Jugando con la cadena

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

Hay un viejo refrán que dice que se puede jugar con la cadena, pero no con el mono.   Lo escuchamos una y otra vez en los tiempos del gobierno militar, cuando se hacía referencia a la situación en la que se colocó Noriega frente a su antiguo aliado, los Estados Unidos.

En las últimas semanas, convulsionadas por más de una instancia, hemos visto encontronazos violentos desde varios frentes: las reformas que se impusieron a pesar del rechazo de la mayoría de la población al Código Minero, la negativa a aceptar responsabilidad y asumirla de una manera decente, en el caso de la masacre ocurrida en el Centro de Cumplimiento de Tocumen y las repetidas y permanentes amenazas que se ciernen sobre la libertad de expresión muestran a todas luces que el actual gobierno se está pasando a jugar con el mono.

Pareciera que no aprendimos nada de los eventos de Bocas del Toro, ocurridos el año pasado, y que aún no se han aclarado del todo ni se ha deslindado la responsabilidad última sobre ellos. No se sabe cuántos muertos hubo, cuántos perdieron la vista y cuántos heridos aún sufren sus secuelas.   Esos eventos son un típico caso de jugar con el mono: por querer pasar una ley a la brava hubo enfrentamientos innecesarios y lamentables, misma ley que después fue derogada y disfrazada para, en algunos temas, aprobarla como se quiso inicialmente.

No entiendo la lógica de pedir perdón en vez de pedir permiso. Se levantan frentes de combate innecesarios y al final lo que se pierde es tiempo en lograr los objetivos que se pretenden. Tiempo que resta en la maratónica carrera que empezó con el gobierno del cambio y que hasta ahora solo ha ofrecido el programa de 100 para los 70 y la beca universal.

Lo de los cambios al Código Minero, otros mucho más versados y conocedores del tema han ilustrado ampliamente de los pro y los contra de la minería a cielo abierto en un país como Panamá, cuya concentración en atraer inversión económica debería enfocarse primordialmente en el turismo, los atractivos de su biodiversidad, culturales y los servicios.

Ahora mismo muchos ojos miran nuestro país como un lugar para levantar hoteles, desarrollos inmobiliarios y logísticos, que además de elevar el nivel del país ayudan en la capacitación de muchas personas y por ende, en su calidad de vida. Para muestra un botón: los proyectos de playa, como Decámeron, tuvieron un impacto positivo en las poblaciones circundantes, capacitaron a un amplio porcentaje de personas, y esas mismas han sido vasos comunicantes en los otros proyectos de playa que se han ido construyendo en el área. Las playas en Panamá Oeste y la provincia de Coclé, por no decir en el mismo Chiriquí, así lo demuestran.

Pero el discurso de desarrollo no se conjuga el mismo ritmo que el de imposición a ultranza que se vive a diario. No se puede estar en permanente confrontación con una gran mayoría del pueblo panameño y estar invirtiendo en costosas campañas publicitarias para atraer inversionistas, si cuando éstos vienen encuentran las calles llenas de basura y de huecos, manifestaciones y cierres de vías a diario, protestas y noticias que alarman sobre la intolerancia de los funcionarios y la permanente amenaza de un gobierno totalitario y autócrata. El mono se ha convertido en el ‘motu proprio’ que vemos a diario.

Sobre la responsabilidad que aún ninguna autoridad ha asumido en lo que aconteció trágicamente el pasado 9 de enero en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, insisto y seguiré insistiendo que se debe velar porque no vuelva a ocurrir una muestra de deshumanización tan deplorable, además que no podemos permitir que los dos muchachos que han sobrevivido y que están a punto de ser dados de alta en el hospital —ya uno salió— no tengan un tratamiento de recuperación garantizado, porque cuando ocurrió la tragedia, ellos estaban bajo la patria potestad del Estado.

Es urgente que se les ofrezca a sus familiares los tratamientos tanto de curación, injerto y atención de las heridas y quemaduras que sufrieron, como la ayuda sicológica que exigen las circunstancias.

De no hacerlo, se estaría cometiendo un doble crimen y jalándole descaradamente la cadena al mono.

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Este artículo se publicó el 13 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Otra vez pan y circo

 

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

No acaban de resolverse los dos acontecimientos más dramáticos que en menos de seis meses han sacudido al país, que han dejado muertos y heridos e investigaciones inconclusas, y ahora, como maestros de birlibirloque, los conspicuos funcionarios del gobierno han volcado la atención en la celebración de los Carnavales en la ciudad capital.

Todos los años escribo sobre el mismo tema, independientemente de cuál gobierno esté en el poder. Desde los primeros carnavales que se celebraron después de la invasión, cerca de estas fechas señalo lo innecesario que es destinar recursos a esta celebración, que si bien es una fiesta tradicional del panameño, también es una que a la larga trae más lamentos que alegrías.

Este año debo mencionar también que no solo sería irresponsable celebrar los carnavales en la ciudad capital por el tema de la crisis del agua, que no acaba de resolverse, sino porque está ampliamente demostrado que, por lo menos los capitalinos, no atraen, como alegan algunos, turistas e inversión en beneficio de los nacionales.

Empecemos por evaluar la realidad de los desafueros de la carne (carnevale): las celebraciones que se organizan en el interior del país empiezan a planearse con un año de anticipación, recaudan dinero, organizan certámenes para escoger la reina o las reinas y cuando llegan los cuatro días de desafuero, ofrecen lucidos desfiles y disfraces. Las mínimas infraestructuras con las que cuentan los pueblos del país que tienen como centro de actividad estas fiestas que anteceden a la Cuaresma, hacen su agosto, como se dice en buen panameño, por la afluencia de nacionales y extranjeros que colman las vecindades, tanto para divertirse como para presenciar manifestaciones de cultura popular que, en muchas ocasiones, son magníficas demostraciones de talento y arte.

Desde que la organización de los carnavales en la ciudad volvieron a ser responsabilidad de las autoridades de turismo —y por ende, del gobierno— más nunca han repuntado para emular los ejemplares esfuerzos que hicieron en 1986 y 1987 los empresarios Ricardo Gago y Roberto Pascual.   Y en fechas recientes, lo que han ofrecido los carnavales capitalinos da pena.

Además de deslucidos, han sido objeto de permanentes escándalos que nunca llegan a aclararse, de malos manejos por parte de los responsables que son designados de a dedo y que al final no rinden cuentas. Ahora, para agregar más a la ya deplorable situación que atravesamos los residentes en la capital, por el problema del agua que ya supera los 50 días, se insiste en no solo organizarlos de vuelta en el centro de la ciudad, sino en la Cinta Costera, esa obra de infraestructura que le ha dado lustre a la ciudad, como si no fueran suficientes los agravios que las últimas dos navidades le ha infligido el gran bufón del Hatillo.

La mayoría de la población que se traslada al centro de la ciudad vive en áreas retiradas de Panamá Este, léase las barriadas aledañas a la 24 de Diciembre.   Lo más potable para todos, tanto los que participan en esos días de desafuero como para los que no nos interesa involucrarnos en ellos, sería hacer un ‘culecódromo’ donde lleguen todos los que quieran que les echen agua —que este año será turbia y seguramente, portadora de enfermedades y caldo de cultivo para infecciones— y que el resto de la ciudad disfrute de cuatro días de tranquilidad.   En las noches, bien pueden organizarse bailes, como en las épocas de antaño, que los hoteles ofrecían bailes, con artistas de prestigio (donde seguramente en alguna ocasión cantó el hoy ministro de comercio su Preludio a la Destrucción).

Las estadísticas de turistas que llegan para esas fiestas apuntan a que sus intereses se orientan hacia los lugares del interior. Igualmente los artistas que vendrían serían de mejor categoría, si se les ofrece un escenario acorde. De lo contrario, lo que se presenciaría sería de total decadencia.

Panamá no está para tafetanes. Deberíamos iniciar una cruzada de luto por la muerte de los cinco quemados y todos los que cayeron en Bocas del Toro. También prevenir que caigamos con una plaga, como la tiene Haití. El Gobierno Nacional tiene una oportunidad de quedar bien, si toma una decisión responsable en este sentido.

Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Visitando a los quemados

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

Desde que ocurrió la masacre contra los jóvenes en el Centro de Cumplimiento, el pasado 9 de enero, además del horror que nos ha causado el ver la forma despiadada e inhumana en que se comportaron los custodios y miembros de la Policía Nacional, hemos estado esperando una manifestación del Gobierno Nacional, un pronunciamiento que le permita a los familiares –ya no a los chicos, porque han muerto cinco hasta ahora y dos están en estado crítico – saber qué les espera si se recuperan y si tienen que atravesar la tortuosa vía de un prolongado tratamiento.

 

Y en lo que va de estos casi veinte días, un par de expresiones en los medios de parte de algunos de los funcionarios es todo lo que han dicho. El pasado sábado, en un anunciado comunicado, el Presidente solamente ofreció respaldo moral y una investigación sobre los hechos.

 

Teniendo, como lo tenemos mucho, el corazón destrozado por esta tragedia, he ido junto a otras personas a la hora de la visita a hablar con los familiares a saber cómo evolucionan, sin estridencias y sin querer establecer posiciones de partido.   Logramos hablar con algunos parientes de los dos muchachos que aún batallan entre la vida y la muerte y nos contaron las tres versiones que se dan alrededor de ese aciago incidente.

También nos confirmaron que uno de los que murió ni siquiera lo pusieron en la morgue y cuando sus familiares lo fueron a reclamar, lo que recibieron fue un saco putrefacto que tuvieron que enterrar como a un perro, en una bolsa de basura.

 

En el escenario de la visita diaria confirmé que la Policía Nacional mantiene unas unidades apostadas en la sala, lo que es negativo para la recuperación de los chicos, toda vez que ellos deben estar todavía bajo la impresión de lo ocurrido y el ver entre brumas a sus verdugos no debe ser sicológicamente positivo para su recuperación.

 

Con la familia de Christian entré a conversar con la doctora que diariamente informa cómo evoluciona el paciente. De una forma impersonal y hasta tajante les dio su reporte y al yo preguntarle cuál sería el tratamiento que tendrían que seguir si salen de esta crisis, me interpeló, de forma muy dura, que quién era yo, y que eso se vería en su momento. Sobre la muerte del último, sus familiares no fueron avisados cuando ocurrió.

 

Una manera muy inhumana de tratar semejante tragedia.

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Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Revuelvo la mirada

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA   SAGEL
marielasagel@gmail.com

Ya veces siento espanto, continúa la poesía del poeta de la Patria Ricardo Miró.   Esa es la sensación que tengo cuando me siento a escribir esta columna, que he tenido que cambiar en dos ocasiones antes de enviarla a la paciente editora, porque cada minuto suceden cosas que no deberían ocurrir en un país que se precia de tener una democracia ya consolidada.

Y es que había dispuesto escribir mis impresiones sobre el ‘rescate’ de la Sala V, que fue presentada precisamente por mí ante la Asamblea Nacional en 1999, como me correspondía por el cargo que en ese momento ocupaba.   La conveniencia que ahora encontró el gobierno en contar con tres magistrados/as sumisos/as más para terminar de defenestrar ese órgano del estado y eliminar su independencia.

Referirme a la exposición de motivos que presentamos para que esa sala fuera aprobada, como en efecto lo fue, para que el desgobierno de la Presidenta Mocoso, en sus decisiones irracionales y totalmente viscerales, la derogara por el simple hecho que la había creado el gobierno de Pérez Balladares.

También había iniciado la investigación de cómo se ha estado implementando la Ley Penitenciaria en cuanto a la responsabilidad de capacitar a los custodios y su posible responsabilidad ante la masacre ocurrida en el Centro de Cumplimiento de Menores, al mismo tiempo que quería señalar la posible responsabilidad por omisión o por flojera de los bomberos, que no hicieron su trabajo para rescatar de las llamas a esos siete chicos que no merecían acabar sus días de una manera tan inhumana.

Pero como siempre uno propone y Dios dispone, fui a la presentación del libro de Paco Gómez Nadal, la compilación de artículos del periodista español que fue una de las primeras víctimas visibles de la intolerancia a la crítica que tiene esta gestión gubernamental, cuando intentaron silenciarlo –como si eso fuera posible en esta era cibernética, donde las redes sociales y el correo electrónico, además de los chats superan la lectura o el conocimiento de lo que publican los medios— y allí me confirmaron la renuncia de mi admirado amigo Ebrahim Asvat de la presidencia de este diario,  por las muchas presiones que ha recibido ante las críticas verticales que él vertía en su muy leída columna diaria Bitácora del Presidente, y que parece le es muy urticante para los mandamases de la gestión del 99.

En esa presentación hubo muchas intervenciones valiosas y valientes, entre las que destacó la de la activista de Derechos Humanos, Celia Moreno, que al querer felicitar a Paco por el esfuerzo y el compromiso de seguir señalando lo malo y lo feo, rompió en lágrimas por la impotencia que sentimos todos ante lo que pasa a diario y especialmente, por la falta de un pronunciamiento de sentido humanitario que a diario esperamos de nuestros gobernantes, que desde que ocurrió la tragedia del 9 de Enero (coincidentalmente, cuando conmemorábamos la gesta de nuestros mártires, con rampante indiferencia por parte del gobierno) no han dicho nada sino exteriorizar sus desavenencias y pelea por los espacios de poder, sin importarles un comino con esas pobres familias que hasta cuerpos putrefactos han tenido que enterrar.

Salí tan impresionada por la falta de acción, por la tranquilidad que tenemos todos ante esta tragedia, posiblemente la peor masacre que ha habido después de la invasión, que fue perpetrada con saña y alevosía, que nos fuimos al Santo Tomás a ver si podemos iniciar un movimiento que salga a las calles a protestar.

No somos pocos, como me dedicó Paco en el libro, los que nos atrevemos a denunciar. Son muchos pero tienen miedo, no vemos una cabeza que señale qué hacer. Hay que organizarnos y no esperar que ocurra otra tragedia para que reaccionemos.   Me avergüenza ver al Ministro de Desarrollo Social acompañando con murga a los tránsfugas lúmpenes que saltan del PRD al CD, pero ese mismo ministro, que sin hacer nada reporta altos índices de popularidad, no ha dicho esta boca es mía en un tema que le concierne directamente en el caso de lo ocurrido en el Centro de Cumplimiento.

Recordemos lo que dijo Mahatma Gandhi: ‘Lo más atroz de las cosas malas es el silencio de la gente buena’.

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Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Cortinas de humo

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

 

MARIELA   SAGEL –  –
marielasagel@gmail.com

Si queremos saber el significado del término ‘cortina de humo’, tan alegremente usado como el eclipse de mar de Joaquín Sabina, el mismo significa ‘el conjunto de hechos o circunstancias con los que se pretende ocultar las verdaderas intenciones o desviar la atención de los demás’.

Es así cómo, en las pasadas semanas, y más precisamente desde que empezó el problema de la escasez de agua en la ciudad capital, hemos visto desplegar toda una serie de cortinas de humo, hábilmente utilizadas para desviar la atención de lo medular que es esta crisis, que ha demostrado el pésimo estado del instituto que lo regenta y, más aún, la falta de previsión que no solamente esta administración, sino las anteriores, han tenido y dejado a la buena de Dios, el optimizar los servicios para proveer de agua potable a un país que se precia de poseer abundantes recursos hídricos y, ni que decir, ser hijos del Chagres.

Si para cuando salga este artículo la crisis del agua lleva casi 40 días, por lo menos ha habido 40 escenarios mediáticos que se han montado para que no nos demos cuenta de lo serio que es este asunto.   Y como en un partido de fútbol, de un lado patean y del otro tratan que no metan gol y patean de vuelta.    Y así se desgranan toda una serie de episodios, algunas bajas, y un changuatal tan grande que todo el mundo ha quedado embarrado.   Lo más lamentable fue la ‘inquisición’ ejecutada en el centro correccional de menores –parafraseando a Carlos Fong— que posiblemente sin ser premeditada, contribuyó al desvío del problema puntual que vivimos a diario: no hay agua.

Lamentable también el pobre papel que han jugado las organizaciones y partidos políticos que se dicen en la oposición. Es tan fácil llevar a la lona a este gobierno, con todas sus metidas de pata y de mano, que no entiendo cómo, a estas alturas, se sigue hablando de hacer una tuza financiera, la recompra de los corredores o siquiera un metro incosteable.   Pero los unos y los otros se hacen eco de la manipulación mediática (¿tendré que volver a enumerar los principios de ésta, bien estructurados por Noam Chomski?) y le hacen el juego a los emuladores de Goebbels.

El destape de la corrupción en el Ministerio Público (tonto inútil resultó el designado, jamás nombrado), la vergüenza que nos hizo pasar el Cónsul del Lamborghini, la compra (o vuelta a secuestrar) de EPASA,   la Ley Zúñiga –el colmo de la intolerancia de este gobierno— que distrajo por unos días la atención de los medios hacia lo puntual, la falta de agua y de soluciones ante ella, fueron apenas algunas de las distracciones que se sacaron los magos mediáticos de la actual administración, sin mencionar la propuesta de reelección, que atomizó a la mal amalgamada alianza y lo terrible de ver unos custodios penitenciarios portarse como verdaderos asesinos y monstruos ante la impotencia de unos jóvenes que exigían un trato humano.

Entra en todo este periplo de tropezones, las renuncias del director de comunicación (alegando un matriarcado) y la del Zarino, que en 18 meses no hizo nada en su puesto, aparte de lucir sus corbatas en televisión.

Siempre he tratado de señalar lo importante y no lo urgente, aunque muchas veces éste último sobrepase al primero en protagonismo. Para poder ganar hay que enfocarse en las debilidades y carencias que tiene el adversario. Y en el escenario político actual, son altisonantes, claras y hasta ostentosas. No entiendo por qué no se le pega directamente a ellas.

Me dio mucha pena, viendo la entrevista que le hizo Álvaro Alvarado al Presidente Martinelli, la forma en que el mandatario maneja el lenguaje, los epítetos y hasta los gestos. Fue vergonzoso que, al referirse a lo del Cónsul de Miami, dijo que era producto de la pobre educación que había en este país y que se cortara la moñita y no sacara ese carro por el día. ¡Aló presidente!: la falta de educación la transmite usted hablando de la forma tan chabacana como lo hace y a ese pobre representante diplomático no hay que cortarle la colita, hay que botarlo.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  16  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Un remanso de música

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

El pasado sábado 15 de enero culminó, con gran éxito, la octava versión del Panama Jazz Festival, actividad que se ha establecido con fuertes bases en nuestro país y que atrajo, en esta ocasión, grupos de Francia, Estados Unidos, Chile y España, entre otros, que estuvieron presentándose todas las noches, además que incluyó clases, interacción entre músicos panameños y extranjeros y un merecido homenaje a nuestro gran maestro, Víctor ‘Vitín’ Paz.

Recuerdo cuando Danilo Pérez, el gran músico panameño, realizó su primer festival en el 2003. Y también recuerdo los jam sessions que hacía hace años en los bares de la ciudad, a los que tuve el privilegio de asistir. Celebro con gran alegría que hoy el Jazz Festival sea una actividad establecida y que la Fundación Danilo Pérez continúe con esa misión de conseguir becas para estudiantes de música en las mejores escuelas de las Américas. El festival celebra la identidad panameña con un estilo de música libre, comunitaria y global del jazz.

Son muchos los patrocinadores de esta actividad cultural que se suman anualmente a apoyar su realización, al igual que instituciones como el Instituto de Cultura, la Alcaldía, la Autoridad de Turismo, la Oficina del Casco Antiguo y varias embajadas acreditadas en nuestro país. Fue una semana de delirio jazzístico, que nos hizo olvidarnos por un rato que no hay agua para tomar ni para jalar la cadena, o que salió otro Wikileaks que embarra más –si eso es posible— al gobierno en el narcotráfico y lavado de dinero.

Danilo Pérez es un orgullo nacional. Su último disco ha sido nominado a mejor álbum de Jazz Instrumental en los Grammy del 2011. Ha demostrado, con el compromiso que adquirió desde la celebración del primer festival, que es fiel creyente que los cambios se hacen desde una cultura de paz, que es posible apostar a ella para lograr sacar del pandillerismo, la drogadicción y la perdición a nuestra juventud. La cultura es una herramienta social de cambio, y quien no lo entienda o no lo adopte va camino a emplear solamente medidas represivas y que no logran nada sino más deserción y aflicción a nuestra sociedad.   Deberíamos apostar todos a la cultura.

Sé que cuando uno dice cultura la gente se asusta, pensando que somos unos finos y snobs. El Panama Jazz Festival demostró que no es así y nos brindó un remanso de paz en medio del desasosiego.

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<> Artículo publicado el 17  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El riesgo de tomar riesgos

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

 
MARIELA   SAGEL
marielasagel@gmail.com

La vida entera se nos presenta como una secuencia de situaciones donde tenemos que, en fracción de segundos, asumir una posición que a la larga es un riesgo: desde que nacemos tenemos que respirar, luego tirarnos a gatear y eventualmente, a caminar. Si nos echan al agua tenemos que aprender a nadar si no, nos ahogamos. Si el asunto es montar en bicicleta, pues nos aventamos a aprender, con el riesgo de una eventual caída, igual que usar patines, esquíes, o conducir un auto. A diario enfrentamos el día como un riesgo y como personas responsables, los asumimos, a veces conscientemente, otras veces sin darnos cuenta –cruzar una calle, entrar a una autopista, manejar con exceso de velocidad, hablar por celular cuando estamos conduciendo— asumimos día a día, minuto a minuto, el riesgo que las cosas salgan bien, o que por lo menos, salgan como las hemos planeado.

Estuve pasando las fiestas de fin del año con mi hija y su esposo en la muy acogedora –pero muy helada— ciudad canadiense de Montreal, y todos los días tenía que enfrentarme a caminar por esas nevadas y a veces resbalosas aceras, a llegar a los destinos por los extraordinarios túneles que te llevan a todos lados sin necesidad de estar expuestos al inclemente invierno (confieso que por perezosa no me los aprendí, porque siempre mi hija me llevaba de un lado a otro como una hoja de papel al viento) y a experimentar unas temperaturas que a veces son indescriptibles.

Pero fueron unas vacaciones extraordinarias, en una ciudad que, a pesar de ser una de las más frías del mundo, ofrece una gran variedad de espectáculos que no se detienen por muy duro que sea el invierno: ballet, Cirque du Soleil –originario además de esa provincia canadiense– exposiciones de museos y ni se diga de la siempre delirante actividad de disfrutar la mejor gastronomía, el hermoso paisaje del Monte Real (Montreal es llamado así por Mont Royal, el cerro en cuyas faldas se edificó).

En mi vuelo de regreso me enfrenté a una avería del avión que me llevaría a Newark y de allí a hacer la conexión que me traería de vuelta. Tenía tres opciones: quedarme un día más viendo nevar en Montreal, tomar un vuelo tardío a Newark, de allí volar a Houston y por esa vía regresar a Panamá al día siguiente o tomar una conexión de otra línea aérea a Newark para llegar con el tiempo justo para subirme al avión que me traería de vuelta. Opté por la tercera, lo más que podía perder era el intento y que no alcanzara el avión.

Fue una verdadera corredera. El avión de Air Canada nos dejó en la terminal más distante de la que tenía que abordar mi vuelo, tuve que esperar tres buses de la aerolínea que nos llevarían a la que nos correspondía junto a una señora en silla de ruedas, una familia enorme viajando con niños chicos y correr por ese congestionado aeropuerto, en fechas en las cuales generalmente las personas se desplazan porque deben reiniciar un nuevo año, una nueva jornada, tomar nuevos riesgos en sus vidas.

Y lo logré, a pesar que ya no me dieron el asiento por el que había pagado, pero lo que me urgía era entrar a ese avión y volver a mi casa a tiempo y dentro del plan que me había trazado. Me encuentro ahora mismo en el vuelo de regreso, a encontrarme con un país que tiene un problema serio de suministro de agua, un zaperoco armado en la alianza gubernamental –el inicio del fin de esa amalgama mal hecha–, un sistema de transporte que empezó a los trompicones, un nuevo grupo editorial que tomó posesión de sus nuevos dominios como lo hace un ejército vencedor en el campo de un vencido y quizás cuando llegue, ya hayan ratificado a la peor persona que pudieron haber designado para Procurador General. ¿Está el gobierno tomando riesgos o los está minimizando mediante esas acciones? Quisiera estar equivocada, porque si al país le va bien, a todos nos va bien, y a este país le estaba yendo muy bien. Antes de julio del 2009.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  9  de enero de 2011 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.