Patria es pueblo

La opinión de…

 

Luis Calvo Rodríguez

¿Qué es la patria? Desde niños aprendemos que la patria es la bandera y el himno nacional, es escudo y cinta tricolor. Con el tiempo, cuando somos adultos, patria es una balada de un cantautor popular o bandas de música en interminables desfiles.

Los seres humanos tenemos la cualidad de representar gráficamente nuestros sentimientos y ese es el valor que tienen nuestros símbolos patrios, son una reflejo de ese amor que creemos los patriotas que se merece esta tierra. Y no es el amor a un ente abstracto, amar a la patria es tener la firme convicción de que todos sus hijos e hijas merecen una vida digna y decorosa, la patria no puede ser pretexto para la voracidad de unos y el sufrimiento de otros. Como dijo José Martí, “La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”.

Los símbolos patrios, el Canal de Panamá, la pollera y el montuno, nada de eso tiene un valor per se, su valor se tasa en la medida en que refleja una parte de lo que somos como pueblo. Somos aguerridos indígenas que combatieron al europeo invasor, con Urracá al frente, somos negros cimarrones que escapan a los palenques lejos de la esclavitud, somos Pedro Prestán y Victoriano Lorenzo a inicios del siglo XX, somos los estudiantes del 9 de enero, que por una bandera rasgada y una patria ocupada entregaron su vida sin pensarlo, somos los tercos poemas de Diana Morán y la intransigencia revolucionaria de Polidoro Pinzón y Floyd Britton.

Panamá, un país de muchas riquezas y muchos pobres, condicionado por una franja de agua y metal que lo atraviesa de lado a lado, para beneficio del mundo; nacimos protectorado y celebramos ese parto al ritmo del gold roll y silver roll, tierra de democracias oligárquicas de dientes filosos y dictaduras sanguinarias con piel de oveja.

Somos tantas cosas y la patria se sigue construyendo en el tiempo, seguimos creciendo y aprendiendo.

Crecimos geográficamente centroamericanos, históricamente sudamericanos y culturalmente caribeños, pero nuestra economía y política han estado más vinculadas desde la cuna al poder imperial de Estados Unidos, y junto a Puerto Rico, fuimos el ejemplo más evidente de la existencia del patio trasero.

Nuestra posición geográfica y el acomodamiento de la burguesía criolla condicionaron la deformación de las estructuras económicas nacionales. Somos un país de producción agrícola e industrial débil, que apuesta todo su futuro al comercio y la banca que desarrolla la capital de la república, dejando al resto de las provincias en manos de la suerte que pueda brindarle la todopoderosa mano invisible del mercado.

Los panameños somos así, complejos en nuestra pequeñez demográfica, habitantes de una patria joven, mucho más joven de lo que imaginamos, seguimos en constante búsqueda, encaminados como pueblo hacia un segundo y definitivo nacimiento.

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<> Este artículo se publicó el 10  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Pacto social y Constitución

La opinión del Licenciado en Derecho y Ciencias Polítics…

LUIS CALVO RODRÍGUEZ
La Constitución, es reflejo del pacto social acordado por los miembros de una sociedad o impuesto por una parte de ella a otra parte de la misma. Nuestra Constitución tiene vicios de origen, nace durante la tiranía militar en 1972, sufre sus mayores modificaciones en 1983 y luego del retorno de la democracia formal pasa por tres actos legislativos, apenas trascendentes.La democracia no es solo votar, esta se configura en hecho cierto y vivo cuando el pueblo trabajador —que es el componente mayoritario de la sociedad— ejerce la soberanía del Estado, cuando este sujeto colectivo construye una realidad basada en la igualdad, la justicia social, la dignidad de toda la Humanidad y el ambiente que le rodea.

La historia de Panamá con sus cuatro constituciones al hombro, no es la historia de un pueblo trabajador soberano, por más que lo proclame la Carta Magna vigente, es la historia de un banquete al que solo hemos sido convidados como espectadores, a recoger las migas del festín que disfrutan las mismas familias de siempre, sus socios extranjeros y unas cuantas rémoras que van y vienen, al vaivén de las elecciones y las crisis cíclicas del capitalismo.

El pacto social representado en la actual Constitución no fue acordado por el pueblo trabajador panameño, le ha sido impuesto, unas veces por la fuerza de la bota militar, otras por la violencia solapada que nace cual resaca, después de las subastas electoreras.

Cada Constitución contiene en sí los mecanismos para ser reformada parcial o totalmente (nueva Constitución), los cuales deberían ser adecuados a las necesidades de la sociedad que regulan. En la última reforma se introdujo en el texto constitucional la alternativa de la Asamblea Constituyente Paralela, lo que en primera instancia podría parecer positivo, pero al entrar a estudiar en detalle los elementos que la componen, la forma de elegir dicha Asamblea y los límites de reforma que se le imponen —no es plenipotenciaria—, nos damos cuenta que el status quo colocó esta opción de reforma constitucional como una válvula de escape de la presión social, pero de ningún modo pretendió que la Asamblea Constituyente Paralela tuviese la posibilidad de introducir los cambios estructurales que necesita nuestra sociedad.

Ninguna de nuestras Constituciones anteriores ha sido reemplazada por el método que ella establecía internamente. La de 1904 acabó de un plumazo, la de 1941 sufrió el destino del gobierno que la creó y la de 1946 se esfumó entre las torturas de la doctrina de seguridad nacional; todas fueron superadas por las condiciones objetivas del momento, lo cual es natural, pues el Derecho no está por encima de las relaciones de poder y las contradicciones sociales del Estado que regula. Es necesario un nuevo pacto social, es necesaria una nueva Constitución y el factor determinante para concretizarla frente a la oposición de los poderes fácticos y los poderes constituidos —que muchas veces se entremezclan entre sí— es la organización del pueblo trabajador, solo él, como sujeto colectivo soberano, es capaz de conducir las transformaciones necesarias y urgentes.

Esta organización del pueblo trabajador pasa primeramente por la profundización de las condiciones subjetivas; es decir, que tome conciencia de sí mismo, que el trabajador se reconozca a sí mismo como trabajador, y que al reconocerse como trabajador pueda ir identificando los objetivos comunes de los otros de su misma clase social.

Los trabajadores somos los creadores de riqueza, los que hacemos caminar los engranajes de la sociedad, somos los más y no debemos permitir que nos traten como los menos, como los que solo votan y se van a sobrevivir, los que reciben caridad de sus impuestos, los condenados a escuelas y hospitales de tercera. En manos del pueblo trabajador está la conquista de una Constitución y un Estado realmente democrático.

<> Artículo publicado el 3  de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

El descubrimiento

“Aquellos ojos humanos que miraron esas aguas durante miles de años, ¿eran menos humanos?   Al iniciarse la destrucción de las poblaciones aborígenes y la imposición de las verdades de la cristiandad como instrumento de dominación ideológica, se debatió durante muchos años si los pueblos originarios del continente tenían alma o no. ” Ahondemos en este interesante artículo de opinión del distinguido jurista…

LUIS CALVO RODRÍGUEZ

Los primeros seres humanos llegaron a nuestro continente hace catorce mil años aproximadamente, según los estudios más conservadores, aunque es probable que hayan llegado mucho antes.

A partir de esos primeros pobladores se desarrollaron grandiosas civilizaciones, como los aztecas, olmecas y mayas en Norte y Centroamérica; o los incas y mapuches en el sur. Todos estos pueblos, que desarrollaron y sistematizaron conocimientos avanzados en diversas ramas de la ciencia, conocían la tierra que habitaban. Sí, la conocían, aunque parezca algo obvio, es necesario afirmarlo, pues hace dieciocho años se celebró con toda pompa, el ‘descubrimiento’ del continente por parte de los conquistadores europeos.

Se celebró el exterminio de poblaciones enteras, un genocidio no reconocido por la historia oficial, en el cual decenas de millones de seres humanos, descendientes de los primeros pobladores del continente, fueron asesinados por el hambre de oro y plata que impulsaba a los imperios europeos.

Esa historia escrita por los vencedores, empapada de sangre indígena, desconoce la categoría de seres humanos a los primeros pobladores del continente, desconoce el nivel de civilizaciones a aquellos pueblos, pues marca, por ejemplo, que el descubrimiento del denominado Mar del Sur se da con la llegada de los expedicionarios de Vasco Núñez de Balboa a sus costas en setiembre de 1513.

Aquellos ojos humanos que miraron esas aguas durante miles de años, ¿eran menos humanos?  Al iniciarse la destrucción de las poblaciones aborígenes y la imposición de las verdades de la cristiandad como instrumento de dominación ideológica, se debatió durante muchos años si los pueblos originarios del continente tenían alma o no. Este debate no era una cuestión puramente teológica, pues al concluir que no tenían alma, también se desprendía que los mismos no eran humanos, sino objetos, como fueron considerados los africanos secuestrados de sus tierras para servir como esclavos.

El racismo es siempre la negación del otro y en algunos tristes casos la negación de sí mismos, como es el caso de los mestizos que discriminan, sin saberlo, sus propios orígenes.   Esa negación lleva a la deshumanización, a la cosificación humana, que en última instancia lo que busca es justificar la explotación humana, busca dar razones a la marginación y la pobreza de un sector social o étnico, razones que dejen libre de culpa al sistema social, político y económico que realmente sustenta tantas injusticias.

Quedan pinceladas de estas concepciones retrogradas en el actual pensamiento dominante, las cuales podemos encontrar en el sistema educativo o en la forma como reprimieron brutalmente al valiente pueblo bocatoreño, con el cual se tuvo especial saña debido al grupo étnico mayoritario de los manifestantes o en el reciente anuncio de la celebración oficial por parte del gobierno nacional del descubrimiento del Océano Pacífico, como si aquellos ojos que guiaron a Balboa y que conocían ese mar desde mucho antes, no fuesen realmente humanos.

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Este artículo fue publicado el 3 de agosto de 2010 en el diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sueños y realidad

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La opinión del estudiante graduando de Derecho….
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LUIS CALVO RODRIGUEZ

La palabra “soñar” puede tener múltiples acepciones, desde ejercicio involuntario que realiza la mente mientras dormimos, hasta la acción consciente de desear o imaginar objetos o situaciones que aún no tenemos al alcance, incluso esas aspiraciones pueden extenderse al deseo de situaciones cuya culminación son poco probables o imposibles.

El sueño es importante, en la medida en que sostenga la condición de posible de una acción, que es negada en lo inmediato por las visiones positivistas.   Muchos avances tecnológicos y sociales han sido posibles gracias a la terquedad soñadora de grupos de personas, que creyeron en la posibilidad de algo que entonces era negado por las mayorías.   Pero esa denominada terquedad en la posibilidad de los sueños, debe ir acompañada de un estudio de la realidad concreta, soñar con los pies en la tierra, sino, se está condenado al fracaso y la frustración.   Es como la distinción que hizo Ingenieros, en “ El hombre mediocre ”, del idealista romántico y el idealista estoico.

La ideología dominante promueve a las masas el idealismo romántico, esencialmente individualista; conduce a soñar con la felicidad al mejor estilo de los cuentos de hadas, todos pueden ser príncipes buscando rescatar princesas, todas pueden ser princesas esperando un salvador, ambos persiguiendo un momento prometido en la vida llamado felicidad permanente.

En el marco de la promoción de los sueños y los ideales, según criterios estimulados por la burguesía, ambas categorías se restringen a lo estrictamente individual, al círculo de amigos y familiares del individuo; aunque también se ven casos en que se promueven sueños colectivos, pero estos nacen sin ningún análisis que les permita lograr la transición de sueño a realidad concreta, no van a la raíz del problema.

El idealismo filosófico proclama que las ideas son las que generan la realidad material, lo que vemos; mientras que el materialismo filosófico declara que la realidad concreta en que vive un ser humano o una sociedad, junto a su acumulado histórico social, son los que determinan qué ideas producirá ese ser humano o esa colectividad.  Los sueños que se promueven desde los sectores hegemónicos, son filosóficamente idealistas, pues declaran que el punto de partida es la idea, por eso vemos tantas buenas intenciones actuar y actuar sin que el problema de fondo sea transformado.

Escribir sobre los sueños con influencia del idealismo romántico, es muy popular, muy reconocido en la estética comercial literaria actual, como si se tratase de la novela de las ocho; pero los cambios de fondo, como conquistar una vida comunitaria diferente a la actual, solo se alcanzará cuando los análisis que conduzcan a los sueños, partan de la realidad concreta, sin miedo de verla de frente, reconociendo que vivimos en una sociedad tremendamente injusta, cruel, individualista y depredadora.

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Publicado el 16 de diciembre enel diario  La  Estrella  de  Panamá, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Los ciudadanos que queremos (II)

La opinión del estudiante de Derecho y Ciencias Políticas… .

LUIS CALVO RODRÍGUEZ

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Los ciudadanos que queremos (II)

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Continuando con las ideas expresadas ayer en la primera parte de este artículo, podemos decir que el estudiante aprende que al aula de clases solamente se va a estudiar (que en lenguaje oficial significa, solo pensar en lo propuesto por el profesor), graduarse y salir al mercado laboral a ganar dinero.

Eso, por supuesto, en el mejor de los casos, pues sucede que al mismo tiempo que las estructuras educativas cierran las puertas a la libertad de pensamiento, a la formación del criterio personal, las abren complacientes a la cátedra dictada por los medios de comunicación comerciales —sobre todo algunos medios radiales— que fomentan el hedonismo como forma de vida de nuestros ciudadanos y ciudadanas.

Desde el Estado burgués, no tienen ningún interés real en cambiar esta situación, a lo más que podrían aspirar, con muy buena voluntad, es a crear un modelo “ eficiente ”, que responda a las necesidades del mercado.

Pero en lo que respecta a la democratización y el ejercicio de las libertades de los estudiantes, la conquista de esos espacios es una lucha que se debe emprender desde abajo, confrontado los valores de la democracia participativa, a las máscaras oficiales y represivas.

Tenemos que aprender a desaprender los años de domesticación impuestos por el sistema, lo que cual incluye no solamente a los estudiantes, sino que deberá contar con la acción consciente de los educadores, que con vocación permitan la participación responsable de los estudiantes en la edificación colectiva de su futuro.

Si realmente deseamos en Panamá ciudadanos y ciudadanas con conciencia crítica, conscientes de sus deberes y derechos, responsables y solidarios con el colectivo social en el que viven, se debe democratizar la educación.

Sin este proceso democratizador de la educación, todo lo demás queda en declaraciones de buenas intenciones, vacías y sin fondo.

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Publicado el 26 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los ciudadanos que queremos (I)

La oponión del estudiante de Derecho y Ciencias Políticas….

LUIS CALVO RODRÍGUEZ

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Los ciudadanos que queremos (I)

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El derecho de los estudiantes universitarios a disentir de lo planteado por sus profesores y profesoras está contemplado en algunas de las leyes universitarias existentes.

Este y muchos otros derechos estudiantiles no se cumplen, principalmente por el desinterés mostrado por parte de los propios estudiantes a conocer sus derechos y, por lo tanto, al desconocerlos, quedan imposibilitados de defenderlos.

Esta conducta tiene su origen en los valores promovidos desde la escuela primaria y secundaria, donde los regímenes disciplinarios son tolerantes con las conductas lumpen y son intransigentes con cualquier disenso, crítica o ejercicio democrático no tutelado.

Los sucesivos gobiernos postinvasión borraron del mapa las asociaciones federadas de los colegios (solo queda la del Instituto Nacional) y las reemplazaron por unas zonzas elecciones de “ directivas ” de graduandos y pregraduandos, elección de diputados juveniles, etcétera, los cuales no pueden decidir nada que esté fuera del guión de las autoridades educativas.

Dentro de estos mecanismos “ democráticos ”, donde se forman los futuros ciudadanos de la patria, queda claramente definido que todo aquel estudiante que no siga el papel impuesto, enfrentará las sanciones correspondientes a su osadía.

De esta forma la educación primaria y secundaria se encarga de domesticar al estudiante, preparándolo para una vida individualista —con la competitividad entre ceja y ceja— y sumisa, ya sea en las aulas universitarias o en el plano laboral.

Se aprende a aceptar la ponderación del voto para elegir las autoridades universitarias, se acepta la subordinación de los derechos de los trabajadores a los intereses empresariales, en nombre de una sana economía nacional, en síntesis, se aprende a aceptar las jerarquías que impone el sistema.

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Publicado el 25 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Objetivos de las reformas educativas

Objetivos de las reformas educativas
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La opinión del Estudiante de Derecho…

LUIS CALVO R.

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Es un mal crónico, un reclamo en cada esquina del país, las falencias de nuestra educación pública son objeto de debates televisivos, radiales y, hace poco, fueron blanco también de las promesas electorales.

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Cualquier propuesta debe contar con la participación de los principales actores de la vida político-social panameña, no solo con los convidados de siempre —gremios empresariales y educativos—, sino que también debe incluir la participación de las organizaciones sociales y de trabajadores, quienes son los padres y madres de los estudiantes que asisten a los centros de educación pública.

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La educación —al igual que otros elementos de la sociedad— está influenciada por concepciones ideológicas, que al mismo tiempo reproduce.  En Panamá está orientación ideológica ha sido dirigida a promover el individualismo, la competencia, el tecnicismo, por lo tanto, en desmedro de los intereses de la colectividad o valores como la solidaridad y el humanismo.

Mucho se ha hablado sobre la educación, sobre cómo resolver problemas tan enraizados en el propio sistema y creo que la solución pasa por plantearnos soluciones radicales —yendo a la raíz— si no, después del primer impulso retornaremos, en el mejor de los casos, a solo pintar y arreglar techos en las escuelas.

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Dos importantes puntos a abordar son el cambio de evaluación y de jornada. Por una parte, las diferencias entre la evaluación de secundaria y la evaluación de universidad, no tienen ninguna justificación, más que promover la mediocridad. Mientras que en secundaria se aprueba con la mitad más uno, en la universidad el mínimo requerido es de 71%, lo cual es una brecha demasiado grande. Por otra parte, la jornada de clases recibida por los estudiantes de las instituciones públicas, son más cortas que las recibidas en instituciones privadas, lo cual es una desventaja para los primeros, dificultando los tiempos de aprendizaje y evaluación necesarios.

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Se deben construir nuevas escuelas y colegios, que permitan la ampliación del horario de clases y la reducción de la cantidad de estudiantes por aula, a aproximadamente 20 estudiantes, lo cual facilitaría las labores docentes. A estos puntos podríamos agregar los necesarios cambios en los planes de estudio, que van desde la reforma a los temarios, pasando por reafirmar el carácter laico de la educación, hasta el cambio de los períodos educativos a trimestres o semestres, que darían una mayor continuidad al proceso educativo.

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La educación pública hasta el momento solo ha servido como cantera que crea y facilita mano de obra barata y dócil al capital privado, el objetivo de las reformas a la educación pasa por medidas que cambien este panorama y que permitan la construcción de un sistema educativo, que fomente la formación de ciudadanos plenamente conscientes de sus deberes y derechos, con capacidades básicas en las áreas científicas y técnicas, sin descuidar el humanismo y las ciencias sociales, que en definitiva hacen a un ser humano completo.

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Publicado el 29 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde