Institucionalidad para el desarrollo humano

La opinión de….

Paulina Franceschi

Panamá es un país que en los últimos 20 años ha realizado progresos significativos en muchos campos, pero subsisten algunos problemas, particularmente en el campo institucional, que de no enfrentarse pueden comprometer la sostenibilidad del desarrollo en el mediano y largo plazo.

Motivada por recientes experiencias y una profunda reflexión sobre qué nos pasa como país, me animo a escribir estas líneas con la convicción de que comunicando a otros pensamientos, dudas e inquietudes podremos contribuir a una seria y serena reflexión sobre esta nación que se debate en una realidad a veces preocupante, aunque a ratos necesaria.

Y quiero iniciar esta reflexión a partir del último Informe Nacional de Desarrollo Humano de Panamá 2007-2008 que abordó un tema, en su momento polémico, pero que con el paso del tiempo recobra una mayor vigencia: la institucionalidad del Estado panameño.

¿Qué relación guarda estetema con los acontecimientos del dietylene glicol, el incendio del bus en el que mueren calcinados varios panameño (as) y lo acontecido recientemente en Bocas del Toro, en donde igualmente perdemos vidas humanas?

La respuesta es que sí hay una gran relación entre estos hechos y la institucionalidad. Y que, precisamente, el costo en vidas humanas es uno de los costos de no hacer cambios/reformas institucionales a favor del desarrollo humano de la gente, como también lo es el costo en la pérdida de potencialidades humanas no realizadas, la preservación de condiciones inaceptables de desigualdad, la continua transmisión de dichas condiciones entre generaciones, el ejercicio recortado de la libertad y el deterioro progresivo de las condiciones mínimas para la gobernabilidad democrática.

¿Por qué pasa esto? ¿En qué estamos fallando? ¿Cuáles son las reglas del juego que operan a lo interno de las instituciones públicas y no públicas de la sociedad? ¿Qué tiene esto que ver con los hechos? ¿Cuáles son los aspectos que están presentes en los tres hechos antes mencionados?

En primer lugar, ninguno de los actores y/o instituciones respectivas que tuvieron en sus manos la capacidad de evitar el “hecho” intervino de forma adecuada cuando ha debido hacerlo.

Segundo, en los tres hechos, las normas formales probaron ser inoperantes, no funcionales y se operó sin los debidos controles y una adecuada evaluación de lo actuado.

Tercero, dirimir responsabilidades y responsables ha resultado, hasta el momento, en un proceso inconcluso.

Cuarto, se evidencia ausencia de procesos (manual de procedimientos) para el manejo de situaciones diversas según el contexto.

Quinto, en todos los hechos señalados, se perdieron vidas humanas y en otros dejamos profundas heridas de resentimiento.

Todas nuestras acciones reflejan un cierto acuerdo social, una institucionalidad sobre cómo nos estamos organizando en función de sociedad y/o Estado. Lo aquí indicado habla de una institucionalidad, tanto formal como informal, tanto de orden público como de orden privado, es decir, de un sistema de reglas de juego que no garantiza el “deber ser” de las instituciones intervinientes, generando así una mayor desconfianza ciudadana hacia éstas, con el riesgo enorme de deslegitimarlas, de un mayor debilitamiento de intereses colectivos y el aumento del malestar social en nuestro país y, por ende, debilitar nuestra naciente gobernabilidad democrática.

Como vemos, el problema no es de un gobierno, ni exclusivo de éste, está presente y no hemos podido aún cambiar y reformar la institucionalidad heredada.

Para ello, Panamá tendrá que instaurar un nuevo “contrato social de inclusión” que sea cónsono con los objetivos y principios del desarrollo humano. Demorar en atender las debilidades institucionales que mantiene nuestro país retrasa el desarrollo humano del panameño y nos impide alcanzar nuestro potencial como sociedad. Necesitamos transformarnos e implementar los cambios estructurales que el país requiere, a fin de que las presentes y futuras generaciones puedan mejorar su nivel de bienestar, afrontando con éxito los retos que ya nos plantea el mundo actual y la globalización.

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<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
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