Retos para los años por venir

La opinión del Abogado…

 

SAÚL MALOUL ZEBEDE
malcoj2@hotmail.com

Después de la primera década de la presente centuria y del nuevo milenio, uno puede hacer el ejercicio de cierto balance y tratar de hacer una proyección a futuro. La mayoría de los análisis que he leído adolecen del defecto de hacer críticas mordaces, sin hacer los correspondientes reconocimientos de los avances alcanzados en el tiempo transcurrido. Si repetimos este error, el panorama se presenta dantesco; si, en cambio, reconocemos lo bueno, el color gris es el que mejor define a la proyección.

No hay duda de que hay algunos indicios de que estamos viviendo nuevos tiempos, en los que tendremos que enfrentar nuevos paradigmas. La caída del Muro de Berlín, definió la extensión de la economía capitalista por todo el planeta, salvo por las contadas excepciones, que brillan, precisamente, por ser excepciones que confirman la regla.

El ataque a las Torres Gemelas puso de manifiesto en toda su extensión la magnitud de la amenaza terrorista en todo el mundo, como si el fundamentalismo islámico hubiese venido a sustituir al comunismo como la gran amenaza que se cierne contra el Mundo Occidental. En el transcurso de los años, no solamente hemos aprendido a vivir con la amenaza terrorista, sino que hemos podido focalizar la lucha contra este flagelo, que no obstante, dista mucho de haber sido resuelto.

La profunda crisis financiera de la que recién empezamos a salir, y de la cual, todavía se sienten coletazos en Estados Unidos de América y en el Viejo Continente, es, según algunos expertos, el síntoma más importante de que, definitivamente, estamos viviendo una nueva época, en la que tendremos que enfrentarnos, tanto a viejos, como a nuevos paradigmas.

Finalmente, para mí, otro de los síntomas más significativos de esta nueva era, son las drásticas manifestaciones del cambio climático. Y lo ubico, no sólo como un problema más, sino tal vez, como el más persistente y más serio de los problemas a los que tenga que enfrentarse la humanidad en los próximos años.

La amenaza nuclear sigue siendo un problema serio, tanto el de la ojiva nuclear que se perdió en alguna parte del mundo, por irresponsabilidad de quienes tenían que evitarlo, como por el deseo de gobiernos totalitarios y autocráticos, -que son una amenaza para sus vecinos-, de hacerse de algún poderío nuclear. En este sentido, la firma, ratificación y entrada en vigencia del último tratado de reducción de ojivas nucleares firmado entre Washington y Moscú constituye un hito en esta materia y un aliciente para que los Estados responsables escojan el camino de la desnuclearización.

El hambre sigue siendo una de las grandes amenazas de millones de pobres que habitan el planeta, y la tarea del resto del mundo, no solamente alimentarlos, sino proveerlos de sistemas de economías de interdependencia y autosostenibles, que les permitan a estos pueblos salir de la pobreza y del hambre.

Finalmente, hay que reconocer que hoy, como nunca en la Historia de la Humanidad, el sistema democrático se ha extendido por todo el planeta. Tarea de las instituciones nacionales e internacionales, es la preservación de este sistema, como la mejor expresión de la civilización organizada y culta a que aspiramos a ser. Un reto, todavía para muchos países, el que este sistema sea funcional para mejorar la calidad de vida de los habitantes de los países que lo han adoptado.

Una pregunta que el mundo pronto tendrá que enfrentar es qué grado de reforma se debe de implementar en el seno de la Organización de las Naciones Unidas. Un muy serio debate debe preceder las siguientes importantes interrogantes: si vamos a permitir nuevos miembros en el Consejo de Seguridad, qué prerrogativas deberían tener; y más sensitivo aún, si los cambios romperán el paradigma de vencedores y vencidos de la Segunda Guerra Mundial o se alineará al resultado de la última gran guerra.

 

Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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El Canal y la inundación

La opinión del Explorador y Conservacionista….

Luis Puleio

Por factores climatológicos, aun incontrolables por el designio de los hombres, las lluvias torrenciales que asolaron a nuestro país en los primeros días de este mes de diciembre y que continuarán hasta el mes de marzo, según pronósticos de nuestros avezados cientistas, hidrólogos, metereólogos y demás pronosticadores del tiempo, resulta lamentable cómo las condiciones climáticas del planeta han ido modificando paulatinamente el conocido calendario de estaciones de temporadas de lluvia y de verano en lo concerniente a nuestro país.

Recuerdo que a inicios del mes de diciembre los vientos alisios del norte hacían su bienhechora arribada, exacerbando el encanto de la temporada de Navidad y la salida de vacaciones de la muchachada de las escuelas. ¡Qué días aquellos!

Bajo el torrencial aguacero que superó a todos los anteriores el miércoles, 8 de diciembre, pude contemplar desde el puente de Gamboa cómo las masas de basura flotante –acumuladas desde el último día que se entregó el Canal a Panamá– se desplazaban vertiginosamente, merced a la corriente del embravecido río Chagres.   Inmensos bloques de basura plástica, arrojados por los moradores de las comunidades de Chilibre y alrededores, engarzados con plantas conocidas como lechugas, lirios, jacintos, lentejuelas, hidrilas, además de troncos de árboles derribados, escombros todos, hicieron verdaderos témpanos verdes boyantes, que fueron los que a la postre motivaron la paralización del tránsito de barcos por el Canal.

Durante la administración extranjera, el Canal y la Zona del Canal eran motivo constante de limpieza y mantenimiento. ¿Será que ahora le corresponde a los municipios ribereños, al Ministerio de Obras Públicas y a la Autoridad Nacional del Ambiente, tal colosal tarea?

A partir de esta experiencia y a demás de pasar exitosamente los barcos por el Canal, la ACP debe asumir la limpieza de todas las masas de agua, ríos, quebradas y riachuelos que desembocan en la cuenca y así evitar el día de mañana, una tragedia de incalculables consecuencias.

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<> Este artículo se publicó el 14 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Indolencia y realidad ambiental

La opinión del Periodista…


Adán Castillo Galástica

Agradezco las recientes muestras de cariño y reconocimiento a nuestra labor de años por un desarrollo menos desigual. En contexto, los acontecimientos climáticos de hoy reperfilan el tema; crisis in crescendo. Y nada más. Se trata de fenómenos recurrentes confrontados desde décadas.

La situación se agrava en proporción a las agresiones al medio ambiente, a pesar del clamor de parte de la humanidad organizada y consciente. (¿Qué plantean o callan las delegaciones nacionales en estas reuniones?). La indolencia, inseparable de la ignorancia, resiste la gravedad del problema.

Así, estos eventos son tratados con acostumbrada trivialidad diluyendo responsabilidades, convirtiendo un hecho de enormes complejidades en festín mediático, lastimero y protagónico.   Poco se dice de la salud de las cuencas hidrográficas, represas, puentes.   La impunidad azota y violenta los cauces de ríos principales: Pacora, Mamoní, Indio, Miguel de la Borda, La Villa, Chucunaque, Sixaola, Changuinola–Teribe, Caldera, Chiriquí, Caimito y el mismísimo Chagres sobre el Canal de Panamá. Uno de sus tributarios, el Chilibre, acusa una de las mayores contaminaciones a escala nacional.

En el Atlántico, desde hace mucho, el Dr. Stanley Heckadon y otros señalan –voz en el desierto– los peligros sobre Colón donde se liquidan los manglares y barreras coralinas tan necesarias. Y los deslizamientos. Dicho sea, desconozco la capacidad de carga humana y habitacional de los cerros de San Miguelito.

El cambio climático es una realidad palpable. Deshielos masivos, creciente salinidad y temperatura de los océanos; disminución de las pesquerías. La seguridad alimentaria se tambalea. Con rasero ético la naturaleza pone a prueba la moral del planeta, las improvisaciones, hipocresías, vulnerabilidades, construcciones inapropiadas. Las perturbaciones medio ambientales vienen de regreso factura en mano, impredecibles. Ahora pagan los más pobres, después todos. El propio sistema, establishment, o la voracidad de un modelo equivocado está en juego no solo local, sino en todo el planeta, si es que la especie no desaparece en medio del chiste nuclear.

Aquí es donde los comunicadores sociales que se respetan como tales validan su misión. Ahondar con seriedad sobre estas alternativas, consultar las fuentes más confiables, suscitar opiniones calificadas, estudiar e investigar; pasar de la repetitiva frivolidad a las causas verdaderas y su manejo juicioso sobre asuntos tan complejos. Masificar la educación medio ambiental sin aspavientos mercantilistas, ni demagógicos. Aún valdría la pena preguntarse qué porcentaje de las ventas de fin de año y del Carnaval se destinan a fomentar conciencia y responsabilidad empresarial y colectiva.

En consecuencia, repito, parte de esta misión corresponde a los medios y a los comunicadores, publicitarias, anunciantes. Al desquiciado “sistema” educativo. Lo demás, ante nuevos y quizás más severos eventos, se volverá “llamarada de capullo”, lastimerías plañideras, como en los accidentes de tránsito (Las Garzas, el incendio del autobús), etc. Tal vez en su dramatismo, estas señales navideñas nos indiquen que ha llegado el momento de revisar en forma científica y menos espectacular el manejo del recurso hídricos, el estado de las represas, las posibles convulsiones geológicas, los edificios caprichosos, los embarcaderos y demás infraestructura, e implementar el uso de sensores de alerta, medidas y entrenamiento básicos previos y suficientes. ¿Será pedir demasiado?

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<> Este artículo se publicó el 16 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Portobelo, patrimonio en riesgo

La opinión de…

 

Orlando Acosta

El inusual evento climatológico al que estuvimos expuestos en días pasados dejó una serie de efectos sobre el territorio y la sociedad panameña. La interrupción del suministro de agua a más de la mitad de la población del país ha sido de los más comentados, sin demeritar la pérdida de vidas humanas.

Las inundaciones provocadas por las principales cuencas hidrográficas del país demostraron la condición de vulnerabilidad y riesgo a que se exponen las poblaciones asentadas en las riberas de los ríos más importantes, aguas abajo de las principales presas para el control hidrológico de los ríos Bayano y Chagres.

Las pérdidas materiales fueron cuantiosas y el impacto sobre el territorio aún se está por estimar, sin embargo, quedan otros temas que considero deben ser puestos sobre el tapete para su reflexión y discusión. Es así que se hace necesaria una pausa para evaluar las causas que provocaron muertes y metros de sedimento que se asientan hoy sobre el pueblo de Portobelo y las fortificaciones del sitio de patrimonio mundial.

Cinco vidas humanas cobró el alud que, además, cubrió con cientos de metros cúbicos de lodo y roca el Fuerte de Santiago de La Gloria.   El poblado y sitio de patrimonio mundial ha sido impactado por efectos de un evento intenso, acentuado por el cambio en las condiciones del clima global.

Lo anterior se agrava ante la ausencia de visión planificadora, frente al cambio climático y conservación patrimonial. Estamos hablando de acciones y estudios que tomen en cuenta el manejo de los riesgos y amenazas que traen el cambio climático, los desastres naturales y cómo se articulan a las políticas de conservación patrimonial. Ante la ausencia de planes de manejo y conservación para el conjunto monumental de Portobelo que consideren estas amenazas se está poniendo en riesgo la población y la continuidad del sitio patrimonial.

El ordenamiento del poblado de Portobelo, la evaluación de la condición de las estructuras y del entorno natural que forman parte del conjunto monumental y la formulación de planes ante las condiciones del cambio climático son tareas prioritarias. Urge articular planes de contingencia para la atención de la población y conservación de los fuertes.

Creo que aún no se ha estimado el alcance de los daños sobre el sitio de Portobelo, como tampoco se ha podido articular un operativo para la limpieza. El efecto de una acción que no esté enmarcada bajo criterios técnicos puede dar el golpe mortal a las ya deterioradas estructuras del conjunto monumental. La acción del hombre puede ser, en este momento, más nociva que el agua, el lodo o el tiempo.

¿Quién lidera este proceso hoy en Portobelo? ¿Cuáles recursos se encuentran disponibles para atender a la población? ¿Quién está evaluando el alcance de los daños sobre el recurso cultural? ¿Cómo se está enfrentando la crisis? ¿Se ha informado ya a la Unesco de lo ocurrido, tal y como establecen los procedimientos de gestión de sitios inscritos en la lista de Patrimonio Mundial? No tengo respuestas.

Los recursos culturales y la pérdida de vidas humanas comparten una misma característica: son elementos no renovables, es decir, que no es posible su reemplazo en el evento de su muerte o desaparición. Aquí lo medular del asunto: si las personas y las fortificaciones de Portobelo son destruidas por la naturaleza o por la no acción del hombre, estas nunca podrán ser reemplazas.

Las amenazas climáticas sobre el poblado y el conjunto monumental son reales. Ante la situación de hoy, es urgente articular una acción de emergencia para la protección de las personas y el rescate y la conservación del conjunto monumental de Portobelo.

Lo ocurrido en Portobelo es una sirena de alarma para atender, desde la perspectiva de adaptación al cambio climático, la continuidad de otros sitios patrimoniales como lo es el Fuerte San Lorenzo.

Desde hace tiempo hacemos un llamado de atención para que el Estado, desde su responsabilidad en la conservación patrimonial, articule una acción científica, técnica y social para integrar la participación de actores públicos, privados y agentes económicos que garanticen a los panameños y al mundo entero la continuidad de los valores culturales en tierras panameñas.

Estamos ante una posición de espera, como simples espectadores del cambio en los ciclos de la naturaleza. Estamos esperando más pérdidas de vidas humanas y la destrucción de un legado que tiene siglos de estar en pie sobre suelo panameño, pero no hacemos nada.

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<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cambio climático mundial: efectos iniciales

La opinión del Ingeniero Agrónomo….

EDUARDO A. ESQUIVEL R.
eesquivelrios@gmail.com

Desde hace casi una década los expertos vienen advirtiendo sobre los efectos del Cambio Climático, pero los gobernantes y políticos de nuestros países han hecho caso omiso a estas advertencias y lo más que han hecho algunos, para estar a la moda, es nombrar políticamente comisiones de cambio climático, que no tienen ninguna utilidad real, aparte de tener amenas reuniones sociales.

Las recientes lluvias de diciembre han dejado patente este hecho. Con solo tres días de lluvias el país ha quedado hecho un caos. Decenas de comunidades desoladas por inundaciones naturales y provocadas por derrames de represas, derrumbes en carreteras recién construidas, deslaves de cerros en áreas pobladas, caída de árboles, sistemas de agua potable dañados, y ni siquiera nos acercamos a lo que es un huracán real. En el Puente Centenario, tras 48 horas de lluvias, uno de los accesos colapsó por una falla estructural que había sido denunciada hace años. El progreso de este deslave amenaza la misma integridad del puente, ante la impotencia de las autoridades, y la ausencia de los responsables por esta garrafal falla. Si sigue lloviendo los que transiten por el puente correrán un grave riesgo, por lo que posiblemente este se deberá cerrar por tiempo indefinido.   Lo que significará un colosal tranque en la ruta del puente de las Américas. Por cierto, este fue construido hace décadas por los norteamericanos y está sin ningún problema, soportando inclusive el maltrato y la falta de mantenimiento adecuado.

En Panamá Oeste, la nueva Potabilizadora de Laguna Alta, en el Lago Gatún, aparentemente dejó de funcionar, debido a la turbiedad del agua. Un alto funcionario del IDAAN dio una asombrosa explicación: esta planta no fue diseñada para trabajar con altas turbiedades del agua. Pero se iba a poner a funcionar la vieja planta potabilizadora del río Caimito, que sí podía trabajar con agua lodosa.

¿Quién me explica cómo una moderna Planta potabilizadora, que costó cientos de millones, deja de funcionar con tres días seguidos de lluvias? ¿Será que solo funciona con agua cristalina? ¿Será que la gigantesca porqueriza que construyeron en plena cuenca del Canal tendrá algo que ver?

Hay aquí algo muy raro que las autoridades deben investigar. Porque todavía falta por llover en estos meses y en los próximos años el clima se va a poner peor.

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<> Este artículo se publicó el 17  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El cambio climático ya esta aquí

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…

MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

Al momento de escribir este artículo, las noticias desde la Conferencia del Cambio Climático no sonaban muy optimistas.  Por un lado, un bloque de los países ‘desarrollados’, entre los cuales resaltan Canadá, Rusia y Japón, se oponían rotundamente a una extensión del Protocolo de Kyoto (que establece una reducción de 5% a los niveles de 1990 de emisiones de gases de efecto invernadero para el 2012) que reduciría el objetivo trazado de 25-40% para el 2020. Todos los países reconocen que este objetivo es necesario si se desea que la temperatura promedio del planeta no suba de 1.5 a 2 grados C.

Un grupo de países en desarrollo, se oponen rotundamente a la creación de un Fondo ‘Verde’, que consistiría en 100 mil millones de dólares anuales. Los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón desean que este fondo sea manejado por el Banco Mundial.

El grupo que incluye los EEUU –aunque no hayan nunca firmado el Protocolo de Kyoto–, argumentan que no es posible alcanzar ese propósito sin tener consecuencias económicas.   En un mundo en recesión económica y desempleo en aumento, este argumento es obviamente más político que científico, ya que hay estudios que señalan que se crearían empleos en industrias más sostenibles y limpias a través de mecanismos financieros. Me atrevo a señalar que esos mecanismos financieros son los que nos han llevado al aprieto global que estamos hoy en día.

El segundo grupo de países argumenta que el Fondo Verde estaría manejado por el Banco Mundial, institución históricamente ligada a implementar políticas económicas impulsadas principalmente por EEUU.   Estos países tienen toda la razón de oponerse pero, sin compromiso, estos fondos no estarían disponibles a tiempo.

El panorama no se avecina ni prometedor ni comprometedor. Los países no se pondrán de acuerdo, y si lo logran, no va a ser justo. Es importante que reconozcamos todos que las emisiones de gases de efecto invernadero seguirán aumentando y el cambio climático es inminente. Por eso el tiempo ha llegado para que cada país cree soluciones locales de adaptación. Estas soluciones deben ser hechas para cada país y no impuestas por otros.

En Panamá, esta semana vivimos un frente frío que dejó devastadas varias regiones y damnificados a muchos ciudadanos. No podemos esperar a ver qué se decide en Copenhague, Cancún o Durban.

Lamentablemente, el cambio climático traerá eventos como éste de manera más frecuente, y como país soberano tenemos que velar por la protección de nuestros recursos y nuestra gente.

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<> Artículo publicado el 13  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La responsabilidad de las inundaciones en Bayano y Chagres

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La opinión del Ingeniero…

Eduardo A. Esquivel R.

eesquivelrios@gmail.com
El mal tiempo que se está dando en diciembre solo sorprendió a los ingenuos, a los incautos y a los cínicos.

Desde hace tiempo se venía advirtiendo sobre los efectos del cambio climático, pero los ingenuos y los incautos decían que en Panamá no podía pasar esto, porque nuestro país estaba protegido por la divina providencia, etc, etc.

Los cínicos, entre los que se encuentran muchos políticos, sí sabían que esto podía pasar pero no les importa en absoluto, ya que para ellos lo único importante es el lucro a tiempo real, sin importar las consecuencias.

Me llama la atención de que en el caso de la Represa Bayano, responsabilidad de la empresa AES, ahora se le endilguen responsabilidades penales e indemnizaciones por los daños causados a las poblaciones río abajo,  cuando el SINAPROC, ANAM y otras instituciones supuestamente dieron el visto bueno para el desastroso derrame.

Más aun me resulta insólito que la ACP siguió casi el mismo procedimiento para el derrame de la Represa Madden, causando numerosos daños a varias comunidades en el Chagres, y nadie diga nada mas aun, el propio Administrador de la ACP salio en los medios con infortunadas declaraciones, alegando que la ACP no iba a pagar un centavo por los daños ya que estos panameños estaban allí por su cuenta y riesgo.

Los expertos ya han dicho que en ambos casos, las empresas responsables priorizaron las ganancias por la acumulación de agua en los embalses, dejando que estos se llenaran hasta los límites permitidos.   Cuando se debió hacer una secuencia de pequeños derrames preventivos, para evitar el desborde de los ríos.

En el Canal, el derrame de la represa Madden fue tan violento que se tuvo que suspender la operación del canal por varias horas, ya que la corriente que salía del Chagres hacia el Canal era tan fuerte que no permitía la navegación. Es importante decir que durante la administración norteamericana se dieron sucesos climáticos similares, pero nunca se suspendió el tránsito, debido a los derrames pequeños programados que se hicieron.

Ya es hora de que el Gobierno organice un sistema serio y científico para enfrentar el Cambio Climático, ya que, como vemos, hasta ahora esto no existe.

 

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<>Artículo publicado el  15 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.