Pintada de verde del 9 de octubre de 2010

La opínión de la Abogada, Periodista y Ambientalista…

Lina Vega Abad

LOCURA. “Vamos a acabar con la dictadura de los medios”, fue el grito de guerra del diputado panameñista Miguel Fanovich, durante el período de incidencias de la Asamblea el pasado miércoles, al conocerse el fallo que condenó a dos periodistas por supuestos –sí, supuestos– delitos contra la honra. A la penosa actitud del diputado oficialista se sumó su coleguita Alcibiades Vásquez Velásquez y el diputado del partido del presidente, Vidal García.

Escucharlos –junto al patético Miky Alemán que, al parecer, no sabe si va o viene– me aclaró bastante el panorama de servidumbre absoluta que se vive estos días en el Palacio Justo Arosemena. Y es que cuando se pierde la dignidad, es imposible entender a la gente digna.

En el periodismo, en la sociedad civil, en algunos grupos políticos y en cada vez más ciudadanos, este loco gobierno está encontrando gente digna a la que no puede comprar ni doblegar para imponer su inconsulta y desatinada agenda.

Este país, señores del gobierno, transitó un duro camino para lograr la democracia. Luego, con muchas dificultades se ha ido avanzando en la construcción de un estado de derecho que, hoy, vemos cómo se hace trizas. Es evidente que ya no son novatadas, ni errores cometidos de buena fe. Hoy queda claro que no existe el más mínimo respeto a las garantías fundamentales, ni se entiende lo que significa gobernar (que incluye la consulta, señor Presidente, lo que no es “cogobernar”).

En solo un año, el retroceso institucional es pavoroso.   Los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil son los últimos bastiones no ocupados por el mazo del Órgano Ejecutivo. Por ello la gravedad de este artero ataque a la libertad de expresión e información que, además, no se soluciona con un indulto. Hoy, todos los periodistas somos Sabrina Bacal, Justino González y Juan Carlos Tapia; y todos los medios somos TVN.   Así es la cosa, señor Presidente y señor secretario de Comunicación.

<> Este artículo se publicó el 9 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

 

Pintada de verde del 2 de octubre de 2010

La opinión de la Abogada, Ambientalista y Periodista


Lina Vega Abad

PRUDENCIA. Coincidiendo con el inicio de las discusiones del tema ambiental en la mesa del diálogo surgida tras la cadena de torpezas que produjo la Ley 30, la Fundación MarViva organizó esta semana un evento para analizar el llamado “principio precautorio”, que constituye una regla fundamental del derecho internacional ambiental.    Regla que, además, es parte de nuestro ordenamiento jurídico por mandato constitucional, aunque en la Presidencia y en la Anam no se hayan enterado. En desarrollo de este principio, o paralelo al mismo, se ha construido el sustento jurídico de los instrumentos de evaluación y gestión ambiental, siendo el estudio de impacto ambiental el más conocido.

Como se sabe, este instrumento se convirtió en opcional con la aprobación de la “ley chorizo”, gracias a la clandestina y alevosa acción de los abogados que pululan por el Palacio de las Garzas. Al evento asistieron magistrados de la Corte Suprema, ambientalistas, funcionarios de organizaciones internacionales e instituciones del Estado, científicos y juristas. ¿La Anam y su flamante director? Brilló por su ausencia, como si el tema no fuera con él.

Después de escuchar las diversas ponencias, el magistrado Harley Mitchel relató una aleccionadora anécdota de sus tiempos como diputado, cuando llegó a sus manos el contrato de concesión que el gobierno de la época negoció con la empresa Petroterminal.

Recuerda el magistrado que, antes de analizar el contrato, se impuso un particular “principio precautorio” que provocó que solicitara la suspensión del debate hasta que se hiciera un inventario de la biodiversidad del área y cómo se afectaría con la obra. En espera de esta información, la discusión del contrato estuvo suspendida por tres meses. Justamente de eso se trata: de un deber de prudencia por parte de los gobernantes y de los tomadores de decisiones. Ese es el tema de fondo de lo sucedido en materia ambiental con la Ley 30.   Prudencia. Una palabra que no parece conoce la “Patria Loca”.

<> Artículo publicado el 2 de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Pintada de Verde del 17 de julio de 2010.

La opinión de…

LINA VEGA ABAD

FACINEROSOS. Esa fue la palabra utilizada por el director de la Policía, Gustavo Pérez, para referirse a los obreros de las bananeras de Bocas del Toro que, en medio de su dura vida llena de carencias, han dado un ejemplo de dignidad a todo el país. Sus derechos sindicales estaban siendo reducidos –al aplicarse ese bodrio conocido como “ley 9 en 1” surgido de las entrañas del Gabinete– y no estaban dispuestos a permitirlo.

Visto lo visto –la dura represión, los muertos y heridos con perdigones en la cara– queda bastante claro quién o quiénes son los facinerosos de esta historia. Hubo un tiempo, en que la Academia de Policía surgida tras la invasión impartía la materia de Derechos Humanos a los futuros miembros de la institución.

Acababa de terminar la dictadura y todos, incluyendo a uno que otro personaje que se sienta hoy en el Gabinete, luchábamos por crear instituciones democráticas, respetuosas de los derechos humanos y de la legalidad.   Hoy, las organizaciones civiles que trabajan para garantizar la vigencia de esos derechos –incluyendo la protección del ambiente– son irrespetuosamente descalificadas por personeros del Gobierno. Tristes días estos, donde los fantasmas de la dictadura aparecen y meten miedo

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Este artículo se publicó el 17 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…

Pintada de verde del 3 de julio de 2010

La columna sabatina en el Diario La Prensa por la Periodista, Abogada y Ambientalista….

LINA VEGA ABAD

LOCURA. Ha pasado ya un año desde que la “Patria Nueva” fuese arrasada por la “Patria Loca”, y vaya si la cosa ha estado de locos. O de que otra manera se puede describir lo que sucede con el bailarín que llegó a la Alcaldía por la falta de reflexión del hoy canciller que, en su momento, le pareció bien postular a un charlatán para el cargo más importante de la capital del país. Debería, al menos, caminar la procesión de Portobelo para ver si paga su deuda con todos nosotros. Por lo pronto, don Bosco se atrinchera en El Hatillo, mientras el Presidente le pide públicamente el cargo cada vez que puede.

Y mientras, esta sufrida ciudad ha perdido todo un año –para no citar los que llevaba perdidos gracias a las anteriores autoridades municipales que otorgaban permisos de construcción al mejor postor– en manos de desconocedores de la realidad municipal y su potencial para construir ciudadanía. Un año después se confirma también que el tema ambiental no es parte –en lo absoluto– de las preocupaciones del señor Presidente.

¡Ni una mención al asunto en su informe a la Nación! Su visión se limita al tema de los estudios de impacto ambiental que, por molestos, ordenó convertirlos en opcionales con la célebre “ley chorizo”. Desde su aprobación, no paramos de escuchar a los voceros oficiales citar el concepto de “buenas prácticas ambientales”, como si de una eficaz y probada herramienta de gestión ambiental se tratara.

Lo que no han dicho es que son “políticas generales y específicas” que deberá aprobar el Ejecutivo por actividad y con la participación comunitaria. Por ejemplo, para los promotores inmobiliarios en áreas de playa, deberán aprobarse las “buenas prácticas ambientales para la protección de los manglares”. En este caso, por ejemplo, se lo podría consultar a Charro Espino o a Gabriel Diez, que son expertos en el asunto. O en un futuro manual de “buenas prácticas ambientales para la minería”, se podría consultar a Richard Fifer. ¡De locos!

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Este artículo se publico el 3 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Cinismo “en contra del ambiente”

Pintada de verde del 26 de junio de 2010.  La columna ambientalista de la Abogada, periodista y defensora del medio ambiente…..

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LINA VEGA ABAD

Semanas después de que llegara a la Asamblea la “ley sobre aviación comercial” –que escondía, entre otras bombas, la posibilidad de sustituir los estudios de impacto ambiental (EIA) por las llamadas “Guías de buenas prácticas ambientales”–, la Anam se explica. Malamente, pero se explica.

En un comunicado aparecido en los medios, la institución que debería velar por la protección de nuestros recursos naturales dice que las “Guías de buenas prácticas” son “complementarias y no sustitutivas de los estudios de impacto ambiental”, y que “son instrumentos de ayuda para cumplir con los requisitos establecidos en la legislación”.

Sin embargo, al final del comunicado, la Anam aclara: la escogencia de una opción y otra (Guías o EIA), “podría ser, en algunos casos, a voluntad del desarrollador” Clarísimo. Tal y como lo estableció la “ley chorizo”.

Y justamente eso es lo que tiene preocupados a tantos… no solo a los ambientalistas. Las guías, como las definen los documentos de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo que tan pomposamente cita el comunicado de la Anam, “son instrumentos de gestión empresarial”.

Es decir, como esos códigos de ética que suelen aprobar los gremios profesionales y cuya violación nadie sanciona. Además, la patética explicación de la Anam nada dice de la misteriosa aparición de la “guías” al final del movido segundo debate. Si son parte de la estrategia de la Anam, hubieran estado en el proyecto original. ¿O no?

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Este artículo se publico el 26 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Pintada de Verde del 23 de mayo de 2010

La opinión de…

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Lina Vega Abad


POLÍTICA. Por estos días les tengo una envidia espantosa a los colombianos. Cuando vayan a las urnas, tendrán la posibilidad de elegir como Presidente –y vice– no solo a un par de respetados académicos que probaron en las alcaldías de Bogotá y Medellín su calidad, sino a unos líderes que se han sumado a la revolución del siglo XXI: la revolución verde. Esa que impulsa el desarrollo pero solo desde la sostenibilidad, el respeto a la madre Tierra y la equidad.

“El futuro es verde” fue el eslogan utilizado en 1979 en Alemania al crearse el partido que pasó a ser uno de los principales motores del ecologismo político en Europa, desde donde empezó a replicarse en todo el mundo, incluyendo a nuestros vecinos los colombianos. Hoy, afortunadamente, las nuevas generaciones de votantes –que son la mayoría– son muy sensibles a los temas ambientales porque les ha tocado vivir la crisis que enfrenta el planeta.

Imagino que eso fue lo que llevó al hoy presidente, Ricardo Martinelli, a reunirse con los grupos ambientalistas panameños cuando intentaba llegar al Palacio de las Garzas. Imagino que también por ello, su plan de gobierno incluía entre uno de sus ejes el tema ambiental. Hoy, a la vieja usanza de los políticos tradicionales que decía despreciar, no solo olvidó el tema, sino que está pisoteando cada una de sus promesas plasmadas en blanco y negro.

Los líderes políticos del nuevo siglo –los verdaderos– se están apuntando a la revolución verde o surgen de ella. En Panamá, como en todos lados, hay un electorado que lo exigirá.

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Este artículo se publicó el 22 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pintada de verde del 15 de mayo de 2010.

La opinión de la Abogada, Periodista y Ambientalista…..

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LINA VEGA ABAD


ESPEJO. Mientras el Gobierno mexicano empieza a hablar de la posibilidad de demandar a la empresa British Petroleum por los graves daños ambientales que se produzcan en México como consecuencia de la fuga del crudo, los representantes de las tres empresas que operaban la plataforma Deepwater Horizon protagonizan un lamentable cruce de acusaciones sobre lo sucedido. Verdaderamente patético, pero bastante previsible en casos como estos.

Desde el inicio de la tragedia, el 22 de abril pasado, se han vertido más de 15 millones de litros de petróleo que han llegado a 64 kilómetros de las costas de Louisiana. ¡Una verdadera tragedia! Hasta el momento las corrientes marinas han sido favorables para México, y se han llevado el crudo hacia las costas de Estados Unidos, pero en esta área amenazan gravemente, entre otras cosas, el arrecife que conforman las islas Chandeleur. Se trata de una zona protegida que utilizan diversos tipos de aves en su migración, y donde habitan, entre otras especies, tortugas y tiburones. Lo cierto es que el derrame está fuera de control y se asegura que es imposible medir la cantidad de combustible que se libera cada día de la plataforma hundida.

A ello se suma el hecho de que los métodos empleados para dispersar la mancha que flota en el golfo podrían ser tan dañinos para la biodiversidad de la zona, como el propio petróleo. El remedio parece ser pues, peor que la enfermedad. Mirémonos en ese espejo.

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Este artículo se publicó el  15  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.