Visita de don Bosco a Panamá

La opinión de….

Oscar Rodríguez Blanco

En la Basílica de María Auxiliadora de Turín, Italia, tuvo lugar en abril de 2009 una inusual ceremonia: se presentó y bendijo una urna que contiene una reliquia de san Juan Bosco. La urna, diseñada por el arquitecto Gianpiero Zoncu, es de aluminio, bronce y cristal. Su base representa un puente sostenido por cuatro pilares sobre los cuales se grabaron fechas relacionadas con el bicentenario del nacimiento de don Bosco: 1815–2015.

Como elementos decorativos contiene en los pilares laterales baldosas cuadrangulares que representan rostros de jóvenes de los cinco continentes; el escudo de la congregación salesiana y el lema carismático que adoptó don Bosco “Da mihi animas, caetera tolle”. En su interior hay una escultura del santo, réplica de su cuerpo incorrupto que reposa en la Basílica María Auxiliadora. El rostro se reprodujo con el mismo molde que el artista Cellini usó al día siguiente de la muerte de don Bosco.

La reliquia inició una peregrinación por los cinco continentes para conmemorar los 150 años de la fundación de la Congregación Salesiana y como preparación al segundo centenario del nacimiento de don Bosco. La urna llegará a Panamá el 17 de julio.

Los primeros salesianos llegaron a Panamá en 1907 y desde sus primeros días en esta tierra no dudaron en prestar sus servicios educativo–pastorales, promoviendo a los niños y a los jóvenes. Primero, trabajaron en el Instituto de Artes y Oficios; luego en la parroquia San Miguel y desde 1910, en el Hospicio para huérfanos, hoy Basílica Don Bosco.   Fue en este lugar donde se formaron sastres, carpinteros, ebanistas, músicos, zapateros, mecánicos, encuadernadores y renombrados deportistas.

Todos los graduados llegaron a formar parte de la fuerza laboral mejor preparada y productiva de Panamá al inicio de su separación de Colombia. La secretaría de instrucción pública de aquel entonces, reconociendo el valor humano y cristiano de la obra salesiana, llegó a denominarla “Talleres salvadores del vicio y de la miseria”. Desde 1958, el Instituto Técnico Don Bosco ha continuado la obra iniciada en el hospicio, ofreciendo una formación especializada con diversos bachilleratos.

Don Bosco fue un revolucionario que generó propuestas de transformación social, sobre todo en el campo educativo. Se le considera una de las personalidades más ricas de la historia: inteligente, de carácter fuerte, de corazón abierto y comprensivo, hombre de convicciones, fiel a Dios, a la Iglesia y a la misión juvenil que Dios le confió. La juventud fue para él, la porción más delicada de la sociedad, trabajó por ella hasta el último momento de su vida para que llegara a ser “buenos cristianos y honrados ciudadanos”, capaces de servir a Dios y a la sociedad.

Su acción educativa enseña todo joven, aun el más despreciado, merece un respeto absoluto, gran estima y amistad.   Educar a los adolescentes y a los jóvenes es una obra de amor. Estaba convencido de que en todo joven hay un punto accesible al bien, y que la obligación del educador es buscar ese punto. Don Bosco nos visitará en julio, su presencia será el mejor regalo para esta Nación que tanto le quiere.

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Este artículo se publico el 20 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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