Discriminación e hipocresía

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La opinión del periodista….

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LUIS BURÓN-BARAHONA

En los últimos años, las asociaciones en contra del tabaco no solo han proliferado, sino que han tomado una gran fuerza e influencia en el mercado del cigarrillo a nivel mundial.

Panamá no escapa a esta realidad y en el 2009 la Coalición Panameña Contra el Tabaquismo (COPACET), liderada por la Dra. Nélyda Gligo, ha hecho sentir su voz en el manejo del tabaco.   Y es que según los argumentos de Gligo y compañía, las muertes a causa de complicaciones producidas por el tabaco, significan un gasto innecesario para el gobierno, el cual tiene que sufragar el costo de los pacientes en la mayoría de los casos.   Esto sin tomar en cuenta cómo afecta el humo a los fumadores pasivos y las demás consecuencias que puede causar el uso de este peligroso vicio.

Ahora, si bien no refuto ninguno de los daños que produce el humo de cigarro, critico con vehemencia la hipocresía con la que se ataca a los fumadores, quienes desde un principio conocen los riesgos al llevarse un cigarro a la boca, luego de haber sido bombardeados constantemente con publicidad.

La mayoría de las personas reconocen como drogas legales el tabaco y el alcohol, siendo este último considerado un problema y no un vicio, como el primero. Si bien la inconsciencia de muchos fumadores, quienes reparten el humo por doquier sin consideración, pone en peligro a quienes no comparten el vicio, la conducta de un sujeto alcoholizado suele ser más catastrófica.

De acuerdo a un estudio, alrededor de 18,000 personas mueren anualmente a causa de complicaciones producidas por el humo del cigarrillo. Una cifra bastante alta, pero ínfima al ser comparada con las 75,000 muertes que se registran, solo en Estados Unidos, producto del alcohol.

Dejando a un lado las nuevas leyes sobre las zonas de no fumar, las cuales apoyo en su totalidad, el alza del cigarrillo y el desprecio y discriminación con la que se tratan a los fumadores, demuestra el nivel de hipocresía con el que se resuelven los problemas en la sociedad.

Mientras que a los “ viciosos ” les suben los precios para evitar que mantengan la nefasta costumbre, los alcohólicos siguen accesando con facilidad su debilidad (aunque, cierto es que la inflación ha subido de manera gradual el licor, al igual que muchos otros productos).

Mientras que el cigarro puede ser considerado un suicidio a largo plazo, los alcohólicos le ponen punto final en segundos a personas que caminaban por el lugar incorrecto a la hora incorrecta.

Mientras que fumar ha sido encasillado como el más peligroso de los vicios (de sustancias legales), el alcohol sigue siendo inculcado desde temprana edad como simplemente una conducta socialmente aceptable.

Pero, el motivo de esta columna no es justificar el fumar ni mucho menos ablandar a la COPACET. La razón principal de esta nota es demostrar que no se mide con la misma vara y que por motivos claros, o no tan claros, la industria de licor es tratada con mucha más suavidad.

Si se critica con tanta fuerza un mal hábito, no es correcto hacerse de la vista gorda con otro, el que según las estadísticas, es aún peor. O todo está bien, o todo está mal, no se puede ser gris.

De acuerdo a un análisis, el cerebro contiene más de 15,000 millones de neuronas. En una noche de embriaguez se destruyen alrededor de 9 millones. Para los grupos antitabaco es mejor vivir en un lugar libre de humo, pero no tan brillante.

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Publicado en 26 de diciembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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