El problema no es el baile…

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El problema no es el baile…

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Berna Burrell
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La educación escolar panameña, como en casi todas partes, atraviesa problemas serios. Pero, en otros países con tradiciones más arraigadas, la cultura de apreciación musical, pintura, el hábito de lectura desde la infancia, asistir en familia a los museos, al teatro… se adquieren desde la cuna, por ósmosis, y el problema educacional es paliado por circunstancias que aquí no existen.

Hace poco vi en un documental una imagen inolvidable: eran las 4:00 de la madrugada, en Rusia o Alemania –no lo supe–, muchas mujeres esperaban frente al conservatorio nacional para inscribir a sus bebés (de 2 a 3 años), los cargaban o sostenían de las manos, nadie se quejaba. Estaba oscuro aún, había mucha nieve, era gente pobre, con pobres abrigos, casi trapos.

Que me hablen de sacrificios, responsabilidad y sueños. A veces nuestras deficiencias culturales nos golpean duro, pero no aprovechamos la sacudida; el dislate de una señorita en un concurso de belleza, en lugar de ser recibido como aldabonazo a los “mea culpa” –todos los adultos somos educadores–, fue motivo de relajo. Lejos de enmendar la situación, que los periódicos publicaran artículos idóneos, se discutiera en las aulas el ideario de Confucio o sobre cultura general, el caso ha sido publicitado burdamente, sin importar qué mensaje reciben los jóvenes.

Según una opinión que leí, los concursantes de Muévelo “… se están disciplinando en horarios y organización, cumpliendo varias responsabilidades, estableciendo las reglas del juego con una de las grandes televisoras del país…”. Lo que no tienen claro, y a juzgar por ese artículo, ni los adultos, es la jerarquización de motivos. Perdimos la valiosa oportunidad de mostrarles su razón de ser, que descubrieran que hay esfuerzos que pueden parecer menos agradables que bailar, que luego se disfrutan y, lo mejor, sus resultados quedan para siempre.

Seguramente no les servirá de mucho lo “aprendido” en este concurso. Solo asimilamos una parte y la más fácil de lo que se nos enseña; así, es probable que nuestros bailarines aprendiesen que primero es la diversión, luego el trabajo; que los que saben moverse, aunque no sepan expresarse, son mejores que los que estudian y no bailan bien; que si salen en televisión, serán populares y felices; que pueden dejar de estudiar por días, si se divirtieron lo valió; y que si fracasan habrá oportunidad de que pasen, quizás los profesores no dejen a quienes bailaron por el dinero que su escuela tanto necesita. ¡Ah!, a propósito, la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.

¿Cuántos de los danzantes, sabiéndolo todo sobre baile de moda, pasarían un examen somero sobre cualquiera de las materias que toman? Y eso que, según parámetros del concurso, tienen promedio de 4.6. Pero, véase La Prensa, 30 de junio: “Pobres resultados en pruebas universitarias”.

Nada de lo planteado tendrá valor para algunos padres, dependerá de sus prioridades, de cómo practican ellos mismos la responsabilidad, de cuán compenetrados están con el hecho claro y tangible de que sus hijos “tienen” que pasar exámenes sobre lo que estudian, lo ponderable en la vida profesional. Si además cuentan con las cualidades de Chayanne, Shakira, Luis Miguel, Madonna o Plácido Domingo, ¡enhorabuena! Pero, ¿es así?

Casi todos los panameños venimos al mundo con aptitudes para movernos cuando suena un tambor; entre eso y arte, hay una diferencia abismal por el rigor disciplinario de este. Insisto, el problema no es el baile, es la inversión de valores a que estamos acostumbrándonos: que una corporación con poder de difusión general propicie un concurso de baile, cuando existen otras motivaciones imprescindibles; que las escuelas pierdan presencia institucional y a sus dirigentes no les importe; y también, que nuestros muchachos se desgasten en “perseguir sueños” que una vez realizados no servirán ni en el presente, ni en el futuro.

Peor aún, que los padres sepan que sus hijos no andan bien en la escuela, pero volteen la cabeza ignorándolo porque los verán lucirse en televisión, y luego esperen milagros. Pero, cuáles son los sueños que deben perseguir nuestros muchachos: ¿salir en televisión?, a veces, independientemente del talento, cualquiera que se atreva a mostrar suficiente puede hacerlo; ¿ser empleados, operarios, camarógrafos de televisión?, ¿ser dueños de cadenas televisivas? Buenos sueños, ¿se logran bailando o estudiando? Qué se gana con bailar frente a las cámaras por un rato, qué ganan los colegios. Y, sobre todo, ¿quiénes son los que realmente ganan?

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Publicado el 10  de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

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