuela, es así cuando un grupo de policías panameños se cansan de las injusticias perpetuadas por el presidente oligarca Arnulfo Arias Madrid, perpetuándole un golpe de estado el 11 de octubre del año 1968.

Nuestro líder y mentor el General de Brigada Omar Torrijos Herrera era justo eso, un estadista rodeado de los mejores filósofos e intelectuales de la época (recordemos que la diferencia entre un político y un estadista es que un político piensa en las próximas elecciones y un estadista en las futuras generaciones) y súbitamente comienza una revolución a la que muchos escritores e historiadores llaman la ‘Revolución de Cariño’, porque fue justo eso, una Revolución (o cambio) de cariño, le llamaban dictador porque no llego al poder por votación popular directa, sino por el contrario, de facto, sin embargo nadie se atreve a llamarlo tirano.

Mi abuelo me contaba de un pintor cuyo nombre no recuerdo, el cual tenia cuadros titulados ‘antes de la revolución’, donde se veía estampado al óleo un campesino en una trocha con lodo hasta las rodillas jalando a un burro cargado en alimentos para vender al mercado y luego otros cuadros titulados ‘después de la revolución’ donde se veía al mismo campesino en una carretera pavimentada manejando un pick-up lleno de alimentos hacia el mercado, y es que eso fue en realidad el Torrijismo; microscopios en las escuelas, máquinas de escribir marca Olimpia (aún existentes en algunas escuelas), giras médicas en las serranías, medicinas, luz eléctrica, sanitarios higiénicos, posos, semillas mejoradas y sobre todo la educación, Omar creía en la educación y no en el populismo que vemos en los candidatos de la actualidad que creen que le mejoraran los problemas a las personas regalándoles dinero ¿y cuando este se acaba, que van a comer? Torrijos creó nuevas escuelas y envió a muchas personas a estudiar a las mejores universidades del extranjero sobre todo a países latinoamericanos y del bloque soviético con el cual teníamos convenios, ya que su creencia se manifestaba en que al brindarle una educación a una persona, esta con sus conocimientos podía sacar a su familia adelante y seguir educándola, mantenerla y lograr un puesto que pueda desarrollar al país.

Lamentablemente la historia da vueltas en espiral y nuestro querido paraíso fiscal actualmente aunque por muy moderno que lo veamos se encuentra en muchos aspectos nuevamente igual que los cuadros antes de la Revolución.

‘Panamá es un país que ofrece muchas facilidades a los extranjeros y muchas complicaciones a los del pueblo’, (cita propia) la educación es muy baja y la trocha entre ricos y pobres se distancia cada vez más extinguiéndose una especie humana llamada ‘la clase media’, la canasta básica sube, el productor sufre y el consumidor se desespera.

Mientras tanto las soluciones de nuestro Gobierno de turno, son campañas publicitarias tan reales como:  todas las mañanas tomo mi metro bus para ir al trabajo mientras bajan las tasas de accidentes de tránsito por los diablos rojos que ya no hay en la calle.

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<> Este artículo se publicó el  13  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

In Memoriam Carlos Andrés Pérez

La opinión del Ex Vicepresidente de la República…


Ricardo Arias Calderón 

El dos veces Presidente por elección popular, Carlos Andrés Pérez, murió el 25 de diciembre pasado en Miami, en el exilio, por su oposición frontal a Hugo Chávez, quien lo utilizó como excusa para su intento de golpe de Estado en 1992. Pidió a su familia que sus restos no reposen en Venezuela hasta que no esté libre de la dictadura.

 

 

Su muerte pasó con poco reconocimiento, sin embargo, Carlos Andrés Pérez sin duda es unas de las personalidades latinoamericanas más destacadas del siglo XX, desconocer este hecho sería una falta de leso humanismo.

 

Le traté durante un periodo no menor de 15 años y asistí a su segunda toma de posesión en 1989, en donde pronunció un discurso tan ambicioso que más bien parecía que se dirigía al planeta como el secretario general de las Naciones Unidas o como el presidente de un Estado panlatinoamericano, según el sueño de Bolívar.    Su proyección fue tan amplia y abarcadora que parecía irreal a las circunstancias concretas.

 

El hecho de invitar a su asunción al poder, a los tres miembros de la nómina presidencial de la Acción Política Opositora de inspiración Civilista (ADO Civilista) señalaba el cambio de postura de Venezuela: del apoyo al general Torrijos en razón de la lucha nacionalista panameña por nuestro canal y todo lo que resultó de demagógico en sus promesas de justicia social, al rechazo al general Noriega por su brutal dictadura y carencia de todo ideal patriótico. Carlos Andrés había cambiado de postura y quería que el mundo lo supiera.

 

En esa ocasión hablé personalmente con él sobre el régimen de Noriega que se estaba desintegrando ante las manifestaciones civilistas y las medidas de bloqueo económico de los Estados Unidos.   En los últimos meses del año 1989 pasamos los días más angustiosos por la cercanía previsible del fin de la dictatura y el comienzo de la democracia.   Durante este tiempo Carlos Andrés seguía de cerca los eventos en Panamá, a mi casa llamaba frecuentemente por teléfono, ya sea él personalmente o su ministra de la presidencia, Beatriz Rangel, para saber qué había sucedido en las 24 horas previas, y si yo necesitaba algo o alguna gestión para mi seguridad.

 

A principios de 1990, ya en democracia, nos reunimos nuevamente a instancias suyas, pero discretamente pues yo era vicepresidente y Venezuela aún no reconocía al gobierno. Le propuse a Endara, en función de una conducta ejemplar de alianza, que me acompañase en al viaje Joaquín Fernando Franco, quien a pesar de haber hecho todo lo posible por evitar que la Democracia Cristiana surgiera en Panamá, era lo suficientemente realista para reconocer que no había tenido éxito en las últimas elecciones en 1984.    Entre los temas suscitados por el presidente venezolano estuvo el derecho a bases militares norteamericanas más allá del año 2000, que él daba por sentado, le respondí negativamente disipando así sus ideas prefijadas.

 

Al final Carlos Andrés nos dijo que consideraba política y democráticamente conveniente que el país tuviera una nueva elección y sabiendo que el Presidente Endara no aceptaba ninguna acción que pusiera en duda su derecho a la Presidencia, le manifesté que después del trauma de fin de la dictadura, de la invasión norteamericana y del vandalismo subsiguiente, Panamá no aguantaba una indecisión más en su realización de un gobierno democrático efectivo.

 

Al tomar el avión que Carlos Andrés había puesto a nuestra disposición para el viaje a la isla La Orchila, donde nos recibió, yo iba confiado que Venezuela nos reconocería a corto plazo y la conversación había sido una prueba de evaluación política de los nuevos dirigentes panameños. El resultado, a mi juicio, fue positivo.

 

Mucho se ha comentado el papel que Carlos Andrés Pérez tuvo durante los 21 años de la dictadura pero cualquiera que haya sido éste, debe tenerse en cuenta para una justa apreciación el rechazo a Noriega y su atención a los problemas y necesidades democráticas de los panameños, de otro modo se faltaría a la verdad.

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<>Artículo publicado el  13  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Deuda patriótica con el 9 de enero 64

La opinión del Médico y Ex Ministro de Estado….


GUILLERMO  ROLA  PIMENTEL
grollap@cableonda.net

La Patria recuerda con veneración heroica los sucesos del 9 de enero de 1964.   Conocida  y con amplia documentación, esta la histórica lucha generacional  de los panameños por alcanzar la plena soberanía sobre todo su territorio. El enclave colonialista de la Zona del Canal fue una afrenta permanente. Muchos intentos se hicieron por lograrlo.

En 1936 el presidente Harmodio Arias de Acción Comunal modificó los tratados de Bunau Varilla eliminando el derecho que tenía USA de ocupar militarmente el territorio nacional por algún peligro para el canal (en 1972 Torrijos lo volvió a incluir).    En 1957 el Frente de Reafirmación por la Soberanía siembra banderas en la zona.     Por 1964, existiendo un acuerdo para izar las dos banderas en los colegios de la zona y no cumpliéndose por parte de los zonian, los estudiantes panameños procedieron a cumplir el acuerdo e izar la bandera panameña.

La reacción bélica de USA ha sido detalladamente descrita. Con los muertos heridos etc.

Sin embargo muchos hechos han sido deliberadamente ocultos.   En Colón, informados de los hechos de Balboa, el pueblo se fue a las calles a protestar en Ave Bolívar frente al YMCA, intentamos llegar hasta las instalaciones de Cristóbal para izar nuestra bandera.    Era toda gente del pueblo.    Los detractores dijeron que eran maleantes.    Había de todo, los del partido del pueblo (comunista) no pudieron actuar porque se fueron a Pilón a meditar las estrategias, y los gringos cerraron el corredor y se tuvieron que quedar fuera de la ciudad.

La policía nacional inicialmente pretendió impedirnos el paso. Pero la población los sobrepasó. Cuando los policías vieron a los soldados ‘yankis’ con máscaras antigases y con bayonetas calada avanzar por la calle posterior al YMCA, HUYERON despavoridos, y se refugiaron en el cuartel central.

Nos enfrentamos a los soldados Varios de los nuestros cayeron con heridas en los muslos. Me rompieron la bandera, pero la sostuve, nos mantuvimos unos momentos y tuvimos que replegarnos a Ave Bolívar.

Se iniciaron los enfrentamientos. Los heridos fueron llevados al hospital (hay lista).   Los soldados disparando desde los edificios altos y la población en la calle. Se incendió el comisariato y parte del YMCA con bombas molotov artesanales.

La lucha duró varios días y quedaron varios muertos. Cuando ya en la ciudad de Panamá había calma, en Colón continuaba la lucha. La policía envió a su figura dura, el entonces capitán Omar Torrijos.   Este reprimió el movimiento y encarceló a varios dirigentes, entre otros a Andrés Galván. Nos persiguieron, expulsaron de instituciones, se dio una persecución por ordenes del Ministro Dominador Bazán.

En la capital también detuvieron a varios participantes. En esa época ya Torrijos era espía pagado por USA (documentos desclasificados del pentágono). La bandera rasgada y manchada de sangre muchos años después la entregué al Municipio de Colón, donde reposa.

Como corolario de esta gesta se efectuó el ‘Primer Congreso por el rescate y defensa de la soberanía’ con la presencia de más de 300 organizaciones de todos los estratos desde las monjas hasta los comunistas, empresarios y sindicatos. Sin banderías políticas. Todos los resueltos fueron difundidos (aún se conservan ejemplares).

Sí revisamos los tratados de Torrijos, según la interpretación de USA,   estos le dan derecho a USA a intervenir militarmente en todo el país, cosa que ya ocurrió en 1989.   En ninguna propuesta del Congreso se solicitó o aceptó el derecho a USA a intervenir militarmente en el país.   Los peajes y el manejo financiero del canal (ACP) están condicionados a una serie de pautas que dificultan, limitan y no permite a Panamá ejercer la absoluta soberanía y total decisión nacional para fijar los peajes. Solo tomando en cuenta la lógica competencia. Esto nadie lo presentó en el Congreso. Si se dijo: NO, a las bases militares y devolución de la zona y el canal en 15 años.

En el tratado, Torrijos aceptó bases militares y entrega del canal 20 años más (el tiempo de la dictadura). Torrijos no participó del Congreso, tampoco la policía.

En 1967 Leopoldo Aragón develó un documento del Departamento de ingienería del canal, planteando que la única forma de aprobarse un tratado favorable a USA era con un gobierno militar inclusive mencionaban a Torrijos.

El 22 de Febrero de 1977 antes de aprobarse los tratados el New York Time, el Comando de Liberación de Panamá desde Suecia, denunció que Torrijos como dictador y dependiente de USA no tenía los valores humanos, políticos, legales, ni el nacionalismo y la moral para negociar tratados. Sin libertades y con los nacionalistas exiliados. La aprobación de los mismos fue un descarado fraude.

Los comunistas (PP, hoy con el PRD) que fueron apresados, asesinados y exiliados a Chile, se entregaron, porque no soportaron ni un año de exilio. Coincidentemente a Cuba se le permitió romper el embargo mediante empresas panameñas; y el canciller viajó a Washington, y luego a Cuba para silenciarlos ante los entreguista tratados.

La izquierda de América guardó silencio. El tratado de Neutralidad contiene cláusulas que nos convierten en un protectorado. No se han cumplido todos los objetivos del 9 de enero del 64.

Ahora que el NUEVO CANAL será ampliado y ya no se lo debemos a USA, porque será pagado por Panamá con nuestros préstamos, es el momento de revisar y preparar oportunamente estrategias y una política diplomática internacional que nos permita modificar ese tratado a términos más soberanos, más seguros para el canal, más dignos y más realmente neutrales.

Ahora que ya no hay dictadura. Tal vez en coordinación con el Consejo de Seguridad de la ONU, para así alcanzar un Panamá Mejor.

 

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<> Este artículo se publicó el  8 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

9 de enero y el Canal del anexo A


La opinión del Contador Público Autorizado….

DOMINGO  M.  GONZÁLEZ  E.
domingo-maria@hotmail.com

Hoy 9 de enero se cumplen 47 años de aquella patriótica gesta, donde estudiantes y sectores populares de la nación, queriendo enarbolar nuestra bandera en la otrora Zona del Canal, dieron y arriesgaron sus vidas, enfrentando el poder bélico de quienes se creen los gendarmes del mundo.

Cuan desapacible e inaceptable para el autentico nacionalismo, resultó el pusilánime protagonismo asumido por ‘Omar’ en las negociaciones de los tratado Carter-Torrijos, originado a raíz del heroísmo nacional de los días 8, 9 y 10 de enero de 1964.

Peor que peor’, fue la decisión de enfatizar, la falaz idea de la reversión del Canal a Panamá como legado de ‘Omar’, que como desagravio a tan gloriosa gesta, demostraremos exponiendo y desenmarañando el texto del ‘Anexo A’, interpuesto en el numeral 2 del articulo III del Tratado de Neutralidad y de Funcionamiento, y su sistemática correlación con el numeral 3 del artículo XII del Tratado del Canal;  la Reserva No. 4 del Instrumento de Ratificación;  el articulo 41 de la ley orgánica de la ACP, y la ley 28 de 17 de julio de 2006.

En primer lugar, el Anexo A, define ‘CANAL’, de la siguiente manera, cito:   ‘El término CANAL, usado en todo el texto del tratado, incluye el Canal de Panamá existente, sus entradas y los mares territoriales de la República de Panamá adyacentes a él, según aparece en el mapa adjunto (Anexo B) y cualquier vía interoceánica, que pueda ser manejada total o parcialmente dentro del territorio de la República de Panamá, sus entradas y los mares territoriales adyacentes a la misma en cuya construcción o funcionamiento, participen o hubieren participado los Estados Unidos de América’.

Al desdecir la acepción del término CANAL, la connotativa frase proverbial ‘El Canal de Panamá’, preguntamos: ¿Es el Canal del Anexo A, el que dicen revirtió ‘Omar’?   ¿Es este CANAL, patrimonio inalienable de la nación panameña, según el texto del artículo 315 del Titulo XIV de nuestra Constitución?    ¿Es este CANAL, el que alude la Condición No.1 del Instrumento de Ratificación, que permite a perpetuidad la intervención armada de los Estados Unidos en nuestro país?    ¿Cómo entienden los estudiantes, la analogía entre el Canal del Anexo A, con aquel que los textos de Ciencias Sociales dicen revirtió a Panamá?   ¿Fue este Canal, el pretendido por los mártires de aquel 9 de enero?.

Respecto al Canal asentido por ‘Omar’ como ‘cualquier vía interoceánica’, y que aparece latente como ‘tercer juego de esclusas’, en el texto del numeral 3 del artículo XII del Tratado del Canal, cuya construcción correspondía a los Estados Unidos,   podemos inferir, que al rehuir estos dicha construcción al termino de 22 años, tuvo como avieso propósito, trasladar mezquinamente a Panamá su construcción, con los ingresos generados por el Canal, como establece la Reserva No.4,    y que ‘juiciosamente’ como sugiriera ‘Omar’, Panamá se vio obligada a reglamentar, a través del articulo 41 de la ley orgánica de la ACP, y hacerla efectiva por medio del numeral 1 del articulo 2 de la ley 28 de 17 de julio de 2006.

Estos hechos, sumados a la consecuente y ‘antinacional’ distribución de $5.1 mil millones que en utilidades netas ha generado el Canal del Anexo A durante 10 años de administración panameña, sin soslayar el empréstito por $2.3 mil millones, aprobado mediante Resolución de Gabinete No. 178 de 13 de octubre de 2008, destinados al mismo, son los ‘beneficios’ alcanzado y legado a la nación por el torrijismo.

Recibir en administración el Canal del Anexo A y construirle al mismo un tercer juego de esclusas estimado entre 7 ó 9 mil millones de dólares en perjuicio de nuestra soberanía económica, jamás estuvieron en la mente de los mártires de aquel glorioso 9 de enero; ¡viva el 9 de enero!.

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<> Este artículo se publicó el 9 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Debate público con el profesor Jované (XII)

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La opinión de…

Manuel Castro Rodríguez 

Profesor Jované, en un artículo publicado el 9/1/2002 en El Siglo, el dirigente popular Andrés Galván e Inocencio Garibaldi -miembros del Comité Cívico de Heridos y Héroes del 9 de Enero de Colón-, denunciaron:   “Por cuatro días seguidos, los colonenses lucharon con piedras, bombas molotov, etc., contra el ejército más poderoso del mundo, acción que no hizo la gran Guardia Nacional, que nos dejó solos y se cruzó de brazos mientras el ejército yanqui nos masacraba”.

También se expresa en la denuncia de los dos colonenses: “El cuarto día de lucha, o sea, el día 12 de enero de 1964, esa misma cobarde y asesina Guardia Nacional, al mando del mayor Omar (Iván el terrible) Torrijos, actuó brutalmente, con saña y con una fobia salvaje no contra el ejército agresor –no, no, que va. Actuó contra los colonenses, encarcelando a gran cantidad de ellos”.

Jované, usted sabe que durante la dictadura de Omar Torrijos Herrera (1968-1981) se produjeron más muertes y desapariciones forzadas que durante la dictadura de Noriega, entre ellos: el dirigente marxista Floyd Britton; Jorge Camacho, Jorge Falconet y Marlene Mendizábal, militantes del FER-29; la adolescente Rita Wald; el padre Héctor Gallegos; el dirigente campesino Encarnación González; los dirigentes populares Narciso Cubas, Félix y Elías González Santizo, José del Carmen Tuñón y Tomás Palacios Salinas; y el izquierdista Heliodoro Portugal. Encarnación González, de sesenta y nueve años, fue asesinado al ser lanzado desde un avión.

Jované, usted conoce que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado panameño por las desapariciones forzadas de Heliodoro Portugal en 1970 y de Rita Wald en 1977, ocurridas durante la dictadura de Torrijos.

Jované, usted sabe que tanto Omar Torrijos Herrera como Manuel Antonio Noriega fueron agentes de los servicios de inteligencia norteamericanos. En junio de 2001, Guillermo Sánchez Borbón dio a conocer documentos desclasificados del Gobierno norteamericano donde se expresa que “Omar Torrijos Herrera fue reclutado (paga mensual 25 dólares) como un informante confidencial del Cuerpo de Inteligencia (CIC) en octubre de 1955 (…)   En marzo de 1969, cinco meses después de haber asumido el poder, voluntariamente renunció al sueldo de 300 dólares mensuales, alegando que ahora era el jefe, y que estaba por debajo de su dignidad aceptarlo. Después de esto, solicitó y obtuvo dos pagos especiales de 100 dólares en mayo de 1969 y 300 dólares en octubre de 1969”. (http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2001/06/25/hoy/opinion/170392.html).

Sin embargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba dio a conocer el 5 de enero de 2009: “Un monumento en homenaje al ex presidente panameño, Omar Torrijos, fue develado hoy aquí” (http://www.cubaminrex.cu/Actualidad/2009/Enero/Develan.html). Jované, ¡usted sabe que eso es mentira: el dictador Omar Torrijos Herrera nunca fue presidente!

Jované, usted y el resto de la ‘izquierda’ adocenada guardan silencio cómplice ante la deificación del dictador Omar Torrijos Herrera por el régimen militar que tiraniza al pueblo cubano. Jované, ¿usted no se avergüenza de su comportamiento? Jované, usted debiera tener la entereza de explicarle a la sociedad panameña:   ¿Cuáles son las razones que usted tiene para apoyar al castrismo, que tanto daño le ocasionó a Panamá?   Continuará.

 

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<>Artículo publicado el  10  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

La última tarea de Carlos Andrés… II parte

La opinión del Politólogo….

 
MARCEL SALAMÍN-CÁRDENAS
msalamin@yahoo.com

La segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez lo enfrenta al formidable reto de derrotar esa cultura, recuperar la competitividad productiva y corregir las muchas inequidades que la bonanza petrolera había puesto en evidencia. Las fuerzas conservadoras que desató —desde la izquierda hasta la derecha— fueron inmensas y definitivamente Carlos Andrés sobreestimó el compromiso democrático de esas fuerzas. Para preservar sus prebendas y negociados, no solo se alzaron los cogollos políticos y los económicos, sino que se amancebaron en una alianza expúrea.

Quienes hoy lloran en el exilio la propiedad de los enormes oligopolios de los medios de comunicación y de la industria transformadora, son los mismos que junto a los políticos resentidos, quebraron la confianza de los venezolanos en la democracia cuando más la necesitaban. Fueron ellos los que alentaron un odio devastador contra la política y las instituciones democráticas.

Carlos Andrés fue enjuiciado sin pruebas, fue separado, destituido y encarcelado en abierta violación de la Constitución vigente. Pero no se arredró. No salió huyendo. No dio un paso atrás para renunciar al mandato constitucional que le entregaba una partida presupuestaria cuyo uso, por razones de seguridad nacional, era secreto y discrecional. La sentencia irrisoria y ridícula que cerró ese juicio, es el mayor monumento a su inocencia.

Panamá le debe mucho a Carlos Andrés. Su contribución a la democratización de nuestro país ha sido invaluable. Forjó con Omar Torrijos una relación y una amistad profunda y sincera, que le permitió sellar el compromiso de levantar todas las restricciones a la actividad partidaria y regresar la República a la plena vida democrática una vez lograda una solución negociada de la causa patriótica panameña.

Todos aquellos que insisten en atribuir a la presión gringa ese paso estratégico, desconocen que fue con Carlos Andrés —ante quien Omar Torrijos no sentía que arriaba ninguna bandera soberana— con quien selló ese compromiso. En los archivos personales de Carlos Andrés reposa la carta que el general Torrijos le envió como respuesta. También reposa allí, la carta extraordinaria que la madrugada del 20 de Diciembre de 1989, le enviara a George Bush protestando indignado por esa herida innecesaria y artera que se le infligía a la más indefensa de las repúblicas americanas.

Intentó por todos los medios a su alcance que Noriega renunciara para ahorrarle a Panamá y a América Latina la vergüenza y la tragedia de la invasión. No le unía a Noriega amistad ni complicidad política y tuvo que soportar desplantes, insultos y vejaciones a mano de los perros cancerberos de Noriega.

Ningún opositor de esos tiempos encontró oídos sordos ni puertas cerradas en Miraflores. El Canal es hoy nuestro, porque estadistas como Carlos Andrés endosaron todo su capital político en la solución negociada y respaldaron al general Torrijos en la hazaña diplomática más refinada de nuestros tiempos. Sin él, sin sus opiniones fuertes y francas, sin su fino olfato político y su sentido del honor y la dignidad, no hubiéramos llegado a donde nos encontramos hoy.

Queda una última tarea: restituirle la democracia a Venezuela. Somos muchos para quienes no importa dónde se entierren o dispersen nuestras cenizas. Pero las de Carlos Andrés Pérez, el bachiller tachirense que se ganó el corazón de todos los demócratas del mundo, esas cenizas solo pueden reposar en su Venezuela querida.

Si su ausencia hoy le hace brillar más que nunca, su viaje de retorno debe ser la fuerza que reúna bajo el viejo pendón, la vieja constitución y el viejo escudo de armas, al bravo pueblo de Venezuela.

Hacia allí hay que llevarlas y cuando así suceda, veremos tambalearse a quien hoy manda pésames cargados de hipocresía y no pudiendo contener su naturaleza torva, aprovecha para vejar a quien ya no puede ripostarle. Tenemos que terminar la faena, Carlos Andrés. ¡Manos a la obra!

 

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<> Este artículo se publicó el 1 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Generales para un retrato

La opinión de…

 

ERNESTO HOLDER
ernestoholder@gmail.com

En un artículo titulado ‘El Enigma de los dos Chávez’, el Nobel Gabriel García Márquez relata sus primeras impresiones sobre Hugo Chávez, diciendo: ‘Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos. ’Sólo habían pasado unas cuantas horas juntos, tiempo en el cual el reconocido escritor pudo hacer esta valoración, entre otras tantas, sobre la personalidad y el carácter del futuro presidente de Venezuela.

Desde siempre, las personas tienden a hacer caracterizaciones de las otras tomando en cuenta la experiencia directa con el caracterizado, las opiniones de otros (entre esos los bochinches) y el comportamiento del susodicho en situaciones generales y particulares.

En los colegios privados los sicólogos hacen una evaluación que creemos científica para darles el visto bueno al colegio y a los padres sobre la aceptación del niño en el parvulario. Desde esa edad comienzan las evaluaciones. Los niños de las escuelas públicas no corren tal suerte (o juicio). Pero igual recuerdo que en mis días de la primaria, hace muchos, muchos años, la opinión de la maestra con respecto a mi y mi comportamiento llevaba mucho peso y era palabra sagrada para mis padres.   Hoy es al revés, la caracterización que hacen los muchachos de sus profesores y maestros ante sus padres, ha causado más de cuatro altercados y situaciones de violencia de padres de familias contra maestros.

Cuando falleció el Papa Juan Pablo II, los expertos y los medios de comunicación analizaron las posibles figuras que lo reemplazarían con la información que tenían basada en caracterizaciones y evaluaciones de cada uno de los posibles candidatos. Se tomaba en cuenta su hoja de servicio en la iglesia, su filosofía religiosa dentro de la doctrina más amplia del catolicismo y los analistas centraban sus opiniones en el hecho de que sería difícil reemplazar la figura de un Juan Pablo II, el Papa Viajero, que había elevado notablemente la imagen de la Iglesia Católica mundial en los 26 años de su pontificado. Su carácter, ante todo, era de singular importancia y, el carácter de su sucesor, era de particular importancia para los analistas. Al final no parece ser que eso tuvo que ver con la escogencia que realizó el cónclave de cardenales.

Toda nuestra vida estamos siendo evaluados y retratados para que los interesados puedan tener una idea inicial de quiénes somos. Todos tenemos elementos que nos identifican socialmente. Una larga lista de observaciones que hacen los maestros, profesores, curas, ex parejas, jefes, colegas, y hasta los vecinos bochinchosos que en muchos casos, tiene una idea aproximada de quiénes somos –por pura observación–. Si le damos de comer al perro callejero o lo ahuyentamos deja algo de nosotros.

En su autobiografía titulada ‘Madam Secretary’, la secretaria de estado del gobierno de Bill Clinton, Madeleine Albright, en poco más de 700 páginas, caracteriza a un sinnúmero de actores de la vida política de su país y del mundo. Es casi imposible guardar en la memoria tantos detalles de tantos acontecimientos de relevancia personal e internacional, si la actora, en este caso Albright, no lleva un detallado almanaque de notas y recuerdos.

Una de sus caracterizaciones en el libro habla de sus primeras impresiones sobre el entonces vice presidente Al Gore, que ella reconoce que conocía muy poco. ‘Luego de ser nombrada embajadora, a menudo me senté a su lado durante reuniones, e intercambiábamos notas acerca de política y personalidades. A pesar de su imagen ‘rígida’, encuentro que Gore siempre fue confiado y gracioso’.

El libro de William J. Jordan ‘La Odisea de Panamá’ es otro de cientos de ejemplos en donde la diplomacia se fundamenta en la estrategia de conocer y retratar a los interlocutores, y Jordan reconoce que Omar Torrijos era un maestro de la estrategia, no para aprovecharse de las debilidades ajenas, sino para ganar terreno para la causa de la recuperación de la soberanía nacional.

En el mundo diplomático serio y formal, en donde la tarea diplomática es asunto de Estado, más que una actividad ambivalente que no tiene fundamento ni estrategias que superen el quinquenio electorero, conocer a las figuras con quien el Estado – a través de su gobierno de turno – debe mantener relaciones bilaterales continuas, es asunto básico y esencial. Y en la medida en que se vayan levantando un perfil minucioso de los actores, más pronto se podrá establecer las estrategias que le convienen a una parte o la otra, en defensa de los intereses de sus naciones.

 

<> Este artículo se publicó el 3  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.